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domingo, 21 de septiembre de 2014

La función sexual.
Introducción.
“El término sexo deriva del latín “sexus, por sectas”: sección, separación y aparece usado por primera vez en “De inventione I de Cicerón”. (Wikipedia. La enciclopedia libre)
Esta palabra se usaba para dividir a las personas por su género. En la antigüedad y hasta la Edad Media este término siempre se acompañaba de masculino o femenino según el caso.
En este texto no se entra a calificar al sexo desde una perspectiva moral ni de consejar lo que uno debe o no hacer con su energía sexual. Esta última pertenece al individuo y sólo él es responsable de su uso y de las consecuencias que ocasiona. El anhelo de este escrito es aclarar cómo se presenta esta función desde el auto-conocimiento. Asimismo evocar una reflexión a todo individuo o pareja que aspiran a una vida sexual equilibrada, armónica y sin agotar sus principios vitales.
El sexo es una función muy importante en la vida del ser humano en la medida que envuelve diversos aspectos individuales y sociales.
Ningún individuo nació de una idea, ni una mirada ni un beso, ni una emoción entre un hombre y una mujer. Normalmente, sólo si hubo una relación sexual entre ambos hay generación. De hecho esto último, la unión de los gametos de distinta polaridad: masculino y femenino, es lo que real y únicamente se requiere para concebir un nuevo ser. Esto sucede prácticamente en todos los reinos de la naturaleza.
La sexualidad es parte integrante de la existencia de la persona y atrae una atención especial por las consecuencias que acarrean su práctica en el ámbito biológico, ético y psicológico. Por ejemplo: En la transmisión de enfermedades, concepción no deseada, atracción física, satisfacción de instintos, demostrar y compartir afectos, proyectos de vida, problemas y mal-entendidos en las parejas, comportamientos delictivos, etc.
La energía sexual y los elementos de la reproducción de cualquier forma de vida erigen una estructura compleja. Esta función elabora, custodia y transmite los principios de la creación a su descendencia, pertenezca ésta al reino humano, animal o vegetal. El concebido hereda los rasgos genéticos y características esenciales de sus progenitores. Esta fuerza vital encierra el misterio de la creación y el poder de la vida que otorga existencia a las criaturas y a la misma naturaleza. El centro sexual comprende la transcendencia del ser humano.
El instinto es el arquitecto de la vida, quien la despliega, éste crea un habitáculo: el cuerpo físico. El centro instintivo establece los valores y constantes vitales para que la psiquis o alma (el sujeto) desarrolle su propia existencia.
Los centros: motor, emocional e intelectual son las herramientas y facultades orgánicas que la persona disfruta para desenvolverse en la vida.
Todo individuo piensa, pero él no es lo pensado. En un instante dado, uno emite muchos pensamientos y elige uno de ellos, siente por cada uno de éstos algo distinto o no y, finalmente, actúa según su coherencia. Sin embargo, el individuo no es lo que pensó, ni lo que sintió ni lo que hizo. Estos tres últimos procesos muestran su naturaleza interior y según los hechos: La conducta de la persona, su ética, inteligencia o ignorancia pero, en ningún caso, éstos son él como persona. Es necesario reflexionar sobre qué es la vida, qué es el Hombre y cómo se relacionan estos con la energía sexual.
La vida compone y une una cantidad de factores: físicos o biológicos, vitales, emocionales, intelectuales, volitivos que se disponen para uso del sujeto que la posee. Todas estas componentes del ser humano se sintetizan, están latentes y encerradas en el centro sexual. Este último actúa como una urna donde se guardan la simiente y el caudal vital de la persona. En este proceso colabora todo el organismo y se realiza desde el subconsciente. Asimismo, el desplazamiento de la energía sexual en los diferentes centros se vinculan estrechamente con la función instintiva y carga con sus características: Es autónoma, automática e inconsciente. La falta de conocimiento de uno mismo acarrea una desventaja ante la manifestación de la energía sexual en la vida. Desde su inicio en la pubertad hasta la vejez, ésta provoca todo tipo de estados interiores: Dudas, sorpresas, desequilibrios, placeres, apegos, ansiedades, dependencias, desencantos,… A pesar de todas estas experiencias, el individuo fallece sin entenderla de forma cabal. En muchos casos, el sujeto sufre toda su existencia por las incoherentes pulsiones de su propia libido.
La vitalidad de la persona e instinto sexual se asocian a esta función porque en ella reside la fuente de la vida. El sujeto precisa aprehender por sí mismo “cómo el modo de existir y de ser” afecta a esta síntesis o código genético y vital. Advertir como el ejercicio de los factores internos enraizados[1] en la psiquis y los ambientales atañen al propio dinamismo del individuo y, como consecuencia, si fuera el caso a la generación de una nueva criatura.
“La energía sexual contiene en sí misma el prototipo viviente del legítimo Hombre solar, que al cristalizar en nosotros nos transforma radicalmente”. (El Parsifal develado. Cap. La fuerza sexual)
El centro sexual es el depositario de la vida y todo lo que órbita tanto dentro como fuera de la persona imprime una huella en esta función[2]. Cualquier mal-uso o abuso produce sus efectos tanto en su asiento vital como en la calidad de su simiente. Esto implica que la ignorancia de las componentes energéticas y las propiedades intrínsecas del centro sexual conlleva problemas en los diferentes ámbitos de la existencia[3].
El centro sexual y la relación con los demás centros.
La función sexual tiene su centro de gravedad en los órganos creadores, en él participan el sistema nervioso vegetativo y el hipotálamo dependiente del centro instintivo. La velocidad de acción de este centro es la más veloz e intensa de todos.
De hecho, las pulsiones sexuales se instalan de forma imperceptible en las demás funciones: intelectual y emocional, sin que el individuo las detecte. Aunque en los hechos, la persona se consume por un afán profundo que atribuye a su propia voluntad de amar o de acceder a una relación. Sin embargo, esta inclinación se origina en el centro sexual pero su carencia de observación conlleva que la ignore. Este centro sigue el patrón de la función instintiva, es susceptible y dependiente de los sentidos, las sensaciones y, por lo tanto, de la información que le proporcionan.
Este proceso conduce a un individuo a enamorarse y desamorarse con facilidad. Cuando la energía sexual se introduce en el centro emocional uno confunde inconscientemente el amor con el deseo; Si éste impulso se instala en la función intelectual nacen las fantasías eróticas envueltas en el romanticismo y las ilusiones que se proyectan en el futuro. La actividad subconsciente del cerebro “instintivo, motor y sexual” impregna amplios campos de la vida que el sujeto es incapaz de observar. Por un lado, éste siente el amor pero una vez que se satisfacen los deseos o las pasiones se agoten, progresivamente, se pierde el interés. El vigor de la relación se diluye y se sustituye por otras prioridades. Esto conlleva a la pareja a las dudas, decepciones, incluso a la rutina.
En otros casos, la persona vive junto al amor su pasión. Cuando el amor no es capaz de mantenerse despierto, las relaciones languidecen. La mayoría de las frustraciones amorosas nacen de un desconocimiento de la energía sexual y cómo ésta opera en los demás centros. Contrariamente, la relación no decae, si el amor despliega sus valores y mantiene presente su expresión vital, tierna y perseverante.
Asimismo, existen las relaciones basadas en el sexo por él mismo que cuando son mutuamente advertidas entre personas adultas sobra cualquier valoración. Este análisis hace referencia y vierte cierta luz al porqué uno sufre a causa de ignorar los funcionalismos del centro sexual.
El centro sexual y su desarrollo en la adolescencia.
Este centro es el último en desarrollarse, empieza su manifestación en la pubertad y alcanza su madurez años más tarde según cada individuo. El adolescente se enfrenta a unos cambios en todo su organismo: físico, instintivo, hormonal y psicológico sin una verdadera información sobre este centro y sus características.
Cuando un niño entra, progresivamente, en la pubertad la consecuencia más patente es  el cambio de su visión con respecto al sexo. Este interés por el propio sexo y, normalmente, por el opuesto provoca en el púber un cambio de actitud, incluso de carácter, y de relación con las personas que le rodean. La adolescencia es un periodo de transición donde un niño deja de existir para que nazca progresivamente un adulto. Este proceso se halla bajo el impulso de la fuerza sexual e instintiva que empieza a despertarse para permanecer activa en la vida del individuo.
Los padres tienen cierta dificultad en aprehender a sus niño/as como personas que se inician en la esfera sexual. Este hecho es comprensible. La reacción más común es prevenir a los hijo/as sobre las relaciones con los chico/as asociándola a los embarazos prematuros o a la prevención de enfermedades, etc. En realidad, éstos transmiten a los hijo/as sus miedos, ansiedades, preocupaciones sobre esta cuestión. Paralelamente, en la escuela se aboga por una amplia información sobre los órganos reproductores, concepción y formación del bebé; anticonceptivos, etc.
Pero la cuestión es: ¿Cómo experimenta este proceso el sujeto que lo sufre? Lo común es vivirlo en la soledad, entre las bromas y comentarios de lo/as amigo/as, conocido/as, a la sombra de la pandilla o las advertencias de los padres, etc.
Cada uno tendrá su experiencia y a ésta se remite el texto. ¿Cómo se superó la adolescencia? ¿Cómo se vivieron las primeras experiencias donde intervino el centro sexual? ¿Qué hábitos se generaron, costumbres, inquietudes, necesidades, aversiones,…? ¿Con qué estado interior se afrontaron estos años? ¿Qué tipo de información psicológica del sexo se dispuso?
La adolescencia es un tramo de la vida pero muchos jóvenes quedan, en el ámbito psicológico, marcados[4] por sus experiencias. Esta fase de la existencia es un aprendizaje pero pocos lo asumen y entienden como tal. Este desarrollo y expansión de la energía sexual no es comprendida por los protagonistas, ni los tutores ni los padres ni la sociedad[5].
Muchos post-adolescentes permanecen fascinados por las primeras vivencias del nuevo escenario que se abrió ante ellos. La energía sexual es un mundo desconocido que es esperado con una visión de: Aventura, experimentación, satisfacciones, placeres, ilusiones, descubrimientos, pero también, dudas, recelos, etc. Este se acompaña de una iniciación a nuevas actividades, sensaciones, emociones, afectos, frustraciones,… donde anteriormente fueron espectadores y ahora son los protagonistas. Es el mundo de los adultos pero sin serlo. Entran en este terreno: Sin madurez, experiencia, comprensión del universo que les rodea ni de las consecuencias que las acciones de hoy acarrean en el mañana. Por eso es tan complejo para todos los actores de este escenario.
El camino de la pubertad es un viaje extraño donde convergen diferentes aspectos humanos que acompañan a la energía sexual en expansión: Emergen las ansias de libertad; Nace la independencia, comúnmente, desde una perspectiva irresponsable o/y egocéntrica; Surge la rebeldía a todo lo que supone una limitación o considera injusto, hipócrita, falso; Observa y juzga las actitudes de los demás con severidad, en oposición, a sus comportamientos que los califica como justos y necesarios. Ciertamente, la transición de la adolescencia hasta la edad adulta es confusa. La causa reside en que paralelamente a la aparición de la energía sexual, se libera y emancipa el “vigor de vida” y, junto a él, el subconsciente entra en acción. Esto significa que toda esta energía se halla disponible a ciertos factores que el mismo púber o joven desconoce de sí mismo. Por este motivo, muchos adolescentes se sienten atraídos por ciertas actividades, sensaciones, temas e inquietudes. Algunos niños que son más o menos responsables, estudiosos, obedientes… dejan de serlo. Otros, que nunca lo fueron, en esta fase sus características psicológicas se acentúan, son más patentes e intensas. Y, finalmente, la excepción es que unos pocos que siempre lo fueron ahora lo son mucho más.
El subconsciente es la parte desconocida de sí mismo, es la parte más inferior del cerebro: instintivo, motor, sexual. Cuando la función sexual inicia su desarrollo igualmente se adhiere lo inconsciente. Ciertos individuos se relacionan con esta parte desconocida con más lucidez que otros. En realidad, nadie enseña a un adolescente que su transformación física y psicológica proviene de la expresión de una fuerza vital que irrumpe desde su subconsciente. Esta, en muchos casos, es incontrolable y se precisa de una plena atención a sus propios deseos, pretensiones, afanes, apetitos, etc. Si uno anhela que éstos no se adueñen de la psiquis. Muchos jóvenes determinan su vida futura a partir de estas motivaciones. Los hábitos, defectos, dependencias, costumbres y decisiones del modo de ver, sentir y pensar la existencia se adoptan en este periodo de la vida. De hecho, el mal-uso y los abusos de la energía sexual empiezan en ese momento.
La adolescencia es un despertar, sólo depende de él determinar a qué y de qué modo. Por esta causa, los adultos sólo pueden asistir a éstos en la medida que ellos lo anhelen y estén abiertos a escuchar.
Desde el auto-conocimiento, por parte del adulto que vivió esta fase de la vida, es conveniente reflexionar sobre ella en meditación. Visualizar en la pantalla mental los escenarios en sentido opuesto a cómo se generaron. Es decir, rebobinar la película llamada adolescencia y mirarla como un espectador. Sin juzgar lo bueno o malo que fue, sólo observar y comprender que factores psicológicos intervinieron en ella. ¿Hubo egocentrismo, miedo, despotismo, imitación, celos, envidias, generosidad, sinceridad, amor, lascivia, etc.?
Las vivencias de esta época se hallan en el subconsciente y aunque uno las tiene olvidadas, en algún momento pueden resurgir si uno no las comprendió cabalmente. Toda existencia orientada en un sentido se rectifica cuando el sujeto atrae suficiente luz a ésta y emprende un esfuerzo por conocerse a sí mismo en sus carencias, hábitos y virtudes.
El centro sexual, el instinto y la expresión de la sexualidad.
“La Organización Mundial de la Salud define sexualidad como: Un aspecto central del ser humano presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los roles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones interpersonales”. (Wikipedia, la enciclopedia libre)
La sexualidad es una actividad fundamental en la vida humana y el auto-conocimiento atrae la atención sobre su práctica y características. Este centro posee la propiedad de la creación o reproducción de un nuevo ser. Si los seres humanos obvian esta realidad, la especie desaparece. Esto significa que esta función es relevante tanto en lo particular como en lo general, porque concierne al desarrollo de la humanidad.
Ø  Empezando por lo segundo, en lo que concierne a la especie humana y su desaparición, la naturaleza dotó al cerebro instintivo-motor-sexual de ciertas propiedades para enfrentarse a esta contingencia. A tenor de los resultados, estos rasgos del instinto sexual funcionan con un alto grado de éxito. La prueba es que sobre la Tierra hay más de 7.000 millones de habitantes.
¿Qué tiene el sexo que funciona tan bien a nivel general? La naturaleza tiene previstos unos ciclos biológicos para regular su buen funcionamiento y marcar unos ritmos a las especies que la habitan. Según se adentra la primavera la vida irrumpe en efervescencia tanto en el reino vegetal como en el reino animal. Esto significa que el instinto reproductor de los animales obedece a un impulso cíclico y poderoso para prevenir la supervivencia de la especie.
“Para la mayoría de las especies de mamíferos salvajes, la perpetuación de la especie constituye uno de los objetivos esenciales de la reproducción, la cual se desarrolla bajo la influencia del medio ambiente. Los efectos del medio ambiente repercuten sobre el potencial genético de los individuos, determinando durante el año los períodos de reproducción así como su intensidad”. (P. Chemineau. Conferencia de clausura en las sextas Jornadas internacionales de Reproducción Animal e Inseminación Artificial, Salamanca)
Los seres humanos no tienen un periodo asignado para su reproducción. Sin embargo, a través de la evolución, los genes han heredado un instinto sexual con ciertas características. Este posee una fuerza vital innata, poderosa, veloz, involuntaria e irracional. El Hombre es un ser racional pero las funciones instintiva y sexual no lo son. Estas últimas se rigen por unos biorritmos de máximos y mínimos. Cuando estos están en un nivel alto, el instinto sexual está más activo y esto lo percibe la persona en los demás centros; el emocional y el intelectual. Es decir, este dinamismo se traduce en la presencia o carencia de un impulso, deseo sexual, que conlleva un pensar y sentir condicionado por éste. Esto enseña que la observación, el equilibrio, la temperancia, el control y la comprensión de lo que sucede en el mundo interior es una competencia del sujeto que los experimenta. Uno lo conseguirá con objetividad según la madurez, inteligencia y valores que despliegue en este momento.
Lo común en los seres humanos es que el dinamismo sexual desde la pubertad se haga manifiesto. Un/a joven o adulto/a que goza de buena salud no podrá eludirlo, este impulso involuntario es un proceso que se aloja y genera en el subconsciente. El individuo está bajo la acción de una pulsión innata del centro sexual que expresa su naturaleza instintiva e inconsciente. Esto tiene su raíz en el “instinto de conservación de la especie” transmitido por el proceso evolutivo.
Sin embargo, el hombre y la mujer tienen alma humana. Estos requieren educarlo a través del desarrollo de una acción inteligente; Comprender y adiestrar esta herencia genética propia del reino animal que, dentro de la estructura mental de la persona, se halla en un estado primitivo y rudimentario. Sin una formación psíquica adecuada uno sufrirá los efectos de estos ciclos vitales, con sus altos y bajos, del centro sexual sin la comprensión ni las herramientas para su control y equilibrio. Esto acarrea respuestas convencionales que llevan a la frustración, represión o la permanente presencia del deseo que, en realidad, no llega a satisfacerse. El desconocimiento y la relación inapropiada con este funcionalismo natural pero inconsciente del instinto de conservación originan en ciertos casos trastornos en la personalidad. Algunos de estos desequilibrios son leves, otros son más graves. Ciertas personas reaccionan de forma condicionada ante el sexo opuesto: Incomodidad, ansiedad, complejos de superioridad o inferioridad, incapacidad de relación natural, evitación, obsesión, temor, celos, acoso, etc. Muchas de estas perturbaciones terminan en patologías. Cuando éstas son muy graves se cae en los entresijos del subconsciente, la persona entra en su propio infierno y, en muchos casos, involucra a los demás. Esto sucede cuando el individuo adopta conductas delictivas para satisfacer sus deseos, frustraciones, fantasías, etc.
Ø La decisión o acción de tener descendencia es personal. Normalmente, una pareja no son padres por el anhelo de colaborar con la especie. En este sentido, la naturaleza estableció una contingencia: La reproducción requiere de una colaboración. Una persona sola no puede tener hijos[6]. Este hecho crea en el ser humano todo un proceso de socialización. La pareja o familia se constituye como una célula social. Cuando ésta decide tener un hijo requieren unirse sexualmente, el instintivo, como los demás centros, colabora para que se culmine con la fecundación. Este uso del centro sexual es el indicado, adecuado, a su naturaleza. Con esta acción el instinto sexual cumple con su razón de ser. Con esta labor, todos estos impulsos del subconsciente: involuntarios, innatos e irracionales contribuyen con los anhelos y proyectos de la pareja.
Una vez comprendida esta realidad, desde una perspectiva humana particular y no instintiva sexual, se plantean varios interrogantes: ¿Cada vez que una pareja tiene relaciones sexuales es para tener una descendencia? ¿Qué causa lleva a una pareja anhelar un hijo? ¿No es compartir su amor y trasladarlo en una criatura que sea fruto de éste y de ellos mismos[7]? Si es de este modo, entonces, ¿por qué la naturaleza instintiva sexual sostiene continuamente sus biorritmos? Uno requiere reflexionar sobre estos hechos.
El auto-conocimiento evidencia que la energía sexual puede y debe utilizarse en algo más que la reproducción. La convivencia de una pareja se fundamenta en el compartir. Esta acción se enraíza en el amor. Un hombre y una mujer unidos en la vida comparten todas las cuestiones que son propias a ésta: Casa, facturas, proyectos, comidas, tiempo libre, vacaciones,… y junto a todos estos asuntos expresan el amor que sienten el uno por el otro. Asimismo, esta expresión implica la sexualidad. La pareja se une sexualmente dentro del ámbito del amor, trascendiendo este instinto sexual, lo canaliza bajo una perspectiva distinta a la satisfacción o el deseo. Desde esta experiencia se abren las puertas de la ternura, los afectos y el cariño en la expresión más poderosas e intensas que la misma naturaleza ofrece al género humano. Desde el auto-conocimiento es colocar el instinto sexual y todos sus biorritmos al servicio del amor. Opuestamente a la influencia del culto hedonista[8] muy expandido en esta época a través de las modas, el arte y medios de comunicación, cine, T.V., etc. La expresión de la sexualidad desde una perspectiva hedonista causa que el instinto sexual se halla al servicio exclusivo de la libido y el sujeto no se halla presente a su acción. Éste se olvide de sí mismo. Esta falta de atención deriva como consecuencia al mal-uso o el abuso de este centro de las más diversas maneras.
Los biorritmos o la cronobiología.
“Los ritmos biológicos de los seres vivos son un producto adaptativo de la evolución biológica al denominado ritmo cosmo-climático, que presenta una periodicidad inmutable. Dicho ritmo está formado por la conjunción del ritmo solar, del ritmo lunar y del ritmo terrestre”. (Cronobiología. Wikipedia, la enciclopedia libre)
Desde el exterior, el organismo es sometido a diversas influencias celestes debido a la dinámica planetaria. El principal agente es el solar debido al giro de la Tierra sobre sí misma. Este crea una alternancia día-noche y con su traslado establece las estaciones. Esto afecta al ser humano y determina diferentes actividades y ritmos en el ámbito: físico, biológico y psíquico.
Lo común es que el ser humano duerma por la noche, el cuerpo descanse, y por el día desempeñe sus actividades. Esta reiteración en la vida de la persona implica que el instinto se adapte a este proceso rítmico que proviene de una organización de la naturaleza. Esto incide sobre ciertas glándulas, principalmente, la pineal, que es sensible a la luz, en esta se deposita el reloj interno que marca un ritmo biológico y lo ajusta con el ambiental.
Los marcadores biológicos o instintivos en el organismo son variados, los cuales instauran una coordinación de las funciones y unas polaridades de sus movimientos. El sistema nervioso vegetativo participa a través de sus componentes: El parasimpático y el simpático. Por otro lado, existe el ritmo cardíaco, el cual rige la circulación de la sangre. Esto indica que todo el cuerpo se regula a través de un proceso dual de máximos y mínimos, de alternancias. Esta coordinación cíclica también está presente en el centro sexual, el cual tiene su propio biorritmo del mismo modo que todos los centros. Muchas personas lo ignoran y se sorprenden o preocupan cuando en un pequeño periodo de tiempo su energía sexual aumenta o disminuye, lo que está dentro de la naturaleza del organismo.
Por otra parte, en ciertos individuos esta sucesión de ciclos altos y bajos no alcanzan un nivel suficiente de alternancia. Es decir, el sujeto percibe su energía sexual de forma continúa o ésta siempre se halla ausente. Esto conlleva dos tipos de comportamientos con respeto al instinto sexual. Los primeros observan una gran dificultad en controlar este deseo continuo a nivel psicológico, el cual se mantiene presente involuntariamente. Los segundos no sienten ningún apetito sexual. La libido no actúa, su nivel de expresión siempre está bajo mínimos. Esto atrae la idea de un ser asexuado como cuando uno es un niño, sin instinto sexual. Estos estados de expresión del centro sexual aparecen por una causa innata, disfunción biológica o psicológica.
En todo caso, el individuo precisa observar detenidamente este proceso cíclico en los diferentes centros del organismo. Si uno tiene ciertas dudas sobre la función sexual, lo mejor es consultar con un facultativo, si le interesa descubrir la causa de sus inquietudes que puede contribuir o no a un desequilibrio de su personalidad.
En general, los ciclos biológicos son un modo de regulación natural de la vida y, en este sentido, el ser humano requiere descubrirlos, respetarlos y, según el caso, controlarlos.
La energía sexual y los valores humanos.
Desde una visión de emancipación interior, equilibrio psicológico y del anhelo de experimentar la felicidad, paz y armonía, la energía sexual requiere orbitar bajo la esfera de Venus[9]. Esto significa que la sexualidad del individuo necesita estar presente a esta fuerza del amor y expresarla tanto en la vida diaria como en la intimidad. Si la convivencia de la pareja no se fundamenta sobre esta sólida base del amor, entonces la sexualidad no gozará de sus virtudes. Sin el amparo de esta energía inspiradora, creadora y que aporta la vivencia de la felicidad, se desenvuelven otras maneras distintas de vivir y practicar la sexualidad.
Por ejemplo: Muchas parejas debido al paso del tiempo, las obligaciones, dificultades, los hijos,… viven su relación desde la perspectiva de la rutina. Se espacian en el tiempo las expresiones de ternura, del detalle, la atención, el humor, sacrificio, la generosidad, etc. Si en lo cotidiano uno percibe y vive su relación de pareja desde la costumbre y se deja arrastrar por algún sentimiento de desencanto de la vida, de igual modo, se expresará su sexualidad. Estos estados psicológicos donde el amor no es el protagonista ni está activo afectan a la vida sexual del individuo o la pareja. En estos casos, la sexualidad responde a un apetito mecánico e instintivo en acorde a los ritmos naturales de este centro o por alguna circunstancia ocasional.
Opuestamente, uno puede reflexionar sobre el supuesto amor tipificado por las películas y demás manifestaciones artísticas expresado desde la pasión. La pareja se ubica en el “Eros emocional”, de la sensualidad y satisfacción del instinto. La energía sexual o fuego se halla sin control, arde y consume la auténtica llama del amor que se sustituye por el deseo y las sensaciones. Esta pasión genera estados íntimos contradictorios que se cimientan en el centro sexual, huyen del sentido común y atraen escenarios llenos de conflictos en diferentes direcciones. La mayoría de estas relaciones fracasan porque no se fundamentan en el amor sino, más bien, colocan el amor al servicio de los fervores de las satisfacciones y se viven desde la subconciencia. Las parejas interpretan escenas de amor y odio, celos, miedos,… aparece la incertidumbre. Estas acaban con la relación pero, más tarde, se vuelven a unir, se vive en el desequilibrio, la inconstancia, etc. Muchas parejas terminan ante un altar pero, muchas más, finalizan en la decepción y el desencanto del amor. Éste último es la víctima inocente del auto-engaño del ser humano y de su propia ignorancia sobre el centro sexual. Estas experiencias son típicas de la juventud a causa de la falta de madurez personal ante esta fuerza poderosa y desconocida del “instinto sexual[10]. La persona requiere de una instrucción sobre los principios creadores que se hallan dentro de ella y pueda canalizarlos de forma adecuada a través de una observación y conocimiento de sí mismo.
El sexo no es sólo un patrimonio humano, en el reino animal también se expresa pero siempre es instintivo sin posibilidad de transformación. En el ámbito racional, según el individuo o pareja incorpore más elementos humanos a su sexualidad más equilibrada será. Una relación de pareja donde se concentre y coordine armoniosamente: La sensualidad, el afecto y lo racional será cada vez más humana. Sin embargo, sin las virtudes del amor no será trascendente. Porque esta última somete lo sensual, emocional e intelectual al amor y al desarrollo de sus propias virtudes. Esta expresión de la sexualidad evocada desde una trascendencia se conoce como “sexualidad trascendente”, si su progresiva vivencia cristaliza como Amor consciente. Este es un proceso que se descubre y plasma en la medida que el amor que uno carga en su interior es capaz de vivificarse con su propia inteligencia, serenidad y equilibrio. Un despliegue de virtudes que cada componente de la pareja necesita desarrollar en la intimidad de su ser y anteponer su humanidad a sus egocentrismos, deseos y apegos.
El Amor consciente es aquel que emana del corazón. Este se halla ausente de los centros inferiores. El instinto sexual lo desconoce, su propiedad se restringe a la conservación de la vida y ésta se realiza desde el subconsciente. El instinto sexual no está despojado de los estados egocéntricos, la búsqueda de sensaciones y la satisfacción personal. Contrariamente, esto es lo que enseña el amor cuando se sublima y se convierte en conciencia. Esta sexualidad se conoce en el auto-conocimiento como tantrismo.
La ética, el amor y la sexualidad.
El goce sexual es un derecho legítimo del ser humano[11]. Su expresión no necesita restringirse por una moral o ética sino, más bien, dotarse de una educación. Toda moralidad se halla dependiente de factores circunstanciales. Cualquier persona puede remontarse en el tiempo o viajar por ciertas latitudes del globo terrestre para constatarlo. Esta realidad significa que muchas de las morales impuestas en el ámbito social o religioso se alejan considerablemente de lo justo, objetivo y propio de la naturaleza esencial del Hombre. Esto sólo cambiará cuando la Humanidad despierte al hecho que lo externo a uno mismo e impuesto por lo demás es engañoso ante la auténtica condición humana. Excepto que esta ética redunde en una correspondencia con su naturaleza y la persona la descubra por sí misma. Aunque esto es imposible si antes el individuo no despierta su auto-conciencia.
Una nueva criatura se construye por la acción inteligente del centro instintivo. Sin embargo, no dispone de existencia independiente. En el nacimiento, al bebé le cortan el cordón umbilical, respira su primer hálito y, en este instante, se establece un valor imprescindible de la propia vida: “La autonomía y la facultad de desarrollarla”. En este primer momento y el caso del ser humano es sólo biológica. Pero, más adelante, el mismo crecimiento psíquico-fisiológico del niño incorpora la expresión de una “conciencia independiente”. Este principio inteligente es autónomo, objetivo y auto-consciente, aporta todos los valores propios del Hombre. Su crecimiento es paralelo al emocional, motor e intelectual. Esto explica porque existe un dualismo en el infante: Por un lado, resplandece la luz de su belleza interior y, por el otro, se expresan los deseos caprichosos, la desobediencia, intransigencia, impaciencia, etc.
El proceso de desarrollo de la auto-conciencia en el niño detiene su crecimiento porque, en el ámbito psicológico, éste adopta las pautas de conducta ambientales que la solapan. Estos patrones aprendidos de la familia, sociedad y las más diversas influencias conformarán su personalidad y este principio inteligente o anímico se olvida. Esto sucede en todos los individuos. El desarrollo de la chispa psíquica o anímica se reanuda en el momento que por diferentes circunstancias o inquietudes éste se plantee una emancipación interior.
Esto significa que la sexualidad del individuo se halla atrapada siempre entre ciertos patrones que son el reflejo de la época en la que vive. Estos son relativos, subjetivos y circunstanciales. Sin embargo, existe una fuerza que no cambia con los tiempos: el Amor. En el auto-conocimiento se denomina Amor consciente precisamente para distinguirlo de las modas. Este Amor trascendente es una aspiración del Hombre o la Mujer que anhela una transformación interior. Esta inteligencia y fuerza se halla en su interior de forma latente. Tal como se explicó éste detuvo su crecimiento en pos de la personalidad y por esta condición no es autónomo ni consciente. Este requiere de un desarrollo por medio de un esfuerzo particular.
Las bibliotecas están llenas de tratados sobre el amor. En este escrito sólo se expone lo indispensable y lo que el sentido común revela a cualquiera persona que dispone de él. El amor se reconoce por su naturaleza y los valores que despliega. Uno puede engañar a una persona con las palabras y actitudes, incluso a sí mismo con sus pensamientos y emociones. Sin embargo, el discernimiento observa que el amor se distingue por los hechos. Estos últimos indican claramente la naturaleza del amor porque establecen una realidad. Los hechos, por lo tanto, muestran el afecto, la atención, constancia, equilibrio, imaginación, sacrificio, humildad, generosidad,… Valores humanos que son dignos de compartir con cualquier persona, amigo y, mucho más, con la pareja que uno ama. El amor consciente es Universal y por eso todos lo advierten. Esta expresión anida en el corazón de todo sujeto, espera la emancipación en una relación de amor con otro ser. Asimismo, ésta misma vivencia de corazón se extiende y transforma en su naturaleza hacia una actitud comprensiva y compasiva por los demás.
La sexualidad y su ética se encuadran dentro de este contexto de expresión del amor con todos y cada uno de sus valores. El amor consciente es un compartir en todos los niveles de la existencia y es una energía creadora que refuerza la auto-conciencia, autonomía y objetividad porque son propias de su Esencia o alma. La consecuencia de una sexualidad trascendente es una vida interior que, poco a poco, llena de paz, armonía y felicidad a una pareja aunque esta tenga graves dificultades. El amor consciente asume los retos de la vida y es una inspiración en sí misma para sobrepasarlos.
La conciencia es una facultad que se halla dentro del ser humano. La ética de la conciencia es una experiencia de Ser que uno vive por sí mismo. La conciencia humana se reconoce en su propia naturaleza, la cual es su Esencia. Esta última y el amor son de una misma sustancia.
Este significa que la sexualidad desde el auto-conocimiento es una visión completamente distinta a lo transmitido por los medios audiovisuales, comerciales, sociales y religiosos. Los primeros confunden al individuo y propagan una sexualidad sin responsabilidad ni valores humanos. Y, los diferentes cultos, cargan a los fieles dentro de sus posibilidades de una moral o unos patrones de conducta que la encierran o restringen en unos moldes.
“La conciencia de la separación humana -sin la reunión por el amor- es la fuente de la vergüenza. Es, al mismo tiempo, la fuente de la culpa y la angustia”. (El arte de amar. Cap. La teoría del amor. Eric Fromm)
Una energía sexual que se expresa según la órbita del Amor consciente aprehende aquello que es digno de su condición. El estado de presencia indica a la persona cuando uno se halla ante una expresión instintiva, automática e inconsciente de su sexualidad y que se aleja de los parámetros del amor. Este alejamiento es el que provoca el mal-uso y el abuso de la energía sexual que el individuo requiere descubrir por sí mismo.
El mal-uso y el abuso[12] del centro sexual.
En su proceso instintivo, la función sexual responde de modo semejante a los efectos que se derivan de la alimentación. Cuando más come uno y se satisface, al siguiente día, más hambre tiene. De este modo, el individuo desarrolla unos patrones alimenticios. El abuso se instala de manera reiterada sin que la conciencia de la persona lo perciba. ¿Cuándo el sujeto es consciente del abuso de nutrición? La báscula es la que vierte luz sobre el aumento de peso. Desde ese momento, si uno anhela reducir peso, precisa estar presente a la hora de nutrirse y observar lo que come. Asimismo, el sexo cuanto más acrecienta su practica, el instinto encuentra mayor satisfacción y, por lo tanto, más impulsos genera para alcanzarla. Incluso, el sujeto busca sensaciones nuevas, investiga y le atraen las novedades que puedan satisfacer aún más los sentidos.
La causa es similar a lo explicado en el estudio del centro instintivo. Cuanto el instinto sexual entra en acción dirigido exclusivamente por los sentidos y las satisfacciones uno no atiende a detenerse cuando el mismo centro lo indica. A partir de este instante se produce el abuso. Esto acarrea una modificación del instinto y, por lo tanto, de las sensaciones y del deseo. La psiquis induce, por un lado, una sobrevaloración del deseo, un apego a la satisfacción que experimentó y, por el otro, las sensaciones y percepciones diluyen su sensibilidad. El instinto se adapta al abuso. La consecuencia es que en la próxima relación éstas requieren más estimulación para sentir las mismas sensaciones y vivir el mismo alborozo. Esto encadena con una búsqueda de todo tipo de prácticas que entran de lleno en un mal-uso y abuso del cerebro instintivo-motor-sexual. Contrariamente, si la pareja entra en un conformismo, su práctica sexual se acomodará a una rutina.
Comúnmente, cuando uno es joven comete una gran cantidad de abusos y, no cabe duda, que los excesos de la juventud se pagan en la vejez. Muchas de las disfunciones sexuales y enfermedades ligadas a este centro aparecen a lo largo de la madurez por estos excesos. El mal-uso y el abuso del centro sexual conllevan un agotamiento de la energía o potencia sexual, en concreto, y de la vitalidad del organismo de la persona, en general. Esta conductas sexuales basadas en el hedonismo y la satisfacción sensual olvidan la fuerza del amor, por ese motivo no pueden evitar los excesos. Esto significa que buscando la satisfacción se termina, en muchos casos, en la insatisfacción y el desencanto. Entonces, el paso siguiente a una nueva o variada experiencia se encuentra en sustituir la pareja, tener diferentes relaciones al mismo tiempo o según se presente ocasionalmente. En estas circunstancias, el individuo tiene muchas dificultades en encontrar el equilibrio, la serenidad y la felicidad. La causa de este desencuentro con lo esencial de la naturaleza humana es que el sujeto se inició en este ciclo de su vida sexual renunciando al amor auténtico.
Cuando el ser humano utiliza el centro sexual fuera de su órbita, éste hace un mal-uso de él. Esto sucede en el momento que algún factor psicológico lo utiliza para expresarse a través de éste. Por ejemplo: Para demostrar superioridad; Seducir por un interés material, Practicar sexo por comercio; Por auto-estima y sentirse bien consigo mismo y/o presumir; como un ascensor social y prosperar a través de una relación; etc.
El sexo establece muchas problemáticas en esta sociedad. Es fuente de desequilibrio, insatisfacción, traumas, fobias, malentendidos,… tanto en los individuos como en la parejas. Este atrae problemas de convivencia. Es causa de separaciones, divorcios, discriminaciones por sexo, acoso laboral, vidas dobles porque el sujeto se refugia en un complemento sexual, hijos no deseados ni queridos o abandonados, abortos, control de natalidad, trasmisión de enfermedades, etc.
Asimismo, éste se halla en el centro de actividades y conductas inhumanas como son: Las agresiones o violaciones, la violencia machista, la pederastia, la trata de mujeres, etc. Una enorme cantidad de despropósitos y crímenes fundamentados en la falta de educación, de conocimiento de sí y de una sociedad sumergida en la inconsciencia con respecto a la cuestión del instinto sexual.
En otras latitudes, donde escasean o son inexistentes los derechos humanos, la realidad en relación al conocimiento y uso de la función sexual es todavía más alarmante sobre todo hacia la mujer. En muchas partes del mundo se hallan: Los crímenes de honor, las lapidaciones por adulterio, la ausencia de libertad o sumisión sexual, los matrimonios concertados, la mutilación de órganos genitales de las niñas, etc. Una cantidad de patrones culturales y tradiciones ancestrales donde la referencia y base de estas barbaries se originan desde el trasfondo sexual y de la ignorancia de los factores que los mantienen.
La sociedad y el centro sexual.
“Cuando la sexualidad se utiliza en la publicidad, ciertos valores y actitudes hacia el sexo están necesariamente vendiéndose junto con el producto”. (Sexo en publicidad. Wikipedia, la enciclopedia libre)
Desde los albores del siglo XX, la cuestión sexual adquirió importancia científica, principalmente por los estudios que realizó Sigmund Freud. Este desarrolló una teoría de la sexualidad donde destacaba su importancia e influencia en la conducta general del individuo. En términos prácticos, el fundador del psicoanálisis descubrió y dio a conocer parte del funcionalismo psíquico del ser Humano y la relación existente entre el subconsciente, el instinto y centro sexual.
Este descubrimiento y su posterior difusión encaminaron a incluirlo en las diferentes manifestaciones humanas donde se deseaba atraer la atención o despertar un interés especial. El desarrollo de la revolución industrial consiguió una enorme variedad y cantidad de productos. La industria tuvo la necesidad de difundir la existencia y propiedades de sus artículos para atraer la atención del público y proceder a su venta.
Con el paso del tiempo se comprobó la efectividad del empleo de los modelos sexuales como herramienta de persuasión para conseguir sus propósitos. Hoy en día es una evidencia la utilidad del sexo como reclamo en la publicidad, marketing, manifestaciones artísticas, literatura, modas, música, cine, radio, TV., etc.
“Es importante entender que la publicidad está inmersa en nuestra cultura de forma inseparable. Lo mismo que no seria imaginable la publicidad en su forma actual en un contexto distinto de la sociedad capitalista de finales del siglo XX, tampoco ésta tendría su estructura actual si no existiera la publicidad”. (Sexo en publicidad. Wikipedia, la enciclopedia libre)
La publicidad y demás agentes de la sociedad que utilizan los prototipos sexuales han convertido al sexo en un elemento manipulador de la psiquis. Esta utilización indebida de esta energía creadora se alza como una fuente de hipnosis para inducir o sugerir el consumo. Esto conlleva a fomentar una mentalidad que la banaliza y determina una forma de ver, sentir y pensar el sexo lejos de su realidad humanística, objetiva y ética.
La propaganda, los bienes de consumo lúdicos se orientan desde la infancia y están presentes en la adolescencia y juventud: Los video-juegos, cómic, cine, música, modas, series para adolescentes, jóvenes,… se sirven de modelos y roles caracterizados hacia una imagen que estimula la inconsciencia[13]. El continuo bombardeo de imágenes relacionas con los patrones sexuales influencia a la psiquis de diversas formas. Por ejemplo, desde la década de los 50 hasta ahora, Holywood es un escaparate promocional y sirve a las grandes compañías estadounidenses a promocionar y vender sus productos en todo el planeta. La industria del cine utilizó los actores con un estereotipo de hombres y mujeres a gusto de la sociedad para sugerir el consumo de alcohol y tabaco. Asimismo, a través de estos iconos se propició la propaganda de ideas, formas de sentir y pensar un estilo de vida. Desde la segunda mitad del siglo XX, la publicidad, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento a través de los modelos sexuales han captado la atención y la conciencia del ser humano.
Los anuncios, las películas, modas, revistas, la música, los programas de T.V., etc., a través de sus protagonistas divulgan una forma muy particular de pensar sobre el sexo; Fundamentalmente, como un objeto de deseo y lejos del amor. Estos han condicionado la mente, percepción, generan imágenes irreales sobre los gustos, el sexo, la mujer y el hombre. Desde la más tierna infancia se envía el mensaje del hombre y la mujer como objeto o producto, lo cual reduce la condición humana a lo material. Esto constituye una vulgarización del instinto sexual, del hombre, de la mujer y de todo lo que le concierne. La inconsciencia, los tabúes, la ignorancia e hipocresía social son, en cierta medida, responsables de este uso del sexo como un vector de manipulación de la sociedad.
Con esta exposición tampoco se trata de caer en el extremo de prohibir cualquier tipo de manifestación aunque sea una forma egocéntrica, incluso mal intencionada, de manipulación psicológica. No es una cuestión de volver a la época victoriana o franquista, encerrar el sexo en una urna y olvidarlo en el subconsciente. Esta opción resultaría más perjudicial que lo que se presenta hoy en día. Este escrito llama la atención sobre este hecho y enseña al ciudadano a prestar la atención plena a su mundo interior y usar su discernimiento para comprender por sí mismo el efecto de esta propaganda.
Conclusión.
El asunto es que la visión del sexo que carga la sociedad en general en los hechos es muy próxima a estos patrones que alimentan la psiquis de la persona. Esto se percibe en el modo en que los adolescentes, jóvenes y adultos se sitúan con respecto a la energía sexual, las relaciones de pareja, la manera de hablar, vestir, seguir las modas, etc. La persona adopta un rol moral o carece de ésta según la situación que le toca vivir. Todas las actitudes, formas de pensar, sentir al sexo en la juventud se desvanecen cuando el individuo es padre o madre y su hijo/a alcanza la adolescencia. Esto demuestra una visión relativa, subjetiva y circunstancial del sexo. Tanto en el ámbito general como particular se necesita de una revisión de los postulados hedonistas del sexo con la inquietud de ayudar al ser humano a relacionarse mejor con esta energía, consigo mismo y los demás.
El sujeto requiere conocer qué hacer con su energía sexual observando cómo, con quién, para qué y para quién se despliega estos recursos dentro de sí mismo.
El sexo mantiene su misterio; A pesar de todos estos escaparates de modelos, galas de libertad y un despliegue de conocimientos científicos y terapéuticos sobre el centro sexual sin precedentes en la historia de la humanidad. El ser humano ignora su poder, grandeza y sentido espiritual. El descubrimiento de la propia sexualidad en el amor consciente es una experiencia mística, trascendente, que sólo las grandes almas tienen la oportunidad de vivenciarlo. Su propia naturaleza reclama al individuo responsabilidad y discernimiento en su uso y reflexionar sobre su incidencia en su propia vida para conocerse a sí mismo a través de la práctica del amor.
Películas:
Estas películas exponen de forma divertida y reflexiva los valores del amor y las relaciones de pareja: “La delicadeza” y “Odette, una comedia sobre la felicidad”.
Samsara, es un film que aborda la problemática sexual en la vida monástica y del desarrollo interior. La presencia e influencia de esta energía en las dudas, decisiones, los deseos y aprendizajes que un monje budista experimenta a lo largo de su realización personal y espiritual.



 
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[1] Volitivos, racionales, afectivos, instintivos y vitales.
[2] Esto sucede en todos los reinos de la naturaleza. Un ejemplo evidente es el radiactivo: Si se contamina con una radiación que perjudica la estructura molecular, el daño que ocasiona se registra en las plantas, los animales y el ser humano y a toda descendencia.
[3] Disfunciones físicas y trastornos psicológicos (aversión, ansiedad, dependencia,… al sexo, problemas de relación con el sexo opuesto, conductas sexuales irrespetuosas, violentas, impulsos instintivos impropios del género humano,…). Necesidad de legislar las conductas sexuales que invaden la libertad ajena, pervierten menores o violentan a otra persona sin su consentimiento.
[4] Muchos se aferran a la satisfacción vivida y la reiteran creando una conducta; o ahondan en las experiencias buscando cada vez más sensaciones hasta complicarse y desconectarse de la sensatez. Inversamente, si lo experimentado fue desagradable puede dejar una huella de tipo psicológico que le afecte a su conducta sexual, incluso en las relaciones humanas.
[5] Una de las dificultades que padres y tutores hallan es que la pubertad que ellos vivieron es muy distinta a la que se enfrentan sus hijo/as o estudiantes. Por escoger una media, entre la adolescencia de los padres y la de su hijo/a, al menos pasaron veinte años. Esto significa que estos dos periodos, por ejemplo, mediados de los 90 y 2014, son dos mundos diferentes. En este sentido, la experiencia de los padres no sirve de referencia. Este es un error común entre los ascendentes tratar de observar la vida de sus descendientes a través de sus ojos y experiencias pasadas.
[6] En el caso que un individuo decide utilizar los medios tecnológicos y biológicos disponibles para obviar la colaboración presencial de otra persona en el momento de la procreación, necesitará, de todos modos, de un gameto del otro sexo.
[7] Es cierto que existe múltiples motivaciones para tener descendencia, pero cuando más se alejan de este principio más se hallan en la relatividad de la vida y, por lo tanto, de concepciones más o menos circunstanciales.
[8] Definición: Doctrina ética que propone la consecución del placer como fin supremo al identificarlo con el bien.
[9] La diosa del Amor consciente.
[10] Representado en la mitología clásica por Eros.
[11] “El acto sexual es un goce legítimo del hombre; la con-sustancialización del amor en el realismo psíquico-fisiológico de nuestra naturaleza”. (El Parsifal develado. Cap. Hatha-yoga-pradipika)
[12] Definición: Uso o aprovechamiento excesivo o indebido de algo o de alguien, en perjuicio propio o ajeno.
[13] La industria de entretenimiento mueve una gran cantidad de medios humanos y económicos para alzar sus representantes y convertirlos en iconos de los adolescentes: Lindsay Lohan, Britney Spears, Justin Bieber, Hannah Montana, Zack Efron, Demi Lovato, etc.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El centro o la función emocional

Introducción.
La ciencia investiga la función emocional a nivel orgánico. Los expertos la localizan principalmente en el sistema límbico, éste se halla justo debajo de la corteza cerebral, y al sistema nervioso autónomo, concretamente en el entérico, distribuido en el aparato digestivo[1].
El auto-conocimiento ubica, similarmente, la manifestación psicológica de la emoción y el establecimiento de esta función en la zona del plexo solar. En éste se hallan una gran cantidad de terminaciones nerviosas cuya actividad es fácilmente perceptible por el lector.
Una persona no percibe como se mueven las neuronas en el cerebro para producir el pensamiento. Sin embargo, sí observa en su mente el pensar, razonar, etc. De igual manera, a pesar de no advertir como el sistema nervioso genera todo tipo de emociones y sentimientos, uno las siente en la zona del estómago y bajo vientre.
El origen neuronal, proceso biológico y encaminamiento fisiológico de las emociones no pertenecen al ámbito de estudio del conocimiento de sí. El interés de este texto es contribuir al entendimiento a nivel psicológico de todo aquello que atañe a la función emocional dentro del ser humano. Un individuo no percibe una emoción, sentimiento o alegría dentro de su cabeza[2]. Sin embargo, es muy común que un estado emocional lo lleve a perderla. Con esta afirmación se incide que a nivel físico, instintivo, existe en la formación de una emoción una gran cantidad de operaciones fisiológicas complejas que la investigación futura, sin duda aclarará. Debido a la complejidad de este proceso y a las implicaciones psicológicas de éste acarrea en el ser humano se le considera un cerebro o centro neurálgico en sí mismo. El hecho es que al final de unas complicadas operaciones fisiológicas el Hombre siente. Una persona se emociona, conmueve, impresiona, experimenta alegría, tristeza, miedo, estados emocionales de insatisfacción, gozo, genera sentimientos, afectos, resentimientos,… Todas estas respuestas de la psiquis orbitan alrededor del plexo solar. Este centro neurológico se halla presente en la expresión de las emociones y constituye su centro de gravedad psicológico. En consecuencia, un individuo que vierte la atención debida sobre él empezará a captar cómo este centro despliega la función emocional.
La palabra emoción proviene de latín emotio” que aludía al movimiento o impulso, “aquello que te mueve hacia”. Los antiguos romanos asociaron la emoción a la motivación[3] o energía para realizar una acción. La función psicológica más relevante del centro emocional es establecer una correlación entre el centro del pensamiento y la función instintiva, motora y sexual. En este sentido, la emoción es una expresión que une lo que uno piensa con lo que uno hace. Una persona coherente, primero piensa antes de llevar a cabo una acción, después la siente y, finalmente, la ejecuta.
¿Qué actividades psicológicas se producen en el centro emocional?
Todas las manifestaciones relacionadas con el sentimiento, la emoción, pasión, el entusiasmo o la motivación, alegrías, penas, tristezas, nostalgias, gozo, apatías, indiferencias, animadversión,… son propias de este centro.
La función psicológica del centro emocional.
La dimensión emocional del ser humano es seguramente la más desconocida a nivel interno en el campo del Saber. En la trayectoria de la filosofía Occidental, las emociones han sido siempre motivo de estudio. Algunos filósofos trataron de destacar su importancia, mientras que otros, de rebatirla. Desde la perspectiva del auto-conocimiento, el estado emocional de una persona expresa su ánimo, el cual se relaciona con su propia psiquis. Por lo tanto, el ánimo de una persona corresponde a un estado psicológico general que se asienta en el centro emocional.
La personalidad, el ego o la Esencia se expresan a través de éste y determinan los estados emocionales del ser humano según su naturaleza.
Ø      La función emocional aporta la coherencia entre los centros.
La función natural o razón de ser del centro emocional es instaurar una coordinación entre el pensar y la acción.
En la vida diaria, el ser humano emplea de forma incesante las diferentes funciones del organismo para cumplir con sus quehaceres. Una actitud sensata ante un evento cualquiera es pensar como afrontarlo, sentir lo que uno ha pensado y actuar en consecuencia. En algunas ocasiones, el pensar y el sentir se invierten. Uno siente que debe hacer algo en una situación, reflexiona el qué y cómo y, posteriormente, pasa a la acción. En ambos casos, independientemente de la calidad humana del proceso, éstos respetan una conexión coherente y natural entre centros. El actuar sin pensar ni sentir es del orden instintivo y, en la mayoría de los casos, causa de insensatez. Pensar y sentir de forma diferente y actuar de otra se halla en la órbita de la hipocresía, falsedad o de la mentira. Esto último, voluntariamente o no, es propio de una descoordinación de los centros y refleja la división psicológica de la persona. El ser humano, en ciertas circunstancias, vive un fraccionamiento interno, piensa algo determinado sobre una cuestión y, paralelamente, siente algo distinto sobre la misma. Esta pluralidad interna genera luchas entre centros. La psiquis del individuo se convierte en un campo de batalla. Esta guerra dentro de la estructura psicológica de la persona le atrae sufrimiento y lo aleja de la paz interior. La preocupación es un ejemplo muy común del enfrentamiento entre las diferentes funciones psicológicas del Hombre. Todas estas relaciones entre los centros se estudiarán con más profundidad ulteriormente.
Cuando un individuo atrae su atención al plexo solar descubre que toda acción se asienta o acarrea su correspondiente emoción[4] particular. Normalmente, el estado de ánimo presente una mañana de lunes a la hora de incorporarse al puesto de trabajo es muy distinto al sentimiento que se genera al final de la jornada del viernes. La emoción, sentimiento, ánimo,… aunque leve o imperceptible para quien se inicia en la observación de sí, se halla presente en toda acción. El estado emocional puede ser de indiferencia, entusiasta o adversativa[5].
Ø      La memoria emocional.
Otra función de este centro es establecer una relación de tipo emocional con todo aquello que al individuo le concierne, ocurre o experimenta. La huella psicológica que dejan los hechos, estímulos sensoriales o las vivencias de la persona forma su “memoria emocional”. Normalmente, uno tendrá un buen o mal recuerdo de un hecho, vivencia, viaje, persona, estancia en un lugar,… según la huella emocional que éste le dejó.
Ejemplo: Una persona viaja a un país donde experimenta circunstancias desagradables que le hacen sufrir, difícilmente mantendrá un recuerdo afectuoso del lugar. Contrariamente, uno recuerda sitios con ternura cuando tuvo vivencias gratificantes. Lo mismo sucede con las relaciones humanas. Durante la existencia uno conoce a muchas personas, sin embargo, uno rememora aquellas que por alguna causa dejaron una huella emocional.
La actividad del centro emocional influye en el aprendizaje. Un estudiante se halla motivado a aprender cuando su profesor es didáctico, pedagógico y entusiasta. Este amor que transmite por lo que enseña impregna los alumnos de esta emoción. El entusiasmo facilita la adquisición de conocimientos, incluso de materias complejas. Muchos escolares gustaron del estudio de una asignatura porque fueron cautivados por quien les enseñó. Estos estudiantes establecieron una relación emocional con esa materia.
Igualmente, ocurre con los objetos; Por ejemplo, de la infancia, adolescencia, que pertenecieron a personas queridas, que usaron ídolos de la canción, del cine, etc. Estos se describen como recuerdos, se compran con esa intención y adquieren un valor sentimental, incluso algunos se convierten en fetiches. Esto es posible porque el individuo establece un lazo emocional con el objeto en cuestión. Comúnmente, este sentir se cristaliza en la psiquis como apego.
La huella o memoria emocional se asocia a un valor positivo, negativo o de indiferencia aunque estas últimas son mucho más efímeras. Con el paso del tiempo las vivencias emocionales se sumergen en el subconsciente y forman un sustrato en este centro.
El auto-conocimiento enseña que en muchos escenarios de la existencia esta memoria emocional por alguna causa aflora. Por ejemplo, algunas personas sienten miedo en ciertos escenarios cuando racionalmente no pueden explicar el porqué. Estos procesos son propios del subconsciente y es necesario observarlos con suma atención. No se olvide el lector que el miedo es un condicionante de toda la estructura psicológica, en este caso, se aloja en el centro emocional. El temor es un defecto de tipo psicológico que impide a la persona relacionarse correcta o inteligentemente con la realidad.
Ø      El apego.
El apego[6] es un proceso mental que se halla presente en todos los centros. Es decir, estos pueden ser de tipo intelectual, emocional, instintivo, motor y sexual. Sin embargo, en muchos casos, el apego se instala en el centro emocional debido a su característica de instaurar un vínculo de esta naturaleza con todo lo que concierne al Hombre.
Esta estructura mental también es conocida por el budismo como aferramiento. Aferrarse a los objetos, bienes, las personas, al pasado, experiencias, sensaciones,… establece una relación anímica incorrecta con las mismas. Este nexo emocional es fuente de desequilibrio porque el apego intenta retenerlo bajo su control. El aferramiento genera dependencia psíquica y en una octava superior esclavitud. El individuo cree firmemente que posee al objeto: por ejemplo, el dinero; cuando en realidad a nivel psicológico sucede lo contrario, es el objeto que le posee a él.
El apego es fuente de sufrimiento porque todo es impermanente y estos vínculos de dependencia de tipo mental, emocional o de cualquier naturaleza terminan rompiéndose o diluyéndose.
No confunda el lector, el apego con el Amor. Éste último es propio de la Esencia y su manifestación es Universal y atemporal. El Amor consciente no se halla regido por un proceso circunstancial o relativo. Estos atributos lo distinguen con claridad del aferramiento. Es decir, cuando el amor se halla desprovisto de integridad, libertad, paz, etc. es apego.
El apego es una enfermedad del alma que tiene su raíz en el centro emocional y es custodiado por el intelecto.
Ø      El entusiasmo.
Se define entusiasmo como: Atención y esfuerzo que se dedica con empeño e interés al desarrollo de una actividad o trabajo.
Éste procede del griego ”enthousiasmós”, que significaba “inspiración divina o presencia de dios”. La idea es que éste surgía cuando un dios se manifestaba en una persona como les ocurría a los poetas, los profetas y los enamorados. Entre los helenos, estas expresiones de la divinidad en un individuo era objeto de respeto y admiración pues éste era capaz de lograr metas elevadas y de difícil consecución.
Para el auto-conocimiento, el entusiasmo es un estado emocional; éste irradia dinamismo para emprender una relación, labor o acción por lo que se siente justamente motivado; articula la energía o el impulso adecuado al centro motor. El entusiasmo, también, puede manifestarse como un estado de exaltación o excitación tal como sucede en los niños, aunque este no tiene edad. Su control depende del grado de atención y templanza que el individuo es capaz de desplegar en el centro emocional.
Por ejemplo, un entusiasmo que es propio de la Esencia es la vocación. Para comprender el uso adecuado del centro emocional se remite a la vocación de hombres y mujeres[7] que dieron un ejemplo de valores humanos. En todos ellos, se halla el entusiasmo por la obra emprendida. Éste es sentir un amor por la labor desarrollada en el ejercicio de la profesión o la responsabilidad adquirida.
Este estado requiere de una renovación constante del ánimo para que el centro emocional no caiga en un automatismo o la desidia. La falta de energía emocional convierte la actividad en una acción aburrida y repetitiva desprovista de interés. El entusiasmo se estimula con la imaginación creadora, innovando y sobrepasando los obstáculos que surgen en la misma actividad. El realizar una labor sin él significa que uno acarrea un estado de apatía, hastío y no disfruta con lo que uno hace. Esto dificulta la acción, incluso conlleva abandonar la tarea.
Una persona entusiasmada es aquella que se halla comprometida, animada, concentrada en lo que realiza con la esperanza y la fe de alcanzar lo que se propone. Por ejemplo, ante la presentación de un proyecto, causa, tarea,… ésta siente entusiasmo.
Si uno anhela comprender la naturaleza de éste, hay que observar detenidamente si con el paso del tiempo, las dificultades, las críticas de los demás, etc. el entusiasmo desaparece. Según la consistencia de esta emoción uno descubre la naturaleza de la misma. Los entusiasmos efímeros, inconsistentes, son inmaduros y propios de una naturaleza circunstancial y relativa producto del factor ego o de la personalidad. Sin embargo, aquellos entusiasmos por una causa que se mantienen en el tiempo y atraer valores humanos a su acción son propios de la Esencia.
Ø      La respuesta emocional es muy rápida e intensa.
El centro emocional es mucho más rápido que el centro racional. Habitualmente, el procesamiento de la información recibida por los sentidos es detectado antes por el sistema nervioso que rige el centro emocional que el intelectual. De hecho, el lector habrá observado por su propia experiencia como un estímulo visual o auditivo inesperado, se refleja casi de forma instantánea como una presión o emoción en el plexo solar. Por ejemplo, uno se ha asustado. En muchos casos, ésta es tan fuerte que, durante unos instantes, la facultad de pensar se bloquea. Las respuestas emocionales se procesan por la intensidad de su expresión. Los deportes de riego se arraigan en esta característica psicológica, quienes los practican experimentan emociones fuertes y esto les hace sentirse vivos. Es obvio que estas prácticas, asimismo, se hallan ligadas al cerebro instintivo-motor-sexual. De igual manera que existen emociones y sentimientos que se enraízan en el plexo solar, también los hay efímeros o volátiles; Respuestas emocionales a un estímulo, situación, relación,… que la persona otorga poca o ninguna importancia ni le afecta; Un sentir que fácilmente es sustituido por otro.
El conocimiento del centro emocional implica como éste interviene en la recepción de los estímulos que se reciben a través de los sentidos y cómo éste reacciona. Muchas respuestas racionales son determinadas por la emoción porque este centro recibe antes la información. Sin embargo, el individuo no lo percibe, cree que su pensamiento se halla libre de toda emoción o condicionamiento emocional, cuando a efectos prácticos, la realidad es diferente.
El individuo que anhela un conocimiento de sí requiere aprender a recibir y transformar con un estado de atención y presencia intenso los estímulos que llegan a los sentidos. Un estado interior o emocional incorrecto acarrea un uso intelectual poco adecuado y propicio a una interpretación objetiva de la realidad. Estados emocionales de impaciencia, intolerancia, temor, enfado, celos, etc. son condicionantes en el momento de pensar una solución a un problema.
La formación del centro emocional.
“La mejor manera de abordar la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad radica en evitar muchas enfermedades mentales y eso obliga a ocuparse de los bebés, algo que no se ha hecho adecuadamente”. (E. Punset. El viaje al poder de la mente. Cap. 11. El periodo de aprendizaje más largo y protegido).
A nivel psicológico, la formación del centro emocional es paralela a la elaboración del contenido de su memoria. El niño nace con este centro en estado neutro. Desde los primeros momentos, la Esencia está presente a la experiencia de la vida. La personalidad no existe porque ésta es producto del aprendizaje.
El trato que el niño recibe es procesado por sus diferentes funciones. Los primeros centros en interactuar con el medio, tal como se comentó en el estudio del centro intelectual, son el instintivo y el emocional. A lo largo de su desarrollo, el infante se somete a una gran cantidad de estímulos que conforman su centro emocional. Un niño es cuidado con cariño, ternura, amor, cuando llora se ocupan de él y todas estas atenciones nutren su vida emocional, las cuales quedan inscritas en la memoria de este centro. Opuestamente, si éste no es querido y sufre de abandono, incluso de maltrato, también éstos quedan registrados. Todo lo vivido por este centro se transfiere al subconsciente. Normalmente, un bebé se relaciona de forma intensa a nivel emocional con su madre. La persona que se ocupa de él elabora su base emocional a través del vínculo que mantiene con él. Los traumas emocionales de un individuo empiezan a formarse desde la más tierna edad y son los más importantes a la hora de determinar la vida psicológica del adulto. Muchos individuos experimentan una gran dificultad a la hora de sentir al prójimo, de tener empatía, porque su centro emocional, por cualquier causa, no arraigó estos sentimientos en su niñez.
Un recién nacido primero aprende a llorar, justo cuando inspira su primer aliento, el llorar es una respuesta del instinto. Después aprende a sonreír y ésta es una manifestación natural que se aloja en el centro emocional, aunque el instinto intervenga.
El llanto es una expresión para comunicar su necesidad o ansiedad. La sonrisa para mostrar su satisfacción.
Características del centro emocional.
Ø      Aceptación, rechazo, indiferencia[8].
El centro emocional se expresa con diferentes intensidades e inclinaciones que se dividen en tres posiciones: Estados o emociones propios de la satisfacción, insatisfacción y, una tercera, correspondiente a la indiferencia.
Esta última es un estado emocional ambiguo donde la persona no vibra especialmente por una actividad, idea, plan, causa, etc. Un estado de ánimo donde no se siente inclinación agradable o desagradable hacia un objeto, asunto o actividad. Sin embargo, existe un cierto grado de hipocresía cuando se utiliza este término hacia las personas que se conocen y los seres vivos, en general. Muchas personas muestran indiferencia en el trato hacia los demás, pero esto no significa que la sienten. El hecho es que éstas actúan con frialdad y distancia hacia otras para expresarles su poco aprecio. Esto puede ser motivado porque ellos mismos se hallan en un estado emocional adversativo consigo mismo, o bien, con la persona en cuestión o con el colección. Este comportamiento, en algunas ocasiones, esconde y es propio de un maltrato psicológico.
El sentir frialdad ante un ser humano o incluso cualquier “ser vivo”, es una disfunción del centro emocional, es insensibilidad.
Este centro establece irremediablemente una relación con todo lo que perciben sus sentidos, aunque ésta sea de muy baja intensidad. Este grado es lo que se entiende por indiferencia. Esta última, asimismo, se confunde con la neutralidad emocional la cual es propia de un vacío de relación. Esto sucede, por ejemplo, cuando alguien nombra a una persona que no se conoce y nadie nos habló de ella en términos positivos ni negativos.
La indiferencia emocional es un estado poco común, contrariamente, a lo que uno piensa. Si algo no gusta ni apetece no hay indiferencia en este centro. Los estados emocionales más corrientes son aquellos que se diferencian con facilidad como estados de ánimo: positivos en el sentido que expresan satisfacción por aquello que la motiva y negativos, los que son propios de insatisfacción. Por ejemplo, me hacen un regalo que me gusta, me siento bien, satisfecho, tengo una emoción positiva. Opuestamente, me dan una pequeña mala noticia, me siento contrariado, la rechazo, tengo una emoción negativa en el plexo solar[9].
Este centro es sobre todo dual, una característica intrínseca de toda la estructura mental. Cada individuo acepta o rechaza a nivel emocional con diversas intensidades todo aquello que le atañe.
Los estados emocionales de satisfacción o aceptación son: Estados de placer, agrado, gusto, gozo, alegría, pasión, júbilo, contento, entusiasmo, frenesí, arrebato, apasionamiento, deleite, complacencia, etc. todo tipo de emociones o sentimientos que implican un estado agradable. Comúnmente, estos estados que popularmente se juzgan como placenteros son más efímeros que lo que se enumeran a continuación y se confunden con la felicidad o dicha del alma.

Dentro de los estados emocionales de insatisfacción o rechazo se incluyen: Estados psicológicos de disgusto, dolor, depresión, ansiedad, aversión, cólera, estrés, nerviosismo, sufrimientos, preocupación, odio, rencor, venganza, impaciencia, intolerancia, celos, tristeza, melancolía, desesperación, frustración,… Este tipo de emociones y sentimientos, indudablemente, son producto de un desequilibrio o desconocimiento de sí mismo. Estos estados emocionales, frecuentes en ciertos modos de vida, bajo determinadas circunstancias, pueden desencadenar problemas graves de salud.
En el centro emocional se alojan o/y se originan todo tipo de complejos, traumas, miedos, obsesiones, trastornos, manías,… La raíz psicológica de la mayoría de estos estados patológicos se halla en la zona subconsciente de este centro.
Contrariamente, la meditación instaura tanto al centro emocional como a los demás, un estado de serenidad o paz interior. Esta experiencia de “no actividad” de este centro es posible con la práctica de esta disciplina.  Esta ciencia conduce a la función emocional alcanzar un destacado grado de reposo en las diferentes profundidades de su constitución.
Las actividades que orbitan alrededor del centro emocional.
Las actividades o realizaciones que más inciden, alimentan y se asimilan a este centro son todas aquellas que se relacionan con el mundo artístico.
Las artes, normalmente, gira alrededor del centro emocional: Música, cine, teatro, ballet, pintura, fotografía, escultura, arquitectura, literatura, etc.
Este centro genera emociones según la naturaleza de los estímulos que componen estas actividades. Las emociones[10] forman un tejido de tipo psicológico que alimentan los diferentes factores que componen la psiquis del ser humano: La personalidad, el ego o la Esencia.
Un estimulo de música clásica, por ejemplo, Beethoven, Mozart, provocan vibraciones en el plexo solar de una calidad y naturaleza que establecen armonía, serenidad. Estos estímulos establecen estados emocionales elevados. Opuestamente, composiciones complejas, inarmónicas, excesivamente ruidosas o de baja frecuencia, no encauzan el centro emocional hacia la tranquilidad y el sosiego. Esto sucede en toda manifestación artística. El lector puede experimentar por sí mismo el efecto o impacto emocional que produce cualquier película de terror y contrastarla con otra donde se expresan valores humanos, tal como el amor, la lealtad, amistad, el sentido de superación, la capacidad de sacrificio, etc. Igualmente, cualquier persona que sigue un culebrón constata qué tipos de emociones se transmiten en estas series: Ambición, egoísmo, celos, malentendidos, engaños, traiciones, sexo, mentiras, intrigas, rencores, venganzas, odios y un largo etcétera. El espectador en la medida que vibra con todo estos escenarios, sin ser consciente de ello, se nutre de todos estos sentimientos y emociones que se acumulan irremediablemente en su subconsciente. Es obvio que el elemento ego asimila una instrucción y energía a través de todas estas imágenes, estímulos, sensaciones y emociones. Muchos individuos, sobre todo adolescentes, son fascinados por estos personajes de series de ficción y tratan de imitarlos, tan como se comentó en un capítulo anterior.
El auto-conocimiento alerta que todas estas expresiones artísticas inciden en la psiquis de la persona y, tanto más, a edades tempranas. Estos estímulos ejercen una influencia considerable en la formación del centro emocional. Es necesario, una observación serena de estos procesos psicológicos a nivel del plexo solar; Aprender a seleccionar la calidad de los estímulos que se reciben y las emociones que provocan, de igual modo, que se eligen los alimentos que se comen.
Los recursos artísticos pueden ser una herramienta pedagógica extraordinaria para el aprendizaje, equilibrio o recupera la salud; Muchas personas que carecen de aptitudes de relación con los demás o sufren de desequilibrios emocionales pueden ser ayudadas por esta vía.
Conclusión.
La función emocional determina en el ser humano el qué y cómo siente. Este sentir elabora a este nivel todos los tipos de relaciones que uno establece a lo largo de su existencia.
La importancia del conocimiento de este centro radica en que uno precisa de un equilibrio emocional si anhela ser feliz. Esto no es posible cuando una persona psicológicamente se halla ausente y no se ocupa del buen uso de esta función. El individuo requiere reflexionar con serenidad la conveniencia de la calidad humana de sus sentimientos y emociones y como éstos dirigen su existencia.
El auto-conocimiento se adquiere en la medida que la persona observa con cuidado este centro y descubre su mal-uso y abuso. Esta vigilancia y control evitan la formación automática e involuntaria de emociones. Ciertos estados emocionales, sentimentales o pasionales desencadenan procesos psicológicos que acarrean errores, malentendidos,… que desembocan en dramas y sufrimientos. Vivir en la inercia emocional es una opción de vida, sin embargo, es poco alentadora cuando se experimentan sus consecuencias. Conocerse a sí mismo implica un esfuerzo de atención para comprender las profundas y múltiples interacciones de las funciones psicofísicas del ser humano. Un sentimiento equivocado acarrea tanto una forma de pensar como una serie de acción de la misma naturaleza. Por ejemplo, toda persona ha experimentado las consecuencias que atrae una idea fantasía que descansa en una emoción que no corresponde con la realidad. Cuando esta ilusión se confronta con los hechos surgen los desengaños. ¿Por qué uno sufre cuando una idea no es compartida? La respuesta es que esa forma de pensar se ha edificado sobre una base emocional. Los sentimientos son más profundos y no son tan fáciles de manejar que los pensamientos. Estas características del centro emocional enseñan que todo individuo requiere conocer el funcionalismo de éste para darle un buen-uso y no caer en el abuso.
“Los análisis basados en la importancia de las emociones se nutren de múltiples líneas de investigaciones empíricas: estudios clínicos revelan una correlación entre comportamientos emocionales anormales y una conducta moral perturbada”. (E. Punset. El viaje al poder de la mente. Cap. 8. Nos diferenciamos según las conexiones cerebrales).
Un mal-uso o/y abuso de esta función acarrea, primero, problemas de relación con el entorno, los demás y la misma existencia. En una octava superior, el abuso genera desequilibrios emocionales, inestabilidad, nerviosismo excesivo, ansiedad, etc. Por ejemplo, muchas personas que encuentran dificultad en gestionar sus emociones se hacen dependientes al tabaco, incluso al consumo de algún estupefaciente. En algunos casos, el abuso del centro emocional deteriora el sistema nervioso y acarrean auténticas patologías donde su equilibrio es más difícil de recuperar[11].
El abuso se produce cuando uno se halla en una continua tensión emocional, esto termina por agotar los valores vitales de esta función y conlleva al individuo a un vacío de energía. Esta falta de dinamismo emocional o la acumulación inadecuada de éste en una de las componentes del sistema nervioso generan una inestabilidad en el subconsciente de la persona. La raíz de muchas enfermedades psicológicas se halla en las capas más inconscientes por eso ésta no puede controlarlos a nivel racional. Estas provocan crisis de diferentes intensidad: leves o intensas, crónicas o agudas según las causas que han participado en su cristalización.
Opuestamente, un uso objetivo de este centro basado en los valores humanos e integrado en un proceso de reflexión íntima o consciente, asienta las bases de una vida equilibrada. Todo el sistema nervioso entra en orden, armonía y quietud, éstas se extienden al cerebro intelectual e instintivo-motor-sexual. El beneficio es múltiple: A nivel físico se producen cambios positivos en los ritmos cardíacos, ondas cerebrales, sistema inmunológico y balance hormonal; Paralelamente, a nivel psicológico, uno adquiere serenidad y paz interior. En consecuencia, una disposición favorable a la hora de pensar y actuar.

El centro emocional vibra bajo la influencia de la Esencia cuando expresa ternura, muestra un entusiasmo perdurable; En el momento que uno es afectuoso, cariñoso y despliega el amor del corazón se siente un auténtico bienestar a todos los niveles. Este bienestar integral se compone de atributos que todas las personas anhelan experimentar como son: la paz y la felicidad. Esto implica una reflexión a todos los seres humanos y estamentos de la sociedad.
¿Sobre qué bases emocionales se educan los niños? ¿Sobre qué motivaciones se estiman y condicionan los empleos? ¿Cuál es el estado anímico de los ciudadanos? ¿Cómo se establecen las relaciones emocionales en el seno familiar?
Es primordial la práctica de la meditación y la técnica del cambio de actividad cuando uno observa un abuso en algún centro. El equilibrio de todos los centros es posible en el momento que el individuo asume un esfuerzo personal para conseguirlo. Existen diferentes medios que se explicarán más adelante en sucesivos capítulos. Sin embargo, se requiere prestar atención a las emociones, los resentimientos, sentimientos, afectos,… y constatar por sí mismo la veracidad de lo expuesto. Esto lo “animará” a emprender una acción más comprometida con la consecución de una vida emocional equilibrada.
Igualmente se pospone: El estudio del deseo que posee una alta componente emocional aunque éste se halla cristalizado en todos los centros. Las preocupaciones que son un factor de desgaste emocional, el miedo, etc. Estos procesos psicológicos son muy importantes y requieren de una monografía singular para profundizar tanto en su naturaleza emocional como subconsciente.
Finalmente, el ser humano disfruta de otro centro emocional que se halla en un centro neurológico diferente, el cardias. El corazón alberga lo que se denomina en el conocimiento de sí el centro emocional superior. El lector no debe cometer el error de considerar que existe un centro emocional que se divide en dos partes: una inferior y, la correspondiente al corazón, la superior. El cardias es un centro totalmente independiente, responsable de la intuición e inspiración, y su actividad puede influenciar a los demás centros, llamados inferiores con respecto a éste. La actividad del centro emocional superior es lo que algunos científicos han determinado como la “inteligencia emocional”[12].
 
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[1] “El Sistema Nervioso Entérico es bastante grande, y está compuesto por una red de millones de neuronas, la milésima parte de las del encéfalo pero más que en la médula espinal, y repartida por los 7 m (aproximadamente) de tubo digestivo. Es además, un sistema muy complejo, consistente en una red neuronal capaz de actuar independientemente del encéfalo, de recordar, aprender...; en ocasiones se habla de segundo cerebro". (Wikipedia)
[2] Un pensamiento agradable o desagradable, un pensamiento de miedo,… no es una emoción a pesar de estar íntimamente ligados, siendo uno causa o consecuencia del otro.
[3] La motivación está vinculada a la voluntad. Esta se manifiesta de diferentes formas según se expresa en los diferentes centros o funciones psicológicas.
[4] Emoción, ánimo, sentimiento, huella, impresión o estado emocional en el plexo solar.
[5] Rechazo, contrariedad, incomodidad, oposición, constricción.
[6] Definición de la Real Academia Española: Afecto, cariño o estimación hacia una persona o cosa.
[7] Madre Teresa de Calcuta, Dalai Lama, Vicente Ferrer, Gandhi, el matrimonio Curie, Nelson Mandela, Gabriela Mistral, etc.
[8] Se entiende aceptación de buen grado que genera emoción, sentimiento,… de satisfacción, de bienestar y no por constricción. Rechazo, aversión, sentimiento de malestar o insatisfacción. Indiferencia, ni uno ni el otro, sentimiento de intensidad nula o baja, imperceptible.
[9] Estos términos: positivo negativo, no son utilizados para valorar un comportamiento ético. Existen personas que se alegran y sienten emociones positivas por hechos horribles.
[10] De igual manera que los estímulos provenientes del exterior, pensamientos, apetitos, las sensaciones, los instintos o impulsos sexuales.
[11] Trastornos tales como la depresión, ansiedad, las manías, fobias, insensibilidad, etc.
[12] Esto se despliega en la obra “El otro 90%” de Robert Cooper.