lunes, 16 de septiembre de 2013

El centro o la función emocional

Introducción.
La ciencia investiga la función emocional a nivel orgánico. Los expertos la localizan principalmente en el sistema límbico, éste se halla justo debajo de la corteza cerebral, y al sistema nervioso autónomo, concretamente en el entérico, distribuido en el aparato digestivo[1].
El auto-conocimiento ubica, similarmente, la manifestación psicológica de la emoción y el establecimiento de esta función en la zona del plexo solar. En éste se hallan una gran cantidad de terminaciones nerviosas cuya actividad es fácilmente perceptible por el lector.
Una persona no percibe como se mueven las neuronas en el cerebro para producir el pensamiento. Sin embargo, sí observa en su mente el pensar, razonar, etc. De igual manera, a pesar de no advertir como el sistema nervioso genera todo tipo de emociones y sentimientos, uno las siente en la zona del estómago y bajo vientre.
El origen neuronal, proceso biológico y encaminamiento fisiológico de las emociones no pertenecen al ámbito de estudio del conocimiento de sí. El interés de este texto es contribuir al entendimiento a nivel psicológico de todo aquello que atañe a la función emocional dentro del ser humano. Un individuo no percibe una emoción, sentimiento o alegría dentro de su cabeza[2]. Sin embargo, es muy común que un estado emocional lo lleve a perderla. Con esta afirmación se incide que a nivel físico, instintivo, existe en la formación de una emoción una gran cantidad de operaciones fisiológicas complejas que la investigación futura, sin duda aclarará. Debido a la complejidad de este proceso y a las implicaciones psicológicas de éste acarrea en el ser humano se le considera un cerebro o centro neurálgico en sí mismo. El hecho es que al final de unas complicadas operaciones fisiológicas el Hombre siente. Una persona se emociona, conmueve, impresiona, experimenta alegría, tristeza, miedo, estados emocionales de insatisfacción, gozo, genera sentimientos, afectos, resentimientos,… Todas estas respuestas de la psiquis orbitan alrededor del plexo solar. Este centro neurológico se halla presente en la expresión de las emociones y constituye su centro de gravedad psicológico. En consecuencia, un individuo que vierte la atención debida sobre él empezará a captar cómo este centro despliega la función emocional.
La palabra emoción proviene de latín emotio” que aludía al movimiento o impulso, “aquello que te mueve hacia”. Los antiguos romanos asociaron la emoción a la motivación[3] o energía para realizar una acción. La función psicológica más relevante del centro emocional es establecer una correlación entre el centro del pensamiento y la función instintiva, motora y sexual. En este sentido, la emoción es una expresión que une lo que uno piensa con lo que uno hace. Una persona coherente, primero piensa antes de llevar a cabo una acción, después la siente y, finalmente, la ejecuta.
¿Qué actividades psicológicas se producen en el centro emocional?
Todas las manifestaciones relacionadas con el sentimiento, la emoción, pasión, el entusiasmo o la motivación, alegrías, penas, tristezas, nostalgias, gozo, apatías, indiferencias, animadversión,… son propias de este centro.
La función psicológica del centro emocional.
La dimensión emocional del ser humano es seguramente la más desconocida a nivel interno en el campo del Saber. En la trayectoria de la filosofía Occidental, las emociones han sido siempre motivo de estudio. Algunos filósofos trataron de destacar su importancia, mientras que otros, de rebatirla. Desde la perspectiva del auto-conocimiento, el estado emocional de una persona expresa su ánimo, el cual se relaciona con su propia psiquis. Por lo tanto, el ánimo de una persona corresponde a un estado psicológico general que se asienta en el centro emocional.
La personalidad, el ego o la Esencia se expresan a través de éste y determinan los estados emocionales del ser humano según su naturaleza.
Ø      La función emocional aporta la coherencia entre los centros.
La función natural o razón de ser del centro emocional es instaurar una coordinación entre el pensar y la acción.
En la vida diaria, el ser humano emplea de forma incesante las diferentes funciones del organismo para cumplir con sus quehaceres. Una actitud sensata ante un evento cualquiera es pensar como afrontarlo, sentir lo que uno ha pensado y actuar en consecuencia. En algunas ocasiones, el pensar y el sentir se invierten. Uno siente que debe hacer algo en una situación, reflexiona el qué y cómo y, posteriormente, pasa a la acción. En ambos casos, independientemente de la calidad humana del proceso, éstos respetan una conexión coherente y natural entre centros. El actuar sin pensar ni sentir es del orden instintivo y, en la mayoría de los casos, causa de insensatez. Pensar y sentir de forma diferente y actuar de otra se halla en la órbita de la hipocresía, falsedad o de la mentira. Esto último, voluntariamente o no, es propio de una descoordinación de los centros y refleja la división psicológica de la persona. El ser humano, en ciertas circunstancias, vive un fraccionamiento interno, piensa algo determinado sobre una cuestión y, paralelamente, siente algo distinto sobre la misma. Esta pluralidad interna genera luchas entre centros. La psiquis del individuo se convierte en un campo de batalla. Esta guerra dentro de la estructura psicológica de la persona le atrae sufrimiento y lo aleja de la paz interior. La preocupación es un ejemplo muy común del enfrentamiento entre las diferentes funciones psicológicas del Hombre. Todas estas relaciones entre los centros se estudiarán con más profundidad ulteriormente.
Cuando un individuo atrae su atención al plexo solar descubre que toda acción se asienta o acarrea su correspondiente emoción[4] particular. Normalmente, el estado de ánimo presente una mañana de lunes a la hora de incorporarse al puesto de trabajo es muy distinto al sentimiento que se genera al final de la jornada del viernes. La emoción, sentimiento, ánimo,… aunque leve o imperceptible para quien se inicia en la observación de sí, se halla presente en toda acción. El estado emocional puede ser de indiferencia, entusiasta o adversativa[5].
Ø      La memoria emocional.
Otra función de este centro es establecer una relación de tipo emocional con todo aquello que al individuo le concierne, ocurre o experimenta. La huella psicológica que dejan los hechos, estímulos sensoriales o las vivencias de la persona forma su “memoria emocional”. Normalmente, uno tendrá un buen o mal recuerdo de un hecho, vivencia, viaje, persona, estancia en un lugar,… según la huella emocional que éste le dejó.
Ejemplo: Una persona viaja a un país donde experimenta circunstancias desagradables que le hacen sufrir, difícilmente mantendrá un recuerdo afectuoso del lugar. Contrariamente, uno recuerda sitios con ternura cuando tuvo vivencias gratificantes. Lo mismo sucede con las relaciones humanas. Durante la existencia uno conoce a muchas personas, sin embargo, uno rememora aquellas que por alguna causa dejaron una huella emocional.
La actividad del centro emocional influye en el aprendizaje. Un estudiante se halla motivado a aprender cuando su profesor es didáctico, pedagógico y entusiasta. Este amor que transmite por lo que enseña impregna los alumnos de esta emoción. El entusiasmo facilita la adquisición de conocimientos, incluso de materias complejas. Muchos escolares gustaron del estudio de una asignatura porque fueron cautivados por quien les enseñó. Estos estudiantes establecieron una relación emocional con esa materia.
Igualmente, ocurre con los objetos; Por ejemplo, de la infancia, adolescencia, que pertenecieron a personas queridas, que usaron ídolos de la canción, del cine, etc. Estos se describen como recuerdos, se compran con esa intención y adquieren un valor sentimental, incluso algunos se convierten en fetiches. Esto es posible porque el individuo establece un lazo emocional con el objeto en cuestión. Comúnmente, este sentir se cristaliza en la psiquis como apego.
La huella o memoria emocional se asocia a un valor positivo, negativo o de indiferencia aunque estas últimas son mucho más efímeras. Con el paso del tiempo las vivencias emocionales se sumergen en el subconsciente y forman un sustrato en este centro.
El auto-conocimiento enseña que en muchos escenarios de la existencia esta memoria emocional por alguna causa aflora. Por ejemplo, algunas personas sienten miedo en ciertos escenarios cuando racionalmente no pueden explicar el porqué. Estos procesos son propios del subconsciente y es necesario observarlos con suma atención. No se olvide el lector que el miedo es un condicionante de toda la estructura psicológica, en este caso, se aloja en el centro emocional. El temor es un defecto de tipo psicológico que impide a la persona relacionarse correcta o inteligentemente con la realidad.
Ø      El apego.
El apego[6] es un proceso mental que se halla presente en todos los centros. Es decir, estos pueden ser de tipo intelectual, emocional, instintivo, motor y sexual. Sin embargo, en muchos casos, el apego se instala en el centro emocional debido a su característica de instaurar un vínculo de esta naturaleza con todo lo que concierne al Hombre.
Esta estructura mental también es conocida por el budismo como aferramiento. Aferrarse a los objetos, bienes, las personas, al pasado, experiencias, sensaciones,… establece una relación anímica incorrecta con las mismas. Este nexo emocional es fuente de desequilibrio porque el apego intenta retenerlo bajo su control. El aferramiento genera dependencia psíquica y en una octava superior esclavitud. El individuo cree firmemente que posee al objeto: por ejemplo, el dinero; cuando en realidad a nivel psicológico sucede lo contrario, es el objeto que le posee a él.
El apego es fuente de sufrimiento porque todo es impermanente y estos vínculos de dependencia de tipo mental, emocional o de cualquier naturaleza terminan rompiéndose o diluyéndose.
No confunda el lector, el apego con el Amor. Éste último es propio de la Esencia y su manifestación es Universal y atemporal. El Amor consciente no se halla regido por un proceso circunstancial o relativo. Estos atributos lo distinguen con claridad del aferramiento. Es decir, cuando el amor se halla desprovisto de integridad, libertad, paz, etc. es apego.
El apego es una enfermedad del alma que tiene su raíz en el centro emocional y es custodiado por el intelecto.
Ø      El entusiasmo.
Se define entusiasmo como: Atención y esfuerzo que se dedica con empeño e interés al desarrollo de una actividad o trabajo.
Éste procede del griego ”enthousiasmós”, que significaba “inspiración divina o presencia de dios”. La idea es que éste surgía cuando un dios se manifestaba en una persona como les ocurría a los poetas, los profetas y los enamorados. Entre los helenos, estas expresiones de la divinidad en un individuo era objeto de respeto y admiración pues éste era capaz de lograr metas elevadas y de difícil consecución.
Para el auto-conocimiento, el entusiasmo es un estado emocional; éste irradia dinamismo para emprender una relación, labor o acción por lo que se siente justamente motivado; articula la energía o el impulso adecuado al centro motor. El entusiasmo, también, puede manifestarse como un estado de exaltación o excitación tal como sucede en los niños, aunque este no tiene edad. Su control depende del grado de atención y templanza que el individuo es capaz de desplegar en el centro emocional.
Por ejemplo, un entusiasmo que es propio de la Esencia es la vocación. Para comprender el uso adecuado del centro emocional se remite a la vocación de hombres y mujeres[7] que dieron un ejemplo de valores humanos. En todos ellos, se halla el entusiasmo por la obra emprendida. Éste es sentir un amor por la labor desarrollada en el ejercicio de la profesión o la responsabilidad adquirida.
Este estado requiere de una renovación constante del ánimo para que el centro emocional no caiga en un automatismo o la desidia. La falta de energía emocional convierte la actividad en una acción aburrida y repetitiva desprovista de interés. El entusiasmo se estimula con la imaginación creadora, innovando y sobrepasando los obstáculos que surgen en la misma actividad. El realizar una labor sin él significa que uno acarrea un estado de apatía, hastío y no disfruta con lo que uno hace. Esto dificulta la acción, incluso conlleva abandonar la tarea.
Una persona entusiasmada es aquella que se halla comprometida, animada, concentrada en lo que realiza con la esperanza y la fe de alcanzar lo que se propone. Por ejemplo, ante la presentación de un proyecto, causa, tarea,… ésta siente entusiasmo.
Si uno anhela comprender la naturaleza de éste, hay que observar detenidamente si con el paso del tiempo, las dificultades, las críticas de los demás, etc. el entusiasmo desaparece. Según la consistencia de esta emoción uno descubre la naturaleza de la misma. Los entusiasmos efímeros, inconsistentes, son inmaduros y propios de una naturaleza circunstancial y relativa producto del factor ego o de la personalidad. Sin embargo, aquellos entusiasmos por una causa que se mantienen en el tiempo y atraer valores humanos a su acción son propios de la Esencia.
Ø      La respuesta emocional es muy rápida e intensa.
El centro emocional es mucho más rápido que el centro racional. Habitualmente, el procesamiento de la información recibida por los sentidos es detectado antes por el sistema nervioso que rige el centro emocional que el intelectual. De hecho, el lector habrá observado por su propia experiencia como un estímulo visual o auditivo inesperado, se refleja casi de forma instantánea como una presión o emoción en el plexo solar. Por ejemplo, uno se ha asustado. En muchos casos, ésta es tan fuerte que, durante unos instantes, la facultad de pensar se bloquea. Las respuestas emocionales se procesan por la intensidad de su expresión. Los deportes de riego se arraigan en esta característica psicológica, quienes los practican experimentan emociones fuertes y esto les hace sentirse vivos. Es obvio que estas prácticas, asimismo, se hallan ligadas al cerebro instintivo-motor-sexual. De igual manera que existen emociones y sentimientos que se enraízan en el plexo solar, también los hay efímeros o volátiles; Respuestas emocionales a un estímulo, situación, relación,… que la persona otorga poca o ninguna importancia ni le afecta; Un sentir que fácilmente es sustituido por otro.
El conocimiento del centro emocional implica como éste interviene en la recepción de los estímulos que se reciben a través de los sentidos y cómo éste reacciona. Muchas respuestas racionales son determinadas por la emoción porque este centro recibe antes la información. Sin embargo, el individuo no lo percibe, cree que su pensamiento se halla libre de toda emoción o condicionamiento emocional, cuando a efectos prácticos, la realidad es diferente.
El individuo que anhela un conocimiento de sí requiere aprender a recibir y transformar con un estado de atención y presencia intenso los estímulos que llegan a los sentidos. Un estado interior o emocional incorrecto acarrea un uso intelectual poco adecuado y propicio a una interpretación objetiva de la realidad. Estados emocionales de impaciencia, intolerancia, temor, enfado, celos, etc. son condicionantes en el momento de pensar una solución a un problema.
La formación del centro emocional.
“La mejor manera de abordar la delincuencia y la violencia en nuestra sociedad radica en evitar muchas enfermedades mentales y eso obliga a ocuparse de los bebés, algo que no se ha hecho adecuadamente”. (E. Punset. El viaje al poder de la mente. Cap. 11. El periodo de aprendizaje más largo y protegido).
A nivel psicológico, la formación del centro emocional es paralela a la elaboración del contenido de su memoria. El niño nace con este centro en estado neutro. Desde los primeros momentos, la Esencia está presente a la experiencia de la vida. La personalidad no existe porque ésta es producto del aprendizaje.
El trato que el niño recibe es procesado por sus diferentes funciones. Los primeros centros en interactuar con el medio, tal como se comentó en el estudio del centro intelectual, son el instintivo y el emocional. A lo largo de su desarrollo, el infante se somete a una gran cantidad de estímulos que conforman su centro emocional. Un niño es cuidado con cariño, ternura, amor, cuando llora se ocupan de él y todas estas atenciones nutren su vida emocional, las cuales quedan inscritas en la memoria de este centro. Opuestamente, si éste no es querido y sufre de abandono, incluso de maltrato, también éstos quedan registrados. Todo lo vivido por este centro se transfiere al subconsciente. Normalmente, un bebé se relaciona de forma intensa a nivel emocional con su madre. La persona que se ocupa de él elabora su base emocional a través del vínculo que mantiene con él. Los traumas emocionales de un individuo empiezan a formarse desde la más tierna edad y son los más importantes a la hora de determinar la vida psicológica del adulto. Muchos individuos experimentan una gran dificultad a la hora de sentir al prójimo, de tener empatía, porque su centro emocional, por cualquier causa, no arraigó estos sentimientos en su niñez.
Un recién nacido primero aprende a llorar, justo cuando inspira su primer aliento, el llorar es una respuesta del instinto. Después aprende a sonreír y ésta es una manifestación natural que se aloja en el centro emocional, aunque el instinto intervenga.
El llanto es una expresión para comunicar su necesidad o ansiedad. La sonrisa para mostrar su satisfacción.
Características del centro emocional.
Ø      Aceptación, rechazo, indiferencia[8].
El centro emocional se expresa con diferentes intensidades e inclinaciones que se dividen en tres posiciones: Estados o emociones propios de la satisfacción, insatisfacción y, una tercera, correspondiente a la indiferencia.
Esta última es un estado emocional ambiguo donde la persona no vibra especialmente por una actividad, idea, plan, causa, etc. Un estado de ánimo donde no se siente inclinación agradable o desagradable hacia un objeto, asunto o actividad. Sin embargo, existe un cierto grado de hipocresía cuando se utiliza este término hacia las personas que se conocen y los seres vivos, en general. Muchas personas muestran indiferencia en el trato hacia los demás, pero esto no significa que la sienten. El hecho es que éstas actúan con frialdad y distancia hacia otras para expresarles su poco aprecio. Esto puede ser motivado porque ellos mismos se hallan en un estado emocional adversativo consigo mismo, o bien, con la persona en cuestión o con el colección. Este comportamiento, en algunas ocasiones, esconde y es propio de un maltrato psicológico.
El sentir frialdad ante un ser humano o incluso cualquier “ser vivo”, es una disfunción del centro emocional, es insensibilidad.
Este centro establece irremediablemente una relación con todo lo que perciben sus sentidos, aunque ésta sea de muy baja intensidad. Este grado es lo que se entiende por indiferencia. Esta última, asimismo, se confunde con la neutralidad emocional la cual es propia de un vacío de relación. Esto sucede, por ejemplo, cuando alguien nombra a una persona que no se conoce y nadie nos habló de ella en términos positivos ni negativos.
La indiferencia emocional es un estado poco común, contrariamente, a lo que uno piensa. Si algo no gusta ni apetece no hay indiferencia en este centro. Los estados emocionales más corrientes son aquellos que se diferencian con facilidad como estados de ánimo: positivos en el sentido que expresan satisfacción por aquello que la motiva y negativos, los que son propios de insatisfacción. Por ejemplo, me hacen un regalo que me gusta, me siento bien, satisfecho, tengo una emoción positiva. Opuestamente, me dan una pequeña mala noticia, me siento contrariado, la rechazo, tengo una emoción negativa en el plexo solar[9].
Este centro es sobre todo dual, una característica intrínseca de toda la estructura mental. Cada individuo acepta o rechaza a nivel emocional con diversas intensidades todo aquello que le atañe.
Los estados emocionales de satisfacción o aceptación son: Estados de placer, agrado, gusto, gozo, alegría, pasión, júbilo, contento, entusiasmo, frenesí, arrebato, apasionamiento, deleite, complacencia, etc. todo tipo de emociones o sentimientos que implican un estado agradable. Comúnmente, estos estados que popularmente se juzgan como placenteros son más efímeros que lo que se enumeran a continuación y se confunden con la felicidad o dicha del alma.

Dentro de los estados emocionales de insatisfacción o rechazo se incluyen: Estados psicológicos de disgusto, dolor, depresión, ansiedad, aversión, cólera, estrés, nerviosismo, sufrimientos, preocupación, odio, rencor, venganza, impaciencia, intolerancia, celos, tristeza, melancolía, desesperación, frustración,… Este tipo de emociones y sentimientos, indudablemente, son producto de un desequilibrio o desconocimiento de sí mismo. Estos estados emocionales, frecuentes en ciertos modos de vida, bajo determinadas circunstancias, pueden desencadenar problemas graves de salud.
En el centro emocional se alojan o/y se originan todo tipo de complejos, traumas, miedos, obsesiones, trastornos, manías,… La raíz psicológica de la mayoría de estos estados patológicos se halla en la zona subconsciente de este centro.
Contrariamente, la meditación instaura tanto al centro emocional como a los demás, un estado de serenidad o paz interior. Esta experiencia de “no actividad” de este centro es posible con la práctica de esta disciplina.  Esta ciencia conduce a la función emocional alcanzar un destacado grado de reposo en las diferentes profundidades de su constitución.
Las actividades que orbitan alrededor del centro emocional.
Las actividades o realizaciones que más inciden, alimentan y se asimilan a este centro son todas aquellas que se relacionan con el mundo artístico.
Las artes, normalmente, gira alrededor del centro emocional: Música, cine, teatro, ballet, pintura, fotografía, escultura, arquitectura, literatura, etc.
Este centro genera emociones según la naturaleza de los estímulos que componen estas actividades. Las emociones[10] forman un tejido de tipo psicológico que alimentan los diferentes factores que componen la psiquis del ser humano: La personalidad, el ego o la Esencia.
Un estimulo de música clásica, por ejemplo, Beethoven, Mozart, provocan vibraciones en el plexo solar de una calidad y naturaleza que establecen armonía, serenidad. Estos estímulos establecen estados emocionales elevados. Opuestamente, composiciones complejas, inarmónicas, excesivamente ruidosas o de baja frecuencia, no encauzan el centro emocional hacia la tranquilidad y el sosiego. Esto sucede en toda manifestación artística. El lector puede experimentar por sí mismo el efecto o impacto emocional que produce cualquier película de terror y contrastarla con otra donde se expresan valores humanos, tal como el amor, la lealtad, amistad, el sentido de superación, la capacidad de sacrificio, etc. Igualmente, cualquier persona que sigue un culebrón constata qué tipos de emociones se transmiten en estas series: Ambición, egoísmo, celos, malentendidos, engaños, traiciones, sexo, mentiras, intrigas, rencores, venganzas, odios y un largo etcétera. El espectador en la medida que vibra con todo estos escenarios, sin ser consciente de ello, se nutre de todos estos sentimientos y emociones que se acumulan irremediablemente en su subconsciente. Es obvio que el elemento ego asimila una instrucción y energía a través de todas estas imágenes, estímulos, sensaciones y emociones. Muchos individuos, sobre todo adolescentes, son fascinados por estos personajes de series de ficción y tratan de imitarlos, tan como se comentó en un capítulo anterior.
El auto-conocimiento alerta que todas estas expresiones artísticas inciden en la psiquis de la persona y, tanto más, a edades tempranas. Estos estímulos ejercen una influencia considerable en la formación del centro emocional. Es necesario, una observación serena de estos procesos psicológicos a nivel del plexo solar; Aprender a seleccionar la calidad de los estímulos que se reciben y las emociones que provocan, de igual modo, que se eligen los alimentos que se comen.
Los recursos artísticos pueden ser una herramienta pedagógica extraordinaria para el aprendizaje, equilibrio o recupera la salud; Muchas personas que carecen de aptitudes de relación con los demás o sufren de desequilibrios emocionales pueden ser ayudadas por esta vía.
Conclusión.
La función emocional determina en el ser humano el qué y cómo siente. Este sentir elabora a este nivel todos los tipos de relaciones que uno establece a lo largo de su existencia.
La importancia del conocimiento de este centro radica en que uno precisa de un equilibrio emocional si anhela ser feliz. Esto no es posible cuando una persona psicológicamente se halla ausente y no se ocupa del buen uso de esta función. El individuo requiere reflexionar con serenidad la conveniencia de la calidad humana de sus sentimientos y emociones y como éstos dirigen su existencia.
El auto-conocimiento se adquiere en la medida que la persona observa con cuidado este centro y descubre su mal-uso y abuso. Esta vigilancia y control evitan la formación automática e involuntaria de emociones. Ciertos estados emocionales, sentimentales o pasionales desencadenan procesos psicológicos que acarrean errores, malentendidos,… que desembocan en dramas y sufrimientos. Vivir en la inercia emocional es una opción de vida, sin embargo, es poco alentadora cuando se experimentan sus consecuencias. Conocerse a sí mismo implica un esfuerzo de atención para comprender las profundas y múltiples interacciones de las funciones psicofísicas del ser humano. Un sentimiento equivocado acarrea tanto una forma de pensar como una serie de acción de la misma naturaleza. Por ejemplo, toda persona ha experimentado las consecuencias que atrae una idea fantasía que descansa en una emoción que no corresponde con la realidad. Cuando esta ilusión se confronta con los hechos surgen los desengaños. ¿Por qué uno sufre cuando una idea no es compartida? La respuesta es que esa forma de pensar se ha edificado sobre una base emocional. Los sentimientos son más profundos y no son tan fáciles de manejar que los pensamientos. Estas características del centro emocional enseñan que todo individuo requiere conocer el funcionalismo de éste para darle un buen-uso y no caer en el abuso.
“Los análisis basados en la importancia de las emociones se nutren de múltiples líneas de investigaciones empíricas: estudios clínicos revelan una correlación entre comportamientos emocionales anormales y una conducta moral perturbada”. (E. Punset. El viaje al poder de la mente. Cap. 8. Nos diferenciamos según las conexiones cerebrales).
Un mal-uso o/y abuso de esta función acarrea, primero, problemas de relación con el entorno, los demás y la misma existencia. En una octava superior, el abuso genera desequilibrios emocionales, inestabilidad, nerviosismo excesivo, ansiedad, etc. Por ejemplo, muchas personas que encuentran dificultad en gestionar sus emociones se hacen dependientes al tabaco, incluso al consumo de algún estupefaciente. En algunos casos, el abuso del centro emocional deteriora el sistema nervioso y acarrean auténticas patologías donde su equilibrio es más difícil de recuperar[11].
El abuso se produce cuando uno se halla en una continua tensión emocional, esto termina por agotar los valores vitales de esta función y conlleva al individuo a un vacío de energía. Esta falta de dinamismo emocional o la acumulación inadecuada de éste en una de las componentes del sistema nervioso generan una inestabilidad en el subconsciente de la persona. La raíz de muchas enfermedades psicológicas se halla en las capas más inconscientes por eso ésta no puede controlarlos a nivel racional. Estas provocan crisis de diferentes intensidad: leves o intensas, crónicas o agudas según las causas que han participado en su cristalización.
Opuestamente, un uso objetivo de este centro basado en los valores humanos e integrado en un proceso de reflexión íntima o consciente, asienta las bases de una vida equilibrada. Todo el sistema nervioso entra en orden, armonía y quietud, éstas se extienden al cerebro intelectual e instintivo-motor-sexual. El beneficio es múltiple: A nivel físico se producen cambios positivos en los ritmos cardíacos, ondas cerebrales, sistema inmunológico y balance hormonal; Paralelamente, a nivel psicológico, uno adquiere serenidad y paz interior. En consecuencia, una disposición favorable a la hora de pensar y actuar.

El centro emocional vibra bajo la influencia de la Esencia cuando expresa ternura, muestra un entusiasmo perdurable; En el momento que uno es afectuoso, cariñoso y despliega el amor del corazón se siente un auténtico bienestar a todos los niveles. Este bienestar integral se compone de atributos que todas las personas anhelan experimentar como son: la paz y la felicidad. Esto implica una reflexión a todos los seres humanos y estamentos de la sociedad.
¿Sobre qué bases emocionales se educan los niños? ¿Sobre qué motivaciones se estiman y condicionan los empleos? ¿Cuál es el estado anímico de los ciudadanos? ¿Cómo se establecen las relaciones emocionales en el seno familiar?
Es primordial la práctica de la meditación y la técnica del cambio de actividad cuando uno observa un abuso en algún centro. El equilibrio de todos los centros es posible en el momento que el individuo asume un esfuerzo personal para conseguirlo. Existen diferentes medios que se explicarán más adelante en sucesivos capítulos. Sin embargo, se requiere prestar atención a las emociones, los resentimientos, sentimientos, afectos,… y constatar por sí mismo la veracidad de lo expuesto. Esto lo “animará” a emprender una acción más comprometida con la consecución de una vida emocional equilibrada.
Igualmente se pospone: El estudio del deseo que posee una alta componente emocional aunque éste se halla cristalizado en todos los centros. Las preocupaciones que son un factor de desgaste emocional, el miedo, etc. Estos procesos psicológicos son muy importantes y requieren de una monografía singular para profundizar tanto en su naturaleza emocional como subconsciente.
Finalmente, el ser humano disfruta de otro centro emocional que se halla en un centro neurológico diferente, el cardias. El corazón alberga lo que se denomina en el conocimiento de sí el centro emocional superior. El lector no debe cometer el error de considerar que existe un centro emocional que se divide en dos partes: una inferior y, la correspondiente al corazón, la superior. El cardias es un centro totalmente independiente, responsable de la intuición e inspiración, y su actividad puede influenciar a los demás centros, llamados inferiores con respecto a éste. La actividad del centro emocional superior es lo que algunos científicos han determinado como la “inteligencia emocional”[12].



[1] “El Sistema Nervioso Entérico es bastante grande, y está compuesto por una red de millones de neuronas, la milésima parte de las del encéfalo pero más que en la médula espinal, y repartida por los 7 m (aproximadamente) de tubo digestivo. Es además, un sistema muy complejo, consistente en una red neuronal capaz de actuar independientemente del encéfalo, de recordar, aprender...; en ocasiones se habla de segundo cerebro". (Wikipedia)
[2] Un pensamiento agradable o desagradable, un pensamiento de miedo,… no es una emoción a pesar de estar íntimamente ligados, siendo uno causa o consecuencia del otro.
[3] La motivación está vinculada a la voluntad. Esta se manifiesta de diferentes formas según se expresa en los diferentes centros o funciones psicológicas.
[4] Emoción, ánimo, sentimiento, huella, impresión o estado emocional en el plexo solar.
[5] Rechazo, contrariedad, incomodidad, oposición, constricción.
[6] Definición de la Real Academia Española: Afecto, cariño o estimación hacia una persona o cosa.
[7] Madre Teresa de Calcuta, Dalai Lama, Vicente Ferrer, Gandhi, el matrimonio Curie, Nelson Mandela, Gabriela Mistral, etc.
[8] Se entiende aceptación de buen grado que genera emoción, sentimiento,… de satisfacción, de bienestar y no por constricción. Rechazo, aversión, sentimiento de malestar o insatisfacción. Indiferencia, ni uno ni el otro, sentimiento de intensidad nula o baja, imperceptible.
[9] Estos términos: positivo negativo, no son utilizados para valorar un comportamiento ético. Existen personas que se alegran y sienten emociones positivas por hechos horribles.
[10] De igual manera que los estímulos provenientes del exterior, pensamientos, apetitos, las sensaciones, los instintos o impulsos sexuales.
[11] Trastornos tales como la depresión, ansiedad, las manías, fobias, insensibilidad, etc.
[12] Esto se despliega en la obra “El otro 90%” de Robert Cooper.

jueves, 21 de junio de 2012

El centro o la función intelectual


Introducción.
El centro intelectual se ubica en el cerebro. En éste se elaboran todas las operaciones relacionadas con las funciones del entendimiento, razonamiento y todo lo que orbita alrededor de éstas.
El estudio de esta función no incluye la capacidad de la inteligencia y por consiguiente se debe prestar sumo cuidado en no confundirlas. Se atribuye esta última a la conciencia superlativa del Hombre como una propiedad integradora de los valores de la Esencia. La inteligencia goza de numerosas definiciones. El auto-conocimiento destaca su facultad creadora y se tratará en otro capítulo.
Para aclarar esta afirmación, reflexione el lector sobre el hecho que en el momento de la elaboración de un pensamiento o argumento, la inteligencia puede estar presente o ausente y a la experiencia hay que remitirse.
El cerebro asume una gran cantidad de actividades y procesos a todos los niveles: fisiológico, químico y psicológico. Al ser parte del sistema nervioso central fluyen, por enumerar algún ejemplo, los estímulos que provienen de los sentidos, la percepción de dolor, los impulsos del movimiento, los procesos vegetativos o vitales del cuerpo, etc. El cerebro es un órgano extremamente complejo e interviene en muchas otras funciones que la intelectual.
El auto-conocimiento centra su estudio a través de la observación de la función psicológica. Por ejemplo, es irrelevante el cómo físicamente se comporta el cerebro y sus neuronas para emitir un pensamiento o establecer la memoria.
Para conocer directamente la función intelectual es necesario mantener el estado de presencia y observar detenidamente la actividad de este centro.
Esto es posible si se dirige la atención debida sobre sí mismo.
El estudiante a medida que contempla serenamente esta facultad en la misma acción diaria aprehenderá cómo se procesa el devenir del pensar. Captará sus mecanismos y las relaciones que establece con las demás funciones (emocional, instintiva, motora y sexual).
¿Cómo inicia un niño las relaciones psicológicas con el entorno?
Desde la perspectiva intelectual, mientras el niño no asimila el lenguaje, éste recibe de forma neutral la información del mundo que le rodea a través de los sentidos.
Cada sensación aporta su particular percepción del objeto. El infante se relaciona con cada objeto, persona o acción dependiendo de sus características y de cómo lo experimenta.
Éste oye, ve, gusta, huele y toca los objetos que se hallan a su alcance. En este periodo de la vida, el niño no les atribuye conceptos, son sensaciones y emociones que se representan en su espacio psicológico. Éstas son agradables, desagradables o neutras según la naturaleza de lo percibido. Ejemplos: un grito, una caricia, una caída, un baño templado, viajar en tren.
En esa etapa la conciencia del niño no guarda una relación intelectual con su entorno.
Sus manifestaciones se ligan estrechamente a cómo percibe o recuerda en el centro instintivo y/o emocional las experiencias vividas o almacenadas.
Por ejemplo: un bebé bien cuidado por su madre le provee una sensación agradable, es decir, se sentirá instintiva y emocionalmente bien, feliz. La atención del niño es atraída por ella. Lo normal es que cuando no percibe su presencia la reclame, por ejemplo, con un llanto. En el momento que la conciencia se acostumbra o acepta esa realidad cambia su reacción. Este proceso es ajeno al centro intelectual.
Las sensaciones y percepciones son facilitadas por los complejos mecanismos de la función instintiva en el espacio psicológico de la persona.
La capacidad de ver, oír, oler, gustar y sentir pertenece a los sentidos y la facultad de reproducir imágenes vistas anteriormente, sonidos escuchados, olores,… es propiedad de la memoria sensorial. Ésta es propia del centro instintivo.
A nivel emocional, el infante “establece la relación” de bienestar, malestar o indiferencia con lo percibido y la memoria emocional lo almacena con este valor.
La actividad motora en los primeros años del niño interactúa en el proceso de la formación a todos los niveles: instintivo, emocional e intelectual. La experiencia personal con el medio que le circunda estimula el desarrollo de los centros junto a la capacidad espacial.
En la medida que la presencia o atención del individuo se halla más concentrada en el momento de recibir los estímulos exteriores, las huellas que dejan son más vivas en las memorias de los centros.
¿Cómo se forman los conceptos? ¿Cómo surge la actividad intelectual en un niño?
Este centro inicia principalmente su desarrollo junto al aprendizaje del habla. El lenguaje es un elemento básico de la representación conceptual. La construcción de los conceptos es una aplicación intelectual o mental de la palabra. La conciencia del infante relaciona los objetos, acciones,… con la palabra-concepto que los define y los almacena en la memoria.
Etimológicamente, intelecto proviene del latín “intellectus”, se define como “leer dentro”. Nadie puede utilizar una idea, un concepto,… si antes no lo depositó en la memoria.
El proceso intelectual es similar a las anteriores funciones comentadas someramente. A través de los sentidos recibe la información del objeto y el niño aprende a conceptuarlo.
En este sentido el infante añade progresivamente una función conceptual o intelectual a todo aquello que le rodea, elabora una relación suplementaria a las funciones: instintiva emocional y motora.
El niño paulatinamente aprende a interpretar, ordenar y coordinar estas palabras-conceptos a medida que domina la lengua materna, con este mismo aprendizaje elabora la función del pensamiento. Pensar, razonar, recapacitar, especular, justificar, condenar, enjuiciar,… son una gran cantidad de acciones del “Pensamiento”, propias del centro intelectual.
Es destacable reseñar que la mayoría de los niños en principio hablan consigo mismo. Este hecho nos indica que el infante articula sus pensamientos en voz alta, hasta que lo interioriza y se convierte en la conocida charla interior o mental.
Esta función ahonda el aprendizaje del párvulo con el dominio de la lectura, escritura y demás materias que a lo largo de su escolarización se incorporan en su formación intelectual.
Epistemológicamente[1], el conocimiento o entendimiento de lo Real o Verdad adquirido por el intelecto está limitado por sus características intrínsecas. Éste fue fuente de estudio a través de los siglos por la filosofía hasta nuestros días con más o menos acierto.
En un capítulo posterior dedicado a la mente, por ser una propiedad de todos los centros, se profundizará sobre este hecho. Sin embargo, se enumera algunas de ellas como fuente de reflexión.
  •  El intelecto depende de los sentidos para elaborar sus conceptos.
  • La capacidad de representación sensorial es anterior a la confección de los conceptos. Por ejemplo, una persona nacida invidente tiene serias limitaciones en la reproducción de perspectivas espaciales o imágenes mentales, sin embargo, su desarrollo intelectual a partir de cierta edad es comparable a cualquier otra. En el caso de niños nacidos sordos, su incapacidad auditiva les imposibilita la reproducción de sonidos a nivel mental. Sin embargo, una vez superada la dificultad de adquisición del lenguaje de signos y el registro escrito de la lengua, su desarrollo intelectual o de representación conceptual es equiparable a cualquier persona.
  • La atención del sujeto es primordial en el momento de la recepción de la información. Ésta se recibe de forma multisensorial.
  • El entendimiento intelectual de la realidad que se presenta en un momento dado depende de la información acumulada y comprendida anteriormente.
  • Esta comprensión o abstracción obedece al uso adecuado (recurso de la inteligencia) de la información recibida junto a la capacidad de recordar y seleccionar lo que existe en la memoria.
Se expone un ejemplo de cómo se forma un concepto para estimular la comprensión del lector desde otro ángulo.
Un individuo halla en un lugar un objeto jamás visto anteriormente. No reconoce la forma, ni el material que lo compone. La textura es incomparable con lo conocido por él. Desconoce su función, con qué otros objetos se relaciona, hasta su color es extraño por no tener referencias.
La persona con el objeto en sus manos, lo puede visualizar, oler, saborear, verificar si emite un sonido. La experimentación sensorial le permite un conocimiento de él, sabría reconocerlo, imaginárselo. Lo llamará “la cosa”.
Sin embargo, ¿Cómo lo definirá a otra persona? Deberá recurrir a los conceptos almacenados en la memoria y le dirá que lo vio, cogió,… pero lo describirá de forma imprecisa, difícilmente su interlocutor podrá cabalmente representárselo con una imagen o hacerse una idea.
El conocimiento intelectual acarrea esta limitación propia del lenguaje o capacidad conceptual, se circunscribe a él.
En cambio, lo puede dibujar, elaborar planos, realizar una escultura, maqueta, según su memoria sensorial si su representación es fiel al objeto, su interlocutor lo visualizará, formará una imagen mental.
Esta reproducción en el “espacio psicológico” de la persona es propia de la facultad de la imaginación, muchas veces confundida o asimilada erróneamente al intelecto. A partir de esta imagen se concebirá un concepto.
Recapitulando: El niño, según la atención prestada, almacena imágenes, sonidos, texturas, olores,… información suministrada por los sentidos sin atribuirles conceptos. Progresivamente, a medida que aumenta el dominio del habla aprende a idealizarlos, estructurarlos, le atribuye calificativos, propiedades,… a realizar juicios, elaborar razonamientos. A través de la palabra-concepto el intelecto dispone de los recursos para pensar y realizar todas las actividades que le son propias.
Sin embargo, esto no sería posible hasta que el infante no aprehende a relacionar debidamente el objeto, su representación sensorial, con la palabra o acción verbal que lo define. Esta comprensión es una actividad de la inteligencia del niño.
El razonar es una actividad que relaciona conceptos entre sí con más o menos fortuna. Esta correspondencia se establece a través de operaciones que dan lugar a ideas, juicios, prejuicios, opiniones, creencias, valoraciones, decisiones,… y conforman la base del conocimiento intelectual.
Los modelos del pensamiento más utilizados son los esquemas: deductivo, inductivo o borroso.
Los seres humanos difícilmente piensan y elaboran sus juicios de forma rigurosa, sometiéndolos a unas reglas objetivas. La validez de una argumentación depende de la corrección de las relaciones formales, lógicas, que se establecen entre las premisas o conceptos utilizados y si estos son verdaderos o no.
El trabajo sobre el centro intelectual se fundamenta precisamente en observar, descubrir y conocer por sí mismo el cómo se procesa el pensamiento.
Por ejemplo: Observar, atraer sobre sí la atención de forma natural y espontánea:
·            Qué factor psicológico: Personalidad, Ego o Esencia motiva un razonamiento o discurso intelectual.
·      Si lo que se piensa (construcción del juicio) se fundamenta sobre una base real, los conceptos utilizados corresponden a la realidad.
·              Ver si las relaciones que se establecen entre ellos es formal, correcta,… inteligente.
·         Finalmente, si la conclusión es digna. Se reviste de valores humanos. Está presente el respeto por los demás. Es honrada, consecuente con la acción y el sentir una ética formal, universal. Por el contrario, responde a unos intereses egocéntricos, pasajeros y circunstanciales.
El auto-conocimiento implica una actitud reflexiva, experimental, de cómo se ejecuta todas estas actividades intelectuales.
Responder sobre la base de la vivencia personal a la pregunta ¿Qué pienso? ¿Qué o quién causa los pensamientos? ¿Cómo dirigir el proceso del pensar a un estado de equilibrio, lucidez y serenidad?
El conocimiento de sí encamina al individuo a pensar por sí mismo.
Aprender a pensar por sí mismo implica liberar el pensamiento de las ideas ajenas, prestadas o, incluso, impuestas.
Las operaciones intelectuales más utilizadas en la elaboración del “Pensamiento” son:
·                Asociación.
·                Comparación.
·               Diferenciación, discriminación.
·               Ordenación, clasificación, valoración.
La asociación.
Esta operación elemental encadena consecutivamente conceptos, ideas, juicios, recuerdos,… entre sí. Elabora razonamientos, genera conclusiones, ideas o conceptos más complejos. La asociación o relación de ideas es una acción básica del aprendizaje y formación intelectual.
La asociación es un ejercicio mental de relaciones entre aquello que existe almacenado en la memoria, igualmente con lo que percibe con los sentidos. Por ejemplo: clasifica, enjuicia, valora, etc.
Las relaciones o asociaciones son innumerables. Las hay de dependencia, pertenencia, proporción, analogías, concordancia, color, formas,… Muchas de ellas se rigen por un sistema formal. Otras son producto de la experiencia personal y son completamente subjetivas.
Según la intencionalidad se distinguen dos tipos de asociaciones:
·      Aquellos razonamientos deliberados que se realizan de modo voluntario. Es la misma acción de pensar con cierta atención, existe la intención de llegar a una conclusión.
·             El pensamiento difuso o mecánico, cuando no existe un propósito particular en el proceso del pensar. Sin embargo, las ideas continúan su flujo sin una auténtica voluntad de relacionarlas. Es una actividad inconsciente e irracional del centro intelectual.

      En una práctica de meditación la persona evidencia como sus razonamientos se hacen difusos. En la pantalla mental se enlaza una serie de pensamientos sin intencionalidad ni coherencia, se mezclan conceptos, recuerdos, hechos cotidianos, planes de futuro, miedos, etc. Algunas personas las llaman ensoñaciones.
En unos casos, estos movimientos del pensamiento se realizan por asociación, estableciendo nexos más o menos lógicos y, en otros, de forma irracional.
La comparación.
Este mecanismo es un elemento básico de la composición intelectual, un importante recurso en la educación de este centro.
Comparar se define como examinar varios elementos entre sí con la intención de establecer sus semejanzas y diferencias. Por ejemplo: En un supermercado se necesita un artículo. Se compara su calidad-precio y se escoge el que más interesa.
En esta acción se hallan implícitas dos operaciones: la asociación entre conceptos u objetos para establecer las semejanzas y la diferenciación para determinar las discrepancias.
También es una figura utilizada para subrayar las características de una entidad (objeto o persona) identificándola con otra más conocida, para dar una idea viva y clara de la primera. Ejemplo: Este hombre tiene una voz como Frank Sinatra.
Esta operación está muy arraigada tanto en los procesos del razonamiento como en la expresión hablada. En muchos casos es un recurso muy descriptivo que ayuda considerablemente en la comunicación, la confección y fijación de ideas. Sin embargo, se puede evidenciar por experiencia como se utiliza en muchos ámbitos que resulta inapropiada e inoportuna.
Por ejemplo: Se comparan miembros de una misma familia, hermanos, cuñados, yernos. Se realiza esta acción entre pueblos, sociedades, los compañeros, las amistades, etc. En educación, se comparan los alumnos entre sí, los colegios, los sistemas educativos, los profesores.
Las comparaciones, dicen, son odiosas, porque son un operador usado fuera de su contexto, empleado de forma incorrecta en la elaboración de conclusiones. La comparación sirve de elemento de humillación, de desprestigio, crítica,… En su caso opuesto de alabanza, lisonja, adulación, exaltación.
Este mecanismo mental requiere un eje de referencia. Las comparaciones son concebidas por una forma de pensar y sentir determinada por la experiencia personal, los intereses y los conocimientos adquiridos. Por ejemplo: la idea moral, que establece lo que es bueno o malo. Cada individuo ejerce su moralidad comparando las conductas propias o ajenas según estos criterios. Se juzga, valora, a las personas o sus actos a la medida de las creencias religiosas, a las referencias de su moral. Lo mismo sucede con los criterios de belleza, justicia, libertad, amor, etc.
La comparación es fuente de dualismo mental y relativismo. Las posiciones mentales de condena, rechazo, o justificación, excusa, utilizan con frecuencia este mecanismo para armarse de “razones” a la hora de actuar.
Muchos individuos se comparan a sí mismos con los demás con suficiente asiduidad que generan complejos de superioridad o inferioridad.
El compararse con el/la compañero/a, amigo/a, hermano/a, vecino/a… conlleva un desasosiego íntimo. Ésta encubre el resorte secreto (inconsciente) de muchos conflictos o rivalidades. El razonamiento impropio generado por este mecanismo es fuente de sufrimiento. Una gran cantidad de elementos subjetivos se refugian en ella. Por ejemplo: la envidia, los celos, la intolerancia.
La comparación está continuamente presente en muchos individuos. Es oportuno observarla atentamente, ver como guía el razonamiento hacia ámbitos inadecuados, injustos,… establece valoraciones falsas. El auto-cuestionamiento es una acción que predispone al estudiante a conocerse a sí mismo, revisar objetivamente cómo utiliza esta operación intelectual.
Diferenciación, discriminación
Se define diferenciar, discriminar, diferir como la acción intelectual de establecer una diferencia, separación o distinción entre dos objetos mediante el cotejo o la comparación.
Mediante la diferenciación se distinguen las ideas, creencias, opiniones, los conceptos, proyectos, objetos… todo aquello que nos rodean. Desde el intelecto es una operación comparativa y separa las cualidades que hace de un objeto único y particular.
Este mecanismo es indispensable en el aprendizaje intelectual, permite separar o distinguir entre “el Todo y sus partes”, “las causas de sus efectos”, “Lo general de lo particular”, etc.
En algunos casos, la diferenciación es obvia, evidente y sólo requiere atención u observación sobre los objetos comparados, por ejemplo, entre una naranja y una manzana. Sin embargo, en otras, son producto de un estudio y análisis intelectual, por ejemplo entre unos informes judiciales: unos elaborados por la acusación y otros por la defensa.
Esta operación básica, en muchas ocasiones, sale fuera de la órbita de la inteligencia y su acción se aleja de lo justo, correcto y objetivo.
En muchas ocasiones, los individuos discriminan, realizan diferencias de diversa índole sobre otros individuos, tal como sucede con la xenofobia, el racismo, etc. donde éstos son desprovistos de sus derechos elementales.
Este operador del razonamiento utilizado de forma improcedente se convierte en un arma de la dialéctica del egocentrismo. El rechazo, el trato vejatorio,… entre seres humanos basado en la diferenciación interesada es una justificación intelectual que acarrea las más horribles pesadillas al ser humano.
Estos mal-usos de las operaciones intelectuales generan injusticias, sufrimiento y elaboran todo tipo de actitudes que son indignas del género humano.
Clasificación; Ordenación; Valoración[2].
Estas acciones de organización intelectual se coordinan con las distintas operaciones tratadas anteriormente. El intelecto a medida que recibe la información de los sentidos le asigna el concepto que la define. Después estructura este último junto con los conocimientos adquiridos en la memoria.
El intelecto según asimila los conceptos constituye relaciones entre ellos en su afán de comprender todo aquello que le rodea. Esta distribución de la información conlleva una clasificación de los conceptos, se agrupan según unos criterios o propiedades.
Estas estructuras pueden ser tanto objetivas o subjetivas.
Ejemplo: Si se ordenan formas geométricas según el número de lados se tendrán: Triángulos, cuadriláteros, pentágonos, hexágonos,… Esta agrupación y ordenación es objetiva, universal. Sin embargo, una persona puede clasificar, valorar y ordenar subjetivamente las obras literarias que ha leído según sus preferencias.
El intelecto no sólo valora y clasifica conceptos, también lo hace con las experiencias, emociones, los apetitos, deseos,…
La clasificación de objetos a través de sus correspondientes conceptos acarrea una escala de valores. Esta escala establece una ordenación de los elementos de una clase o colección. Por ejemplo: Los objetos pueden ser considerados de interés o no. De éste se deriva una apreciación del objeto que evaluado junto con otros generan una ordenación.
Todos los niños que acceden a una educación intelectual reglada, a cierta edad aprenden a realizar resúmenes y esquemas sobre un texto. Estos ejercicios intelectuales se encaminan a estructurar los conceptos. La clasificación responde en un orden concreto según el concepto o idea sea valorado como relevante o no. Este adiestramiento del pensamiento proporciona al alumno una mayor comprensión intelectual de lo estudiado y un registro en la memoria más firme, claro y duradero. La capacidad creadora de la inteligencia contribuye a este proceso.
Estas estructuras y mecánicas de organización de los conceptos son muy útiles en el aprendizaje del infante. La clasificación, ordenación y valoración son actividades mentales indispensables en la formación intelectual del ser humano. Sin embargo, los criterios de organización de la memoria intelectual y sus prioridades varían a medida que un niño crece. Principalmente, los cambios son debido a que los intereses, las influencias, relaciones, necesidades,… se transforman a lo largo del tiempo.
Estas construcciones mentales determinan criterios de selección. Un individuo selecciona según valora cada uno de los elementos o alternativas de un conjunto.
Por ejemplo: Un joven pretende eligir unos estudios universitarios. Para ello, requiere por un lado, disponer de amplia información sobre cada una de las carreras que puede estudiar.
Por el otro, tan importante como el anterior, poseer un conocimiento de sí con respecto a las motivaciones, facultades, limitaciones,… que lo caracterizan.
Finalmente, prestar la atención debida al conjunto de la información y establecer los criterios adecuados de clasificación, valoración y ordenación de las alternativas para no errar en la selección.
La clasificación, ordenación y valoración, principalmente intelectual, son el origen de muchas actitudes, formas de pensar y sentir de la personalidad. Éstas sirven de justificación a los elementos subjetivos para reafirmarse.
Por ejemplo: Reflexione el lector sobre “el fundamento” de los gustos o aversiones que   acarrea en la existencia. El ser humano fija sus preferencias en base a estas estructuras mentales localizadas en la memoria según su experiencia personal.
Estas preferencias o criterios de selección se harán en función de lo conocido y surgen de un centro o de una combinación de ellos. Un criterio puede tener un trasfondo intelectual, emocional, motor, instintivo o sexual. Sin embargo, éste no se elabora, en muchos casos, junto a un proceso de reflexión íntima. De esta falta de presencia emana el error.
La persona selecciona aficiones, objetivos,… y elabora un plan de actuaciones para disfrutarlos o conseguirlos. Desde los criterios de valoración y clasificación de los conceptos, el individuo establece o justifica prioridades, amistades, pareja, estudios, viajes, creencias,… todo aquello que realiza en la vida.
Bajo la perspectiva del auto-conocimiento, con la observación de estos procesos intelectuales, se evidencia cómo se utilizan. Si los criterios de evaluación son apropiados, justos y objetivos o si carecen de estas cualidades. Cuando estos mecanismos son utilizados por elementos subconscientes, el resultado se convierte en una complicación de la vida. En muchas ocasiones, el individuo valora de forma ilusoria la realidad, la clasifica con criterios inadecuados y sus acciones equivocadas acarrean sufrimientos a los demás y a él mismo.
Muchas personas clasifican y/o valoran a las demás o sus acciones dependiendo de criterios subjetivos, incluso, impropios del ser humano.
Conclusión.
El conocimiento de esta función conlleva el prestar atención cabal a “el cómo se utilizan” todos los contenidos de la mente. Es primordial que el ser humano empiece a usar esta poderosa herramienta con discernimiento. Toda persona aprenda a pensar por sí misma, objetivamente. Se conciba cada operación psicológica desde el principio de la inteligencia práctica y de los valores humanos.
La personalidad, en muchas ocasiones, usa mecánica o automáticamente el intelecto. Muchos individuos piensan sin estar presentes a las causas que motivan los razonamientos ni a las consecuencias que éstos puedan acarrear en la existencia una vez elaborados.
El pensar sin un proceso de reflexión íntima arrastra una gran cantidad de decisiones y posteriores acciones erróneas en el momento de afrontar los eventos y las relaciones humanas. Toda concepción intelectual equivocada se encuentra íntimamente ligada a una percepción ilusoria o superficial de la realidad.
La causa del error se halla en la psiquis del ser humano, el cual carga en su interior elementos subjetivos (el factor Ego) que controlan el proceso del pensamiento desde el subconsciente.
El lector puede observar en el estado de vigilia como, en algunas ocasiones, surge un encadenamiento involuntario de conceptos o ideas. Estos encaminan al entendimiento de la persona hacia una conclusión o forma de pensar particular. Cuando se presta la debida atención a este proceso aprehenderá por sí mismo como el factor Ego manipula la verdad de los hechos en función de su interés o condicionamiento.
Sirva de ejemplo como muchas personas se sienten defraudadas o sorprendidas en las relaciones humanas por esta razón.
Con una atención cabal, una persona puede percibir como el miedo, rencor o los celos,… selecciona los eventos que le interesan y construye una realidad aparente de los hechos para justificar sus propósitos o condenar los ajenos.
La falta de presencia en la elaboración del pensamiento es una pauta del comportamiento de la persona que lo conduce a la ignorancia. Le impide captar de forma directa el “porqué y el cómo” pienso.
El auto-conocimiento incide en la oportunidad de atraer a la mente del individuo “Humanidad” y ser un ejemplo de ella. Es necesario aportar a la función intelectual valores del corazón o humanos, tal como son la lucidez, tolerancia, paciencia, humildad, sencillez, el amor,… Esta actividad de la conciencia reconduce la esfera del pensamiento a una órbita objetiva. Una forma de pensar consciente cimentada en la realidad de los hechos y la experiencia directa.
Es obvio que el ser humano requiere desarrollar un sentido único de responsabilidad ético tanto en la forma de pensar como en el sentir y actuar.
El individuo por falta de conciencia conduce al intelecto a un mal-uso o abuso de sus recursos. Esto acarrea un perjuicio a la persona en dos sentidos:
·        Por un lado, es una fuente de errores, malentendidos, conflictos y frustraciones,… que arrastran consecuencias negativas en la existencia de la persona y son causa de dolor.
·      Por el otro, merma su capacidad intelectual. Con el abuso se daña las partes más sensibles de su estructura cerebral, atrayendo con el paso del tiempo, dolores de cabeza, desequilibrios y posibles enfermedades neuronales o mentales.
Por ejemplo, una tendencia muy común del ser humano es generar constantes preocupaciones.
Un evento desconocido, unas palabras incomprendidas, una situación de incertidumbre,… provoca en la mente de la persona desasosiego intelectual. El individuo piensa de forma reiterativa sobre el asunto, le da muchas vueltas. Existen ocasiones, cuando los pensamientos son pesados se siente una presión en el cerebro. Preocupaciones, consideradas graves, afectan al estado emocional, incluso se establece un nerviosismo que acompaña la persona en todo momento, incluso altera el sueño.
Todas estas reacciones por esta causa son un indicativo de un uso erróneo del centro intelectual.
Más adelante, se expondrá técnicas y prácticas de meditación para resolver problemas y disolver las preocupaciones. Su aplicación conduce a la persona a establecer serenidad y equilibrio en la mente.
Otros ejemplos: Cuando un estudiante descuida su preparación a un examen hasta el último momento. Inicia un atracón de horas interminables delante de los libros, a base de cafés, se levanta un dolor de cabeza por lo que se recurre a analgésicos y se continúa forzando el intelecto. Estos excesos son un claro abuso de esta función.
Igualmente, ciertas personas en su empleo o por afición permanecen muchas horas delante de un ordenador, cuando gozan de tiempo libre siguen delante de una pantalla o un libro, a pesar de sentir la cabeza cargada y sufrir de falta de concentración.
Cuando la atención se concentra en una actividad intelectual durante un tiempo considerable, el instinto le indica que es el momento de descansar. Los síntomas más comunes son: una progresiva falta de concentración, cansancio, la cabeza pesada. Si la persona sabe escucharse, está atenta a los avisos de su cuerpo, descansa, cambia de actividad. Una vez reposado, la persona puede volver a su labor anterior.
El ser humano requiere equilibrar su actividad intelectual junto a las demás funciones. La consecución de este objetivo se expondrá más adelante, una vez se hallan desplegados los contenidos de todas las funciones en este capítulo.
El estudio del centro intelectual empieza con la observación serena de su actividad, tanto en la meditación como en la vida diaria. En estos momentos donde la serenidad envuelve la mente se evidencia como los elementos subjetivos se expresan en todo su realismo desde el subconsciente.
El estado de presencia, reflexionar con el corazón,… son claves que se desarrollarán a lo largo de este tratado. Estas claves son indispensables para el desarrollo de la conciencia superlativa del Hombre y adquirir el conocimiento de sí.


[1] Epistemología: Ciencia que estudia “la teoría del conocimiento”. Se ocupa del cómo se adquieren los conocimientos científicos u objetivos. De los criterios de su validez.
Ø          Clasificar: Reagrupar según un criterio por clases. Ej. Se clasificó para los Juegos Olímpicos.
Ø          Ordenar: Establecer prioridad, número de orden en un conjunto. Ej. (1, 2, 3, 4,...)
Ø          Valorar: Asignar un valor. Ej. (del 1 al 10), este objeto vale 20€.