martes, 11 de agosto de 2015

Los cuatro estados de la conciencia.

“Situaciones exteriores destructivas, podrían convertirse en inofensivas y hasta constructivas mediante la inteligente corrección de los estados interiores erróneos”. (Psicología revolucionaria. Cap. Sucesos personales)
Introducción.
Existen muchos escenarios de la naturaleza que llaman sigilosamente a las puertas de la conciencia del ser humano. En algún momento de la existencia, la mayoría de las personas contemplaron en soledad y con admiración la infinitud del firmamento en una enigmática noche de verano. Un cuadro inmóvil en la oscuridad y el silencio donde las estrellas centellean. Este contexto atrae de modo espontáneo preguntas esenciales sobre la causa real de la Creación y el secreto de su constitución. El alma sensible se interroga sobre el sentido de su propia existencia y de la vida en general. Todo individuo recuerda este estado íntimo y personal. Una experiencia directa de la “conciencia” ante la belleza de la naturaleza y de la inmensidad del Universo. Un despertar de la Esencia ante la propia realidad desconocida; Inquietudes que surgen del alma e intuiciones vinculadas a su origen. Estos instantes llenan de misterio, plenitud y eternidad la vida del observador. Esta vivencia profunda apreciada en la intimidad del corazón origina un auténtico anhelo de comprender el porqué de esta realidad infinita. ¿Qué sentido hay detrás de esta impenetrable belleza?
En muchas ocasiones, el ser humano ahoga esta inquietud del instante y olvida estas cuestiones. No obstante, si uno las mantiene presentes, esta experiencia íntima junto a otras lo impulsará hacia su realidad trascendente. Esta última no se encuentra en los textos ni en las aulas a causa que es un estado de conciencia y solo hace feliz a quien la vive.
Desde una perspectiva empírica, este texto desarrolla los cuatros estados de la conciencia o del conocimiento interior tal como los enseña Platón. La exposición desarrolla una base teórica que precisa su correspondiente acción desde el primer momento. Los fundamentos de esta enseñanza se erigen sobre la implicación personal del estudiante y de su ejercicio en la vida cotidiana. Nadie se conoce a sí mismo ni acaba con el sufrimiento en su existencia ni adquiere más inteligencia porque lee un libro o escucha una conferencia. La incorporación de conocimientos útiles en la vida y su despliegue cuando uno los necesita se aprehenden por medio de la práctica. La dedicación activa de la persona es indispensable para adquirir la experiencia en el uso de estos recursos psicológicos hasta que se integran internamente. Esta labor se incrementa con la disciplina de la meditación.
La palabra conciencia proviene del latín “conscientia”, se construye sobre el verbo “scire”, saber. En la antigua Roma, este vocablo evolucionó hacia diferentes significados. La Real Academia de la lengua la define como: “Cualidad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta; Se añade el conocimiento interior del bien y del mal y conocimiento reflexivo de las cosas”. En psicología se declara como: “Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo”. El auto-conocimiento simplifica y matiza que la conciencia es: “La facultad de la Esencia libre o de la psiquis de aprehender o captar la realidad interior o la verdad de un hecho, de lo que es, independiente de la especulación intelectual o del razonamiento”. Esta capacidad implica un proceso cognitivo dentro de sí mismo de modo objetivo.
“La facultad de la conciencia nos permite el conocimiento de sí mismos. La conciencia nos da conocimiento íntegro de lo que es, de donde está, de lo que realmente se sabe, de lo que ciertamente se ignora”. (La educación fundamental. Cap. La conciencia)
En la práctica existe una relación indisoluble entre la conciencia y el conocimiento directo e inmediato. No obstante, en general, el ser humano no disfruta de un conocimiento cabal de sí mismo ni, por lo tanto, de una conciencia activa o despierta. La mayoría de las personas gozan de un porcentaje muy reducido de esta “facultad del conocer objetivo” y este hecho origina que esta transita por diferentes estados. Por este motivo, el hombre y la mujer contemporánea ignoran la existencia de esta capacidad. Cuando se hace referencia a este término se confunde con los centros. Por ejemplo, con actividades intelectuales, una forma determinada de pensar, sentir, la educación, la experiencia, una moral, etc. En diversos ámbitos se habla de conciencia política, social, medio-ambiental, obrera, religiosa,… estas alusiones son erróneas. En todos estos casos, la palabra conciencia se sustituye al hecho de disponer de una información sobre estos temas.
Esta realidad fue hondamente percibida en la antigüedad y de diversas formas fue descrita por los sabios de esa época. Platón en su teoría del conocimiento establece cuatro estados o fases de este.
Estos se denominan con el apelativo griego que este filósofo les dio: “Eikasia”, indica una ausencia importante de conciencia y de conocimiento, que puede llegar a ser absoluta, hace referencia a la ignorancia, fantasía o el sueño que provoca la realidad; “Pistis”, el estado mal llamado de vigilia, corresponde a los dogmas, las creencias y opiniones sobre la realidad; “Dianoia”, estado de auto-conciencia, concierne a la revisión científica de lo anterior, estudia las leyes universales, es un conocimiento objetivo de la naturaleza tanto íntima como externa; Finalmente, “Nous”, estado de conciencia integral y permanente, implica un conocimiento ontológico de la realidad interior. Un saber propio de la contemplación de la realidad última, la comprensión superior de sus causas o principios universales, los cuales rigen la naturaleza y la Esencia del Hombre.
La conciencia y el conocimiento interior.
La conciencia se revela de múltiples formas, las cuales dependen del centro superior por donde esta se manifiesta[1]. Por ejemplo: Una imagen vinculada con una realidad, una inspiración o intuición. Estas últimas se perciben como una corazonada, pálpito, una voz interior o una idea arquetipo inconfundible con el pensamiento o charla mental. En todos los casos, esta capacidad del alma permite al estudiante el conocimiento directo y la experiencia de lo real. Cualquiera de sus expresiones goza de unas propiedades comunes. Esta es lacónica, sutil, liviana y espontánea. Esta facultad es extremadamente útil al individuo. La conciencia, a través del conocimiento que adquiere, enseña y guía al sujeto en los diferentes planos de la existencia:
  • En la vida diaria se manifiesta como “inteligencia práctica” y resuelve los distintos problemas que surgen en la vida; Alerta de los peligros y establece prioridades; Inspira la acción según los hechos.
  • En el mundo psicológico, la conciencia pone “orden y equilibrio” en la mente y los centros de la máquina humana; Esta ilumina el subconsciente de la persona. Aprehende los mecanismos de la ignorancia. Establece el discernimiento, la serenidad y lucidez. Ella es el origen y causa de una vida coherente, sensata y en acorde a los valores humanos
  • En el plano ontológico o espiritual es el vehículo que liga la psiquis con su origen o verdad íntima. La expresión de la conciencia y su presencia permite al individuo “conocer, vivir y experimentar por sí mismo”, su auténtica realidad como Esencia, personalidad o ego.

La conciencia, por lo tanto, es un tesoro de un valor inestimable.
Desafortunadamente, el individuo no se beneficia de esta facultad, la conciencia se halla en un estado latente, incipiente y dormida. Todo sujeto precisa captar de modo pleno y profundo la trascendencia de despertarla; Reflexionar sobre sus beneficios, su utilidad y sentir íntimamente el anhelo de su emancipación. La conciencia es la “chispa luminosa o lucidez” que cristaliza si el estudiante convierte su inquietud en una acción voluntaria y perseverante en su labor por conocerse. Esta adquiere vigor según el grado de concentración y afán de la persona. Progresivamente, tanto la Esencia como la conciencia se liberan con la eliminación del ego, alcanzan autonomía y capacidad de expresión y transita hacia los estados más elevados: “Dianoia o Nous”.
Esto significa que esta “chispa inteligente” no es permanente ni uniforme en su expresión. Esta depende del grado de presencia del individuo y de su independencia con respecto a la mente, el ego o la personalidad. Por este motivo, la conciencia del sujeto deambula por cuatro estados donde cada uno de ellos goza de múltiples grados.
Consideraciones previas.
Para que el estudiante comprenda y asuma las correspondientes prácticas adjuntas al conocimiento teórico se despliega su explicación de modo didáctico a través de una analogía. Uno puede imaginar que vive en un edificio de tres plantas y un sótano. Estos cuatro niveles son equivalentes a los cuatros estados de la conciencia por los cuales transita la psiquis de una persona. La inmensa mayoría de la gente disfruta su existencia en estos dos primeros estados: “Eikasia y Pistis”, el sótano y la planta baja respectivamente.
Los estados de conciencia[2] fluctúan con facilidad aunque lo hacen, normalmente, dentro de unos límites. El estado interior de un individuo no está fijo o inmóvil como uno lo supone. Más bien, este sube y baja en diferentes grados de modo similar a cómo un sujeto se desplaza arriba y abajo por una escalera.
Estas explicaciones que se despliegan a continuación son vividas por todos los seres humanos aunque no sean conscientes de ello. Por esta causa, el estudio y comprensión del movimiento de la conciencia es eminentemente experimental. Los conocimientos sobre esta realidad y los cambios de conciencia son sutiles. Esto implica por parte del estudiante leer con atención el texto hasta aprehender en profundidad a qué se refiere cada uno de ellos dentro de sí y en su vida.
El primer y segundo estados de conciencia.
El desarrollo sobre estos dos estados que interactúan activamente con la existencia se inicia con el primero, “Eikasia”. Desde la perspectiva de esta enseñanza, la palabra que mejor define este estado es ignorancia, desconocimiento de la realidad, “carencia de atención”, asimismo, cuando uno duerme. Por lo tanto, la cama es uno de los elementos del sótano de esta vivienda particular. Este lugar es donde uno baja para dormir. El descansar durante la noche en el dormitorio, conlleva que las constantes vitales se reponen y el individuo empieza el sueño. Cuando uno duerme se halla en el estado de “Eikasia”, por causa que su atención es nula e ignora todo lo que sucede tanto interna como externamente. Su estado de vigilia es inexistente, no se dirige hacia ninguna parte, es una línea vacía; En esos momentos, el desconocimiento de la realidad circundante e interior es máximo. Esto significa que la conciencia de la persona está ausente, deambulando en un sueño. En esta condición psicológica, un ladrón entraría en su vivienda y la vaciaría sin que él pudiera evitarlo. En su extremo, este estado se observa en un boxeador que es noqueado por su oponente y queda tendido en la lona: “Está K.O”. Esto mismo ocurre si uno duerme en su habitación y se halla en un profundo sueño; La realidad es que le están robando pero uno, en su sueño, se ve en una playa tropical. Este estado de “Eikasia” descrito en estas líneas es uno de los escalones más bajos. No obstante, en este sótano interior existen otros grados de inconsciencia que pueden llegar a ser igualmente profundos como este anterior y que se explican más adelante.
Cuando uno se despierta de un sueño reparador y empieza su jornada, su estado aumenta, sube por la escalera y se halla en la planta baja. Supuestamente, uno debería estar en un estado interior de vigilia, sin embargo, no es así realmente. “Pistis” se denomina “el mal llamado estado de vigilia” porque uno físicamente se despertó pero su conciencia no, uno continua bajo el sueño de la vida. La persona se levanta de la cama, se dirige al cuarto de baño, se viste, desayuna, se desplaza hasta llegar al lugar donde desempeña su labor, etc. El individuo realiza un sinfín de actividades pero esto no significa que su conciencia está en vela, vigilante o presente a todo aquello que sucede dentro y fuera de él. Cuando el sujeto se ubica en “Pistis”, la planta baja, se percibe una cierta estabilidad interior en la cual uno se reconoce y se siente en seguridad. Este estado de ensueño cuando uno está despierto se aloja en la personalidad la cual asume sus quehaceres diarios.
“El hombre que duerme y está soñando, cree que despierta por el hecho de regresar al estado de vigilia, pero en realidad durante este estado de vigilia continúa soñando. Esto es semejante al amanecer, se ocultan las estrellas debido a la luz solar pero ellas continúan existiendo aunque los ojos físicos no las perciban. En la vida normal, común y corriente el ser humano nada sabe de la auto-conciencia y mucho menos de la conciencia objetiva”. (La educación fundamental. Cap. La conciencia)
Uno se despierta por la mañana y emprende sus tareas cotidianas; No obstante, el individuo piensa en lo que hará o no durante el día, en quien verá o no, concibe planes, se preocupa, se abstrae de lo que hace, etc. La mayoría de los seres humanos efectúa sus labores de modo mecánico e inconsciente; Apenas uno presta atención al entorno y, mucho menos, se está presente a lo que se piensa o siente; La tendencia, normalmente, se halla dirigida hacia uno de los dos planos que componen la realidad. Uno, o bien, coloca su atención hacia el mundo que le rodea, o bien, se halla inmerso en sus pensamientos o sentimientos, Su observación es unidireccional: De dentro hacia fuera o de fuera hacia dentro. Este estado de “Pistis” se vincula a la personalidad, por esta causa, es llamado “el mal llamado estado de vigilia”. Este calificativo responde al hecho que la existencia está moldeada y regulada por este factor psicológico donde la conciencia o la Esencia libre se diluyen y restringen.
El individuo se halla en la planta baja de su edificio interior pero, de vez en cuando, puede subir algún escalón hacia el primer piso y, en la mayoría de las ocasiones, bajar al sótano.
¿Cuándo sube uno el nivel de conciencia? Esto es lo que el texto anhela transmitir, enseñar y se despliegan técnicas para que uno lo experimente en otro apartado.
¿Cuándo cae el nivel de conciencia? En un escenario de la vida, esta desciende paulatinamente al sótano cuando la psiquis de la persona baja al subconsciente. Es decir, el sujeto sin apenas percibirlo desciende unas pocas marchas hasta llevarlo al estado de “Eikasia”. ¿Cómo sucede este hecho a nivel psicológico? Cuando uno se halla en el estado de “Pistis” su conciencia pasa por el proceso de: “Identificación, fascinación e hipnosis”, tres etapas que acarrean una ausencia de la conciencia libre.
Se despliega un ejemplo práctico de este proceso: Uno se halla tranquilo viendo un programa de T.V. que le interesa y, en un instante, viene el hermano menor y le cambia el canal. En ese momento, uno se enfada y expresa lo primero que se le ocurre con un tono incorrecto. Estas palabras indican que el nivel de conciencia desciende debido a que uno está bajo el efecto de una emoción negativa o frustración. Este nerviosismo, incomodidad o malestar muestra que a nivel psicológico uno se identificó, fascinó y entró en la hipnosis del ego de la ira o del amor propio.

Estas fases describen como este “mal llamado estado de vigilia”, se disgrega progresivamente y uno abandona la planta baja; un aparente estado interior de equilibrio. Cada una de estas etapas indica un descenso por la escalera hacia el subconsciente. En cada marcha que uno baja, disminuye el correspondiente grado de conciencia. Recordar que alejarse de esta última, bajando hacia el sótano, significa una pérdida de: Lucidez, conocimiento objetivo sobre los hechos e inteligencia práctica para resolver las dificultades. Entrar físicamente despierto en el sótano de su psiquis implica una percepción de la realidad más estrecha, subjetiva y errónea. En definitiva, inconsciente. El resultado del proceso de la identificación, fascinación e hipnosis es que uno está atrapado en el subconsciente y su atención o estado de alerta es nulo. A continuación se describen cada una de estas fases.
La identificación, la fascinación y la hipnosis de la conciencia.
“Cuando hay un conocimiento de sí mismo, cuando se profundiza dentro de toda estructura, dentro de la naturaleza de uno mismo, la atención se convierte en algo natural. En la atención hay una gran belleza”. (Jiddu Krishnamurti. Dichos de Krishnamurti. Cap. La atención)
Siguiendo la alegoría del edificio psicológico, el primer paso, la identificación[3], empieza desde la planta baja o segundo estado. ¿Cómo se inicia esta? Esta fase se origina en el instante que la atención es requerida. Por ejemplo, uno se halla concentrado en su tarea y algo o alguien atrae su atención. Puede ser un comentario de un compañero, un hecho que ocurre delante de él,… el caso es que su concentración se desvanece. Existen identificaciones leves y uno vuelve al cabo de unos momentos a su tarea; En otras ocasiones, la distracción es más intensa y, por lo tanto, uno entra en “fascinación”. Esta última implica que uno replica al comentario o comienza una conversación, que puede durar varios minutos y se olvida de lo que estaba haciendo. Otras veces, este despiste puede ser más profundo y la charla se convierte en un malestar porque uno se entera de que hay planes de restructuración en la empresa. Con el paso de los sucesos al individuo se le incorpora una inquietud que no le permite recuperar la concentración inicial. Esto ocurre porque la persona se halla en “hipnosis”, un ego del miedo se ha alojado en los centros: Intelectual, emocional y la psiquis se sumerge en el subconsciente.
-Poimén dijo además: “El principio de todos los males es la distracción”. (La filocalia de la oración de Jesús. Cap. Apotegmas de los padres del desierto)
La cadencia de los eventos internos fue que uno estaba ocupado con su labor, en el segundo estado, bien instalado en la planta baja del edificio; Y, en unos minutos, uno bajó hasta el sótano. Allí su conciencia duerme atrapada por la preocupación, preguntándose: ¿Si perderá su empleo? Pensando qué va ser de él, qué pasará con su familia, etc. El individuo emite ideas que se transforman en un desvarío, este sufre y apenas puede asumir su trabajo. Estaba en el estado de “Pistis”. Ahora su conciencia desciende por el escalón de la identificación, sigue la bajada por la marcha de la fascinación y, finalmente, se ubica en la hipnosis producida por el ego del miedo. Su presente es “Eikasia”, una pesadilla. El estado interior, incluso, puede bajar más en el subconsciente. Por ejemplo: El sujeto se angustia, desespera, se siente mal, incluso enferma o se enfada con los compañeros, se crea enemistades. No obstante, pierda uno el empleo o no, este encadenamiento psicológico con sus respuestas es erróneo; En realidad, complican más el hecho debido a que uno perdió la lucidez y la serenidad cuando más las necesitaba.
Por este ejemplo, uno deduce que la fascinación[4] es una identificación más honda; No es solo una atracción de la atención sino su captura; Uno inicia un ensimismamiento, queda abstraído por lo que aparece ante él a través de sus sentidos y olvida lo que hacía. Entonces, a las personas que le encantan las motos y este se cruza con una Harley, se identifica y dice para sí mismo o los demás: “Esta moto me fascina”. A uno le gusta un grupo musical y escucha una canción conocida en la radio, se identifica y piensa: “Esta música me encanta”. Uno es goloso y en la panadería ve unos hermosos pasteles, se identifica, le apetecen y exclama: “¡Qué aspecto más rico tienen estos pasteles; Déme una bandeja!”. A uno le seduce la belleza y cuando observa a alguien bien parecido, se fascina y “queda cautivado,…”. Uno se pasea por la calle, se encuentra con un escaparate y piensa: “Esto me hace falta, eso me gusta, aquello me iría bien con…”
La fascinación es que uno relega u olvida lo que tenía que hacer: De esta forma, uno se llevó los pasteles pero se olvidó de comprar el pan que fue el motivo por el que entró en la panadería. Uno escuchó una canción y esta se repitió en la mente durante todo el día. Uno vio esa estupenda moto pero se distrajo al cruzar la calle y se llevó un susto porque casi provoca un accidente. La fascinación es una etapa intermedia entre la identificación y la hipnosis. El primer paso nace desde la personalidad[5]. Esta carga un modo de pensar y sentir determinado por sus conceptos, gustos, experiencias, patrones de conducta, tradiciones, etc. Identificación es atracción de la atención. Fascinación es que esta atención queda pegada al objeto[6] de la identificación. Finalmente, esta atención se diluye, uno se hipnotiza, es decir, la atención se sumerge en el subconsciente y la personalidad es sustituida por el “yo”. Este último condiciona el pensar, sentir y actuar del individuo. Las funciones psicológicas o centros son manipulados por el deseo o apego del ego. Si a uno le gustan las Harley desearía tener una porque eso le haría feliz; Si le encanta esa canción es porque le recuerda buenos momentos pasados y los añora; Si le apetece los pasteles, quiere comérselos aunque tiene azúcar en la sangre y el médico no se los recomienda; Si uno se deja llevar por la belleza física de alguien de su entorno puede conducirlo a una confusión sentimental y a problemas con su pareja. Si le fascina la ropa puede desencadenar frustración porque no todo lo que lo que se desea se puede comprar.
La hipnosis o “Eikasia” es ese particular estado interior que uno hace cosas que no le gustaría que los demás le hagan o se lo hagan a sí mismos, en el caso que sean personas queridas. Como por ejemplo: Que la pareja salga con otra chica y le engañe en el ámbito emocional; Que nuestro padre no respete las prescripciones médicas; Que el hijo descuide sus estudios porque el gusta escuchar música y pensar en los amigos y amigas; Que un compañero tenga un grave accidente porque se distrae cada vez que ve una Harley y queda hipnotizado o se sienta frustrado porque no disfruta de una.
El estado de hipnosis es cuando uno se olvida de sí mismo, de su dignidad, de sus responsabilidades y valores humanos.
Contraste entre estar con la conciencia dormida y estar hipnotizado.
Existe una gran diferencia entre estar dormido y estar hipnotizado[7] en el ámbito interno. Este estado de “Pistis” es donde uno se pasea por la planta baja del edificio psicológico, experimenta el sueño de la existencia y su personalidad se ocupa de sus tareas. Uno sueña la vida de modo horizontal, se reconoce en este estado interior que le aporta seguridad, bienestar y equilibrio. No obstante, el individuo no está presente a sí mismo, la rutina diaria rige los aspectos de su existencia y este se amolda a ella. Este discurrir de eventos programados por la personalidad conforma el sueño de la conciencia. Este estado se distingue porque no genera altibajos importantes o relevantes, trascurre bajo una tendencia psicológica inconsciente y circunstancial.
Estar hipnotizado difiere del estado psíquico anterior por sus causas y consecuencias. La hipnosis proviene del hecho que otra persona es la que te dicta qué pensar, sentir y cómo actuar. En este caso, el ego se adueña de la psiquis, el cual es una parte de uno mismo quien controla el organismo y no la personalidad. Si el sujeto baja al subconsciente cuando su cuerpo físico está despierto, este se halla en el sótano, en él todo se oscurece y la percepción de los eventos se falsea. En este estado la conciencia actúa en función de su propio embotellamiento. La causa es que esta última que se define como: El “conocimiento objetivo de la realidad”, está limitada por el “yo”. Desde la subconciencia, el “mi mismo” observa y asume el evento a “su manera”, según su interés, deseo, experiencia, miedo, frustración, etc. y reacciona de modo egocéntrico. La naturaleza del ego es atraer todo hacia él o lo que él considera como verdad. En realidad, la persona está controlada por una entidad psicológica autónoma, tal como define el auto-conocimiento al “yo”, este actúa sin conciencia de la trascendencia de lo que hace. El ego posee voluntad pero es incapaz de controlarse, verse, a sí mismo de ahí que, muchas veces, uno no comprende porque dijo o hizo algo que nunca pensó o sintió deliberadamente. Estas reacciones del “mi mismo” acarrean graves consecuencias porque uno se equivoca, puede herir alguien, tomar decisiones desafortunadas, etc.
Por ejemplo, uno tiene un mal día, el jefe le dice algo, este le responde inadecuadamente, la conversación se acalora y termina despedido. En estado de “Pistis”, la psiquis descansa en la personalidad y este tipo de situaciones se gestionan con normalidad, tal como ocurrió en otras ocasiones. No obstante, si uno se dejar llevar por la identificación, fascinación e hipnosis, el efecto es que uno acaba en el paro. La hipnosis es un estado mental transitorio que acarrea muchos sufrimientos al ser humano en todos los ámbitos de su vida y en su relación con los demás.
Hipnotizado por el ego de los celos, el individuo maltrata, sin tener conciencia de ello, a su esposa; es el responsable directo de dramas familiares. Hipnotizado por el ego del alcohol, un padre de familia, puede arruinar la convivencia de sus seres queridos y conducirlos a un infierno. Hipnotizado por el orgullo (con razón o sin ella) una persona se aísla de padres y hermanos, no se habla con ellos, los odia, sus hijos apenas conocen a sus primos, tíos y abuelos. Esta, sin conciencia de las consecuencias de su acción ni de su estado interior, hace sufrir a todos los miembros de su familia. ¿Cuántos conflictos familiares existen debido a problemas de orgullo por asuntos económicos o de herencias?
“Quien se identifica con los diversos procesos del “yo” pluralizado, es siempre victima de las circunstancias”. (Psicología revolucionaria. Cap. Observador y observado)
¿Cuantas personas son traumatizadas en la infancia y este pasado les condiciona en el presente? Estos hechos pretéritos se hallan en el subconsciente pero la restricción psicológica se halla en la personalidad. Uno no es consciente de sus limitaciones porque el pasado se olvidó pero los mecanismos y estrategias de defensa siguen vigentes. Estos últimos son los que conducen al individuo a la identificación, fascinación e hipnosis. Este proceso es rápido y para quien no se conoce a sí mismo, imperceptible. No obstante, uno capta que dentro de él algo distinto se mueve, una energía que lo hace más vulnerable, se pone nervioso, pierde la paciencia, la visión del conjunto, etc. En definitiva, uno pierde el equilibrio interior. Sin estabilidad psicológica es más difícil pensar con claridad, la emoción se halla contraída, existe una presión, las palabras no fluyen con facilidad y uno siente un nudo en la garganta. Estos síntomas indican que uno baja, cada vez más, por la escalera hacia el subconsciente, al sótano, y la armonía que uno advertía en la personalidad se desvanece.
En el estado de hipnosis, la persona es el protagonista de sus comedias, dramas y tragedias, debido a que este estado implica una ausencia de reflexión íntima. Uno actúa según lo que piensa y lo que siente pero desconoce las causas reales que motivan los pensamientos y las emociones. En “Eikasia”, la conciencia se procesa en virtud de su propio encarcelamiento.
Identificado con las palabras de un sujeto sin educación, se fascina y entra en el mundo del ego del amor propio, cae en un enfrentamiento callejero y termina en la cárcel o el hospital. Embotellada la conciencia por la forma de ser o de hacer de un compañero, uno se identifica y le cae mal. En un momento, uno se vuelve intolerante y le llama la atención. Entonces, el interpelado reacciona, tienen unas palabras y dejan un mal ambiente durante todo el día y él se encuentra peor que antes. Cuando la psiquis de la persona se hunde en el subconsciente derrocha una gran cantidad de energía. Cuando uno se hipnotiza con el miedo malgasta energía psíquica porque emocionalmente está tenso, su mente no cesa de pensar, se preocupa y no concilia el sueño. Si uno se hipnotiza con la ira uno pierde mucha energía de los centros, si uno se observa percibirá que después de un ataque de este factor se halla cansado, sin fuerzas, etc.
En síntesis, la cadencia del cambio o tránsito de la conciencia de la persona de la planta baja al sótano y viceversa se efectúa con los pasos siguientes:
1)   El individuo está sereno. Su conciencia se mueve tranquila en la planta baja, “Pistis”.
2)   Sucede u observa, oye,… algo, se identifica. Por ejemplo, surge el ego de la ira del subconsciente, se fascina e hipnotiza. El ego se manifiesta en los centros. Si la cólera se expresa en la existencia, la conciencia desciende al sótano, “Eikasia”.
3)   Más adelante, según pasa el tiempo, el agregado psicológico de la ira no le queda otra opción que volver al subconsciente. Entonces, la conciencia asciende a la planta baja. ¿Alguien puede imaginar que sería de una persona si mantuviera la ira las veinticuatro horas del día?
El estudiante precisa un choque psicológico para salir de estos dos estados anteriores y subir su nivel de conciencia para visitar los dos pisos altos de su psiquis: “Dianoia y Nous”.
El tercer estado de conciencia: “Dianoia”.
Cambiar es lo indicado, sin embargo debemos empezar por ser sinceros con nosotros mismos”. (Tratado de psicología revolucionaria, Cap. La individualidad).
Normalmente, uno vive distraído por lo que hace, siente, le gusta, piensa, planea,… sin depositar la suficiente atención sobre sí mismo. Un individuo ejecuta sus tareas profesionales o domésticas pero no existe una atención plena sobre su mundo interior, psicológico. Esta es absorbida por sus quehaceres.
Hasta ahora, todos los estudiantes que acceden por primera vez a este curso solo conocen estos dos estados de conciencia anteriormente descritos. En este segundo estado, el ser humano se desarrolla, estudia, trabaja, se enamora, tiene descendencia, se divierte, envejece y fallece. Estas actividades se realizan sin la intervención de la conciencia. Desde su perspectiva, estos afanes se efectúan de modo automático, sin la debida apreciación objetiva o estado de presencia. Es importante detener la atención sobre este ensueño y comprender cabalmente su naturaleza. Esta toma de conciencia sobre la propia vida precisa de un esfuerzo continuo y renovado cada día. El objetivo es aprehender el alcance de esta realidad que se describe en el apartado anterior y empezar a ponerle remedio; Iniciar una transformación interior. Para conseguirlo, el nivel de conciencia de la persona requiere aumentar considerablemente. Esto es posible para quien sienta sinceramente la necesidad de subir por los escalones de esta planta baja, “Pistis”, hacia el primer piso, “Dianoia”. Esta enseñanza insiste en esta seriedad en los propósitos y emprender una actitud práctica; Al estudiante le será imposible comprender lo aquí expuesto sin su esfuerzo personal. La participación del individuo en su propio proceso de cambio es vital y empieza por aprender a dirigir intencionalmente la atención. El manejo de esta facultad en la vida diaria se complementa con la práctica de la meditación. Uno precisa adquirir el hábito de sentarse cómodamente, cerrar los ojos, dirigir la atención en la pantalla de la mente y ejercitarse en el “estar presente” a los pensamientos. Estos últimos vienen y se van, uno queda concentrado en el silencio que se establece entre los dos pensamientos. Esta práctica extendida a la vida cotidiana enseña al alumno a vivir el instante, “estar presente al aquí y ahora”. Desde la infancia, el ser humano cristalizó el hábito de emitir conceptos y emociones sobre el futuro o el pasado. La conjetura, la especulación, los recuerdos, las frustraciones, los deseos, planes,… son vías psicológicas que conducen a la identificación. Para subir el nivel de conciencia hacia el primer piso, “Dianoia”, es necesario ir cortando estas vías que lo hacen descender hacia el sótano. Asimismo, crear otras nuevas en la personalidad que lo conduzcan a los niveles superiores de la conciencia. Estas sendas se labran con el manejo de la atención sobre sí mismo. El no olvidarse de sí mismo, estar presente al instante a lo que ocurre aquí y ahora, dentro y fuera de uno mismo o permanecer en estado de vela,… Todas estas claves indican una misma acción psicológica que se resume en la “no identificación”.
“Velar lo es todo”. (Gustav Meyrnk. El rostro verde, relato corto)
El ser humano precisa aumentar considerablemente su capacidad de reflexión intima en su vida diaria; Despertar la conciencia[8] al hecho que las causas de sus sufrimientos, malentendidos, confusiones, contradicciones, susceptibilidad,… se hallan dentro de él mismo. La persona por vivir en un estado equivocado se atrae una gran cantidad de problemas y, en muchos casos, él mismo los induce por su forma de ser.
¿Cómo está uno presente al instante? Para estar consciente se requiere revertir la atención sobre sí mismo: Verse, percibirse, advertirse,… a uno mismo de modo independiente de lo que se piensa, siente o hace. El objeto de estudio en el auto-conocimiento es el sujeto en sí mismo y por él mismo. El sujeto y objeto de observación es uno mismo. A esta actitud práctica se le llama “auto-observación”. Significa que uno se mira[9] en lo que hace, siente y piensa sin olvidarse de sí mismo. Es decir, con una actitud de “íntima recordación de sí mismo” ante las diversas circunstancias de la vida. Según los estímulos llegan a través de los sentidos, si uno se olvida del estado de presencia a lo que piensa o siente, entonces se inicia el proceso de la identificación. En la alegoría del edificio psicológico esto resulta ser de la siguiente manera:
En un momento, el individuo se ubica con su esfuerzo consciente en una marcha de la escalera entre la planta baja y el primer piso. En el instante en que este se olvida de sí mismo o abandona el estado de observación a lo que sucede dentro y fuera de él, desciende a la planta baja, entra en identificación. En los momentos siguientes, la bajada continúa hacia el sótano, la persona se halla fascinada y, segundos después hipnotizada en las partes más profundas del subconsciente.
La “identificación” implica que la atención se halla exclusivamente enfocada hacia un lado de la realidad[10]. El “estado de vela” está ausente, las alternativas son:
  •  La atención se halla atrapada por los sentidos y la información que aportan sobre lo que sucede al exterior. 
  • O el “estado de alerta” es absorbido por lo que uno piensa, planea, siente, desea, etc.

Esta desconexión de la atención entre la actividad psicológica y los eventos externos produce una observación parcial de lo que realmente sucede. Esta percepción incompleta o fragmentada de la realidad conlleva errores, desengaños, frustraciones,… Uno separa la realidad de los eventos en su conjunto de modo artificial. Si el sujeto anhela ser objetivo en sus juicios y atraer una respuesta inteligente precisa estar presente tanto a la información exterior como a su reacción psicológica. Esta última viene determinada por el mismo factor psicológico que recibe la información.
“En estado de alerta percepción, alerta novedad, podremos verificar directamente que los defectos escondidos afloran espontáneamente”. (La gran rebelión. Cap. Comprensión creadora)
Por ejemplo: Si uno se halla en un escenario de la existencia y alguien le reprocha algo que no es verdad; Según quien recibe la información dentro de la persona, así será la respuesta. Si es el factor ego, la naturaleza de la réplica dependerá de las características del ego en sí. Si es miedo lo que uno siente y piensa con respecto al evento, la naturaleza de la respuesta seguirá ese patrón. Si es el amor propio pues habrá, seguidamente, enfado, ira, etc. Si es la auto-compasión, es posible que uno se queje, llore porque uno siente y piensa que es una injusticia; Etc. Si es la personalidad, la reacción será según las estrategias y los patrones aprendidos. Si uno se halla con la conciencia activa, su acción se basará sobre la inteligencia práctica, integradora con los valores humanos y una presencia a lo que uno piensa y siente sobre el hecho.
Un paso importante hacia el establecimiento del estado de “auto-conciencia o Dianoia” y alcanzar el primer piso del inmueble es aprender a dividir la atención: Estar presente a cuanto uno hace y, simultáneamente, estarlo a su mundo interior, a cuanto piensa y siente. Una división natural, espontánea y dinámica de la atención que se concreta con la práctica. Si uno está atento por donde camina, presta atención al lugar donde se encuentra y previene accidentes. El dirigir la atención hacia la existencia y a lo que sucede en el edificio interior es un acto de inteligencia práctica. Asimismo, esta acción alumbra tanto a la persona como a su Esencia sobre el lugar donde uno se halla ubicado psicológicamente en su casa íntima. Esta “luz”[11] aporta una serie de conocimientos objetivos, útiles y pertinentes sobre uno mismo. Recordarse a sí mismo es similar a preguntarse en alma y conciencia: ¿Dónde estoy ubicado internamente? Para hallar una respuesta objetiva no se precisa pensarla o sentirla, sino observar, explorar, los centros. Uno aprehende donde se ubica en el ámbito psicológico si observa directamente qué piensa, siente, cómo habla,… En la naturaleza de los pensamientos, sentimientos, apetitos,… se revela quien usa las funciones. Si uno se identifica está bajando al sótano y lo que uno piensa y siente desplegará una naturaleza egocéntrica. Uno percibirá todo aquello que se describió en el apartado anterior. Con la experiencia y la práctica de la meditación comprenderá que muchas veces a pesar de “tener razón” su reacción basada en el ego fue inapropiada, incorrecta e inoportuna. Asimismo, sucede con la personalidad porque este vehículo de expresión no goza de suficiente autonomía con respeto al subconsciente y se halla influenciado por él. Solo en el momento que uno se recuerda y observa a sí mismo sabe donde está psicológicamente y puede evitar la identificación, fascinación e hipnosis.
Recordarse a sí mismo es sorprenderse; Descubrir facetas y actitudes mentales dentro de él que siempre ignoró; Aporta un grado de autonomía psicológica que le permitirá aprender a pensar por sí mismo y educar su modo de sentir, dirigirlo hacia lo que es noble y digno de humanidad. Todo individuo posee una infinitud de cualidades y valores humanos desconocidos por uno mismo que se hallan en los pisos superiores del edificio interior. Cuando uno se instala firmemente en el primer piso, puede advertir y prevenir la identificación porque originó un espacio psicológico suficientemente alejado del subconsciente.
“La luz de la conciencia, dándonos verdadero equilibrio psicológico, viene a establecer cada cosa en su lugar, y lo que antes entraba en conflicto íntimo con nosotros, de hecho queda en su sitio adecuado”. (La gran rebelión. Cap. Las tinieblas)
El ego se mueve desde allí. Si cierto escenario en la vida aparece, este inmediatamente emerge para darle respuesta. El “mi mismo” es una reacción inconsciente a esa escena. Por esta causa, su acción es equivocada y sus consecuencia perjudiciales. Si el estudiante realiza un esfuerzo por conocerse a sí mismo y se observa, edifica las bases adecuadas para la comprensión de esta estructura y, paulatinamente, de su vida. En el momento que aparece el escenario y él se halla ubicado en el primer piso, es decir, “está alerta”. Entonces, el sujeto percibe cómo el ego emite su energía característica para provocar la identificación y adueñarse de los centros. No obstante, desde el estado de “Dianoia”, esto se observa claramente y como uno, a través de su conciencia adquirió conocimiento sobre este proceso, él no se lo permite. En todo este encadenamiento de eventos psicológicos, uno mantiene su autonomía y separación con respecto al ego y su conciencia usa los centros. De este modo, la persona empieza a crear acontecimientos nuevos, determinados por su presente, dejando atrás el pasado encerrado en el ego, en el sótano del edificio. Deja de repetir las mismas acciones y los mismos errores del pasado, el alumno cambia, se hace más humano, sus respuestas son más coherentes, justas y equilibradas.
Desde el primer piso del edificio interior, la vida se observa de un modo distinto, adquiere un sabor psicológico diferente. “Este estado interior excluye la identificación”. La existencia por sí misma se hace útil al alma porque se convierte en un bien que disfruta y esto le hace feliz. Uno percibe la vida como una plataforma de aprendizaje real, objetivo y experimental.
Todo esto es posible porque, desde el tercer estado, la mente de la persona se hace más receptiva, la personalidad más pasiva, la Esencia experimenta y la conciencia aprende. Esta última comienza a desplegar sus cualidades innatas. Su vida, las relaciones con sus seres queridos, el entorno, etc. son alumbrados por esa luz interior que él mismo está creado dentro. De este modo, a través del esfuerzo consciente nacen los auténticos frutos de la inteligencia, del amor, de la libertad,… vivencias propias del alma. Estos estados se conocen hoy en día como el bienestar integral, el cual se experimenta cuando uno sube al segundo piso del edificio, en estado de “Nous”.
Se despliega un ejemplo que ilustre el comentario anterior. La mayoría de las personas no suelen tener problemas a la hora de hablar, dar sus opiniones, ideas en conversaciones de amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc. No obstante, es difícil hallar individuos que saben escuchar realmente. ¿Cómo despertar la conciencia al saber escuchar? La acción de escuchar precisa de una actitud receptiva de la mente acompañada de una actividad de la atención sobre la persona que habla. ¿Cómo mantener la mente receptiva?
Si uno anhela aprehender qué comunica el interlocutor es preciso prestarle la misma atención a sus palabras cómo a la reacción emocional e intelectual que estas provocan. Al mismo tiempo que uno comprende el mensaje, capta si en la mente se juzga, idealiza, refuta, critica, valora,… añade o diluye importancia al mensaje. Estas actividades mentales hacen que el mensaje pueda ser modificado, mal-interpretado o limitado. Esta actitud de “no escucha consciente” hace que uno se identifique, entonces, interviene, corta a la persona que habla, no la deja terminar su intervención. Estos impulsos emocionales están, normalmente, causados por esta actividad mental. El resultado es que uno no sabe escuchar, sino más bien interpreta, juzga o rechaza las ideas o palabras que oye, pero no las comprende ni las respeta. Esto es una acción que se realiza en el segundo estado. Pero si uno se impacienta, incomoda, irrita,… a través de las palabras, inmediatamente baja de nivel. Uno se halla en el sótano, en el primer estado, respondiendo con el ego del amor propio, del miedo,… de modo irreflexivo como tantas veces uno experimentó en sí mismo y vio en los demás. Si el interlocutor, asimismo, se deja llevar por nuestras palabras y este se enfada, la situación empeora. El resultado es una conversación entre egos, ubicados en el subconsciente con las consecuencias tan lamentables que se derivan de este hecho. No obstante, si en lugar de identificarse con las palabras del interlocutor uno simplemente las escucha. Una vez comprendidas, las comparta o no, permite que la conciencia le dicte si es oportuno responder o no. Y al hacerlo mantenerse presente a las cualidades humanas como son: El respeto a la persona, a su libertad de pensar, de equivocarse. La diferencia entre estos dos estados interiores ante la acción del escuchar es notable.
En el segundo estado, “Pistis”, tanto la personalidad como la mente están activas, poco receptivas, la conciencia pasiva y la atención es unidireccional. Esto favorece la identificación, fascinación e hipnosis. En la planta baja se propician las conversaciones irreflexivas, inconscientes e inconsistentes que implican reacciones repetitivas en el tiempo y que son poco productivas.
En el tercer estado, “Dianoia”, la personalidad y la mente se hallan pasivas, receptivas y la conciencia activa. La atención desdoblada, por un lado, en las palabras del emisor, por el otro, en sus propias reacciones intelectuales y emocionales. De este modo, la escucha se hace consciente. Existe presencia, no hay olvido de sí mismo, de lo que hace, esto facilita el ponerse en el lugar de la otra persona, aunque no comparta sus palabras. Estas últimas solo le incumben a quien las pronuncia, él es el único responsable. Uno precisa comprender que las identificaciones por comentarios ajenos son absurdas porque las palabras describen realidades o no y solo tienen el valor que uno les otorga. Reflexionar sobre el hecho que la reacción generada por la ofensa es siempre una muestra de hipnosis y, por lo tanto, ignorancia en el ámbito de la conciencia. A causa que los hechos nunca son más importantes que la manera de reaccionar ante ellos. Las palabras necias generan muchos sufrimientos a los individuos que se olvidan de sí mismos, de su conciencia y con ella, de su capacidad de reflexión íntima. El individuo precisa aprender a actuar en función de los hechos y no de las palabras. El término ofensivo del insultador es el resorte que este manipula para producir la reacción inconsciente a su interlocutor: Herirle para llevárselo a su mismo infierno. Si uno está presente a esta realidad, el tercer estado y las facultades de la Esencia atraen las herramientas psicológicas para gestionar esta situación con dignidad.
La observación de sí mismo permite que penetre un rayo de luz en nuestro interior”.
(Psicología revolucionaria. Cap. El trabajo esotérico gnóstico)
Auto-conciencia es la experiencia de verse a sí mismo desde la perspectiva de la Esencia. Es un acto reflexivo, implica al individuo, el cual se convierte en un actor observado por él mismo. El aprehender con todo su “realismo” las manifestaciones que acaecen en el espacio psicológico (el pensar, sentir y actuar) erige ese instante íntimo del despertar. Una vivencia novedosa, manifiestamente distinta a lo vivido con la mente, la personalidad y el ego.
La clave S.O.L.
Esta clave viene explicada de modo indirecto en el los dos apartados anteriores. Por lo que se explica brevemente.
  • La “S” se refiere al sujeto, el cual es uno mismo, principio fundamental de la observación para alcanzar el conocimiento de sí. Si hay olvido de sí, la atención se dirige exclusivamente hacia fuera, es unidireccional y uno se halla en la planta baja o el sótano de su casa psicológica.
  • La “O” alude al objeto de lo que uno hace, habla, etc. Es necesario estar presente simultáneamente a su centro motor. Esto es lógico porque si uno se olvida o no presta la atención debida a ello, se atraerá graves problemas, como muchas veces sucede. Por ejemplo, cuando uno maneja un automóvil, herramienta, etc.
  • La “L” describe el lugar, igualmente, el estudiante precisa que su presencia integre el lugar donde se desarrolla su actividad. Estar atento a sus desplazamientos, a los objetos que le circundan, por los mismos motivos que el párrafo anterior.

Desde el primer piso o el tercer estado, todos los elementos de esta clave son incorporados en la práctica de la auto-observación psicológica.
Observar es una acción distinta a pensar y conocer.
“La observación de sí que es un ciento por ciento activa, es un medio de cambio de sí, mientras el conocer, que es pasivo, no lo es”. (Psicología revolucionaria. Cap. Observación de sí mismo)
Es común para quien se inicia en estos estudios la confusión entre estas acciones por lo que a continuación se definen y contrastan sus diferencias.
Pensar es la facultad de emitir, encadenar, pensamientos, formar conceptos, formular ideas, razonar, etc. Esta acción es una actividad del centro intelectual. El pensar o emitir pensamientos es una acción totalmente diferente al ejercicio de la observación. Uno puede pensar sobre lo que ha observado pero siguen siendo actividades distintas.
Conocer se define como: “Captar por medio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y circunstancias de las personas o las cosas, saber, entender, experimentar, disponer en la mente de información sobre algo”. Estas definiciones igualmente, se diferencian de la observación debido a que son todas actividades mentales, la mayoría de ellas son propias del raciocinio y de la memoria. El conocer, el disponer de información sobre algo o alguien, es un estado pasivo de la mente. El conocimiento viene después de la observación. Uno conoce algo porque lo observó. Por lo que observar es causa de conocimiento, siendo este último su consecuencia. Ejemplo: Un biólogo conoce una bacteria porque la observa en su microscopio. Asimismo, uno conoce a través de los libros pero esto, tampoco, es observación.
El observar se define como: “Mirar algo o alguien con mucha atención y detenimiento para adquirir algún conocimiento sobre su comportamiento o sus características”. Esta definición atiende al sentido de la vista pero la observación, desde la perspectiva del auto-conocimiento, se refiere a un espectro más amplio. La observación psicológica no puede realizarse con los sentidos físicos[12]. Esta invoca al verbo atender, en el sentido de prestar atención o estar presente al objeto de conocimiento. Este es un acto voluntario que requiere un esfuerzo de concentración debido a que es una actividad cognitiva en algún grado de la conciencia. La observación no se basa en la actividad mental o de alguna de sus funciones. Sin embargo, recibe el fruto de su acción.
Por ejemplo, si uno dirige intencionalmente su atención al intelecto y percibe un pensamiento de hambre, tanto la conciencia como su mente están informadas de la existencia de esta apetencia. La mente percibe que su instinto le impulsa a comer, a buscar comida. La conciencia integra este apetito a su realidad física: Si es conveniente, oportuno y necesario el hacerlo en ese momento. La conciencia aporta la reflexión debida a esta información que acaba de recibir la mente y la adapta a lo que vive en ese instante. Por ejemplo: La cuestión es que almorzó hace una hora y la gula quiere un trozo de pastel. No obstante, no es recomendable porque ya tiene sobrepeso. La conciencia comprende que es el ego de la gula. Mantiene su autonomía, su capacidad de decidir sobre su cuerpo y no siente frustración, solo el ego queda protestando en el subconsciente.
“La atención es entendida como el mecanismo que controla y regula los procesos cognitivos”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: La atención)
La observación comporta un acto contemplativo en el ámbito mental, precisa serenidad. La quietud favorece la actividad de la atención y, por lo tanto, de la conciencia. Esta vigilancia es producto del dinamismo de la atención y de la “voluntad de aprehender” el significado del objeto que uno atiende. En el caso del auto-conocimiento, el objeto es conocerse a sí mismo por experiencia directa en el instante y no por especulación intelectual. La observación se fundamenta sobre la capacidad de dirigir y mantener activa la atención, la cual es la facultad de percibir por sí mismo en el momento presente.
“La esencia de la atención está constituida por focalización, concentración y conciencia”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: La atención)
Existe una atención mental que se caracteriza porque discrimina; En cambio, la actividad de la conciencia, integra. Una vez comprendido que observación no es conocer ni pensar. ¿Qué es auto-observación? Este “auto” corresponde a incluir la propiedad reflexiva a la observación del objeto de conocimiento que es, como se apuntó, uno mismo. Nombrado de otro modo como el recuerdo de sí mismo. En este sentido, recordar que la atención queda dividida en dos partes:
  • Una está presente a lo que ocurre alrededor de uno a través de los sentidos. Esta atención es pasiva, contemplativa.
  • La otra se revierte sobre sí mismo. Esta atención es dinámica conlleva que uno no se olvida de sí mismo cuando piensa, siente u obrar y percibe la actividad de sus funciones psicológicas.

Esta división simultánea aporta información objetiva en el instante de cuanto sucede tanto fuera como dentro de la persona siendo consciente de la experiencia de vivir. Por esta causa el tercer estado está íntimamente ligado al estudio de las leyes de la naturaleza, a la formulación matemática y de las leyes de la física. Asimismo, esta examina y revisa de modo natural los conceptos, las ideas, opiniones y apariencias. La auto-conciencia es un vehículo de conocimiento científico y de la realidad por sí misma.
La práctica del paseo consciente.
“La auto-observación íntima de sí mismo es un medio práctico para lograr una transformación radical”. (Psicología revolucionaria. Cap. Observación de sí mismo)
Desde la perspectiva de la conciencia, la aplicación de las claves del auto-conocimiento es sencilla a causa que estas florecen de modo natural con su actividad. Sin embargo, algunas veces se hacen complejas en la mente del estudiante debido a que uno nunca la ejercitó en su vida diaria. Es muy importante combinar esta práctica que a continuación se describe con el estado de presencia que se práctica en la disciplina de la meditación. De hecho es aprender a trasladar ese estado de observación plena que uno realiza sobre sí mismo en estado de meditación a la vida diaria. El inconveniente es que, en este caso, los sentidos reciben información y la facilidad de olvidarse de sí mismo es doble. Por un lado, Uno puede distraerse por lo que uno ve, oye, advierte,… y, por el otro, por lo que uno piensa, siente, habla, etc.
La cuestión es que durante veinte minutos y todos los días, uno escoge un recorrido donde realizar un paseo. Si es posible un lugar agradable, en contacto con la naturaleza, aunque esto es secundario. No se recomienda efectuarlo en compañía de un amigo, animal de compañía, etc. El asunto es encontrarse solo consigo mismo y mientras pasea estar presente a todo lo que sucede tanto dentro como fuera de sí mismo. Si uno ve un pájaro observa que es uno quien ve el pájaro y si piensa sobre ese ave, uno percibe que se halla pensando sobre el ave,… El caso es no olvidarse de sí mismo, percibirse que experimenta, vive cada evento, cada instante, tanto interno como externo, él mismo. Si por un momento, los pensamientos, los gritos de los niños, los coches que pasan,… acarrean un descuido de la atención, ¿Qué ocurre a nivel psicológico? Que uno se identifica, se inicia la fascinación y la hipnosis. Es decir, la atención queda atrapada por lo que uno vio o pensó en el pasado, en una experiencia o en lo bonito que era esto o lo otro. El resultado es que no está presente a los nuevos acontecimientos que se suceden en el tiempo ni siquiera es consciente que su atención está perdida entre los pensamientos. Esto es entrar en el sueño, la conciencia desciende de la planta baja al sótano sin apenas percibirlo. Sin embargo, si en ese momento, se recuerda a sí mismo verificará que el instante anterior estaba ausente, hipnotizado. Esto significa que ahora despertó. Estos tres estados son diferentes unos de otros y es absolutamente indispensable que la persona los viva una y otra vez.
Este es el objetivo del paseo: Experimentar por uno mismo cómo la conciencia transita; Asimismo, uno se familiarice con ella para invocar sus estados superiores y abandonar los niveles más bajos. De manera que pueda vivir el presente sin dificultad, se aleje de la identificación, fascinación y del sueño.
Quien no hace este ejercicio tal como se describe aquí, no entenderá estos elementos básicos del auto-conocimiento. Será incluso peor, porque pensará que sí los percibe y la posibilidad de conocerse a sí mismo será nula.
Pedro Ouspenski, esoterista del cuarto camino, expone esta interesante vivencia sobre el recuerdo de sí mismo que todos los estudiantes precisan experimentar.
“En cierta oportunidad estaba caminando a lo largo de la Liteiny hacia la avenida Nevsky y a pesar de todos mis esfuerzos no era capaz de mantener mi atención en el "recuerdo de mí mismo". La bulla, el movimiento, todo me distraía. A cada instante perdía el hilo de mi atención, lo encontraba de nuevo y luego lo volvía a perder. Finalmente sentí una especie (le ridícula irritación conmigo mismo y doblé hacia la calle de la izquierda, firmemente decidido, esta vez, a recordarme a mí mismo al menos por algún tiempo, y en todo caso hasta que hubiera llegado a la calle siguiente. Llegue a la Nadesjdinskaya sin perder el hilo de mi atención salvo, quizás, por breves momentos. Entonces, dándome cuenta de que me era más fácil no perder la línea de mi pensamiento en las calles tranquilas y deseando probarme en las calles más ruidosas, decidí retomar la Nevsky, mientras continuaba recordándome a mí mismo. Llegué a la Nevsky sin haber cesado de recordarme a mí mismo y comenzaba ya a experimentar el extraño estado emocional de paz interior y de confianza que sigue a grandes esfuerzos de esta clase. Justamente a la vuelta de la esquina, en la Nevsky, había una cigarrería donde compraba mis cigarrillos. Todavía recordándome a mí mismo pensé pasar por ahí y encargar algunas cajas.
Dos horas más tarde, desperté en la Tavrisheskaya, es decir, muy lejos. Estaba yendo en un trineo hacia la imprenta. La sensación de despertar fue extraordinariamente vivida. Casi puedo decir que volvía en mí. De golpe recordé todo. Cómo había estado caminando a lo largo de la Nadejdinskaya, cómo había estado recordándome a mí mismo, cómo había pensado en los cigarrillos y cómo, en este pensamiento, había caído como anonadado en un profundo sueño.
Sin embargo, mientras estaba sumido en este sueño, había continuado ejecutando acciones coherentes y oportunas. Había salido de la cigarrería, telefoneado a mi departamento en la Liteyni y luego al impresor. Había escrito dos cartas. Luego había regresado a la casa nuevamente y retomado la Nevsky por la acera izquierda hasta la puerta Gostinoy con intención de llegar a la Offitzerskaya. Luego había cambiado de opinión porque se estaba haciendo tarde. Había tomado un trineo para ir a la imprenta en la Kavalergardskaya. Y por el camino, mientras me dirigía por la Tavricheskaya comencé a sentir una extraía inquietud, como si hubiese olvidado algo. Y de pronto me acordé de que había olvidado recordarme a mí mismo”.
El cuarto estado de conciencia: “Nous”.
Finalmente, existe un cuarto estado llamado de “conciencia objetiva”. Este estado de “Nous” lo goza toda persona que progresivamente despierta su conciencia a su realidad interior. La segunda planta del edificio es poco o nada visitada por el ser humano que se ocupa de los quehaceres y de las responsabilidades de su personalidad. La construcción interior avanza de modo paulatino. Las primeras experiencias y las más comunes del estudiante transitan en las tres primeras plantas inferiores. De forma excepcional, uno alcanza estados trascendentes del alma muy diferentes a lo común, normal y ordinario. En algunas ocasiones, el individuo se conecta con una realidad profunda, integradora, con el Universo, la Humanidad, el Alma,… que supera su entendimiento pero que deja una honda huella en él.
Muchos “Hombres verdaderos” autentificaron sus vivencias a través de sus obras. Estos atendieron a su conciencia y esta se movía por los pisos superiores del edificio interior.
Personajes con unas cualidades humanas notables que por medio de su esfuerzo dieron a la humanidad un ejemplo de vida que la dignifica[13].
Estos individuos comenzaron una obra por una “toma de conciencia”, una intuición o experiencia del corazón. Ninguna de estas personas conocidas levantó su obra porque disponían de una fortuna o tenían amistades poderosas que le permitió llevarla a cabo. Todos ellos utilizaron un tesoro que está al alcance de todos los seres humanos: Su conciencia de Ser y sus facultades humanas. Su riqueza consistió en trabajarlas ante las adversidades y las incomprensiones de sus semejantes. En su gran mayoría, estas resistencias y dificultades fueron colosales. Sin embargo, estos no desmayaron en su empeño, se enfrentaron con dignidad, valor e inteligencia a ellas, desplegaron una acción que fructificó y su repercusión alcanzó nuestra época. Estas obras reflejan como cada uno de ellos ascendió por la escalera de los grados de conciencia hasta establecerse en los dos niveles superiores. Muchos de ellos fueron orientados a través de intuiciones, inspiraciones, la imaginación, los sueños,… Esto revela una prolífera actividad de la conciencia, un despertar a la auténtica naturaleza del Hombre, a su vocación en la existencia y culminarla con su realización.
Conclusión.
“Los que están despiertos tienen un mundo común, pero los que duermen se vuelven cada uno a su mundo particular”. (Heráclito de Éfeso. Fragmentos)
La conciencia es un genio encerrado dentro de una lámpara que espera que la persona la frote, limpie, con su esfuerzo para salir con todo su poder. ¿Cómo despertar la conciencia mientras ésta se halla encerrada en la lámpara de Aladino?
Hay que frotar esta lámpara, rascar, limpiar sin cesar hasta que se encienda y nos ilumine. La identificación es la fuerza del subconsciente que mantiene a la Esencia en un estado de amnesia y a la conciencia en la hipnosis. Este estado se alimenta de varias fuentes que hay que descubrir y comprender para eliminarlas.
Las fuentes o vías de la identificación son tanto externas como internas. Por ejemplo: El empleo, la familia, profesión,… son vitales para la existencia. No obstante, estas últimas son vías que conducen a la conciencia al sueño, al sótano de nuestra vivienda psicológica. Las fuentes internas son, finalmente, “la raíz de toda identificación” y están sujetas al subconsciente. La fuerza de la identificación se genera a partir del ego. Este posee una fracción de la psiquis enfrascada, condicionada, y su poder de hipnosis es eficaz y dinámico, es capaz de relegar a su mínima expresión la conciencia libre. Existen muchas razones para pensar que la fuente de las preocupaciones, malentendidos, sufrimientos, infelicidad,… es externa pero ninguna de ellas ayuda a comprenderla. El individuo traslada la responsabilidad de sus estados psicológicos y acciones a los demás, a la falta de fortuna, al destino, etc. Sin embargo, es un doble error culpar a las circunstancias y al prójimo como causa de la vida que cada uno disfruta o padece.
  • Por un lado, significaría que no existe libre albedrío. La existencia de una persona estaría en manos de los demás y de lo circunstancial. En consecuencia, equivaldría a aceptar que ni la inteligencia, ni la voluntad o los valores humanos le ayudarían a determinar la dirección de su vida.
  • Por otro lado, implicaría que la felicidad, el amor, la paz, la sabiduría,… estados íntimos del alma, dependen del exterior, de los demás o de lo accidental. Esta forma de pensar conlleva que se amaría a un hijo, por ejemplo, solo si su comportamiento y sus valores fueran considerados dignos del amor tal como uno lo cree. Por esta causa, entonces, se justificaría el desentendimiento o su abandono. Estas actitudes desde el punto de vista humano y de la conciencia de Ser son manifiestamente absurdas. Uno admitiría que los valores de humanidad, no se enraízan en el alma y puedan crecer según el esfuerzo, la experiencia y el aprendizaje de la conciencia del Hombre. El amor, la felicidad, libertad,…se depositaría en las manos de los demás que nos lo darían o quitarían según su antojo. Inversamente, si a una persona le sobrevine una adversidad, desventura, fracaso,…sería incapaz de trascenderlo con su inteligencia, facultades, voluntad y estado de conciencia apropiado.

Incuestionablemente el dolor desaparece cuando no nos identificamos con el problema que se ha presentado...”  (Psicología revolucionaria, Cap. Estados equivocados).

Desde la perspectiva humana, esta forma de pensar concluiría que la capacidad de cambio, aprendizaje y emancipación personal,… sería imposible. Es cierto que los eventos, la presión social o familiar, tratan de condicionar al ser humano. No obstante, es igualmente cierto que la relación que se establece respecto a ellos siempre depende de él. La persona siempre disfruta de la opción de vivir en un estado superior de conciencia. El estudiante goza de la libertad suficiente de percibir en su mundo interior las carencias, debilidades, los defectos existentes e iniciar una transformación. Lo exterior, la vida, se alza como una escuela que le muestra todo aquello que precisa comprender de sí mismo. El esfuerzo consciente cambia lo que se asevera fuente de sufrimiento, error,… por aprehensión directa de lo real de estos elementos que atraen la infelicidad al género humano.
Con el cambio de actitud propuesto en este texto y la práctica de las claves del despertar se empieza por aprehender la raíz de los sufrimientos y corregirlos. Detrás de cada causa que hace sufrir se esconde un pilar de la construcción del alma humana.
“Incuestionablemente en la rigurosa observación del “mí mismo”, resulta siempre impostergable e inaplazable hacer una completa diferenciación lógica en relación con los acontecimientos exteriores de la vida práctica y los estados íntimos de la conciencia”. (Psicología revolucionaria. Cap. Estados equivocados)



[1] Repasar los textos correspondientes a los centros superiores: El intelectual y emocional.
[2] Cuando uno hace referencia a estados de conciencia y que esta varía, es preciso no confundirlos con estados emociones, por ejemplo, de alegría o tristeza. De aquí en adelante cuando se escribe “estado” se alude a “estado de conciencia”. Esto facilitará la lectura.
[3] Este término proviene de los vocablos del latín: “identitas”, que significa identidad, y “facere”, hacer. En el auto-conocimiento, si una persona se identifica significa que la conciencia asume una entidad que no le corresponde y su Esencia adquiere rasgos psicológicos que no le son propios. Esto sucede siempre que el sujeto expresa el subconsciente a través del ego. Un ejemplo claro, bajo la ira, esta habla, grita, amenaza y actúa de un modo que sorprende a los demás, incluso, a sí mismo. La identificación es la fase donde la atención se atrae e inicia el proceso anterior descrito.
[4] Esta palabra proviene del latín “fascinare” que significaba encantar, hechizar y se define como: “Atracción irresistible que siente uno por una persona o cosa”. Este significado describe exactamente el proceso psicológico que la persona experimenta en el ámbito de su conciencia.
[5] El segundo estado o planta baja.
[6] La moto, la canción, los pasteles, la belleza de una persona, el escaparate,…
[7] El origen de la palabra “Hipnos” se debe a la divinidad griega del mismo nombre y literalmente se traduce por sopor, sueño.
Su palacio era una cueva oscura donde el Sol nunca brillaba. A su entrada crecían amapolas y otras plantas hipnóticas”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: Hipnos dios griego)
Esta se define como: Adormecer; Estado semejante al sueño, inducido por otra persona mediante sugestión, en el que cual uno se somete a la voluntad a quien lo provoca”.
[8] Despertar la conciencia a un hecho o realidad interior es:
1.       Adquirir conocimiento del mismo, qué factor lo causa.
2.       Aprehender qué es lo que implica. Es decir, qué tipo de consecuencias atrae.
3.         Finalmente, obrar en función del conocimiento adquirido.
[9] No con los ojos que están sobre el rostro sino con la voluntad de mantener la atención, la facultad de percibirse, aprehender, qué es lo que ven mis ojos, oyen mis oídos, sienten mis manos,… y qué pensamientos, emociones, apetitos,… provocan.
[10] El auto-conocimiento enseña que una acción, normalmente, es influenciada por dos fuentes:
1.      La realidad física de los hechos tal como llega la información a través de los sentidos, el evento en sí.
2.   El cómo esta realidad se interpreta y asume en la psiquis, lo que provoca: Ideas, conceptos, pensamientos, emociones,… los cuales desencadenan la reacción al hecho. Esta realidad interior es muy importante porque la respuesta estará condicionada por el factor psicológico que controla la información: El ego, la personalidad o Esencia. Estos tres factores determinan los tres estados de conciencia: “Eikasia, Pistis y Dianoia” respectivamente.
[11] Observarse a sí mismo, dividir la atención.
[12] Uno es incapaz de ver con sus ojos físicos una imagen mental ni un pensamiento, tampoco de oírlo con sus oídos físicos. La observación de uno mismo es una presencia y atención que dirige los sentidos internos de percepción: El oído, ojo interno y otras facultades como la inspiración o intuición estudiadas anteriormente en el curso.
[13] Entre otros, Vicente Ferrer, Abate Pierre, Madre Teresa de Calcuta, Nelson Mandela, Martín Lutero King, Mahatma Gandhi, Santa Teresa de Ávila, Leonardo da Vinci, Juana de Arco, Hildegarda Van Bingen, etc.