domingo, 21 de septiembre de 2014

La función sexual.
Introducción.
“El término sexo deriva del latín “sexus, por sectas”: sección, separación y aparece usado por primera vez en “De inventione I de Cicerón”. (Wikipedia. La enciclopedia libre)
Esta palabra se usaba para dividir a las personas por su género. En la antigüedad y hasta la Edad Media este término siempre se acompañaba de masculino o femenino según el caso.
En este texto no se entra a calificar al sexo desde una perspectiva moral ni de consejar lo que uno debe o no hacer con su energía sexual. Esta última pertenece al individuo y sólo él es responsable de su uso y de las consecuencias que ocasiona. El anhelo de este escrito es aclarar cómo se presenta esta función desde el auto-conocimiento. Asimismo evocar una reflexión a todo individuo o pareja que aspiran a una vida sexual equilibrada, armónica y sin agotar sus principios vitales.
El sexo es una función muy importante en la vida del ser humano en la medida que envuelve diversos aspectos individuales y sociales.
Ningún individuo nació de una idea, ni una mirada ni un beso, ni una emoción entre un hombre y una mujer. Normalmente, sólo si hubo una relación sexual entre ambos hay generación. De hecho esto último, la unión de los gametos de distinta polaridad: masculino y femenino, es lo que real y únicamente se requiere para concebir un nuevo ser. Esto sucede prácticamente en todos los reinos de la naturaleza.
La sexualidad es parte integrante de la existencia de la persona y atrae una atención especial por las consecuencias que acarrean su práctica en el ámbito biológico, ético y psicológico. Por ejemplo: En la transmisión de enfermedades, concepción no deseada, atracción física, satisfacción de instintos, demostrar y compartir afectos, proyectos de vida, problemas y mal-entendidos en las parejas, comportamientos delictivos, etc.
La energía sexual y los elementos de la reproducción de cualquier forma de vida erigen una estructura compleja. Esta función elabora, custodia y transmite los principios de la creación a su descendencia, pertenezca ésta al reino humano, animal o vegetal. El concebido hereda los rasgos genéticos y características esenciales de sus progenitores. Esta fuerza vital encierra el misterio de la creación y el poder de la vida que otorga existencia a las criaturas y a la misma naturaleza. El centro sexual comprende la transcendencia del ser humano.
El instinto es el arquitecto de la vida, quien la despliega, éste crea un habitáculo: el cuerpo físico. El centro instintivo establece los valores y constantes vitales para que la psiquis o alma (el sujeto) desarrolle su propia existencia.
Los centros: motor, emocional e intelectual son las herramientas y facultades orgánicas que la persona disfruta para desenvolverse en la vida.
Todo individuo piensa, pero él no es lo pensado. En un instante dado, uno emite muchos pensamientos y elige uno de ellos, siente por cada uno de éstos algo distinto o no y, finalmente, actúa según su coherencia. Sin embargo, el individuo no es lo que pensó, ni lo que sintió ni lo que hizo. Estos tres últimos procesos muestran su naturaleza interior y según los hechos: La conducta de la persona, su ética, inteligencia o ignorancia pero, en ningún caso, éstos son él como persona. Es necesario reflexionar sobre qué es la vida, qué es el Hombre y cómo se relacionan estos con la energía sexual.
La vida compone y une una cantidad de factores: físicos o biológicos, vitales, emocionales, intelectuales, volitivos que se disponen para uso del sujeto que la posee. Todas estas componentes del ser humano se sintetizan, están latentes y encerradas en el centro sexual. Este último actúa como una urna donde se guardan la simiente y el caudal vital de la persona. En este proceso colabora todo el organismo y se realiza desde el subconsciente. Asimismo, el desplazamiento de la energía sexual en los diferentes centros se vinculan estrechamente con la función instintiva y carga con sus características: Es autónoma, automática e inconsciente. La falta de conocimiento de uno mismo acarrea una desventaja ante la manifestación de la energía sexual en la vida. Desde su inicio en la pubertad hasta la vejez, ésta provoca todo tipo de estados interiores: Dudas, sorpresas, desequilibrios, placeres, apegos, ansiedades, dependencias, desencantos,… A pesar de todas estas experiencias, el individuo fallece sin entenderla de forma cabal. En muchos casos, el sujeto sufre toda su existencia por las incoherentes pulsiones de su propia libido.
La vitalidad de la persona e instinto sexual se asocian a esta función porque en ella reside la fuente de la vida. El sujeto precisa aprehender por sí mismo “cómo el modo de existir y de ser” afecta a esta síntesis o código genético y vital. Advertir como el ejercicio de los factores internos enraizados[1] en la psiquis y los ambientales atañen al propio dinamismo del individuo y, como consecuencia, si fuera el caso a la generación de una nueva criatura.
“La energía sexual contiene en sí misma el prototipo viviente del legítimo Hombre solar, que al cristalizar en nosotros nos transforma radicalmente”. (El Parsifal develado. Cap. La fuerza sexual)
El centro sexual es el depositario de la vida y todo lo que órbita tanto dentro como fuera de la persona imprime una huella en esta función[2]. Cualquier mal-uso o abuso produce sus efectos tanto en su asiento vital como en la calidad de su simiente. Esto implica que la ignorancia de las componentes energéticas y las propiedades intrínsecas del centro sexual conlleva problemas en los diferentes ámbitos de la existencia[3].
El centro sexual y la relación con los demás centros.
La función sexual tiene su centro de gravedad en los órganos creadores, en él participan el sistema nervioso vegetativo y el hipotálamo dependiente del centro instintivo. La velocidad de acción de este centro es la más veloz e intensa de todos.
De hecho, las pulsiones sexuales se instalan de forma imperceptible en las demás funciones: intelectual y emocional, sin que el individuo las detecte. Aunque en los hechos, la persona se consume por un afán profundo que atribuye a su propia voluntad de amar o de acceder a una relación. Sin embargo, esta inclinación se origina en el centro sexual pero su carencia de observación conlleva que la ignore. Este centro sigue el patrón de la función instintiva, es susceptible y dependiente de los sentidos, las sensaciones y, por lo tanto, de la información que le proporcionan.
Este proceso conduce a un individuo a enamorarse y desamorarse con facilidad. Cuando la energía sexual se introduce en el centro emocional uno confunde inconscientemente el amor con el deseo; Si éste impulso se instala en la función intelectual nacen las fantasías eróticas envueltas en el romanticismo y las ilusiones que se proyectan en el futuro. La actividad subconsciente del cerebro “instintivo, motor y sexual” impregna amplios campos de la vida que el sujeto es incapaz de observar. Por un lado, éste siente el amor pero una vez que se satisfacen los deseos o las pasiones se agoten, progresivamente, se pierde el interés. El vigor de la relación se diluye y se sustituye por otras prioridades. Esto conlleva a la pareja a las dudas, decepciones, incluso a la rutina.
En otros casos, la persona vive junto al amor su pasión. Cuando el amor no es capaz de mantenerse despierto, las relaciones languidecen. La mayoría de las frustraciones amorosas nacen de un desconocimiento de la energía sexual y cómo ésta opera en los demás centros. Contrariamente, la relación no decae, si el amor despliega sus valores y mantiene presente su expresión vital, tierna y perseverante.
Asimismo, existen las relaciones basadas en el sexo por él mismo que cuando son mutuamente advertidas entre personas adultas sobra cualquier valoración. Este análisis hace referencia y vierte cierta luz al porqué uno sufre a causa de ignorar los funcionalismos del centro sexual.
El centro sexual y su desarrollo en la adolescencia.
Este centro es el último en desarrollarse, empieza su manifestación en la pubertad y alcanza su madurez años más tarde según cada individuo. El adolescente se enfrenta a unos cambios en todo su organismo: físico, instintivo, hormonal y psicológico sin una verdadera información sobre este centro y sus características.
Cuando un niño entra, progresivamente, en la pubertad la consecuencia más patente es  el cambio de su visión con respecto al sexo. Este interés por el propio sexo y, normalmente, por el opuesto provoca en el púber un cambio de actitud, incluso de carácter, y de relación con las personas que le rodean. La adolescencia es un periodo de transición donde un niño deja de existir para que nazca progresivamente un adulto. Este proceso se halla bajo el impulso de la fuerza sexual e instintiva que empieza a despertarse para permanecer activa en la vida del individuo.
Los padres tienen cierta dificultad en aprehender a sus niño/as como personas que se inician en la esfera sexual. Este hecho es comprensible. La reacción más común es prevenir a los hijo/as sobre las relaciones con los chico/as asociándola a los embarazos prematuros o a la prevención de enfermedades, etc. En realidad, éstos transmiten a los hijo/as sus miedos, ansiedades, preocupaciones sobre esta cuestión. Paralelamente, en la escuela se aboga por una amplia información sobre los órganos reproductores, concepción y formación del bebé; anticonceptivos, etc.
Pero la cuestión es: ¿Cómo experimenta este proceso el sujeto que lo sufre? Lo común es vivirlo en la soledad, entre las bromas y comentarios de lo/as amigo/as, conocido/as, a la sombra de la pandilla o las advertencias de los padres, etc.
Cada uno tendrá su experiencia y a ésta se remite el texto. ¿Cómo se superó la adolescencia? ¿Cómo se vivieron las primeras experiencias donde intervino el centro sexual? ¿Qué hábitos se generaron, costumbres, inquietudes, necesidades, aversiones,…? ¿Con qué estado interior se afrontaron estos años? ¿Qué tipo de información psicológica del sexo se dispuso?
La adolescencia es un tramo de la vida pero muchos jóvenes quedan, en el ámbito psicológico, marcados[4] por sus experiencias. Esta fase de la existencia es un aprendizaje pero pocos lo asumen y entienden como tal. Este desarrollo y expansión de la energía sexual no es comprendida por los protagonistas, ni los tutores ni los padres ni la sociedad[5].
Muchos post-adolescentes permanecen fascinados por las primeras vivencias del nuevo escenario que se abrió ante ellos. La energía sexual es un mundo desconocido que es esperado con una visión de: Aventura, experimentación, satisfacciones, placeres, ilusiones, descubrimientos, pero también, dudas, recelos, etc. Este se acompaña de una iniciación a nuevas actividades, sensaciones, emociones, afectos, frustraciones,… donde anteriormente fueron espectadores y ahora son los protagonistas. Es el mundo de los adultos pero sin serlo. Entran en este terreno: Sin madurez, experiencia, comprensión del universo que les rodea ni de las consecuencias que las acciones de hoy acarrean en el mañana. Por eso es tan complejo para todos los actores de este escenario.
El camino de la pubertad es un viaje extraño donde convergen diferentes aspectos humanos que acompañan a la energía sexual en expansión: Emergen las ansias de libertad; Nace la independencia, comúnmente, desde una perspectiva irresponsable o/y egocéntrica; Surge la rebeldía a todo lo que supone una limitación o considera injusto, hipócrita, falso; Observa y juzga las actitudes de los demás con severidad, en oposición, a sus comportamientos que los califica como justos y necesarios. Ciertamente, la transición de la adolescencia hasta la edad adulta es confusa. La causa reside en que paralelamente a la aparición de la energía sexual, se libera y emancipa el “vigor de vida” y, junto a él, el subconsciente entra en acción. Esto significa que toda esta energía se halla disponible a ciertos factores que el mismo púber o joven desconoce de sí mismo. Por este motivo, muchos adolescentes se sienten atraídos por ciertas actividades, sensaciones, temas e inquietudes. Algunos niños que son más o menos responsables, estudiosos, obedientes… dejan de serlo. Otros, que nunca lo fueron, en esta fase sus características psicológicas se acentúan, son más patentes e intensas. Y, finalmente, la excepción es que unos pocos que siempre lo fueron ahora lo son mucho más.
El subconsciente es la parte desconocida de sí mismo, es la parte más inferior del cerebro: instintivo, motor, sexual. Cuando la función sexual inicia su desarrollo igualmente se adhiere lo inconsciente. Ciertos individuos se relacionan con esta parte desconocida con más lucidez que otros. En realidad, nadie enseña a un adolescente que su transformación física y psicológica proviene de la expresión de una fuerza vital que irrumpe desde su subconsciente. Esta, en muchos casos, es incontrolable y se precisa de una plena atención a sus propios deseos, pretensiones, afanes, apetitos, etc. Si uno anhela que éstos no se adueñen de la psiquis. Muchos jóvenes determinan su vida futura a partir de estas motivaciones. Los hábitos, defectos, dependencias, costumbres y decisiones del modo de ver, sentir y pensar la existencia se adoptan en este periodo de la vida. De hecho, el mal-uso y los abusos de la energía sexual empiezan en ese momento.
La adolescencia es un despertar, sólo depende de él determinar a qué y de qué modo. Por esta causa, los adultos sólo pueden asistir a éstos en la medida que ellos lo anhelen y estén abiertos a escuchar.
Desde el auto-conocimiento, por parte del adulto que vivió esta fase de la vida, es conveniente reflexionar sobre ella en meditación. Visualizar en la pantalla mental los escenarios en sentido opuesto a cómo se generaron. Es decir, rebobinar la película llamada adolescencia y mirarla como un espectador. Sin juzgar lo bueno o malo que fue, sólo observar y comprender que factores psicológicos intervinieron en ella. ¿Hubo egocentrismo, miedo, despotismo, imitación, celos, envidias, generosidad, sinceridad, amor, lascivia, etc.?
Las vivencias de esta época se hallan en el subconsciente y aunque uno las tiene olvidadas, en algún momento pueden resurgir si uno no las comprendió cabalmente. Toda existencia orientada en un sentido se rectifica cuando el sujeto atrae suficiente luz a ésta y emprende un esfuerzo por conocerse a sí mismo en sus carencias, hábitos y virtudes.
El centro sexual, el instinto y la expresión de la sexualidad.
“La Organización Mundial de la Salud define sexualidad como: Un aspecto central del ser humano presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los roles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones interpersonales”. (Wikipedia, la enciclopedia libre)
La sexualidad es una actividad fundamental en la vida humana y el auto-conocimiento atrae la atención sobre su práctica y características. Este centro posee la propiedad de la creación o reproducción de un nuevo ser. Si los seres humanos obvian esta realidad, la especie desaparece. Esto significa que esta función es relevante tanto en lo particular como en lo general, porque concierne al desarrollo de la humanidad.
Ø  Empezando por lo segundo, en lo que concierne a la especie humana y su desaparición, la naturaleza dotó al cerebro instintivo-motor-sexual de ciertas propiedades para enfrentarse a esta contingencia. A tenor de los resultados, estos rasgos del instinto sexual funcionan con un alto grado de éxito. La prueba es que sobre la Tierra hay más de 7.000 millones de habitantes.
¿Qué tiene el sexo que funciona tan bien a nivel general? La naturaleza tiene previstos unos ciclos biológicos para regular su buen funcionamiento y marcar unos ritmos a las especies que la habitan. Según se adentra la primavera la vida irrumpe en efervescencia tanto en el reino vegetal como en el reino animal. Esto significa que el instinto reproductor de los animales obedece a un impulso cíclico y poderoso para prevenir la supervivencia de la especie.
“Para la mayoría de las especies de mamíferos salvajes, la perpetuación de la especie constituye uno de los objetivos esenciales de la reproducción, la cual se desarrolla bajo la influencia del medio ambiente. Los efectos del medio ambiente repercuten sobre el potencial genético de los individuos, determinando durante el año los períodos de reproducción así como su intensidad”. (P. Chemineau. Conferencia de clausura en las sextas Jornadas internacionales de Reproducción Animal e Inseminación Artificial, Salamanca)
Los seres humanos no tienen un periodo asignado para su reproducción. Sin embargo, a través de la evolución, los genes han heredado un instinto sexual con ciertas características. Este posee una fuerza vital innata, poderosa, veloz, involuntaria e irracional. El Hombre es un ser racional pero las funciones instintiva y sexual no lo son. Estas últimas se rigen por unos biorritmos de máximos y mínimos. Cuando estos están en un nivel alto, el instinto sexual está más activo y esto lo percibe la persona en los demás centros; el emocional y el intelectual. Es decir, este dinamismo se traduce en la presencia o carencia de un impulso, deseo sexual, que conlleva un pensar y sentir condicionado por éste. Esto enseña que la observación, el equilibrio, la temperancia, el control y la comprensión de lo que sucede en el mundo interior es una competencia del sujeto que los experimenta. Uno lo conseguirá con objetividad según la madurez, inteligencia y valores que despliegue en este momento.
Lo común en los seres humanos es que el dinamismo sexual desde la pubertad se haga manifiesto. Un/a joven o adulto/a que goza de buena salud no podrá eludirlo, este impulso involuntario es un proceso que se aloja y genera en el subconsciente. El individuo está bajo la acción de una pulsión innata del centro sexual que expresa su naturaleza instintiva e inconsciente. Esto tiene su raíz en el “instinto de conservación de la especie” transmitido por el proceso evolutivo.
Sin embargo, el hombre y la mujer tienen alma humana. Estos requieren educarlo a través del desarrollo de una acción inteligente; Comprender y adiestrar esta herencia genética propia del reino animal que, dentro de la estructura mental de la persona, se halla en un estado primitivo y rudimentario. Sin una formación psíquica adecuada uno sufrirá los efectos de estos ciclos vitales, con sus altos y bajos, del centro sexual sin la comprensión ni las herramientas para su control y equilibrio. Esto acarrea respuestas convencionales que llevan a la frustración, represión o la permanente presencia del deseo que, en realidad, no llega a satisfacerse. El desconocimiento y la relación inapropiada con este funcionalismo natural pero inconsciente del instinto de conservación originan en ciertos casos trastornos en la personalidad. Algunos de estos desequilibrios son leves, otros son más graves. Ciertas personas reaccionan de forma condicionada ante el sexo opuesto: Incomodidad, ansiedad, complejos de superioridad o inferioridad, incapacidad de relación natural, evitación, obsesión, temor, celos, acoso, etc. Muchas de estas perturbaciones terminan en patologías. Cuando éstas son muy graves se cae en los entresijos del subconsciente, la persona entra en su propio infierno y, en muchos casos, involucra a los demás. Esto sucede cuando el individuo adopta conductas delictivas para satisfacer sus deseos, frustraciones, fantasías, etc.
Ø La decisión o acción de tener descendencia es personal. Normalmente, una pareja no son padres por el anhelo de colaborar con la especie. En este sentido, la naturaleza estableció una contingencia: La reproducción requiere de una colaboración. Una persona sola no puede tener hijos[6]. Este hecho crea en el ser humano todo un proceso de socialización. La pareja o familia se constituye como una célula social. Cuando ésta decide tener un hijo requieren unirse sexualmente, el instintivo, como los demás centros, colabora para que se culmine con la fecundación. Este uso del centro sexual es el indicado, adecuado, a su naturaleza. Con esta acción el instinto sexual cumple con su razón de ser. Con esta labor, todos estos impulsos del subconsciente: involuntarios, innatos e irracionales contribuyen con los anhelos y proyectos de la pareja.
Una vez comprendida esta realidad, desde una perspectiva humana particular y no instintiva sexual, se plantean varios interrogantes: ¿Cada vez que una pareja tiene relaciones sexuales es para tener una descendencia? ¿Qué causa lleva a una pareja anhelar un hijo? ¿No es compartir su amor y trasladarlo en una criatura que sea fruto de éste y de ellos mismos[7]? Si es de este modo, entonces, ¿por qué la naturaleza instintiva sexual sostiene continuamente sus biorritmos? Uno requiere reflexionar sobre estos hechos.
El auto-conocimiento evidencia que la energía sexual puede y debe utilizarse en algo más que la reproducción. La convivencia de una pareja se fundamenta en el compartir. Esta acción se enraíza en el amor. Un hombre y una mujer unidos en la vida comparten todas las cuestiones que son propias a ésta: Casa, facturas, proyectos, comidas, tiempo libre, vacaciones,… y junto a todos estos asuntos expresan el amor que sienten el uno por el otro. Asimismo, esta expresión implica la sexualidad. La pareja se une sexualmente dentro del ámbito del amor, trascendiendo este instinto sexual, lo canaliza bajo una perspectiva distinta a la satisfacción o el deseo. Desde esta experiencia se abren las puertas de la ternura, los afectos y el cariño en la expresión más poderosas e intensas que la misma naturaleza ofrece al género humano. Desde el auto-conocimiento es colocar el instinto sexual y todos sus biorritmos al servicio del amor. Opuestamente a la influencia del culto hedonista[8] muy expandido en esta época a través de las modas, el arte y medios de comunicación, cine, T.V., etc. La expresión de la sexualidad desde una perspectiva hedonista causa que el instinto sexual se halla al servicio exclusivo de la libido y el sujeto no se halla presente a su acción. Éste se olvide de sí mismo. Esta falta de atención deriva como consecuencia al mal-uso o el abuso de este centro de las más diversas maneras.
Los biorritmos o la cronobiología.
“Los ritmos biológicos de los seres vivos son un producto adaptativo de la evolución biológica al denominado ritmo cosmo-climático, que presenta una periodicidad inmutable. Dicho ritmo está formado por la conjunción del ritmo solar, del ritmo lunar y del ritmo terrestre”. (Cronobiología. Wikipedia, la enciclopedia libre)
Desde el exterior, el organismo es sometido a diversas influencias celestes debido a la dinámica planetaria. El principal agente es el solar debido al giro de la Tierra sobre sí misma. Este crea una alternancia día-noche y con su traslado establece las estaciones. Esto afecta al ser humano y determina diferentes actividades y ritmos en el ámbito: físico, biológico y psíquico.
Lo común es que el ser humano duerma por la noche, el cuerpo descanse, y por el día desempeñe sus actividades. Esta reiteración en la vida de la persona implica que el instinto se adapte a este proceso rítmico que proviene de una organización de la naturaleza. Esto incide sobre ciertas glándulas, principalmente, la pineal, que es sensible a la luz, en esta se deposita el reloj interno que marca un ritmo biológico y lo ajusta con el ambiental.
Los marcadores biológicos o instintivos en el organismo son variados, los cuales instauran una coordinación de las funciones y unas polaridades de sus movimientos. El sistema nervioso vegetativo participa a través de sus componentes: El parasimpático y el simpático. Por otro lado, existe el ritmo cardíaco, el cual rige la circulación de la sangre. Esto indica que todo el cuerpo se regula a través de un proceso dual de máximos y mínimos, de alternancias. Esta coordinación cíclica también está presente en el centro sexual, el cual tiene su propio biorritmo del mismo modo que todos los centros. Muchas personas lo ignoran y se sorprenden o preocupan cuando en un pequeño periodo de tiempo su energía sexual aumenta o disminuye, lo que está dentro de la naturaleza del organismo.
Por otra parte, en ciertos individuos esta sucesión de ciclos altos y bajos no alcanzan un nivel suficiente de alternancia. Es decir, el sujeto percibe su energía sexual de forma continúa o ésta siempre se halla ausente. Esto conlleva dos tipos de comportamientos con respeto al instinto sexual. Los primeros observan una gran dificultad en controlar este deseo continuo a nivel psicológico, el cual se mantiene presente involuntariamente. Los segundos no sienten ningún apetito sexual. La libido no actúa, su nivel de expresión siempre está bajo mínimos. Esto atrae la idea de un ser asexuado como cuando uno es un niño, sin instinto sexual. Estos estados de expresión del centro sexual aparecen por una causa innata, disfunción biológica o psicológica.
En todo caso, el individuo precisa observar detenidamente este proceso cíclico en los diferentes centros del organismo. Si uno tiene ciertas dudas sobre la función sexual, lo mejor es consultar con un facultativo, si le interesa descubrir la causa de sus inquietudes que puede contribuir o no a un desequilibrio de su personalidad.
En general, los ciclos biológicos son un modo de regulación natural de la vida y, en este sentido, el ser humano requiere descubrirlos, respetarlos y, según el caso, controlarlos.
La energía sexual y los valores humanos.
Desde una visión de emancipación interior, equilibrio psicológico y del anhelo de experimentar la felicidad, paz y armonía, la energía sexual requiere orbitar bajo la esfera de Venus[9]. Esto significa que la sexualidad del individuo necesita estar presente a esta fuerza del amor y expresarla tanto en la vida diaria como en la intimidad. Si la convivencia de la pareja no se fundamenta sobre esta sólida base del amor, entonces la sexualidad no gozará de sus virtudes. Sin el amparo de esta energía inspiradora, creadora y que aporta la vivencia de la felicidad, se desenvuelven otras maneras distintas de vivir y practicar la sexualidad.
Por ejemplo: Muchas parejas debido al paso del tiempo, las obligaciones, dificultades, los hijos,… viven su relación desde la perspectiva de la rutina. Se espacian en el tiempo las expresiones de ternura, del detalle, la atención, el humor, sacrificio, la generosidad, etc. Si en lo cotidiano uno percibe y vive su relación de pareja desde la costumbre y se deja arrastrar por algún sentimiento de desencanto de la vida, de igual modo, se expresará su sexualidad. Estos estados psicológicos donde el amor no es el protagonista ni está activo afectan a la vida sexual del individuo o la pareja. En estos casos, la sexualidad responde a un apetito mecánico e instintivo en acorde a los ritmos naturales de este centro o por alguna circunstancia ocasional.
Opuestamente, uno puede reflexionar sobre el supuesto amor tipificado por las películas y demás manifestaciones artísticas expresado desde la pasión. La pareja se ubica en el “Eros emocional”, de la sensualidad y satisfacción del instinto. La energía sexual o fuego se halla sin control, arde y consume la auténtica llama del amor que se sustituye por el deseo y las sensaciones. Esta pasión genera estados íntimos contradictorios que se cimientan en el centro sexual, huyen del sentido común y atraen escenarios llenos de conflictos en diferentes direcciones. La mayoría de estas relaciones fracasan porque no se fundamentan en el amor sino, más bien, colocan el amor al servicio de los fervores de las satisfacciones y se viven desde la subconciencia. Las parejas interpretan escenas de amor y odio, celos, miedos,… aparece la incertidumbre. Estas acaban con la relación pero, más tarde, se vuelven a unir, se vive en el desequilibrio, la inconstancia, etc. Muchas parejas terminan ante un altar pero, muchas más, finalizan en la decepción y el desencanto del amor. Éste último es la víctima inocente del auto-engaño del ser humano y de su propia ignorancia sobre el centro sexual. Estas experiencias son típicas de la juventud a causa de la falta de madurez personal ante esta fuerza poderosa y desconocida del “instinto sexual[10]. La persona requiere de una instrucción sobre los principios creadores que se hallan dentro de ella y pueda canalizarlos de forma adecuada a través de una observación y conocimiento de sí mismo.
El sexo no es sólo un patrimonio humano, en el reino animal también se expresa pero siempre es instintivo sin posibilidad de transformación. En el ámbito racional, según el individuo o pareja incorpore más elementos humanos a su sexualidad más equilibrada será. Una relación de pareja donde se concentre y coordine armoniosamente: La sensualidad, el afecto y lo racional será cada vez más humana. Sin embargo, sin las virtudes del amor no será trascendente. Porque esta última somete lo sensual, emocional e intelectual al amor y al desarrollo de sus propias virtudes. Esta expresión de la sexualidad evocada desde una trascendencia se conoce como “sexualidad trascendente”, si su progresiva vivencia cristaliza como Amor consciente. Este es un proceso que se descubre y plasma en la medida que el amor que uno carga en su interior es capaz de vivificarse con su propia inteligencia, serenidad y equilibrio. Un despliegue de virtudes que cada componente de la pareja necesita desarrollar en la intimidad de su ser y anteponer su humanidad a sus egocentrismos, deseos y apegos.
El Amor consciente es aquel que emana del corazón. Este se halla ausente de los centros inferiores. El instinto sexual lo desconoce, su propiedad se restringe a la conservación de la vida y ésta se realiza desde el subconsciente. El instinto sexual no está despojado de los estados egocéntricos, la búsqueda de sensaciones y la satisfacción personal. Contrariamente, esto es lo que enseña el amor cuando se sublima y se convierte en conciencia. Esta sexualidad se conoce en el auto-conocimiento como tantrismo.
La ética, el amor y la sexualidad.
El goce sexual es un derecho legítimo del ser humano[11]. Su expresión no necesita restringirse por una moral o ética sino, más bien, dotarse de una educación. Toda moralidad se halla dependiente de factores circunstanciales. Cualquier persona puede remontarse en el tiempo o viajar por ciertas latitudes del globo terrestre para constatarlo. Esta realidad significa que muchas de las morales impuestas en el ámbito social o religioso se alejan considerablemente de lo justo, objetivo y propio de la naturaleza esencial del Hombre. Esto sólo cambiará cuando la Humanidad despierte al hecho que lo externo a uno mismo e impuesto por lo demás es engañoso ante la auténtica condición humana. Excepto que esta ética redunde en una correspondencia con su naturaleza y la persona la descubra por sí misma. Aunque esto es imposible si antes el individuo no despierta su auto-conciencia.
Una nueva criatura se construye por la acción inteligente del centro instintivo. Sin embargo, no dispone de existencia independiente. En el nacimiento, al bebé le cortan el cordón umbilical, respira su primer hálito y, en este instante, se establece un valor imprescindible de la propia vida: “La autonomía y la facultad de desarrollarla”. En este primer momento y el caso del ser humano es sólo biológica. Pero, más adelante, el mismo crecimiento psíquico-fisiológico del niño incorpora la expresión de una “conciencia independiente”. Este principio inteligente es autónomo, objetivo y auto-consciente, aporta todos los valores propios del Hombre. Su crecimiento es paralelo al emocional, motor e intelectual. Esto explica porque existe un dualismo en el infante: Por un lado, resplandece la luz de su belleza interior y, por el otro, se expresan los deseos caprichosos, la desobediencia, intransigencia, impaciencia, etc.
El proceso de desarrollo de la auto-conciencia en el niño detiene su crecimiento porque, en el ámbito psicológico, éste adopta las pautas de conducta ambientales que la solapan. Estos patrones aprendidos de la familia, sociedad y las más diversas influencias conformarán su personalidad y este principio inteligente o anímico se olvida. Esto sucede en todos los individuos. El desarrollo de la chispa psíquica o anímica se reanuda en el momento que por diferentes circunstancias o inquietudes éste se plantee una emancipación interior.
Esto significa que la sexualidad del individuo se halla atrapada siempre entre ciertos patrones que son el reflejo de la época en la que vive. Estos son relativos, subjetivos y circunstanciales. Sin embargo, existe una fuerza que no cambia con los tiempos: el Amor. En el auto-conocimiento se denomina Amor consciente precisamente para distinguirlo de las modas. Este Amor trascendente es una aspiración del Hombre o la Mujer que anhela una transformación interior. Esta inteligencia y fuerza se halla en su interior de forma latente. Tal como se explicó éste detuvo su crecimiento en pos de la personalidad y por esta condición no es autónomo ni consciente. Este requiere de un desarrollo por medio de un esfuerzo particular.
Las bibliotecas están llenas de tratados sobre el amor. En este escrito sólo se expone lo indispensable y lo que el sentido común revela a cualquiera persona que dispone de él. El amor se reconoce por su naturaleza y los valores que despliega. Uno puede engañar a una persona con las palabras y actitudes, incluso a sí mismo con sus pensamientos y emociones. Sin embargo, el discernimiento observa que el amor se distingue por los hechos. Estos últimos indican claramente la naturaleza del amor porque establecen una realidad. Los hechos, por lo tanto, muestran el afecto, la atención, constancia, equilibrio, imaginación, sacrificio, humildad, generosidad,… Valores humanos que son dignos de compartir con cualquier persona, amigo y, mucho más, con la pareja que uno ama. El amor consciente es Universal y por eso todos lo advierten. Esta expresión anida en el corazón de todo sujeto, espera la emancipación en una relación de amor con otro ser. Asimismo, ésta misma vivencia de corazón se extiende y transforma en su naturaleza hacia una actitud comprensiva y compasiva por los demás.
La sexualidad y su ética se encuadran dentro de este contexto de expresión del amor con todos y cada uno de sus valores. El amor consciente es un compartir en todos los niveles de la existencia y es una energía creadora que refuerza la auto-conciencia, autonomía y objetividad porque son propias de su Esencia o alma. La consecuencia de una sexualidad trascendente es una vida interior que, poco a poco, llena de paz, armonía y felicidad a una pareja aunque esta tenga graves dificultades. El amor consciente asume los retos de la vida y es una inspiración en sí misma para sobrepasarlos.
La conciencia es una facultad que se halla dentro del ser humano. La ética de la conciencia es una experiencia de Ser que uno vive por sí mismo. La conciencia humana se reconoce en su propia naturaleza, la cual es su Esencia. Esta última y el amor son de una misma sustancia.
Este significa que la sexualidad desde el auto-conocimiento es una visión completamente distinta a lo transmitido por los medios audiovisuales, comerciales, sociales y religiosos. Los primeros confunden al individuo y propagan una sexualidad sin responsabilidad ni valores humanos. Y, los diferentes cultos, cargan a los fieles dentro de sus posibilidades de una moral o unos patrones de conducta que la encierran o restringen en unos moldes.
“La conciencia de la separación humana -sin la reunión por el amor- es la fuente de la vergüenza. Es, al mismo tiempo, la fuente de la culpa y la angustia”. (El arte de amar. Cap. La teoría del amor. Eric Fromm)
Una energía sexual que se expresa según la órbita del Amor consciente aprehende aquello que es digno de su condición. El estado de presencia indica a la persona cuando uno se halla ante una expresión instintiva, automática e inconsciente de su sexualidad y que se aleja de los parámetros del amor. Este alejamiento es el que provoca el mal-uso y el abuso de la energía sexual que el individuo requiere descubrir por sí mismo.
El mal-uso y el abuso[12] del centro sexual.
En su proceso instintivo, la función sexual responde de modo semejante a los efectos que se derivan de la alimentación. Cuando más come uno y se satisface, al siguiente día, más hambre tiene. De este modo, el individuo desarrolla unos patrones alimenticios. El abuso se instala de manera reiterada sin que la conciencia de la persona lo perciba. ¿Cuándo el sujeto es consciente del abuso de nutrición? La báscula es la que vierte luz sobre el aumento de peso. Desde ese momento, si uno anhela reducir peso, precisa estar presente a la hora de nutrirse y observar lo que come. Asimismo, el sexo cuanto más acrecienta su practica, el instinto encuentra mayor satisfacción y, por lo tanto, más impulsos genera para alcanzarla. Incluso, el sujeto busca sensaciones nuevas, investiga y le atraen las novedades que puedan satisfacer aún más los sentidos.
La causa es similar a lo explicado en el estudio del centro instintivo. Cuanto el instinto sexual entra en acción dirigido exclusivamente por los sentidos y las satisfacciones uno no atiende a detenerse cuando el mismo centro lo indica. A partir de este instante se produce el abuso. Esto acarrea una modificación del instinto y, por lo tanto, de las sensaciones y del deseo. La psiquis induce, por un lado, una sobrevaloración del deseo, un apego a la satisfacción que experimentó y, por el otro, las sensaciones y percepciones diluyen su sensibilidad. El instinto se adapta al abuso. La consecuencia es que en la próxima relación éstas requieren más estimulación para sentir las mismas sensaciones y vivir el mismo alborozo. Esto encadena con una búsqueda de todo tipo de prácticas que entran de lleno en un mal-uso y abuso del cerebro instintivo-motor-sexual. Contrariamente, si la pareja entra en un conformismo, su práctica sexual se acomodará a una rutina.
Comúnmente, cuando uno es joven comete una gran cantidad de abusos y, no cabe duda, que los excesos de la juventud se pagan en la vejez. Muchas de las disfunciones sexuales y enfermedades ligadas a este centro aparecen a lo largo de la madurez por estos excesos. El mal-uso y el abuso del centro sexual conllevan un agotamiento de la energía o potencia sexual, en concreto, y de la vitalidad del organismo de la persona, en general. Esta conductas sexuales basadas en el hedonismo y la satisfacción sensual olvidan la fuerza del amor, por ese motivo no pueden evitar los excesos. Esto significa que buscando la satisfacción se termina, en muchos casos, en la insatisfacción y el desencanto. Entonces, el paso siguiente a una nueva o variada experiencia se encuentra en sustituir la pareja, tener diferentes relaciones al mismo tiempo o según se presente ocasionalmente. En estas circunstancias, el individuo tiene muchas dificultades en encontrar el equilibrio, la serenidad y la felicidad. La causa de este desencuentro con lo esencial de la naturaleza humana es que el sujeto se inició en este ciclo de su vida sexual renunciando al amor auténtico.
Cuando el ser humano utiliza el centro sexual fuera de su órbita, éste hace un mal-uso de él. Esto sucede en el momento que algún factor psicológico lo utiliza para expresarse a través de éste. Por ejemplo: Para demostrar superioridad; Seducir por un interés material, Practicar sexo por comercio; Por auto-estima y sentirse bien consigo mismo y/o presumir; como un ascensor social y prosperar a través de una relación; etc.
El sexo establece muchas problemáticas en esta sociedad. Es fuente de desequilibrio, insatisfacción, traumas, fobias, malentendidos,… tanto en los individuos como en la parejas. Este atrae problemas de convivencia. Es causa de separaciones, divorcios, discriminaciones por sexo, acoso laboral, vidas dobles porque el sujeto se refugia en un complemento sexual, hijos no deseados ni queridos o abandonados, abortos, control de natalidad, trasmisión de enfermedades, etc.
Asimismo, éste se halla en el centro de actividades y conductas inhumanas como son: Las agresiones o violaciones, la violencia machista, la pederastia, la trata de mujeres, etc. Una enorme cantidad de despropósitos y crímenes fundamentados en la falta de educación, de conocimiento de sí y de una sociedad sumergida en la inconsciencia con respecto a la cuestión del instinto sexual.
En otras latitudes, donde escasean o son inexistentes los derechos humanos, la realidad en relación al conocimiento y uso de la función sexual es todavía más alarmante sobre todo hacia la mujer. En muchas partes del mundo se hallan: Los crímenes de honor, las lapidaciones por adulterio, la ausencia de libertad o sumisión sexual, los matrimonios concertados, la mutilación de órganos genitales de las niñas, etc. Una cantidad de patrones culturales y tradiciones ancestrales donde la referencia y base de estas barbaries se originan desde el trasfondo sexual y de la ignorancia de los factores que los mantienen.
La sociedad y el centro sexual.
“Cuando la sexualidad se utiliza en la publicidad, ciertos valores y actitudes hacia el sexo están necesariamente vendiéndose junto con el producto”. (Sexo en publicidad. Wikipedia, la enciclopedia libre)
Desde los albores del siglo XX, la cuestión sexual adquirió importancia científica, principalmente por los estudios que realizó Sigmund Freud. Este desarrolló una teoría de la sexualidad donde destacaba su importancia e influencia en la conducta general del individuo. En términos prácticos, el fundador del psicoanálisis descubrió y dio a conocer parte del funcionalismo psíquico del ser Humano y la relación existente entre el subconsciente, el instinto y centro sexual.
Este descubrimiento y su posterior difusión encaminaron a incluirlo en las diferentes manifestaciones humanas donde se deseaba atraer la atención o despertar un interés especial. El desarrollo de la revolución industrial consiguió una enorme variedad y cantidad de productos. La industria tuvo la necesidad de difundir la existencia y propiedades de sus artículos para atraer la atención del público y proceder a su venta.
Con el paso del tiempo se comprobó la efectividad del empleo de los modelos sexuales como herramienta de persuasión para conseguir sus propósitos. Hoy en día es una evidencia la utilidad del sexo como reclamo en la publicidad, marketing, manifestaciones artísticas, literatura, modas, música, cine, radio, TV., etc.
“Es importante entender que la publicidad está inmersa en nuestra cultura de forma inseparable. Lo mismo que no seria imaginable la publicidad en su forma actual en un contexto distinto de la sociedad capitalista de finales del siglo XX, tampoco ésta tendría su estructura actual si no existiera la publicidad”. (Sexo en publicidad. Wikipedia, la enciclopedia libre)
La publicidad y demás agentes de la sociedad que utilizan los prototipos sexuales han convertido al sexo en un elemento manipulador de la psiquis. Esta utilización indebida de esta energía creadora se alza como una fuente de hipnosis para inducir o sugerir el consumo. Esto conlleva a fomentar una mentalidad que la banaliza y determina una forma de ver, sentir y pensar el sexo lejos de su realidad humanística, objetiva y ética.
La propaganda, los bienes de consumo lúdicos se orientan desde la infancia y están presentes en la adolescencia y juventud: Los video-juegos, cómic, cine, música, modas, series para adolescentes, jóvenes,… se sirven de modelos y roles caracterizados hacia una imagen que estimula la inconsciencia[13]. El continuo bombardeo de imágenes relacionas con los patrones sexuales influencia a la psiquis de diversas formas. Por ejemplo, desde la década de los 50 hasta ahora, Holywood es un escaparate promocional y sirve a las grandes compañías estadounidenses a promocionar y vender sus productos en todo el planeta. La industria del cine utilizó los actores con un estereotipo de hombres y mujeres a gusto de la sociedad para sugerir el consumo de alcohol y tabaco. Asimismo, a través de estos iconos se propició la propaganda de ideas, formas de sentir y pensar un estilo de vida. Desde la segunda mitad del siglo XX, la publicidad, los medios de comunicación y la industria del entretenimiento a través de los modelos sexuales han captado la atención y la conciencia del ser humano.
Los anuncios, las películas, modas, revistas, la música, los programas de T.V., etc., a través de sus protagonistas divulgan una forma muy particular de pensar sobre el sexo; Fundamentalmente, como un objeto de deseo y lejos del amor. Estos han condicionado la mente, percepción, generan imágenes irreales sobre los gustos, el sexo, la mujer y el hombre. Desde la más tierna infancia se envía el mensaje del hombre y la mujer como objeto o producto, lo cual reduce la condición humana a lo material. Esto constituye una vulgarización del instinto sexual, del hombre, de la mujer y de todo lo que le concierne. La inconsciencia, los tabúes, la ignorancia e hipocresía social son, en cierta medida, responsables de este uso del sexo como un vector de manipulación de la sociedad.
Con esta exposición tampoco se trata de caer en el extremo de prohibir cualquier tipo de manifestación aunque sea una forma egocéntrica, incluso mal intencionada, de manipulación psicológica. No es una cuestión de volver a la época victoriana o franquista, encerrar el sexo en una urna y olvidarlo en el subconsciente. Esta opción resultaría más perjudicial que lo que se presenta hoy en día. Este escrito llama la atención sobre este hecho y enseña al ciudadano a prestar la atención plena a su mundo interior y usar su discernimiento para comprender por sí mismo el efecto de esta propaganda.
Conclusión.
El asunto es que la visión del sexo que carga la sociedad en general en los hechos es muy próxima a estos patrones que alimentan la psiquis de la persona. Esto se percibe en el modo en que los adolescentes, jóvenes y adultos se sitúan con respecto a la energía sexual, las relaciones de pareja, la manera de hablar, vestir, seguir las modas, etc. La persona adopta un rol moral o carece de ésta según la situación que le toca vivir. Todas las actitudes, formas de pensar, sentir al sexo en la juventud se desvanecen cuando el individuo es padre o madre y su hijo/a alcanza la adolescencia. Esto demuestra una visión relativa, subjetiva y circunstancial del sexo. Tanto en el ámbito general como particular se necesita de una revisión de los postulados hedonistas del sexo con la inquietud de ayudar al ser humano a relacionarse mejor con esta energía, consigo mismo y los demás.
El sujeto requiere conocer qué hacer con su energía sexual observando cómo, con quién, para qué y para quién se despliega estos recursos dentro de sí mismo.
El sexo mantiene su misterio; A pesar de todos estos escaparates de modelos, galas de libertad y un despliegue de conocimientos científicos y terapéuticos sobre el centro sexual sin precedentes en la historia de la humanidad. El ser humano ignora su poder, grandeza y sentido espiritual. El descubrimiento de la propia sexualidad en el amor consciente es una experiencia mística, trascendente, que sólo las grandes almas tienen la oportunidad de vivenciarlo. Su propia naturaleza reclama al individuo responsabilidad y discernimiento en su uso y reflexionar sobre su incidencia en su propia vida para conocerse a sí mismo a través de la práctica del amor.
Películas:
Estas películas exponen de forma divertida y reflexiva los valores del amor y las relaciones de pareja: “La delicadeza” y “Odette, una comedia sobre la felicidad”.
Samsara, es un film que aborda la problemática sexual en la vida monástica y del desarrollo interior. La presencia e influencia de esta energía en las dudas, decisiones, los deseos y aprendizajes que un monje budista experimenta a lo largo de su realización personal y espiritual.













[1] Volitivos, racionales, afectivos, instintivos y vitales.
[2] Esto sucede en todos los reinos de la naturaleza. Un ejemplo evidente es el radiactivo: Si se contamina con una radiación que perjudica la estructura molecular, el daño que ocasiona se registra en las plantas, los animales y el ser humano y a toda descendencia.
[3] Disfunciones físicas y trastornos psicológicos (aversión, ansiedad, dependencia,… al sexo, problemas de relación con el sexo opuesto, conductas sexuales irrespetuosas, violentas, impulsos instintivos impropios del género humano,…). Necesidad de legislar las conductas sexuales que invaden la libertad ajena, pervierten menores o violentan a otra persona sin su consentimiento.
[4] Muchos se aferran a la satisfacción vivida y la reiteran creando una conducta; o ahondan en las experiencias buscando cada vez más sensaciones hasta complicarse y desconectarse de la sensatez. Inversamente, si lo experimentado fue desagradable puede dejar una huella de tipo psicológico que le afecte a su conducta sexual, incluso en las relaciones humanas.
[5] Una de las dificultades que padres y tutores hallan es que la pubertad que ellos vivieron es muy distinta a la que se enfrentan sus hijo/as o estudiantes. Por escoger una media, entre la adolescencia de los padres y la de su hijo/a, al menos pasaron veinte años. Esto significa que estos dos periodos, por ejemplo, mediados de los 90 y 2014, son dos mundos diferentes. En este sentido, la experiencia de los padres no sirve de referencia. Este es un error común entre los ascendentes tratar de observar la vida de sus descendientes a través de sus ojos y experiencias pasadas.
[6] En el caso que un individuo decide utilizar los medios tecnológicos y biológicos disponibles para obviar la colaboración presencial de otra persona en el momento de la procreación, necesitará, de todos modos, de un gameto del otro sexo.
[7] Es cierto que existe múltiples motivaciones para tener descendencia, pero cuando más se alejan de este principio más se hallan en la relatividad de la vida y, por lo tanto, de concepciones más o menos circunstanciales.
[8] Definición: Doctrina ética que propone la consecución del placer como fin supremo al identificarlo con el bien.
[9] La diosa del Amor consciente.
[10] Representado en la mitología clásica por Eros.
[11] “El acto sexual es un goce legítimo del hombre; la con-sustancialización del amor en el realismo psíquico-fisiológico de nuestra naturaleza”. (El Parsifal develado. Cap. Hatha-yoga-pradipika)
[12] Definición: Uso o aprovechamiento excesivo o indebido de algo o de alguien, en perjuicio propio o ajeno.
[13] La industria de entretenimiento mueve una gran cantidad de medios humanos y económicos para alzar sus representantes y convertirlos en iconos de los adolescentes: Lindsay Lohan, Britney Spears, Justin Bieber, Hannah Montana, Zack Efron, Demi Lovato, etc.

jueves, 28 de agosto de 2014

El centro instintivo.
Introducción.
La función instintiva se asocia con el sistema nervioso autónomo o vegetativo y el hipotálamo junto a otros componentes que pertenecen a una estructura fisiológica compleja. El centro de gravedad psíquico se halla en la parte baja de la médula espinal. Normalmente, este opera sin un control racional y es clave para la supervivencia del organismo. El instinto trabaja de forma estrecha y coordinada con las funciones motora y sexual, estos comparten varios elementos en su constitución biológica.
El instinto se define como un conjunto de propiedades, funciones y pautas fisiológicas que se transmiten genéticamente, y que contribuyen a la preservación de la vida del individuo y de la especie. Este es innato; La supervivencia o conservación de la vida del organismo se rige por ella misma y sus características. Es decir, ésta requiere por definición auto-mantenerse (homeostasis) y el individuo que la disfruta, igualmente, necesita cuidar de ella si no desea perderla. La palabra instinto proviene del vocablo latino “instinctus” que significa “lo que te instiga de dentro”.
En el ámbito psicológico, este centro es poco conocido. Sin embargo, desde la perspectiva del bienestar integral es indispensable prestarle la atención debida para advertir cómo se desenvuelve y aprehender sus propiedades. El ser humano por su inconsciencia influye sobre él de forma inapropiada, altera su funcionamiento natural, provoca efectos indeseables para su salud y erosiona sus asientos vitales.
Este centro se halla presente desde el primer momento de la concepción. El gameto fecundado posee las claves de la vida y estas se desarrollan con una precisión asombrosa hasta la formación completa del futuro bebé. Este proceso de la construcción del ser humano se halla bajo la dirección de este centro. Por consiguiente, en el momento del nacimiento, este centro está prácticamente desarrollado[1] y en los primeros años, el instinto es el eje primordial de la existencia del niño. Este es inherente a la vida. El bebé respira, llora, tiene hambre, mama, digiere,… y, según pasa el tiempo, todas sus experiencias y acciones quedan registradas en el subconsciente.
Cuando este centro no opera correctamente, de modo inmediato, surgen los problemas de salud. El estudio de esta función es vital cuando el estudiante anhela establecer una constitución psicológica que respete el equilibrio de su propio organismo y disfrutar de una vida saludable. El conocimiento de su buen uso evita errores y descuidos que provocan el deterioro del cuerpo y acarrean enfermedades.
El centro instintivo.
El instinto orquesta todos los mecanismos biológicos y recursos vitales necesarios para mantener vivo y sano al organismo. De esta manera, el ser humano desempeña las tareas y actividades que le son propias sin ocuparse directamente de sus constantes y funciones vitales. Por ejemplo: Una persona está sentada cómodamente en su sofá, lee tranquila un libro que le emociona. Paralelamente, el centro instintivo gestiona, la respiración, hace media hora que terminó de comer, por lo tanto, está digiriendo; Sostiene una taza de café con la mano y toma un trago de vez en cuando, al mismo tiempo, escucha música. Todo esto se procesa sin la intervención del pensamiento. Uno no se ocupa de modo voluntario ni racional de recibir y enviar señales hacia los pulmones, bronquios, corazón, estómago, intestinos, vesícula biliar y un largo etcétera. Todo esto es controlado por la función instintiva.
Este centro se encarga: Del aparato respiratorio, sistema endocrino, digestión, sistema excretor, circulación de la sangre, sistema inmunológico, de los sentidos y las sensaciones, etc. Esta función asume todas los procesos bio-químicos del organismo, es autónoma, automática e inconsciente. Esto significa que si alguno de sus componentes no funciona correctamente o sufre una agresión externa, el cuerpo humano se resiente en la medida de su importancia. Asimismo, este daño acarrea una reacción del estado psicológico, anímico, de la persona que afecta su modo de relacionarse con su entorno. El instinto está conectado a los demás centros o cerebros neurálgicos del sistema nervioso: El intelectual y el emocional.
Este centro se caracteriza principalmente por ser el arquitecto de la vida humana. El código genético de cada especie se halla depositado en las células reproductoras[2]. Una vez unidos los gametos, masculino y femenino, se despliega tanto el vigor como la inteligencia de la vida. Todas las características genéticas del futuro ser humano están presentes en el primer instante de la fecundación. La división celular construye los primeros elementos de la transformación biológica que, paso a paso, formará al futuro bebé. Esta acción vital y sabia de la naturaleza instintiva del Hombre es lo que se entiende en el auto-conocimiento como centro instintivo. Este último queda codificado en el huevo o zigoto, elabora el embrión, feto y, finalmente, al bebé. Esta función crea la vida y es su artífice, del mismo modo, que ésta desaparece cuando el instinto vital es incapaz de conservarla. Igualmente, es el eje de los instintos básicos de: Conservación de la vida, maternal, sexual y supervivencia que, en caso de necesidad, surgen del subconsciente.
A consecuencia que, desde el primer instante, la función instintiva impulsa la vida y la sostiene, ésta se aloja en el subconsciente o inconsciente[3]. Este hecho proporciona una estrecha relación entre ambos. El centro instintivo es parte del subconsciente de la psiquis del sujeto, son sus cimientos y sobre éstos se apoya toda la estructura psicológica del individuo.
“Hoy en día, sabemos que el bebé nace con un gran potencial y que está en las manos de sus padres el aprovechar de esa oportunidad en el proceso de maduración del bebé. Para que este potencial se desarrolle al máximo de la forma más adecuada y satisfactoria, el juego es la mejor manera de estimular a un niño. Además es importante que el niño este bien alimentado y se sienta cómodo. Los padres deben ir aprendiendo a leer el comportamiento de su bebé y a respetar sus necesidades.” (Rosina Uriarte Álvarez. Manual de estimulación temprana. Esos preciosos primeros años)
La relación entre el centro instintivo y el subconsciente.
La conducta humana elabora muchos patrones que responden a factores instintivos. Por medio de las experiencias, el sujeto asume comportamientos que son adoptados en origen por el instinto a través de la vía de los sentidos y las sensaciones. Este ignora que ciertas pautas son aprendidas por imitación o nacen de una progresiva alteración particular del instinto que se convierten en hábitos y, más tarde, se racionalizan. La persona piensa y siente que son opciones voluntarias, decisiones que él determina con plena autonomía. Sin embargo, estas se subordinan al entorno, no son libres y, mucho menos, conscientes.
Se expone un ejemplo para entender mejor este hecho: Un lactante se amamanta del pecho de su madre. Este puede hallar bienestar por tres causas:
  • Colme su necesidad de hambre.
  • El instinto de éste halle de su agrado tomar leche, porque esta última le gusta.
  • Asimismo, el contacto con el pecho y el cuerpo de la madre sea agradable.

Estos tres supuestos, pueden darse o no. Ciertos individuos rechazan tanto el alimento como el pecho, aunque esto no es lo común. En todo caso, los tres supuestos establecen una relación en algún sentido con la madre y el alimento. Todo lo concerniente a la alimentación del bebé forma parte de sus primeras vivencias, del mismo modo, que cuando se lava, viste,… mima o no. Este vínculo se crea a través de los sentidos y se registra en el subconsciente de los centros instintivo y emocional.
Para simplificar, se profundiza en el segundo supuesto. Si el niño pide más alimento del que necesita y su madre accede a una sobrealimentación, esto puede originar una alteración del instinto. A la larga, esta irregularidad se cristaliza en esta función como un hábito. Sin embargo, si ella no permite este exceso, el instinto del bebé se acostumbrará a una nutrición idónea, aunque llore durante un tiempo. De hecho, la estrategia del chupete es común para sustituir la sensación de amamantar o del biberón. En estos días, es frecuente ver a niños de corta edad con un peso excesivo. Una circunstancia producida por una alimentación inadecuada que se inicia en los primeros meses de la existencia y que altera el instinto con respecto a su equilibrio nutritivo.
A la inversa, un niño puede rechazar el alimento o perder su interés por él debido a alguna causa desconocida ligada al instinto. Sea por una carencia de sensación agradable de los alimentos que ingiere o una experiencia negativa en el momento de alimentarse: una indigestión, esté enfermo, el alimento le provoque un dolor por una malformación, etc.
Estas situaciones, más adelante, se modificarán o no a través de otras experiencias. Sin embargo, en el subconsciente dejarán una huella, con consecuencias o no, en la vida racional del sujeto.
¿Qué se deduce de estos hechos?
Uno concluye que, en los primeros años, la existencia del ser humano está íntimamente ligada al plano instintivo. Los sentidos y, por lo tanto, las sensaciones son la base de su relación con el mundo exterior y estas, a su vez, conforman su vida psicológica. El bebé y, más tarde, el niño perciben todo lo que le rodea, son sus vivencias y el instinto[4] lo registra en el subconsciente con una cualidad subjetiva de: Agrado, desagrado o indiferencia. Esto inicia una relación con el entorno sobre el fundamento de lo que gusta (satisfacción) o no (insatisfacción), origina emociones de la misma naturaleza que acomodan una conducta recurrente. Esta última se cristaliza en una pauta del comportamiento, normalmente, de aceptación o de rechazo. Cuando el niño empieza a hablar, éste asigna conceptos a sus vivencias, las racionaliza sobre esta base. Esto implica que progresivamente estas experiencias, gustos, disgustos, sensaciones, emociones,… se trasladan al intelecto: Se verbalizan y piensan. Según el infante crece, las prioridades, la educación, el entorno,… atraen su atención hacia otras necesidades y experiencias que pueden o no solapar, transformar u olvidar las anteriores en el subconsciente.
Esto conlleva una reflexión de la inherente influencia de este centro sobre la psiquis. El auto-conocimiento revela que muchas de las tendencias y carencias psicológicas del individuo se muestran y/o determinan desde la más temprana edad. Por ejemplo, aparecen defectos en niños de muy corta edad como: El egocentrismo, miedo, apego, la envidia, cólera, gula, impaciencia, los celos,… Éstos, cuanto más se manifiestan, más se arraigan en la parte subconsciente de la mente. Un infante de uno a tres años puede expresar celos o envidia de su hermano/a, padre o madre. Este observa que la atención y los cuidados se dividen o no son dirigidos exclusivamente a él y, por instinto de conservación, muestra su rechazo a que su madre los manifieste a otra persona.
Existen infinitas actitudes en los niños de esta edad que a pesar de no gozar de un soporte racional ni del lenguaje indican con determinación lo que desean. Muchos de estos comportamientos denotan una falta de valores humanísticos; Son respuestas instintivas, motoras y afectivas inconscientes, impropias de una conciencia humana que, por su condición, el niño carece. Estos defectos del párvulo, que se identifican como subjetivos y circunstanciales, generan errores en su conducta. Más adelante, cuando éste alcance la juventud o madurez tendrá que comprenderlos en un proceso de conocimiento de sí, en el momento que anhele un equilibrio psicológico en la existencia. Muchas de estas respuestas y vivencias se convierten con el paso del tiempo en un condicionante solapado e ignorado por su propia personalidad.
“Estas experiencias tempranas tienen efecto de por vida. Aun cuando el niño no recuerde lo que en realidad pasó y le falten palabras para darle forma en su mente, la sensación perdura. Aprende que puede contar con la gente o que no puede; que se le permite intentar hacer cosas, o que estará constantemente impedido. Estas particularidades persisten y se fijan en el ser como parte de la personalidad”. (Su niño de uno a seis años. Departamento de Salud, Educación y Bienestar de EEUU. Richard H. Granger.)
Paradójicamente, el mismo niño, en otros instantes, se comporta con unos atributos éticos admirables, demuestra: Ternura, generosidad, sensibilidad, humildad, gratitud, tolerancia, sencillez,… Todos estos valores pertenecen a un orden de conciencia superior y universal; Facultades esenciales y propias del Hombre, lejos de los instintos y de la inconsciencia.
Estas dos naturalezas conviven en el párvulo y, según las circunstancias son propicias, se expresan en él. El instinto es un centro que rige su función de forma automática, inconsciente y recurrente. Estas propiedades son necesarias para la gestión de todos los procesos vitales del cuerpo. Sin embargo, las respuestas irreflexivas y subconscientes no son apropiadas ante los complejos entresijos de la existencia y la convivencia en sociedad. Esto implica una educación revertida sobre los aspectos universales y valores éticos que son intrínsecos de la Esencia del Hombre y que todo recién nacido carga en su interior[5].
Esta falta de educación y conocimiento de la función instintiva genera, en muchos individuos de diversas edades, graves problemas de salud y desequilibrios psicológicos.
La desnaturalización del instinto.
Existe una relación directa entre: El instinto, subconsciente y la dependencia tanto física como psicológica a ciertos hábitos que se arraigan en el individuo que los ejerce. Es decir, una vez que éstos se instalan es muy difícil abandonarlos. Estas conductas tienen el grave inconveniente de deteriorar el organismo y condicionar la existencia de la persona. El consumo de: Tabaco, alcohol, estupefacientes, sobrealimentación o trastornos de ésta, etc. crean adiciones o conductas que se subordinan a las sensaciones y los apetitos. Estas pautas se originan en el centro instintivo y se enraízan en la zona subconsciente de la mente. Aunque la persona inicie su consumo por una causa vinculada a otro centro o se atribuya a elementos ambientales y sociales. Por ejemplo debido a la imitación, los estados emocionales o las ideas preconcebidas[6].
Se expone el caso del tabaco. La nicotina es una droga que en sí misma crea una adicción, la cual es superada por muchos individuos, mientras que otros se sienten incapaces de conseguirlo. ¿Cómo se asienta esta dependencia? Ciertamente en la primera calada a un cigarrillo, el instinto reacciona con un rechazo claro al humo. Este centro se encarga de avisar que lo consumido es nocivo; Advierte que los pulmones no están dotados para respirar el humo ni la nicotina y demás componentes que se hallan en un pitillo. Sucede lo mismo cuando uno respira la humareda que sale del tubo de escape de un viejo camión. Si uno repite dicha acción llega un momento que el centro instintivo se adapta. El acomodo de esta sustancia en el cuerpo implica una desnaturalización de esta función. Este hecho significa que el instinto modificó ciertos mecanismos biológicos para aceptar esta sustancia. Esto se registra en el subconsciente. La realidad es que cuando hay adaptación orgánica a un compuesto, paralelamente, se inicia una dependencia que al principio es pequeña o imperceptible y aumenta con el consumo. Eso significa que la sensación de bienestar que pudiera uno sentir a través de la ingesta de nicotina se ha convertido en una necesidad. Esta última es la adicción que la persona sufre. La singularidad de este proceso es que difícilmente se estabiliza. Según uno la consume, la necesidad es mayor, por lo que la dependencia se incrementa. Esto se configura como un ciclo donde la persona precisa cada vez más nicotina para sentirse satisfecho. La prueba es que muchos sujetos sólo quieren consumir un determinado números de cigarrillos. Sin embargo, éstos fuman más de lo que desean. Del mismo modo que muchas mujeres embarazadas quieren renunciar al tabaco por recomendación facultativa pero no lo hacen. El fumador pierde voluntad y libre albedrío ante el desequilibrio instintivo que él mismo ha provocado. La adicción impide a muchas personas dejar de fumar a pesar de las graves consecuencias que éstas padecen por esta circunstancia, incluso con el riesgo de perder la vida.
Esto mismo sucede con el alcohol o la ingesta habitual de exceso de comida porque el instinto previene cuando hay que parar de comer; Ocurre igualmente, con los potentes narcóticos (cocaína, heroína,…) que tienen la propiedad desde el primer momento de alterar los estados de conciencia y los centros fisiológicos. Estos reducen la capacidad de reacción del instinto. Aunque una vez que se disipan sus efectos, éste indica netamente que la sustancia ingerida crea un perjuicio a nivel biológico y psicológico. Esto se conoce como: Las resacas, pérdidas de apetito, los lapsus de memoria, la ansiedad por volver a tomarla, el trastorno del sueño, etc.
Cuando una persona modifica voluntariamente la función instintiva que rige el equilibrio biológico del organismo, ésta acarrea una complicación de la existencia. El individuo altera por medio de un abuso o mal-uso su armonía orgánica y psicológica. Este hecho, en algún instante, se transfiere a la vida cotidiana. Cuando la búsqueda y disfrute de una sensación se repite, esta actitud termina siendo una costumbre y se asienta en el subconsciente. En muchos casos, los razonamientos, sentimientos y la voluntad de volver al estado primitivo no son suficientes. Para superar una adicción, la persona precisa de una gran determinación, comprensión de sus causas reales y consecuencias; Finalmente, de ayuda externa dirigida por profesionales. Esto lo experimentan todos los sujetos afiliados a la asociación de alcohólicos anónimos y centros de rehabilitación de drogodependientes. Aun más, el peligro de volver a caer en el hábito nunca desaparece debido a que el subconsciente permanece alerta a la necesidad latente de esta sustancia en el instinto.
Los sentidos, las sensaciones y el instinto.
Asimismo, existe una gran cantidad de problemas de sobrepeso en un porcentaje creciente en la población Occidental. A pesar de las advertencias de las organizaciones de la salud, la determinación de las personas por controlar su apetito o seguir dietas, estas fracasan en su cometido. Muchas pierden peso y unos meses más tarde, lo recuperan, incluso lo aumentan. La base de estos desequilibrios reside en una carencia de conciencia y de atención cabal a cómo funciona este centro y su relación intrínseca con los sentidos y las sensaciones.
La sensación, a través de los sentidos, el gusto y apetito son alterados con facilidad por cualquier sustancia que uno ingiere y le gusta, atrae, aunque no sea adictiva. El proceso se produce porque uno lo toma reiteradamente y no presta la suficiente atención a que cada vez precisa de una cantidad mayor para alcanzar la misma satisfacción. Por ejemplo: el azúcar, el café, chocolate, etc.
Los gustos, sabores y olores[7], de igual modo que las cantidades, son culturales. Normalmente, estos se adoptan desde la infancia. Lo común es que al niño le guste y satisfaga la comida que con cariño elaboró su madre o la persona que lo crió. Al menos que ésta sea un desastre cocinando. Por dos causas:
1.        Estas comidas son las primeras que consume y el niño descubre los sabores a través de ellas.
2.        Este come todos los días, es decir, repetidamente la misma dieta. Esta sensación o sabor se registra en el instinto y, por lo tanto, en el subconsciente. El gusto del infante se familiariza a las comidas por adaptación ambiental que, en realidad, se constituye como un condicionamiento de las sensaciones.
“La importancia de la estimulación en esta fase de la infancia se pone de manifiesto en aquellos casos en que su ausencia (en niños abandonados y posteriormente adoptados, por ejemplo), provoca no ya retrasos en el desarrollo y adquisición de ciertas habilidades (del lenguaje, de aprendizaje, etcétera), sino determinados rasgos de carácter que persistirán en etapas posteriores”. (Tesina de María Eugenia Rubio. Universidad nacional de Rosario. Argentina)
El instinto de un bebé no está adaptado y, consecuentemente, reacciona de modo natural y espontáneo cuando detecta tanto un sabor intenso u olor desagradable. Poco a poco, este se adapta, lo común es que el niño rechace sabores fuertes, como el picante, lo amargo, ácido o agrió, salado y acepte o desee el sabor dulce y suave. Según el niño crece, los sabores se matizan, llega un momento que debido a la educación y experimentación se amplían. Un adulto debe ser capaz de comer aquello que le ponen en el plato. El instinto, a través del olor y sabor, indica si un alimento no se halla en estado de consumir.
A temprana edad, los niños adquieren hábitos alimenticios, sobre todo en aquello que aceptan o rechazan comer, basado en el capricho infantil. Si estos últimos no son rectificados a través de una formación inteligente quedan establecidos como manías que la misma persona adulta justifica con argumentos de todo tipo. Sin embargo, muchas de ellas son vistas por los demás como extravagancias, disparates, alimenticios que complican la existencia a la misma persona y a quien convive con ella. Incluso con el tiempo, estos hábitos inadecuados generan problemas de nutrición.
Esto conlleva a la reflexión sobre estos prejuicios que uno acarrea sobre la comida y que sustentan ciertos defectos de tipo psicológicos anclados en el instinto; Es necesario considerar la escasez de alimentos que sufre una gran parte de la humanidad y captar, humildemente, que uno en unas condiciones de vida de penuria abandonaría estos recelos alimenticios. Estos últimos se edifican por una carencia de instrucción de los sentidos, las sensaciones y una falta de necesidad real de comida.
El instinto de conservación de la vida y de supervivencia sobrepasa todos los condicionamientos y prejuicios elaborados por las experiencias sensoriales: Agradables o desagradables. En caso de extrema necesidad, el hambre impone al individuo sus propias pautas, las reglas del instinto. En estos casos, sólo los valores humanos y el auto-control guían al individuo a mantenerse digno e integro a la condición humana.
La relación entre centro instinto, sentidos y sensaciones es muy relevante en la existencia de la persona. El individuo percibe la vida a través de sus sentidos. Cuando un individuo carece de un sentido o está limitado, por ejemplo: la vista o el oído, tiene un impacto determinante en su existencia. Cada sentido proporciona una información valiosa de la realidad circundante. Las bases del conocimiento racional se establecen a partir de estos datos aportados a la mente. Si alguna vivencia, por ejemplo, dolorosa se enraíza en la memoria o el subconsciente, ésta afecta al instinto. Los sentidos crean las sensaciones que recibe la mente pero si interviene el recuerdo a nivel instintivo, éstas son falseadas y el juicio que la persona concluirá será erróneo. La interpretación de la realidad a través de unas sensaciones condicionadas por ciertas experiencias provoca errores de percepción en el sujeto. En muchas ocasiones, uno capta escenarios con sus sentidos, a partir de éstos uno piensa, razona y concluye supuestos que nada tienen que ver con la realidad. Uno se sorprende de cómo interpreta ciertos escenarios de la vida. Por ejemplo, muchas sensaciones se convierten en deseos, miedos, apegos,…
En este sentido, la meditación es una disciplina que restablece el orden y objetividad por medio de la comprensión de las sensaciones que son manipuladas por el pasado. Este tema se desarrollará más adelante por su importancia a la hora de instaurar una relación correcta y equilibrada con el mundo exterior y su influencia.
La carencia de conocimiento e instrucción sobre las sensaciones y los deseos pueden arrastrar a una persona a conductas compulsivas para la satisfacción a éstas. A las comentadas anteriormente se incluyen: El voyeurismo o mirón, la cleptomanía, ludopatía, nuevas tecnologías (móvil, Internet, video-juegos,…), etc. Todas estas pautas se inician por diferentes causas en cada individuo pero se tornan en un problema psicológico e, incluso en una patología. La desnaturalización de las sensaciones y de la misma función instintiva es una consecuencia de la búsqueda de satisfacción recurrente que se instala de modo automático. Una vez asentada acarrea una pérdida de control racional y emocional, asimismo de libertad e inteligencia práctica.
Diferencia entre el instinto y la intuición.
En muchos tratados se alude al instinto como sinónimo de intuición. Desde la perspectiva del auto-conocimiento estos son dos aspectos distintos tanto en origen como en la función que desempeñan cada uno dentro del ser humano.
La intuición se corresponde con el corazón. Esta emana de un conocimiento superior y transcendental de uno mismo y del mundo que rodea al individuo, en los últimos tiempos se denomina “Inteligencia emocional”. Este tema se ampliará cuando se profundice sobre los centros superiores del organismo. La intuición no es educada ni aprendida a través de un discurso ni puede ser impuesta. Es el resultado de un proceso de comprensión de la realidad del Hombre en sí mismo y de la adquisición de conciencia de la propia trascendencia. La intuición es la expresión de la inteligencia práctica y de los valores del corazón debidamente ejercidos como respuesta a una contingencia íntima o exterior.
En confrontación con el instinto, este último se relaciona con los principios biológicos, sistemas y respuesta programados por la propia vida para auto-mantenerse activos. Esto se ha descrito a lo largo del texto. La inteligencia de la vida o el instinto requiere ser respetado y, en el caso, que se precise ser reconducido o educado se debe recurrir a la intuición o inteligencia práctica. El discernimiento proporciona el adecuado equilibrio entre la necesidad y su satisfacción y la humanidad intrínseca que rige todo ser humano. El instinto se expresa para indicar que una comida será indigesta pero no revela que un compañero en el empleo acarreará un problema profesional. Este último conocimiento es propio de la intuición o corazonada.
Conclusión.
El estudio y equilibrio de este centro requieren de una observación sobre sí de calidad que adviene con una perseverante práctica. Esto es debido a que el centro instintivo se halla ubicado en la parte más subconsciente de la mente y para captar su acción independiente uno precisa de cierta habilidad en el manejo de la atención. Tal como se ha comentado a lo largo del texto persisten en la conducta personal pautas que se originan en esta función. Estas impregnan la personalidad, son asumidas por el sujeto de modo racional y justificadas con la propia lógica, incluso de modo sofisticado.
Por ejemplo: ciertos casos de intolerancia a la diferencia; Ataques de ira que golpean, incluso a las personas queridas; Impaciencia ante las necesidades fisiológicas que se precisan satisfacer (hambre, sed, cansancio, higiene, sexual,…); Reacciones propias del instinto que se denomina “irritabilidad (biológica)” por ser respuestas a elementos ambientales irreflexivas y automáticas que se alojan en el subconsciente. Asimismo ocurre en el ámbito psicológico y la percepción de falta de seguridad que uno vive con miedo, etcétera. Esto significa que parte de la estructura biológica causa en la psiquis inmadura una complejidad añadida en ella.
La carencia de reflexión íntima e inexperiencia del individuo propician el mal-uso o abuso de este centro que, paralelamente, precisa ser educado rectamente con un estado de atención cabal. La educación de este centro se encausa en la capacidad de la persona en controlar sus necesidades básicas y apetencias por medio de la inteligencia práctica. Por ejemplo, un niño de corta edad requiere aprender a manejar sus esfínteres para ir al cuarto de baño y abandonar los pañales. También, éste se concentra sobre sus apetencias y deseos y los padres se esfuerzan para enseñarse la moderación o renuncia, según el caso, y conductas dignas de la vida en convivencia. Esto no debería ocurrir en un adolescente o joven. Si las circunstancias lo requieren, éste precisa dominar su apetito en el caso que surge el hambre y no puede complacerlo en ese momento o cualquier deseo del instinto que sea inadecuado. Si una persona está en un buffet libre comerá lo que necesita con la moderación que le dicta el mismo instinto. Esta función observada con objetividad y la comprensión de sus carencias conlleva a la cualidad de la templanza. Una virtud propia de la sensatez que maneja debidamente la voluntad y no ejerce una represión o frustración en este centro. Con el tiempo, estas pautas represivas del instinto sin discernimiento producen problemas de tipo psicológico, como son las actitudes compulsivas anteriormente descritas.
Igualmente, sucede con el control sobre el sueño. Ciertos individuos duermen diez horas diarias y otros cinco; Unos se acuestan a las cuatro de la mañana y se levantan a los doce del mediodía de forma regular; Otros, por razones de trabajo, cumplen con turnos u horario irregular, lo que genera una pérdida de sueño o esté descompensado. De forma obligada por la situación personal o debido a una costumbre determinada por la propia satisfacción, éstas son causa o producto del mal-uso del instinto y acarreará sus efectos en algún que otro momento. En este sentido y en otros mucho más campos, la educación de este centro es indispensables para gozar de una buena salud y envejecer dilatando las reservas vitales que la sostiene. No prestarle atención al instinto es anticipar la debilidad física y el envejecimiento, deteriorar el sistema inmunitario y convertirse en una persona de riesgo a cualquier enfermedad.




[1] Esto contrasta con los demás centros: Intelectual, emocional, motor y sexual. Estos empiezan su desarrollo a diferentes momentos de la existencia del niño. La primera función en registrar actividad es la emocional, poco a poco, sigue el motor. Cuando el cerebro del niño biológicamente madura capta los fundamentos del lenguaje y comienza la facultad de hablar y pensar, finalmente, será el turno de la actividad sexual con la pubertad.
[2] Los gametos sexuales hombre-mujer son confeccionados por el sistema reproductor del cuerpo humano, donde intervienen los centros sexual e instintivo.
[3] En este tratado, el subconsciente, inconsciente e infra-consciente se consideran sinónimos. Aunque en realidad son diferentes niveles de la mente que el individuo difícilmente observa dentro de sí mismo. Esto es similar a mirar hacia abajo desde la boca de un pozo, todo está oscuro. Estos términos indican diferentes profundidades del pozo. Sólo quien dispone de una capacidad de observación desarrollada puede percibirlos directamente.
[4] De conservación o de supervivencia. Estos son innatos porque están presentes en la constitución del cuerpo del bebé.
[5] Este apartado se desarrollará más adelante. La constitución psicológica del ser humano acarrea tres factores que se despliegan a lo largo de la existencia. Un factor que es múltiple en su constitución se identifica como: Defecto o carencia de tipo psicológico y se denomina en el auto-conocimiento como “ego”. Otro factor que identifica los incipientes valores humanos y se nombra como lo esencial o la conciencia del Hombre. Y, finalmente, un vehículo psicológico de expresión adaptado en el curso de la vida que es la personalidad.
[6] Frustración, búsqueda de experiencias, sobrepasar limitaciones, evadirse de una realidad, por satisfacción personal, diversión, etc.
[7] El sabor está, en un alto porcentaje, determinado por la sensación olfativa.