lunes, 8 de enero de 2018

El estudio a la mente, introducción (La mente intermedia e interior)

El instrumento de búsqueda, que es mi propia mente, se puede pervertir, torcer, y solo mediante el conocimiento de sí mismo la mente puede ser sincera”. (J. Krishnamurti. Dichos de J. Krishnamurti. Cap. El conocimiento de sí mismo).
Introducción
El término mente intermedia surge del hecho que esta ocupa el espacio psicológico entre la mente sensual e interior. Aunque todas las funciones participan de su estructura, el centro de gravedad de sus operaciones orbita en la emoción. La mente intermedia se relaciona con el mundo de las teorías, las creencias, las hipótesis, las opiniones, las ideas, las suposiciones, etc. Todos los “conceptos abstractos e indefinidos” como son: el amor, la bondad, la maldad, el honor, la dignidad, la amistad, la responsabilidad, la voluntad, etc. Así mismo, esta aglutina todos los procesos vinculados al “mundo de lo intangible o inmaterial”, por ejemplo, Dios, la libertad, la verdad, la felicidad… Ninguno de estos conceptos abstractos se puede medir ni tampoco reproducir en un laboratorio[1]. Aunque, esto no significa que sean una fantasía. Las acciones de amor, amistad, el ejercicio de la libertad… o su carencia, son concretos y se evalúan en un sentido u otro. Sin embargo, estas obras son, ante todo, una experiencia interna que es causada por la persona que ejecuta la acción. Esto indica que se puede juzgar un acto ajeno como amistoso, por las impresiones que uno recibe, pero igualmente pudiera ser una hipocresía. La realidad de la amistad, el amor, la fe,…es una vivencia particular que se refleja en el plano físico con hechos y, más que juzgarlos, lo propio es experimentarlos con la conciencia. Sin embargo, estas relaciones con el mundo abstracto se procesan, normalmente, en la mente intermedia y se aglutinan principalmente alrededor de la dimensión afectiva. El ámbito de lo intangible no siempre se construye con una explicación racional, lógica, ni descansa sobre una base objetiva. Esto explica porqué en el terreno de las relaciones humanas se dan situaciones incomprensibles desde la perspectiva ajena como ocurre en muchas relaciones sentimentales, familiares, amistosas, etc. Cuando el ser humano se confronta con la realidad indefinida e inmaterial, la mente intermedia establece creencias, teorías, opiniones e ideas. La causa es que las impresiones no reflejan directamente esta verdad interior, esta no es tan evidente como lo son una piedra, un abrazo o una tarde soleada.
El mundo de las creencias, las teorías y las opiniones
Este apartado engloba los términos: creencia, teoría, ideología, opinión[2] y sus sinónimos, los cuales comparten rasgos comunes. Estos vocablos son muy importantes en la construcción de la mente intermedia. En la vida práctica es difícil realizar una plena diferenciación entre pensar, creer, suponer… El pensamiento se estructura con el contenido de la memoria de todo lo que uno aprendió en el curso de su existencia. En muchas ocasiones, la persona crea un discurso racional valiéndose de las ideas, creencias,… que carga en la mente. De hecho, las ideas se convierten en creencias u opiniones, las creencias en ideas o pensamientos, las suposiciones en teorías, las teorías en creencias o ideas, etc. En la mente intermedia, todos estos vocablos pueden llegar a ser sinónimos y en el lenguaje común nadie repara en la sutileza de sus definiciones en el momento de su uso. Por ejemplo: creo que Antonio es un buen aspirante al puesto. Pienso que Antonio es un buen… Supongo que… Opino que… Tengo la idea que… En teoría, Antonio… Siempre existen matices pero todas ellas afirman lo que piensa el individuo de la conveniencia de Antonio sobre el puesto. En los hechos, estas acciones intelectuales son empleadas constantemente a la hora de determinar el modo de pensar de la personalidad del sujeto.
El ser humano teoriza, cree, supone, lo que hace o deja de hacer el vecino, el cuñado, el amigo, los personajes públicos, los eventos, las situaciones, tanto en un sentido positivo como negativo. Las personas emiten opiniones con facilidad sobre los más variados temas que les importan o sienten la necesidad de hacerlo. Así mismo, ocurre con los conceptos abstractos. La mente intermedia elabora sus razonamientos, toma sus decisiones, adopta conductas, hábitos, piensa, siente y actúa de determinada forma basada en sus creencias. Sin embargo, estas últimas obran en la persona un conocimiento de la realidad relativo y sujetivo. Los posibles contenidos y significados que uno atribuye a cada concepto abstracto dependen de su propia vivencia, deseo,… en definitiva de su estado interior. Esto es debido a que ninguna idea indeterminada como por ejemplo: la “verdad”, se presenta claramente en el plano físico como un objeto tangible. De este modo, la casa en donde vivo se percibe como real, posee el valor de verdad, pero la casa no es la verdad.
El concepto abstracto siempre se atribuye a alguien o algo que lo posee. Estas realidades inmateriales son imposibles de ser captadas por sí mismas con los sentidos sino que uno las deduce por medio de qué o de quien las revela u ostenta. Por ejemplo: un tierno abrazo puede ser una prueba de amor; Albert Einstein demostró una gran inteligencia en sus postulados científicos; Madre Teresa de Calcuta desplegó en su acción una enorme compasión. En todos los casos, lo indefinido o abstracto se plasma en el plano físico, de este modo se convierte en algo específico y concreto. Esto mismo ocurre con los valores. ¿Cómo los percibe uno? A través de la intuición[3], uno advierte que el abrazo es una muestra de amor, Einstein era realmente un genio y Madre Teresa de Calcuta era una persona con numerosos valores.
Esta intuición es distinta a suponer o creer, los cuales son propios de la actividad de la mente intermedia, asimismo ocurre con la mente sensual y su propiedad de atribuir conceptos. Estas operaciones intelectuales y afectivas son edificadas por los contenidos de las propias creencias que ya se hallan depositadas en la memoria de los centros. Como muchos de estos elementos intangibles e internos no producen sensaciones concretas por sí mismos desde el exterior, entonces, estos tienden a reforzarse constantemente. Esto sucede con facilidad en los asuntos religiosos, del corazón, recuerdos vividos que marcaron la psiquis, etc. En la mayoría de los casos, estas deducciones o teorías no aciertan a comprender la realidad sino que “proyectan una aparente” que al sujeto le conviene ver, creer o no puede controlar.
Por ejemplo, la ternura es una manifestación concreta de una persona hacia otra. En principio, esta expresión se identifica con el amor. No obstante, ¿puede uno afirmar rotundamente que en ese momento esa muestra de afecto es amor? La manifestación es real, tangible, uno la percibe. Pero, ¿es realmente amor? Pudiera ser una estrategia o una maniobra para conseguir un propósito que se aleja del amor y, por lo tanto, sea una falsedad en el terreno de los sentimientos. Incluso, pudiera ocurrir que este sujeto, en ese instante, sea sincero con su expresión y no perciba un auto-engaño provocado por una identificación con un agregado psicológico. En consecuencia, el abrazo correspondería a la manifestación de un temor, una dependencia, un deseo pero no sería exclusivamente amor y este estaría adulterado.
Etimológicamente, creencia proviene del latín del verbo “credere”, que significa “confiar en, poner el ánimo” y “entia” expresa actividad, cualidad de un agente. En el diccionario, se hallan distintas definiciones de creencia: idea o pensamiento que se asume como verdadero; firme asentimiento y conformidad con algo; completo crédito que se presta a un hecho o una noticia como seguros o ciertos. Asimismo, desde la perspectiva religiosa, creencia implica una doctrina que reconoce una relación con la divinidad (un dios o varios dioses)[4].
Básicamente creer significa dar por cierto algo, sin poseer evidencias de ello". (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: creencia).
Las creencias se hallan presentes en todos los ámbitos de la existencia y son de diferentes tipos: religiosas, políticas, filosóficas, seudocientíficas, históricas, populares,... Los credos son los fundamentos mentales que sostienen las religiones. Todas las personas que practican una doctrina o creen en unos dogmas los depositan en la mente intermedia y se ligan a un contexto emocional.
Estas creencias se arraigan en la parte profunda de la psiquis como en la personalidad. Estas son inculcadas o asimiladas desde la más tierna infancia por medio de vivencias con los progenitores, los preceptores religiosos, los ambientes sociales y culturales, la propaganda religiosa. Estas convicciones o teorías no son racionales aunque gocen de una estructura intelectual para sostenerlas. Cualquier tipo de creencia interfiere de alguna manera en muchas cuestiones de la vida práctica. Tanto las creencias como las teorías, las opiniones, etc. originan una distorsión cognitiva que afecta a cómo el individuo percibe la realidad; son predisposiciones a una “no correcta transformación de impresiones”. Desde el conocimiento de sí, toda creencia es un perjuicio cognitivo debido a que esta restringe a la conciencia evidenciar por sí misma tanto la realidad interior como los hechos. El alumno precisa discernir entre el creer y el saber o conocer puesto que son dos acciones cognitivas distintas.
El auto-conocimiento define saber (sabiduría) como aquel que se elabora a través de la experiencia directa y la conciencia lo asimila como una aprehensión de la verdad. Esta comprensión goza de múltiples niveles. En efecto, esta es relativa, pero esto no significa que en su escala gradual de mayor o menor aprehensión de la realidad sea contradictoria o incoherente. Los centros superiores son las funciones que conforman este saber que proviene de la vivencia consciente de lo Real que se define abstracto como lo es el amor. La intuición, inspiración o imaginación son los vehículos más apropiados para advertir el plano psicológico; el cual es intangible a los sentidos y la mente intermedia reconoce pero no entiende en profundidad. La aprehensión por la conciencia de sus propios estados junto a la comprensión de las experiencias y las actitudes de los distintos centros se deposita en la mente interior.
La ciencia establece verdades que son modificadas por descubrimientos posteriores, sus aplicaciones moldean el diario vivir y explican parte de nuestra realidad. No obstante, desde la perspectiva de lo Real, gran parte de sus verdades son provisionales. En este sentido, el conocimiento científico precisa ser prudente aunque goce de rotundas evidencias. En contraste, en su gran mayoría, las creencias son prejuicios, proposiciones elaboradas por el interés, la ignorancia o el temor. Una tarea indispensable del estudiante sobre la mente intermedia es “el estado de presencia” a estas creencias, opiniones, ideología, etc., en el momento que surgen en la vida cotidiana. Su descubrimiento permitirá una revisión de las mismas y sobre qué elementos psicológicos se cimientan, confrontarlas a la evidencia que revelan los hechos.
La conciencia no precisa el apoyo de creencias o dogmas para percibir lo real. Es necesario recordar que esta cualidad es una vía de conocimiento de la verdad que se procesa en el instante, independiente de la mente. La naturaleza del ser humano ha previsto este órgano psicológico de comprensión integral, objetiva y concreta. Esta facultad se halla depositada en la Esencia. Del mismo modo que la naturaleza humana ha concebido unos ojos para ver, unos oídos para escuchar… Una mente para elaborar pensamientos, sentimientos, apetitos, etc. por medio de los sentidos y las funciones del organismo. La conciencia es la que sabe y conoce la realidad de modo universal.
Platón ya enseñaba en su doctrina que existían dos tipos de conocimientos:
Ø  El saber de lo sensible (sentidos): que estructura las opiniones, creencias, teorías,… correspondientes al mundo tangible y considerado subjetivo. Producto de una transformación mecánica de las impresiones y que se constituye a través de las apariencias. Esta instrucción está recogida en el Mito de la Caverna.
Ø  El saber inteligible o verdadero (conciencia): que corresponde al conocimiento de la esencia de las cosas, objetivo y de la verdad de las ideas universales. Por ejemplo, las matemáticas, la justicia, el amor, la libertad, la belleza, etc. Implica una correcta transformación de las impresiones.
Mi dictamen es, que continuemos llamando ciencia o sabiduría a la primera y más perfecta manera de conocer; conocimiento razonado a la segunda; creencia a la tercera; conjetura a la cuarta; comprendiendo las dos últimas bajo el nombre de opinión, y las dos primeras bajo el de inteligencia; de suerte que lo perecedero sea el objeto de la opinión, y lo permanente el de la inteligencia”. (Platón. La república. Libro VII).
Platón ilustró con su filosofía que si uno fija la atención y concentra su mente en las impresiones transitorias de modo general no capta las causas de los eventos. La persona establece creencias y opiniones porque son una apariencia y, en consecuencia, inconsistentes con lo Real. Lo perecedero determina una forma errónea y superficial de advertir los hechos y un conocimiento falso de la realidad. Recordar que la Tierra gira alrededor del Sol pero, desde el lugar donde uno se halla, la información que recogen los sentidos es contraria a la realidad.
El ámbito de los conceptos abstractos e indefinidos
El amor es como un fuego que transforma nuestro corazón humano, vivo, que nos ayuda a amar a los demás y al Ser único si vamos subiendo en la línea del amor”. (Vicente Ferrer. El encuentro con la realidad. Cap. El amor).
Para comprender cómo funciona la mente intermedia y cómo se relaciona con los conceptos abstractos e indefinidos se comenta a continuación diferentes aspectos del amor. Este último puede ser expresado en diversos frentes o ámbitos en las relaciones humanas:
Ø      El amor filial, fraternal, paternal o maternal.
Ø      Las relaciones de amor sentimental, romántico, de las parejas.
Ø      La amistad, el amor que se despliega por los amigos.
Ø      La vocación que es amor por la profesión o actividad que uno realiza.
Ø      La práctica espiritual, el amor a Dios, el que se consagra en las órdenes religiosas.
Ø      El amor al prójimo.
Ø      La sensibilidad y el amor por la naturaleza y los animales.
Ø      El amor al arte, a la patria, a una afición, etc.
Todo ser humano posee su “idea” sobre todas estas expresiones del amor. Cada individuo cree saber en función de sus experiencias y los conocimientos adquiridos qué es el amor. Piensa conocer sus propiedades y discernir aquellas que no lo son. Sobre todo detecta todas aquellas actitudes que observa en los demás y que él considera que no son propias del amor. Sin embargo, en muchas ocasiones, la experiencia cotidiana asombra de cómo esta intención de amar se aleja de sus raíces y valores más elementales.
Por ejemplo, ciertas personas sienten celos y maltratan a sus parejas; estos lo hacen, dicen ellos, porque la aman. Así mismo, se forman matrimonios basados en el amor y el respeto pero después de unos años de rutina se sienten indiferentes el uno del otro. En otros casos, las parejas que se unen con ilusión, tienen hijos, sobrepasan dificultades, sin embargo, con la convivencia terminan en la incomprensión y el enfrentamiento.
Existen muchos núcleos familiares donde los padres e hijos se quieren, no obstante, no son felices juntos, no se entienden, ni se toleran, etc. Se dan casos de hermanos que de pequeños se adoraban después surgen disputas, durante veinte o treinta años no se hablan, se envidian, son incapaces de sobrepasar sus diferencias; otros entran en conflicto por asuntos de herencias, etc.
En el ámbito de la amistad, uno observa situaciones contradictorias. Amigos que se aprecian, más tarde, se enojan, se sienten traicionados, se hacen sufrir, se critican, se ignoran. Se crean amistades entre personas que solo tienen en común la enemistad hacia otro sujeto, se forman alianzas amistosas interesadas para alcanzar objetivos o beneficios comunes.
Con las religiones sucede exactamente lo mismo tanto en el cristianismo como en el Islam. Estas tradiciones mayoritarias preconizan el amor entre los seres humanos y muchos de sus afiliados lo anhelan sinceramente. No obstante, uno constata, a través de los siglos de su existencia, que esta realidad es muy cuestionable, sobre todo cuando la ceguera del fanatismo se halla presente.
Todas estas cuestiones plantean una reflexión sobre qué causa y cómo se establecen los distintos tipos de amor en la psiquis. Estos ejemplos muy extendidos en la convivencia entre personas reflejan que este concepto abstracto conocido como el amor no es una facultad sencilla de concretar. En muchos de estos casos, se observa que el individuo práctica y vive el “amor que debería ser pero que no es”. Los seres humanos experimentan grandes dificultades en sobrepasar las pruebas y los retos que la misma existencia coloca en el camino de los sentimientos hacia los demás. Muchas actitudes se justifican en el nombre del amor que son añadidos psicológicos que lo empobrecen como son: celos, apegos, temores, ilusiones, dependencias. En consecuencia, el sujeto con buena voluntad anhela expresar el amor con todos sus valores pero es incapaz de llevarlo a la práctica. Carece de comprensión y de conciencia de Ser. El amor es una fuerza desconocida para el individuo que precisa canalizarse con la madurez que la conciencia adquiere a través de su propia experiencia. El amor emancipa el alma y cuando uno quiere plegarlo a sus deseos desaparece de nuestro corazón.
Esta energía universal que se describe como “Amor” es aprehendida por medio de la experiencia directa y personal; su raíz se halla más allá de la mente y es incomprensible por esta. Es una expresión de la Esencia cuando vibran los valores del corazón y se despliega de plano en plano hasta concretarse en una acción. Este florecimiento del amor consciente se manifiesta en la realidad física de modo objetivo, es una luz que irradia a todos por igual.
El amor, por lo tanto, es una de las cualidades que animan al sujeto a ser mejor persona. Esta virtud es inspiración hacia la práctica de valores humanos. El “amor que debería ser” es una guía para aprender a compartir con los demás: familia, pareja, amigos,… los principios que emanan del Ser como son: equilibrio, felicidad, bienestar, paz, verdad, libertad. Sin embargo, uno acarrea múltiples modos de pensar, sentir y actuar en la mente intermedia que nos alejan de todos estos principios y valores. La consecuencia es que uno, ante esta cualidad abstracta e indefinida, se halla cada vez más indiferente y distanciado. En muchas ocasiones para las personas, el amor es deseo, sumisión, apego, sufrimiento. El estudiante precisa revisar en la vida diaria su conducta, sus modelos de razonar y sentir el amor. Estar presente a esta expresión que emana de su propia Esencia pero que se adultera con agregados psicológicos y diversos roles de la personalidad. Aprender a extraer de cada escenario las manifestaciones que no son dignas del amor, lo enturbian y que son propias del egocentrismo y la carencia de madurez interior.
Contraste entre creencia y fe
Aquellos en quienes la creencia en Dios es puramente intelectual se jactan con despreocupación de haberse curado de toda sombra de duda. Bien anclados en sus convicciones, se aferran resueltamente a ellas. A sus ojos, los ateos son escépticos por naturaleza, y los hombres cuyas ideas difieren de las suyas no son sino impíos, heréticos o infieles. ¡Cuántas divisiones, hostilidades y conflictos, cuán ingentes número de represiones y persecuciones ha engendrado semejante actitud en el mundo!”. (R. Tagore. La morada de la paz. Cap. Dudas e interrogantes).
Esta mente intermedia se halla en el centro de las creencias y de los dogmatismos ideológicos y religiosos.
El mundo espiritual es abstracto e intangible. Estas tradiciones elaboran credos y moldes que deben practicarse para alcanzar el “Bien” que dicha creencia promete. En principio, este Bien es Dios. La vocación religiosa que un sujeto experimenta es amor por Dios. Así mismo, puede fundamentarse en una búsqueda de Verdad última que se identifica igualmente con la divinidad. Este amor se origina por diversas vías: necesidad o inquietud interior, atender una voz o sentir una llamada, conveniencia, imitación, idealismo, etc. El amor por Dios que observan las personas religiosas implica un modo de pensar y sentir elaborado bajo la influencia de los modelos de sus respectivos credos. Esto es lo que ocurre con el Catolicismo, Islamismo, Judaísmo, Budismo, Hinduismo, etc. De este modo, si el individuo no preserva su “discernimiento”, el mismo credo lo condiciona a pensar y sentir a Dios de una manera particular que no se fundamenta en su propia conciencia. Esto convierte una doctrina o una enseñanza tal como se presenta en los libros sagrados[5] en una fuente de dogmas y pautas del comportamiento. Estas creencias se establecen en la mente intermedia y atraen en menor o mayor medida el dogmatismo y el fanatismo religioso.
Desde el autoconocimiento, esto se define como fe ciega. Todo lo que se vincula a la Esencia no se inhibe de la conciencia. Esencia y conciencia son una unidad. Cuando una persona se identifica con un proceso psicológico desaparecen de la escena tanto la Esencia como la conciencia. Si un ego embotella un porcentaje de Esencia, en esa misma proporción se atrapa la conciencia.
¿Qué implica está paridad? El amor por Dios, tal como ocurre con las demás expresiones del amor no se aleja de los valores humanos ni de los principios ontológicos. El amor en cualquiera de sus manifestaciones es una cualidad abstracta, indefinida, inmaterial e intangible pero igualmente anímica y universal. Todos los seres humanos disfrutan en su Esencia de la semilla del amor que precisa emanciparse y dar fruto. La conciencia es la guía de este amor para desplegar todos sus principios y atributos. Para diferenciarla de la fe ciega, esta última se denomina “fe consciente”. Tal como enseña Vicente Ferrer[6], el ser humano ya posee en su corazón un evangelio universal que es descubierto por quien se molesta en buscarlo en su interior. Como se explicó anteriormente, creer es una actividad mental desprovista de la presencia del principio inteligente, el cual proporciona el discernimiento y el contraste cabal con los hechos. En consecuencia, la fe verdadera acarrea todas y cada una de las propiedades de la conciencia porque es el resultado de su actividad. Uno adquiere fe cuando hay experiencia directa, personal y objetiva, en este caso de los asuntos espirituales como pudiera ser de cualquier otro. La fe consciente es “conocimiento propio de la Verdad”.
Esta capacidad de aprehender la realidad interior evita actitudes hipócritas o fariseas que se determinan por pertenecer a un credo o una ideología que no se práctica ni se comprende realmente.
Desafortunadamente existe siempre la tendencia general a confundir la creencia con la fe. Aunque parezca paradójico enfatizaremos lo siguiente: el que tiene fe verdadera no necesita creer". (La gran rebelión. Cap. Las tres mentes).
La vivencia consciente fundamenta la comprensión de la naturaleza de lo aprehendido por uno mismo. Este proceso cognitivo sobrepasa en esencia y forma el adquirido por el intelecto o la emoción a través de los sentidos. Por esta causa, creencia se deposita en la mente intermedia y la fe auténtica en la mente interior. La experiencia consciente se produce por la vía de los centros superiores, es inspiración. Esta aprehensión natural y espontánea origina una huella profunda, íntima y enseña una dimensión desconocida de lo experimentado. Es un descubrimiento de una Verdad en ese instante. Este tipo de intuición es inmediata. La conciencia percibe la causa o esencia de este concepto abstracto e indefinido cuando emana de su propia fuente. Ya sea este el amor o alguna cuestión relacionada con Dios. En efecto, esta experiencia inunda de felicidad y libera a quien la vive del dualismo mental. El individuo concreta tolerancia, compasión y dignidad. El amor no se desconecta de la verdad de los hechos ni de sus fundamentos y debido a este principio acarrea sabiduría.
Os contaré lo poco que sé, en la medida en que puedo razonarlo, pero respecto a lo que no sé, os repetiré lo que dicen los libros. Es incorrecto creer ciegamente. Se debe usar la propia razón y juicio; se debe practicar para ver si estas cosas suceden o no. El estudio de esta religión se debe abordar igual que se hace con cualquier otra ciencia”. (Swami Vivekananda. Las obras completas de Swami Vivekananda. Vol. 1. Raja-Yoga. Cap. Introducción).
La creencia se opone diametralmente a lo anterior, esta se establece y refuerza por la actividad de la mente que deduce lo que vive y procede de los sentidos. La naturaleza y las características del dogma encierran la mente en sí misma. La causa de esta realidad es que la creencia se establece como una verdad en la propia mente, es un prejuicio y una predisposición a interpretar los hechos, cualquiera que sean estos. Por lo que, las impresiones no son observadas con una “mente receptiva”, ni con un estado de presencia para captar la verdad que encierran. La mente condicionada por el dogma transforma las impresiones según dictamina el prejuicio, oscurece e invalida la realidad que pudieran revelar.
Este repliegue mental se moldea a través de la vivencia recurrente y adopta la dualidad en su constitución. Esto significa que una creencia acepta algo que, por el otro extremo, rechaza, no es integradora. El proceso mental se instaura de la siguiente manera: “mi credo es la verdad, por consiguiente, otra doctrina es falsedad[7].
Por lo general, el hombre divide a la humanidad en dos bloques: por un lado, la comunidad a la que él adhiere y, por otro, el resto de la gente. En su propio campo, se apropia del Señor, le considera su bien exclusivo y a ello se atiene, satisfecho, sin reflexionar más allá sobre la cuestión ni cuestionarse su elección”. (R. Tagore. La morada de la paz. Cap. Dudas e interrogantes).
En consecuencia, el creyente se muestra incomprensivo hacia todos aquellos que no comparten sus opiniones religiosas. Si la discrepancia es un hábito, la persona se torna intolerante, una de las características más comunes del fanatismo. Esto es debido en el ámbito psicológico a que la persona entra en un estado de fascinación. La mente intermedia a través de las creencias facilita al devoto religioso la hipnosis que ciega su sentido común y su propia conciencia. Existen muchos ejemplos en todos los ámbitos, pero se acentúa con más virulencia en los asuntos espirituales e ideológicos. A través de la Historia, existen múltiples casos de intolerancia religiosa debido a la práctica de una devoción dominada por la mente intermedia.
La antigua Roma siempre fue permisiva con los demás cultos. Los romanos adoptaron en todo el imperio y en la misma ciudad eterna, religiones de civilizaciones ajenas. Fue el caso de la mitología griega, los templos erigidos en honor a Isis y Osiris de Egipto, los mitreos dedicados al dios Mitras Persa, los cultos ejercidos a la diosa Cibeles frigia[8], etc. No obstante, en el periodo imperial, oficialmente, se consideró al emperador una divinidad y se le rendía culto, del mismo modo que se hacía con el Faraón en Egipto. Aunque, este era más bien un culto orientado al poder político más que personal como elemento unificador. Los habitantes del imperio debían respeto a este estatus del mandatario de Roma y mostrar un signo de adoración ante sus estatuas como, por ejemplo, inclinarse o doblar la rodilla. Los cristianos, considerando que no había más Dios que el suyo, rehusaron hacerlo[9]. Esto último junto a otras cuestiones se interpretó como una rebelión contra Roma y los distintos emperadores promulgaron su persecución. El fanatismo de la nueva iglesia junto a la intolerancia de los romanos acarreó una gran oleada de victimas y sufrimientos durante más de cuatro siglos. Este modelo se ha repetido en múltiples ocasiones en la historia de la humanidad. Cuando el imperio romano adoptó el culto católico, fueron estos últimos los que combatieron a los paganos y destruyeron sus templos hasta que estos fueron eliminados o se convirtieron.
“En 532, Juan Asiaco, monje integrista y fanático que cuenta con la bendición del emperador, organiza una cruzada contra lo que queda de los maltrechos paganos de Asia Menor. A base de mucha sangre, "cristianiza" Frigia, Caria, y Lidia. 99 iglesias y 12 monasterios son construidos sobre templos paganos destruidos. En 546, Juan Asiaco condena a muerte en Constantinopla a cientos de paganos”. (Metapedia. Clave: persecución de los paganos en la Roma Antigua).
En la Edad Media, la iglesia católica estableció el canon religioso que los fieles debían acatar y si alguien mostró algún tipo de iniciativa fuera de él fue víctima de la inquisición.[10] En diversas ocasiones, la iglesia proclamó la persecución de judíos en toda Europa, igualmente, acabaron con los Cátaros, Templarios, etc. Cuando apareció, el Islam surgieron las guerras de religiones y la lucha por su influencia tanto de culto como política en los diferentes pueblos de la Tierra. La aparición de los protestantes dentro del seno católico fue otro episodio de conflictos cruentos.
En diversas latitudes hasta ahora se ha continuado a verter sangre en nombre de Dios o para eliminarlo de las mentes de los fieles. Sin embargo, tanto las creencias como las ideologías son las que elaboran el argumento y la justificación para ejecutar todo tipo de barbaridades contra el ser humano[11].
Opuestamente, existen ejemplos de religiosos que vivieron directamente por sí mismos la doctrina de sus cultos y su amor a Dios se edificó sobre la fe consciente. Estos abandonaron las creencias depositadas en la mente intermedia. Sus experiencias reforzaron la vocación sobre una “base real, propia y consciente” de lo qué es el mundo espiritual, más allá de lo que decían los demás, escribían o querían imponer. Esta fe consciente les aportó “tolerancia y comprensión” tanto por aquellos que la entienden de modo dogmático como hacia otras confesiones. Esto explica como muchos místicos fueron perseguidos por los ortodoxos religiosos de su culto y, a pesar de las dificultades, dieron un testimonio de una realidad espiritual interior objetiva. Despertaron la verdadera naturaleza del Amor que dormía en sus propias almas por todo lo creado.
Mi corazón se ha hecho capaz de adoptar todas las formas. Es pasto de gacelas, y convento de monjes cristianos, y templo de los ídolos, y la Ka’aba de los peregrinos, y las Tablas de la Ley, y el Libro del Corán. Yo milito en la religión del amor, cualquiera que sea el sendero que recorran las caravanas”. (Místico español sufí Ibn Arabí).
Al final del tema se exponen algunos escritos de Mujeres y Hombres místicos que desarrollaron la fe consciente en sus prácticas religiosas. Estos aportan una visión muy diferente de la que proviene de la mente intermedia, lejos de declaraciones de herejía, persecuciones, terrorismo religioso y demás fanatismos intolerantes.
La mente intermedia y las ideologías[12]
No es la conciencia del hombre la que determina su Ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”. [13] (Karl Marx. Contribución a la crítica de la economía política. Prólogo).
Las ideologías nacen en el seno de la mente intermedia y son otro ejemplo que contribuye a reforzarla, las hay de diversos tipos: políticas, económicas, reformistas, revolucionarias, reaccionarias, sociales, ecológicas, etc.[14]
No hay que confundir una ideología con una filosofía, aunque la primera recoja ciertas ideas de la segunda y se asimile a ella para su propaganda. De modo que la ideología origina una versión simplificada, deformada e interesada de la filosofía que instrumentaliza hacia una acción en beneficio de sí misma.
Una ideología es un conjunto de percepciones, emociones, ideas y creencias más o menos compatibles entre sí que concentra a un colectivo de personas que la asume. Muchas de ellas forman un movimiento o una escuela que las identifica. Un grupo ideológico se caracteriza por concebir un modelo de percibir, pensar y sentir los hechos y, por lo tanto, interpretarlos según la base de su propio ideario. Los miembros que lo constituyen comparten amplia y voluntariamente este conjunto de significados que atribuyen a la realidad y determinan una actitud ante ella. Esto proporciona un elemento de cohesión, una imagen y una identidad a quien pertenece a estos colectivos. Toda ideología prevalece sobre el interés personal, se centra en el conjunto y, tal como ocurre con las creencias, asume el programa de sus convicciones como una verdad en sí misma. Muchas de ellas por distanciarse considerablemente de la realidad se convierten en utopías.
Ahora bien, la ideología lo que ocasiona son falsas creencias que mantienen la interpretación o justificación previa tal como estaba en el imaginario individual y colectivo, independientemente de las circunstancias reales”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: ideología).
Toda corriente ideológica se divide en dos procesos:
Ø  El individuo que las asume elabora una crítica de la realidad o sistema vigente de la sociedad donde se detectan unos responsables. Estos últimos pueden ser entidades estatales, situaciones existentes o colectivos privados. Esta representación de la realidad se efectúa según sus propios parámetros, valores y circunstancias.
Ø Paralelamente, este idealiza un “sistema y realidad superior” como solución al planteamiento anterior y cómo alcanzarla a través de una organización y una estrategia definida de acciones. En este apartado, la ideología propone una alternativa en el orden social, económico, político,… según el propósito de esta.
Cuadro de texto: “La mente interior funciona estrictamente con los datos de la conciencia”. (Samael Aun Weor)

La primera parte del análisis se realiza a través de la mente sensual. El sujeto fundamenta sus razonamientos y sentimientos sobre las impresiones que recibe y atribuye a estas las causas que justifican y aseveran la realidad de su discurso. Sus partidarios resaltan errores, elementos indignos, desigualdades, injusticias, etc. del modelo que juzgan. En la mayoría de los casos, estos argumentos no se desligan del interés o de la situación personal. Esto acarrea un grado de subjetividad en el momento de examinar las circunstancias. Las ideologías tratan de observar las impresiones a través de los filtros de sus ideas y ajustan la vida en estos moldes elaborados por sus deseos y frustraciones. En todas ellas existe un alto grado de egocentrismo, aunque el discurso utilizado sea envuelto en el bien común.
La segunda parte del proceso continúa con la mente intermedia. Esto es debido a que intervienen las teorías, los prejuicios y los deseos en la confección de los planteamientos de los remedios y de cómo alcanzarlos. Una ideología considera el nuevo orden que anhela establecer como una estructura estática donde se hallan todas las soluciones a los desordenes anteriores: sociales, laborales, económicos, políticos,... De este modo, estos movimientos ideológicos se hacen dogmáticos, se cierran sobre sí mismos y no aceptan influencias ajenas. Estos tienen ideas “a priori”, preestablecidas de antemano para encajar los diferentes aspectos organizativos de la sociedad. Por esta causa, la práctica de la ideología restringe el libre albedrío, la iniciativa y la creatividad de las personas a las que supuestamente protege de la desigualdad, injusticia y el desorden. En la práctica, las doctrinas ideológicas pretenden doblegar los eventos, la conciencia y, finalmente, la libertad de las mujeres y los hombres a sus postulados.
Una de las características de toda estructura ideológica es que su acción se apoya sobre la actitud gregaria[15], siempre cuentan con la participación de un colectivo. Cuanto más numerosos son sus seguidores, más relevancia se confiere a su doctrina, aunque esta no sea objetiva ni esté en consonancia con los hechos ni sea una solución realista. La necesidad del grupo es indispensable puesto que estos movimientos buscan soluciones personales a su situación por medio de la movilización de masas.
La ideología se convierte en un medio práctico que habilita a la vez la aprobación de las mayorías, su sometimiento, la auto-justificación de conductas y el error de los oponentes, aunque el conjunto de ideas no respondan a la realidad, al interés genuino de la población ni al bien común”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: ideología).
Otro rasgo que identifica a las ideologías es la estrategia, la cual marca unas directrices para alcanzar sus propósitos. Esto puede observarse en los asuntos de propaganda, comunicación, actos, declaraciones, etc. de todos estos movimientos. La acción ideológica implica unas pautas preestablecidas donde la espontaneidad, la naturalidad del momento y la iniciativa de la conciencia quedan sin espacio. Esta necesidad de coordinación refuerza considerablemente las actitudes mentales de los núcleos encargados de la toma de decisiones. En muchos casos, este contexto de identificación con el fin deseado conlleva que no siempre la estrategia se subordina a la ideología sino que ambas se confunden. Los complejos entramados concebidos entre estrategia e ideología acarrean un detrimento del sentido común ante los hechos y de los valores humanos. Cuando ambas son más importantes que el individuo en sí y se sacrifica su libertad y dignidad, esta adquiere un matiz totalitario. Este suele aumentar si cuenta con una estructura de poder. Las ideologías complican las situaciones que anhelan resolver, las relaciones humanas y el entendimiento entre las personas. Esta realidad se comprueba continuamente en los ámbitos políticos de todas las latitudes. Tal como se experimentó en el pasado, la estrategia exige sacrificios de la verdad; manipulación de los hechos; una táctica en las acciones que se emprenden; consignas internas; un lenguaje lleno de lemas, adornado, retórico,… Los representantes de todo ideario son los herederos de los antiguos “sofistas[16] de la época clásica.
Las ideologías son actitudes mentales, tanto de la mente sensual como de la mente intermedia, que obstruyen el libre fluir de la existencia. Los hechos son los que marcan la realidad de la vida humana. Los eventos reflejan necesidades, carencias, defectos, mejoras posibles,… tanto en el ámbito individual como colectivo de un sistema, sea este económico, político, social, laboral, etc. Cuando la conciencia del individuo aprehende las causas de los hechos y sus consecuencias, este no precisa observarlos con una idea o una creencia determinada en la mente. El auto-conocimiento enseña que lo adecuado para una percepción objetiva de la realidad es preservar la auto-conciencia y la mente receptiva. Sin embargo, si la persona contempla un hecho con una idea preconcebida, esta última se convierte en una vía de identificación y en un perjuicio.
Esto indica que las ideologías no son una guía objetiva para solucionar dificultades, conflictos o desequilibrios de cualquier índole, sean estos pequeños o grandes. Los problemas son hechos y su resolución, si existe, está encerrada en ellos. Más que ideas, las personas con responsabilidades tanto individuales como colectivas necesitan “inspiración”. No existe mejor idea que actuar según la intuición del instante que emerge de los hechos.
“La acción une a los hombres. Las ideologías suelen separarlos. La acción te empuja a coger el arado con los demás, y enseguida haces amigos. En cambio, es imposible que todos los hombres se pongan de acuerdo en el terreno de las ideas. Al hablar de espiritualidad e ideologías fácilmente creamos diferencias y controversias”. (Vicente Ferrer. El encuentro con la realidad. Cap. La acción buena).
Un distintivo de quien incorporan la lógica de una ideología racional y correctamente construida radica en su dificultad de preservar el discernimiento, la objetividad y la autonomía ante los hechos. Esto ocurre debido a que el afiliado que la asume, primero se identifica con ella. Este proceso puede llegar hasta la hipnosis de la conciencia. La persona se liga emocionalmente a las ideas, las hace propias y tienden a tomar posiciones fanáticas. Las ideologías se fundamentan en parte en una realidad y en parte en una ilusión o fantasía. La parte ficticia corresponde al porvenir, a lo que se conseguirá con la aplicación o la imposición de esta y en la eficacia de sus objetivos.
Hasta ahora, toda ideología que se ha llevado a la práctica ha minimizado sus fracasos y focalizado su atención sobre sus éxitos. Los colectivos ideológicos, tal como se experimentó a lo largo del siglo XIX y XX, tienden hacia el totalitarismo y el dogmatismo. Por ejemplo, los sistemas comunistas implantados en las diversas latitudes del planeta; los regímenes fascistas, los proteccionismos, los nacionalismos, etc. La mayoría de ellos acabaron en una ruina y propiciaron desigualdades, injusticias, sufrimientos y miserias al género humano[17]. Situaciones que, en principio, buscaban combatir y solucionar, pero que acentuaron a través de sus postulados y acciones dogmáticas. Otras desaparecieron o están en vía de hacerlo. Esto incita a una reflexión tanto individual como en el ámbito de la sociedad en su conjunto sobre la conveniencia de colocar el foco de atención en la mente intermedia. El ser humano evitaría una gran cantidad de sufrimientos, desengaños, desdichas, miserias,… si se ocupará de ser auto-conciente y sortear las trampas de la ignorancia.
La sociedad contemporánea se halla inmersa en ideologías y creencias de todo tipo, siendo esto un signo de diversidad y de buena salud de una civilización. Cada individuo es libre de pensar, sentir y afiliarse a cualquier doctrina, ya sea religiosa o ideológica. No obstante, toda acción individual o colectiva inspirada por estas últimas precisa fundamentarse en el respeto, la libertad y la dignidad de las personas con las que conviven.
Cuando uno reflexiona sobre los hechos comprende que uno no precisa recurrir a ningún patrón asociado a una ideología para expresar su sentido de humanidad en cualquiera de sus aspectos elementales. No se necesita adoptar los modelos del liberalismo para respetar la libertad de los demás y el derecho a la propiedad privada. Uno no requiere afiliarse al ideario comunista para compartir con los demás en la medida de sus posibilidades y ser sensible con las necesidades ajenas. Uno no necesita asumir la ideología nacionalista para amar lo que es propio y protegerlo a través de la práctica de sus costumbres y tradiciones. Porque desde la conciencia, toda expresión humanista es apreciable por sí misma, tanto la propia como la ajena y absorber la diferencia es siempre signo de riqueza cultural. De este modo, la persona ejerce una mente incluyente.
Por otro lado, la sociedad Occidental mantiene el capitalismo y el mercantilismo cómo una ideología inquebrantable. Si esta se obstina en no atender la realidad de las condiciones de vida del ciudadano se cegará ante los desequilibrios que produce. Esto acarrea reacciones de la población que acudirán escépticos a alternativas más extremas y, por lo tanto, más ideológicas y populistas, es decir, más dogmáticas. Toda ideología excluyente está condenada al fracaso porque la existencia no puede englobarse en ella. La vida es mucho más compleja que un recetario de formulas que pretende abarcar y encajar tanto todos los eventos posibles como todas las aptitudes humanas. La ideología es un patrón mental que ambiciona sustituir a la inteligencia práctica, la conciencia. Todas las ideologías y creencias disfrutan de una mente exclusiva.
La ideología se consideró como una “escisión de la conciencia” que produce la alienación. Bien sea esta considerada como meramente dialéctica del pensamiento en el idealismo de Hegel o dialéctica material en el materialismo de Marx”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: ideología).
Las creencias seudo-científicas. Ejemplo: La teoría de la evolución
La manipulación en los ámbitos espiritualistas de la “teoría de la evolución” descrita por Charles Darwin se ha convertido en la mente de muchas personas en un dogma incuestionable. Este apartado reflexiona sobre cómo la mente intermedia recompone cierta información científica, la transforma para acreditar una creencia y presentarla como una realidad.
El término de evolución se define en el diccionario RAE como: “Serie de transformaciones continuas que va experimentando la naturaleza y los seres que la componen; proceso de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones”. Esta definición de evolución no comporta en sí misma la idea de mejora, progreso, avance, desarrollo, bienestar, etc. tal como siempre es asimilada en un sentido positivo exclusivo.
Ciertamente, la “selección natural” de las especies debido a un proceso de adaptación al medio es una cuestión ampliamente comprobada en distintos apartados científicos. Como C. Darwin explica, la naturaleza selecciona los individuos de una especie que mejor trascienden los cambios que en ella se produce. Así mismo, hay que considerar por las mismas causas que los sujetos incapaces de sobrepasar los retos que la naturaleza les exige son perjudicados y sufren un declive natural. Entonces ante un mismo hecho se instalan dos procesos antagónicos:
Ø Individuos que se adaptan positiva y relativamente a las fluctuaciones del medio, evolucionan, progresan y se proyectan en la siguiente generación. Estos individuos no forzosamente se amoldan todos en una dirección única. Por tanto, ante una presión selectiva del entorno, una especie puede adaptarse a través de diversas vías y surgir dos o más subespecies.
Ø  Opuestamente, sujetos que no responden adecuadamente, lo hacen de modo negativo o en su propio perjuicio ante los cambios naturales, sufren un retroceso en sus posibilidades de subsistir. En consecuencia, con el paso del tiempo desaparecen con los rigores de esta alteración natural. En efecto, estos se empobrecen y entran en decadencia, a este proceso se le llama involución; es decir, no progresan, ni avanzan ni se desarrollan.
En conclusión, no todos los componentes progresan según las leyes de la naturaleza sino que ciertos individuos evolucionan y otros involucionan. Esto significa que asumir la vida como un proceso de una única dirección, ascendente e imparable o eterno para toda la especie carece de rigor con respecto a la realidad. Una especie es el resultado de una selección natural de individuos que progresaron y otros que desaparecieron. La “presión selectiva” del medio sobre las especies obra de forma simultánea en los dos sentidos. La especie resultante estará adaptada de un modo relativo al nuevo entorno pero cuando las condiciones de este se transformen, todo vuelve a empezar. Nadie asegura que la última adaptación será una ventaja sobre los rigores de la siguiente alteración del hábitat.
La realidad es que la vida se halla en un constante movimiento circular y la acción evolución-involución o Yin-yang son los dos pares de fuerzas que lo posibilitan. La vida recorre y atraviesa a los organismos y estos se transforman, tanto en su sentido como en otro, levemente generación tras generación ante los cambios externos. La vida actúa y esta reacciona constantemente, la adaptación encierra un principio inteligente que rige el propio instinto de todo ser viviente por sobrevivir. La vida, como impulso vital, trata siempre de protegerse a sí misma y emanciparse en cualquiera de sus formas. En cada transformación se gana y se pierde de modo simultáneo según la necesidad relativa del momento. Concluir sobre la base de lo que se gana biológicamente es una mejoría de la especie sin saber lo que se pierde es aventurado y, además, válido solo en el corto plazo. La selección natural y la adaptación de los individuos es una realidad, no una teoría. Sin embargo, la creencia que esta es siempre positiva es errónea.
La evolución como una propiedad inherente a los seres vivos, no es actualmente materia de debate en la comunidad científica relacionada con su estudio, sin embargo, los mecanismos que explican la transformación y diversificación de las especies, se hallan bajo intensa y continua investigación científica”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: evolución biológica).
¿Cuando la teoría de la evolución se convierte en un dogma? Este se instaura en el momento que uno traslada el proceso de adaptación biológico al ámbito psicológico y trascendente. El dogma de la evolución consiste en creer que la Humanidad según trascurre el tiempo y los sujetos se adaptan a sus cambios, la generación futura adquiere más conciencia. El dogma es atribuirle al tiempo el poder de mejorar la dignidad humana, de aumentar los porcentajes de la Esencia libre y sus facultades. La certeza infundada de la mente intermedia es que la conciencia o la inteligencia, la serenidad, el amor,… crecen cuantitativamente de modo instintivo tal como ocurre con la adaptación biológica. Asumir como Verdad indiscutible lo que no se observa con el paso del tiempo, ni existen evidencias tangibles, no puede ser acreditado por la ciencia.
En el plano psicológico ocurre exactamente lo mismo, la mente se adapta continuamente a los estímulos que recibe del mundo exterior. El individuo piensa, siente y actúa según su nivel de Ser y estado psicológico, lo que no implica que su respuesta sea inteligente ni se envuelva de valores humanos. Tampoco significa, que si un sujeto se equivoca, este reflexione, aprehenda las causas y rectifique. En este caso, esto evidenciaría un progreso en el ámbito anímico. La realidad es que si uno se identifica, la respuesta será dictada por algún agregado del subconsciente, un hábito, una reacción mecánica y, por lo tanto, errónea. Esto indica que el tiempo trascurrido por sí solo no obra el milagro de agrandar el nivel de conciencia o de Ser de ninguna alma. Contrariamente, la realidad psicológica sobre el paso del tiempo, es que si uno repite un error o un estado interior equivocado, cuando más redunda, más difícil es superarlo. En efecto, si no existe una “práctica real y seria” dirigida hacia el auto-conocimiento, la Esencia de la persona no progresa en ningún campo del Ser.
“La evolución espiritual no se manifiesta por la posibilidad de almacenar conocimientos, declamar verdades u obrar milagros, sino por la capacidad de corregir los propios errores”. (Rudolf Steiner).
La trasformación interior del Hombre empieza por trasladar el principio inteligente del centro instintivo donde órbita en el reino animal hacia los centros superiores para guiarlo en la existencia. Esta reubicación de la conciencia es un proceso voluntario, requiere de un esfuerzo consciente, perseverante, de la propia Esencia, pues es ella misma la que se emancipa de todo hábito localizado en la mente. A esta acción intencional y consciente de adquirir los valores propios del Alma humana y erradicar la subordinación de la conciencia al instintivo es ajena a la evolución y al trascurrir del tiempo. Cuantos más rasgos instintivos e inconscientes acarrea una persona más comportamientos inhumanos despliega. Esta realidad plantea una reflexión sobre la conveniencia de una transformación anímica o revolución de la propia conciencia. Para que el alumno acreciente su Esencia precisa auto-descubrirse y comprender con claridad y profundidad el estado de su psiquis. Es necesario que todo estudiante medite sobre estos dogmas que la mente intermedia adopta sin experiencia directa ni evidencias propias, para evitar el auto-engaño.
La función de la mente intermedia
La mente intermedia es un apartado de la psiquis que soporta una función muy importante. Tal como se indicó a lo largo del texto, uno se enfrenta a conceptos, ideas,… que son intangibles o abstractos pero, tal como ocurre con el amor, poseen realidad. Así mismo, muchos de estos conceptos no se han experimentado por sí mismo con la conciencia y, por lo tanto, no se instalan en la mente interior. Estas ideas abstractas tampoco se evidencian a través de los sentidos físicos debido a sus características y, por esta causa, no se ubican en la mente sensual.
En algún lugar de la mente, todas estas concepciones inmateriales deben colocarse que, por sus rasgos, no poseen una ubicación consolidada por la experiencia de la Esencia. La mente intermedia cubre esta función de “perchero psicológico”. Este apartado mental guarda toda idea, todo concepto abstracto,… que no es rechazado como una fantasía con escepticismo, ni tampoco aceptado como una realidad. Uno ubica consciente y voluntariamente estas ideas indefinidas mientras sean percibidas como tales. Estas no son aceptadas como una realidad automáticamente como es habitual por no estar presente a sus propiedades hasta que las experimenta directamente con la conciencia. Esta acción evita las actitudes fanáticas de la mente intermedia y el escepticismo de la mente sensual.
Cuando uno recibe una información del tipo que uno es incapaz de percibida con los sentidos y pertenece a este ámbito de lo intangible, la Esencia no especula sobre su autenticidad o no. Sino que uno se otorga el tiempo y los medios necesarios para investigar por sí mismo su realidad. Por ejemplo, si se trata de un conocimiento vinculado con lo trascendente, este será vivido, aprehendido, por la Esencia por medio de la ciencia de la meditación; si es sobre el amor, la amistad,… la práctica de las claves del autoconocimiento en la vida diaria y, asimismo, la meditación facilitará a la conciencia la realidad de esta relación. De este modo, la persona no rechaza ni acepta, tampoco se pronuncia a favor ni en contra de ninguna teoría o información que ignora. Lo que es un signo de inteligencia y humildad. De esta manera, esta información queda en el perchero psicológico hasta su comprobación personal. Esto evita un mal-uso de la mente sensual que reacciona especulando, de igual manera que la mente intermedia no asume creencias sobre lo que desconoce.
Mente interior o solar, introducción
“La conciencia conoce directamente la realidad de cada fenómeno natural y mediante la mente interior puede manifestarla. Abrir la mente interior sería lo indicado a fin de salir del mundo de las dudas y de la ignorancia. Esto significa que solo abriendo la mente interior nace la fe auténtica en el ser humano”. (La gran rebelión. Cap. Las tres mentes).
En esta introducción no se extiende sobre esta mente interior que se analizará con más profundidad en temas posteriores.
La mente de todo individuo se compone de las facultades: intelectual, emocional, instintiva, motora y sexual. Estas capacidades son indispensables a la hora de afrontar los diferentes escenarios de la existencia. El autoconocimiento distingue dos modos de utilizar la mente. Estos usos dependen de si la conciencia está presente y controla su actividad o la propia mente maneja sus recursos de manera automática y recurrente. Este último uso se denomina lunar, una inercia o un hábito inconsciente. Asimismo, constituye una vía abierta a la identificación que se origina cuando la personalidad o el ego se apropian de la mente. Es decir, uno se halla en el primer o segundo estado de conciencia y piensa, siente y actúa con un estado interior de confusión y carente de orden. Esto corresponde a los dos tipos de mente estudiados anteriormente. Por otro lado, la mente solar[18] se caracteriza por una utilización consciente, voluntaria y presente a la emancipación de la Esencia y los valores humanos. Si uno se recuerda a sí mismo, atrae el tercer estado de conciencia, entonces, la Esencia participa y dirige intencionalmente el proceso del pensamiento, sentimiento y de la acción. Se expone un ejemplo práctico para ilustrar las dos definiciones anteriores. Uno se halla ante una persona que comete errores, descuida el trato con las personas que le rodean, habla sin propiedad y sin conocimiento, etc. Ante este hecho se presentan dos opciones:
1.  No identificarse, estar presente al hecho que es indigno e iluminar lo que sucede dentro, tanto en el plano intelectual como emocional. Capta la crítica que se levanta y los sentimientos de rechazo que se crean según surgen las impresiones. Percibe la representación mental que se forma a raíz del evento, etc. Esta actitud conlleva que uno comprende la realidad del individuo, su nivel de Ser, no niega la evidencia de todo lo que acaba de ocurrir. Sin embargo, todo lo que se refiere a este sujeto pasa a un segundo plano.
Primero uno aprende con la práctica que justificar o condenar su actuación, es irrelevante. Lo importante es comprender los hechos. Si uno no goza de suficiente conciencia para aprehenderlos en ese instante, lo conveniente es meditar, en caso, que uno requiera tomar una decisión con respecto al hecho en sí.
Segundo, este evento desde la perspectiva del desarrollo interior y los valores humanos es una oportunidad para conocerse a sí mismo. Refuerza su propia conciencia. Reflexiona sobre la causa de las diversas reacciones en los centros y advierte qué agregados psicológicos intervinieron para comprenderlos.
Este uso de la mente controlada por la conciencia es mente solar.
2. La otra alternativa es reaccionar cómo uno siempre ha hecho, es decir, con la personalidad. Identificarse. Condenar, rechazar, criticar a la persona (patrones intelectuales); sentirse incómodo, herido, decepcionado, etc. (modelos emocionales); Uno sigue sin aprender nada de esta circunstancia. incluso, realiza relaciones incorrectas como confundir la persona con lo que esta pueda representar y tomar actitudes al respecto. Por ejemplo: uno asimila un individuo (un policía concreto) con todo un colectivo (las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado). Este uso inconsciente de la mente es lunar.
La mente interior conlleva una posición abierta al instante para conceptuar, asumir y actuar sobre los hechos a partir de un estado de conciencia superior y evitar la identificación. Esta mente lucida se forma con los centros superiores del organismo: El centro intelectual y emocional. En ella se deposita la inspiración, intuición y toda expresión de la conciencia. De este modo, uno antepone las claves del trabajo interior entre las circunstancias y la forma de pensar y sentir estas últimas. Este uso de la mente se llama solar porque se ocupa:
Ø      Del desarrollo “interior” y del nivel de Ser.
Ø      De aportar “lucidez” o discernimiento junto a la capacidad de reflexión al existir.
Ø      Y, finalmente, de atraer el “calor” en las relaciones humanas, sensibilidad, compasión y valores de humanidad.
“Sólo la mente interior nos confiere la razón objetiva del Ser”. (El Pistis Sophía develado. Cap. 83).
En cambio, la mente lunar significa “mente mecánica”, es un reflejo subjetivo y diferenciado que se construye según los intereses de la personalidad o del ego. Esta es una vía abierta al subconsciente y encierra a la conciencia en sus tinieblas. Un modo de pensar, sentir y obrar repetitivo, irreflexivo y circunstancial que responde a pautas que uno aprendió en el pasado. Todo molde del comportamiento es una estructura psicológica automática, fija, que uno acarrea en la mente sensual e intermedia. Estas actitudes son elaboradas y reforzadas por las experiencias subjetivas precedentes. Estas últimas conforman el condicionamiento mental de la persona.
La mente solar es el “odre nuevo” donde se almacena el vino joven que se elabora con las experiencias del trabajo interior y las comprensiones de la Esencia. El alumno necesita de una didáctica concreta para trabajar con la mente y educarla con la práctica del auto-conocimiento. El crecimiento de la mente interior implica adquirir la capacidad de presenciar lo que uno piensa, discernir la utilidad, conveniencia y oportunidad de cada pensamiento. En ciertas ocasiones, uno precisa distinguir que el uso de la mente es innecesario y el estado más productivo para la conciencia es la contemplación y pasividad. Con la práctica de la meditación uno aprende a evocar este estado cuando lo requiere. Esta mente interior se desarrolla de modo similar a como un niño aprende a manejar los conceptos del lenguaje, a asociarlos, confeccionar frases, construir argumentos, etc. En este caso, el sujeto aprende a operar con los conocimientos adquiridos por su conciencia y a darle un uso inteligente en relación con la vida, los demás y uno mismo. En este sentido, el progreso de la mente sensata contribuye paralelamente a la emancipación de la Esencia.
“Mente interior es fundamental para la experiencia directa de la verdad”. (La gran rebelión. Cap. Las tres mentes).
Tabla de ilustraciones
Imagen 1.- “La Verdad”, (1870). Autor: Jules Joseph Lefebvre. Localización: Museo de Orsay, Paris.
Esta pintura alude a la Verdad que por medio de la luz se refleja tanto en la mujer como en el espejo que sostiene. Este término abstracto, inmaterial e intangible no aparece directamente en el cuadro tal como ocurre en los hechos, la verdad surge ante el individuo a través del objeto que posee esta cualidad. En esta obra, la relación existente entre Luz y Verdad es la misma que se establece entre el entendimiento o la conciencia y la cosa aprehendida por esta última, respectivamente. Cuando un individuo comprende un evento significa que captó la realidad o la verdad que se hallaba escondida en él. Este rasgo oculto de la verdad se refuerza simbólicamente con el cofre que está justo detrás a los pies de la mujer. Así mismo, la escena establece un contraste entre la oscuridad del fondo y la luz que ilumina la imagen desnuda de la joven. La desnudez indica que este atributo se revela sin artificios ni adornos ni artimañas. El espejo alzado reflejando la luz de la verdad simboliza que esta es una referencia o guía en la existencia. El pequeño arroyo que parece salir entre las rocas junto a las pequeñas plantas en la parte baja de la imagen representa la presencia de la vida entre las tinieblas. Finalmente, la cuerda muestra que la Verdad se vincula con el plano trascendente. La mujer se sostiene principalmente sobre dos puntos de apoyo: un pie sobre la tierra que evidencia lo concreto, y la cuerda, la cual referencia a lo invisible, lo que no se observa con los sentidos. Por esta causa, esta se pierde tras la oscuridad.
Imagen 2.- “Retrato de Marsilio Cassotti y su esposa Faustina”, (1523). Autor: Lorenzo Lotto. Localización: Museo Prado, Madrid. En este cuadro, el autor presenta a la pareja como una unión fundamentada en el amor. Esto lo indica Cupido quien abraza a ambos con ramas de laurel que simbolizan la victoria del amor. El esposo sostiene el anular de la esposa para colocarle el anillo que formaliza su unión.
Imagen 3.- “El triunfo del cristianismo”, (1582). Autor: Tommaso Laureti. Localización: Palacio Vaticano, sala de Constantino.
Imagen 4.- “Auto de fe de la inquisición”, (1812). Autor: Francisco de Goya. Localización: Real academia de San Fernando, Madrid.
Imagen 5.- “Vuelta al hogar del frente oriental -detalle-“, (1940). Autor: Rudolf Hermann Eisenmenger. Localización: Casa del Arte Alemán, Munich. En este cuadro, el autor asocia al mismo personaje los dos procesos que constituyen una ideología. El primero se halla en el individuo rompe las cadenas de la esclavitud de los ciudadanos sometidos al régimen que combaten, en este caso al comunismo. El segundo es el avance triunfal de los nuevos postulados que el nazismo preconiza. Esta obra es un ejemplo de las propagandas y un reflejo de los deseos de sus autores. Cuando este mural se confeccionó los alemanes triunfaban en este frente con facilidad aunque, más tarde, la Historia resultó ser muy diferentes a las ambiciones de los nazis. Esta pintura es arte subjetivo, no transmite un conocimiento superior ni objetivo sino los estados emocionales y las ideas del autor y de un contexto social, cultural y político bien determinado.
“Es conocido por este mural que blanquea los fracasos de la invasión nazi de Rusia al representar a los soldados que regresan como frescos, fuertes y seguros”. (Wikipedia, la enciclopedia libre, Inglaterra. Clave: Rudolf Hermann Eisenmenger)
Imagen 6.- “Chaos”, (1882). Autor: George Frederick Watts. Localización: Tate Britain.
“En 1850 Watts planificó una serie de murales que representaban "el progreso del cosmos". Aquí él traza una trayectoria de la evolución. La confusión primitiva está representada por gigantes que luchan por liberarse del fuego y del vapor. El establecimiento del tiempo y del espacio medible es señalado por la cadena de figuras femeninas a la derecha”. (Explicación del cuadro en el Museo Tate Britain)



[1] Estos conceptos abstractos, indefinidos, intangibles e inmateriales como son los valores humanos y los principios espirituales fueron descritos por el filósofo Platón como el “mundo de las ideas”.
[2] Se utilizará uno de estos vocablos indistintamente para evitar redundancias cuando lo comentado concierne a todos por igual.
[3] Esta facultad es una expresión de la conciencia y proporciona la aprehensión de la verdad de modo inmediato a través de los centros superiores. Es la inteligencia del corazón o emocional.
[4] Igualmente tenemos en el diccionario Wordreference:
Idea: representación mental de algo, ya sea material o inmaterial, real o imaginario, concreto o abstracto, a la que se llega tras la observación de ciertos fenómenos, la asociación de varias representaciones mentales, la experiencia en distintos casos, etc. Noción elemental o conocimiento general de algo.
Opinión: es formar o tener una idea, un juicio o concepto sobre alguien o algo.
Ideología: conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una persona, una colectividad, una doctrina o una época.
Las ideologías cuyo fundamento es la propia constitución de la identidad del grupo social y la defensa de sus intereses, aunque se presenten como verdades y fundamento de opiniones (prejuicios)”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: creencia)
Teoría: conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación. Explicación que da una persona de algo, o propia opinión que tiene sobre alguna cosa.
Suposición: consideración o deducción de una cosa verdadera o real a partir de ciertos indicios o señales, sin tener certeza completa de ella.
[5] Los dos Testamentos, el Corán, el Bhagavad-Gita, el libro tibetanos de los muertos,…
[6] “Así es el Hombre, tiene un evangelio interno. Conócete a ti mismo”. (El encuentro con la realidad. Cap. Los dos evangelios. Pág. 75).
[7] Principio de no contradicción de la lógica racional.
Es un principio clásico de la lógica y la filosofía, según el cual una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: principio de no contradicción)
[8] En términos generales, se trataba de una religión tolerante hacia todas las religiones extranjeras, pues los romanos acogieron a dioses griegos, egipcios, frigios, etc.” (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: religión en la antigua Roma)
[9] Aunque muchos cristianos denunciaban esa actitud como pueril, fanática y sin fundamento por carecer de conocimiento de Dios:
Son mártires vacíos, ya que dan testimonio de sí mismos… Cuando son perfeccionados con la muerte del martirio, esto es lo que están pensando: “si nos entregamos a la muerte por el Nombre, nos salvaremos”. Estas cuestiones no se resuelven de esa manera… No tienen el Logos (Palabra-Ser) que da vida”. (Elaine Pagels. Los evangelios gnósticos. Cap. La pasión de Cristo y la persecución de los cristianos. Texto de: El testimonio de la Verdad. Unesco).
[10] Con el tiempo la Inquisición, y fundamentalmente el uso que hacía de la tortura y la quema de brujas y herejes, fueron considerados como un caso extremo de abuso del poder y de intolerancia”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: la leyenda negra de la Inquisición)
[11] Los conflictos entre: cristianos y musulmanes, cristianos y protestantes, hinduistas y musulmanes, el holocausto nazi, el budismo en Tíbet por China, musulmanes y budistas en Myanmar, los Judíos y musulmanes en Palestina,…
[12] Este apartado se centra en el proceso de la formación, características y una reflexión sobre las “doctrinas ideológicas” como tal. No confundir las anteriores con acciones concretas propuestas por la propia conciencia que se revindica sobre hechos, derechos o situaciones personales o colectivas especificas. Estas acciones se hallan en acorde con los valores humanos y la inteligencia práctica. Sirva de ejemplo, la labor de Gandhi en la India o de Mandela en Sudáfrica.
[13] Desde el auto-conocimiento, esta afirmación de Carlos Max es auténtica si se aprehende que el “ser social” es todo lo adquirido en la Esencia del ser humano. Efectivamente, la personalidad del individuo condiciona su conciencia.
[14] Por ejemplo: liberalismo, comunismo, capitalismo, proteccionismo, nacionalismo, socialismo, anarquismo, feminismo, ecologismo, pacifismo, etc.
[15] El término viene del latín gregarĭus. Esto significa que sigue una tendencia a agruparse en manadas o colonias (insectos eusociales), en el caso de los animales, o en grupos sociales, en el caso de las personas, o también quien necesita de un grupo para sentirse bien”. (Definición DRAE).
[16] Pensamiento filosófico en el periodo de Platón y Aristóteles que pone una atención especial en el lenguaje, de tal modo que el sofista, como experto en retórica, tiene la capacidad de persuadir a los oyentes a partir del relativismo de la verdad. Asimismo, quien usa el sofisma, el cual se define como un argumento falso e ingenioso que se pretende hacer pasar por verdadero.
[17] Por ejemplo, el comunismo de la URSS, Corea del Norte, Cuba, China, aunque estos dos últimos cambiaron sus postulados económicos para adaptarse a la economía de mercado y mantienen la ideología política. El nacional-socialismo alemán y el fascismo italiano o el imperialismo Japonés que llevó a la 2ª guerra mundial; el nacionalismo de los distintos pueblos que conformaban la antigua Yugoslavia propicio la guerra de los Balcanes. El nacionalismo de los países Europeos después del Congreso de Viena en 1815 también fue el origen de múltiples conflictos territoriales hasta que se llegó a la 1ª guerra mundial. Etc.
[18] Estructura mental, también llamada en este texto como interior, lucida o sensata en el modo de pensar, sentir y actuar elaborado con la conciencia del sujeto por las íntimas experiencias del trabajo interior y la meditación.