domingo, 8 de octubre de 2017

Diferentes técnicas de relajación.

“Para normalizar al centro motor, conviene relajar completamente el cuerpo. Empezar por relajar los nódulos del cerebro, los músculos de la cara, de los ojos, las comisuras de los labios, el cuello, los brazos, las manos, el tronco, el estómago, las piernas, los pies, y respirar honda y profundamente...” (Psicología del trabajo interior II. Cap. El trabajo sobre el centro emocional)
Introducción[1].
Este tema complementa el texto introductorio a la meditación. En esta exposición se despliegan distintos métodos de relajación del cuerpo físico con objeto de alcanzar plenamente la primera etapa de esta disciplina denominada como asana. De esta manera, el estudiante disfruta de variadas vías para afrontar esta fase que conlleva su propia dificultad. Es recomendable que el estudiante aprenda, incluso domine, todas estas técnicas. Más adelante, el individuo aplicará el procedimiento que le resulte más sencillo y cómodo según sus circunstancias personales y preferencias.
Recordar que toda práctica de meditación se realiza con la columna vertebral recta y la posición precisa ser cómoda pero que esta no acarree quedarse dormido.
Es indispensable iniciar toda sesión de meditación con un estado psicológico adecuado. Esto implica estar presente, manejar la atención juiciosamente hacia el plano interior, revisar la actividad mental y emocional al principio de la práctica. De este modo, la mente acompaña al cuerpo, ninguno de estos métodos obtendrán los resultados anhelados si uno no se halla “aquí y ahora”. Si el individuo está en una sala de meditación y su mente viaja hacia una preocupación, un recuerdo del día, se instala en una conversación consigo mismo,… Esto significa que este no medita. Simplemente, el estudiante piensa, divaga. Esta disciplina es una acción que se realiza desde el tercer estado de conciencia y la mente precisa mantenerse en el momento y el lugar donde se practica.
Así mismo, es importante dedicarle unos minutos a la respiración abdominal o realizar el pranayama.
Algunos de estos métodos combinan armoniosamente distintas facultades como son: la observación de sí mismo, el estado de presencia, la concentración y la imaginación; o se alternan con otras técnicas encaminadas a la relajación mental como es la vocalización de un sonido particular. Todos los ejercicios de relajación tienen una duración más o menos de quince minutos.
El ejercicio del pranayama[2] simplificado.
En esta práctica de respiración se utilizan los dedos pulgar e índice de la mano derecha. El pranayama costa de seis movimientos que deben ser ejecutados con armonía a la vez que la inspiración precisa ser profunda.
1.   Se tapa la nariz derecha con el pulgar y se inspira por la fosa nasal izquierda.
2.  Se cierra, la nariz izquierda con el índice. Se retiene el aire durante unos instantes (+ 5 segundos).
3.   Se abre con el pulgar la fosa nasal derecha y se espira todo el aire.
4.   Se inspira de nuevo por esta nariz y se cierra después con el pulgar.
5. Se mantienen cerrados los dos conductos de la nariz durante unos instantes (+ 5 segundos).
6.   Se abre la nariz izquierda con el índice y se expira todo el aire de los pulmones.
Se vuelve a empezar, el ejercicio, tomando aire por el conducto izquierdo mientras el derecho sigue obstruido por el pulgar. Este proceso se repite de tres a seis veces.
La diferencia entre pensar e imaginar.
Muchos individuos experimentan grandes dificultades en el momento de distinguir la actividad racional de la capacidad de imaginar. El curso dedica un tema a esta cuestión y se profundiza en las características de esta aptitud de imaginar que toda persona posee para no confundirla con la fantasía. Pensar es una acción que caracteriza el centro intelectual. De modo sencillo se define pensar como: “formar, emitir, relacionar,… pensamientos, conceptos, ideas, etc.” Imaginar se vincula con la palabra imagen por lo que se relaciona con la facultad de representación en la pantalla mental. Un sujeto ve, observa, contempla,… con sus ojos lo que le rodea y mientras recibe información visual, por ejemplo, de un paisaje, este emite para sí muchos pensamientos sobre este último. Piensa: “¡qué bonito!”; “es parecido a otro que recuerdo”,… Esto indica que ver, por ejemplo, una persona y pensar sobre lo que nos parece son actividades completamente distintas. Estas dos acciones no solo son diferentes sino que también son independientes, aunque ambas se relacionen y puedan determinar un vínculo de causa y efecto. Uno ve debido a que los ojos recogen la luz; esta se transforma en impulsos electroquímicos que llegan al cerebro y, por medio de un sistema complejo, la imagen se recompone y proyecta en la mente. Esta acción sensorial la realiza el centro instintivo. Esto significa que la mente reproduce aquello que perciben los ojos de modo involuntario y automático. Si alguien no desea ver algo, precisa apartar su mirada, taparse o cerrar los ojos. En este proceso de ver, el pensar o no, es intrascendente. Para aprehender, esto mismo con la acción de imaginar, es necesario tener presente que esta capacidad se define como “ver la realidad con los ojos cerrados”. La clave es no confundir ver con pensar. El estudiante puede efectuar un simple ejercicio para comprobar por sí mismo esta realidad. Uno cierra los ojos, visualiza una persona querida (imaginar) y emite simultáneamente el pensamiento de afecto por ella, incluso sentirlo en el plano emocional. Inversamente, uno puede pensar en una persona y su imagen presentarse en la pantalla mental. Esta diferenciación entre imaginar y pensar es vital en el autoconocimiento y, concretamente, en la ejecución correcta de las técnicas para relajar el organismo. De este modo, imaginar el color azul, es verlo con los ojos cerrados en la pantalla de la mente. Esta acción no se concibe con los ojos sino con la facultad de reproducir la realidad que se conoce como “imaginación”.
La cuestión de la atención.
En la relajación como en todas las actividades de la existencia se requiere el manejo de la atención. Cuando la atención es nula significa que la persona está dormida o inconsciente. La facultad de la atención se halla ligada a los distintos estados de conciencia que se desarrollarán en un capítulo posterior.
El diccionario RAE define esta palabra como la “acción de atender”. En el ámbito académico de la psicología se barajan distintos significados según la escuela que la investiga. Desde el conocimiento de sí, la atención precisa de un estudio y experimentación propios para aprehender su valía tanto en el terreno práctico como interno. Este apartado trata sobre lo esencial para informar que la atención requiere manejarse adecuadamente como una herramienta psicológica de percepción y conocimiento. Para ello, uno necesita aprender a dirigirla voluntariamente hacia el lugar donde señala la conciencia de sí. Esto parece sencillo de entender pero más difícil de ejecutar. El sujeto inexperto en el manejo de la atención penosamente la mantiene y esta es atrapada por cualquier idea o estímulo exterior que la diluye del objetivo fijado, perdiendo su control. Instruirse en la concentración implica atención y voluntad hacia el objeto o punto de observación. Por ejemplo, si uno se concentra sobre una zona del organismo significa que “está presente” a lo que ocurre allí. De este modo, el estudiante capta por sí mismo como la naturaleza de la atención es un atributo de la conciencia. El “estado de presencia, alertad novedad o estar aquí y ahora” son un requisito imprescindible para activarla. Uno opera con la atención libre, plena e integrada según disfruta de capacidad vital. Debido a que esta requiere un consumo energético considerable fluctúa en diferentes grados. Por otro lado, gran parte de la atención está disgregada en diferentes aspectos psicológicos. Por ejemplo, si un individuo se somete a una fuerte preocupación es mucho más arduo dirigir o mantener la atención en alguna tarea aunque esta sea rutinaria. Esto indica al alumno que operar con la atención plena se logra con el ejercicio diario, la observación, descubrimiento y comprensión de los factores que la invade y condiciona.
A continuación se nombran algunas de sus características que son importantes a considerar en la práctica de la meditación, la cual desarrolla la atención plena y activa debido a su indispensable uso:
Ø     La voluntad dirige la atención, un individuo está presente porque es capaz de trasladar su atención deliberadamente al lugar donde él lo requiere. Esto se halla íntimamente ligado con el anhelo o la motivación.
Ø  La atención plena está presente a sí misma. Si no fuera de esta manera, la atención vagaría de un punto a otro sin que el sujeto lo percibiera, ni lo pudiera impedir.
Ø    Ambos rasgos anteriormente descritos indican que la atención es sostenida, es decir, se mantiene en el tiempo; es una acción por lo que implica actividad psicológica y se experimenta un consumo de energía. Una persona cansada es incapaz de operar con la atención plena y se duerme en el momento que se relaja.
Ø    La actividad del subconsciente o la disgregación de la psiquis impiden la atención plena de modo que la atraen. No obstante, con la misma facilidad que se va, esta vuelve, si uno aprende a utilizar esta facultad. Esto significa que en la práctica de esta disciplina la atención de una persona novel oscila, viene y va.
Ø    Otra propiedad importante es su ductilidad, es decir, la atención se estira para abarcar e integrar diferentes percepciones que ocurren en su espacio vital; también puede focalizarse en un objeto. Por ejemplo, en meditación se hace incisiva, adquiere profundad para penetrar varias capaz del subconsciente. Igualmente, puede dividirse y asumir distintas tareas.
Ø  El grado de intensidad de la atención puede incrementarse o disminuir. Sin embargo, cuando llega a su máximo se estabiliza. Uno puede agrandar esta facultad, para ello precisa recuperarla de los factores psicológicos que la atraparon. Por ejemplo, el temor, recelo, desconfianza,… son estructuras mentales que embotellan parte de la atención tal como lo hacen con la voluntad y la conciencia. Esto revela que aunque una persona no tenga ninguna causa o razón para experimentar miedo de algo, esta carencia de valor se manifiesta en detrimento de su voluntad, atención y conciencia. Esta realidad se expresa de este modo desde el subconsciente porque el miedo se halla en la función instintiva, no es racional ni el sujeto, en ocasiones, puede impedir su expresión.
“Es innegable que todos sentimos alguna vez la sensación de estar más o menos atentos, a esto se le denomina intensidad de la atención o tono atencional. Puede definirse entonces como la cantidad de atención que le prestamos a un objeto o tarea y está directamente relacionada con el nivel de vigilia y alerta de un individuo”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: atención)
El método de imaginar una energía de un color.
Esta técnica desarrolla y estimula la capacidad de la imaginación. En esta ocasión, uno visualiza una energía de un color azul celeste, amarillo solar[3] o blanco luminoso que recorre las diferentes partes del cuerpo con el objetivo de relajarlo.
El estudiante comienza por atraer su atención sobre los pies o la cabeza e imagina cómo una energía, por ejemplo, de color azul se desplaza por todos sus elementos. En el caso de la cabeza, esta energía azul recorre el cuero cabelludo, la frente, las cejas, los parpados, los ojos. Asimismo, esta penetra al interior de la cavidad craneal e impregna el cerebro y todas las glándulas se reposan. Si surge un pensamiento del subconsciente, este se va. Esta actividad intelectual es involuntaria y se percibe gracias al estado de presencia. La relajación sigue y uno imagina que esta energía de color azul alcanza las mejillas, los labios, el cuello y la nuca. El sujeto percibe como las tensiones de la mandíbula desaparecen. El ejercicio sigue con las clavículas, los hombros y esta energía azul baja por los brazos, antebrazos, manos y dedos. Todos los músculos, nervios, tendones,… que desarrollan un esfuerzo durante el día descansan. Esta energía que uno visualiza de color azul aporta una sensación de bienestar y equilibrio. A continuación, la persona deposita su atención sobre la espalda y desciende por toda la columna vertebral, los músculos se reposan. Igualmente, el tórax, el corazón, los pulmones se aquietan y se capta cómo entra y sale el aire de modo armonioso. Todo descansa y uno percibe un hormigueo que se expande por toda la superficie del organismo. Con la imaginación, el alumno sigue el recorrido hacia el estómago o plexo solar, el bajo vientre y esta energía azul adormece todos los órganos internos. Todo se hace pesado, todo se sosiega. Progresivamente, la atención se dirige hacia los riñones, los glúteos, las caderas y los muslos, esta energía de color azul relaja todas estas partes del cuerpo. Se alivian las rodillas, las piernas y los tobillos, uno siente un bienestar. Finalmente, esta energía llega a los pies y los dedos que descansan. Todas las presiones físicas, las emocionales y el nerviosismo provocados por el ritmo de la vida cotidiana se van con esta energía de color azul. Una vez relajado el organismo, imaginamos cómo esta última se disipa.
Acabado el ejercicio, uno atrae la atención al estado de lasitud del cuerpo físico que se duerme pero mantiene la atención alerta, presente y despierta. En el plano psicológico, el estudiante está “aquí y ahora”. Uno advierte como existe armonía y paz interior. Si surge un pensamiento este, se marcha de nuevo al subconsciente. La actividad mental se tranquiliza, se halla más serena. Esta práctica se puede efectuar del mismo modo visualizando una energía con los colores propuestos al inicio de este apartado.
El método de concentrarse en los pulsos del corazón.
En este procedimiento la relajación del cuerpo físico se establece a través de la concentración en los latidos del corazón. El pulso se halla presente en todas las partes del organismo, el ejercicio consiste en desplazar la atención a las diversas secciones que lo componen de modo que estas se relajen. El hecho de concentrarse en una zona, tal como ocurre en las distintas técnicas, uno dirige su conciencia sobre su estado; si esta se halla crispada o tensa, el estudiante puede sosegarla con su voluntad aflojando músculos, tendones y nervios.
Después del ejercicio respiratorio, la práctica se inicia concentrándose en el corazón. Los movimientos, sístole y diástole, pueden percibirse directamente por la presión que ejercen en el pecho. Así mismo, uno consigue escuchar sus sutiles palpitaciones. En todo caso, la persona, capte o no estas manifestaciones físicas del corazón, se mantiene centrada en la zona, el pecho, la espalda, el estómago y el tronco en general descansan. Después de unos pocos minutos, la atención se traslada a la palma de la mano izquierda, de nuevo uno trata de aprehender el pulso, de modo que mano, antebrazo, brazo y hombro se relajan. Después de un tiempo, la atención viaja hacia la oreja izquierda. Uno siente como la sangre llega a esta zona y se sosiega. Más tarde, el alumno se concentra en el entrecejo, advierte el pulso o la presión que se instala en ese punto, el rostro con sus músculos, tendones y nervios reposa, los pensamientos que alcanzan la pantalla mental, se diluyen. El siguiente paso es llevar la atención a la oreja derecha, percibe el pulso, esta parte se templa. Uno prosigue por la mano derecha, músculos, tendones y nervios se destensan; toda la parte superior alcanza su equilibrio, se instala un bienestar. El estudiante continúa el ejercicio concentrándose en el pie derecho donde siente las pulsaciones del corazón y la extremidad descansa. Pasados unos minutos, la atención se enfoca sobre el pie izquierdo donde el alumno advierte los pulsos los cuales sosiegan todas las tensiones. Finalmente, uno vuelve a centrarse en el corazón donde todo malestar desaparece. Ahí se capta el equilibrio y la armonía en todo el cuerpo. Esta práctica introduce una reflexión sobre el corazón y el papel orgánico tan importante que desempeña. Así mismo ocurre en el ámbito emocional donde se halla el centro del equilibrio psicológico.
El método de visualizar el esqueleto.
Este procedimiento sigue el patrón anterior. Consiste en recorrer las diversas partes del organismo y según estas se sosiegan, uno imagina que sus componentes se desvanecen excepto los huesos.
Uno inicia la relajación por uno de los extremos del cuerpo físico. En este caso, el ejercicio se empieza por los dedos de los pies que se aquietan. Se visualiza las falanges, se sube por las extremidades inferiores y se observan los metatarsianos, los huesos del tarso y el talón. Todo desaparece y los pies quedan en reposo. Se continúa el ejercicio imaginando la tibia y el peroné. El estudiante percibe como sus piernas se sosiegan, la carga que soportan durante el día se disipa. La visualización sigue por las rodillas, se observa la rótula y la atención asciende por el fémur hasta las caderas. Todos los músculos, tendones y nervios desaparecen. Uno siente bienestar, los miembros inferiores se duermen, las tensiones se desvanecen y hay equilibrio en toda la zona. El alumno imagina los huesos que forman las caderas, el sacro, el coxis y toda la pelvis descansa. El alumno visualiza las vértebras lumbares, la zona baja de la espalda se relaja, asimismo, los riñones, el bajo vientre y todos sus órganos se desvanecen. La atención sube por las vértebras torácicas e imagina todas las costillas, el plexo solar, estómago y pecho se reposan. La respiración es uniforme. Uno percibe un ligero hormigueo que duerme toda esta zona. Uno prosigue con las clavículas, los omoplatos y los hombros que se sosiegan. Estos últimos acumulan tensiones durante la vida diaria. Se visualizan el húmero, el radio y el cúbito y los brazos se adormecen, asimismo, ocurre con los huesos de las manos: los carpianos, metacarpianos y las falanges. El tronco del organismo se halla en equilibrio y uno advierte un bienestar general. La práctica avanza por las cervicales, la nuca y el cuello se relajan. La atención sigue hacia la mandíbula inferior y se visualiza el cráneo donde toda materia blanda desaparece. Todo pensamiento se disipa; uno experimenta una tranquilidad y armonía integral, percibe el equilibrio del cuerpo que se sosiega y la atención plena se refuerza. El organismo se olvida completamente para entrar en la siguiente fase de meditación.
El método de imaginar los gnomos u hombrecillos internos.
Esta práctica consiste en visualizar como unos gnomos, pigmeos o enanitos se desplazan por las distintas partes del organismo. Con la imaginación creadora, uno observa como desde el plexo solar surgen diferentes cuadrillas de hombrecitos diminutos con atuendos de mineros de finales del siglo XIX; estos equipados con sus herramientas: cascos, botas, picos, palas, carretillas, farolillos de aceite,… limpian, purifican y reparan las partes dañadas del organismo y lo relajan.
Uno empieza su ejercicio visualizando estos minúsculos seres imaginarios que obran sobre nervios, arterias, venas, músculos, órganos,… que se hallan en el estómago y el bajo vientre. Estos gnomos que uno vislumbra desatan durezas, reparan tejidos, aportan vitalidad, etc. Uno percibe como toda la zona descansa. El centro emocional se apacigua. Igualmente, estos se introducen en la parte baja de la espalda y cargan en sus carretillas con todas las tensiones del día. El estudiante advierte cómo se instala un equilibrio en esta parte del cuerpo.
La persona observa estos enanitos con sus cascos, botas, picos y palas que siguen su faena con orden y bajan por las caderas, muslos y rodillas donde todos sus nervios se sosiegan. Uno imagina cómo se sanan los daños orgánicos de estos miembros inferiores, y un bienestar general se asienta en esta parte del cuerpo. Esta cuadrilla de pigmeos prosigue su tarea por las piernas y los pies que igualmente se reposan, las molestias desaparecen. Finalmente, una vez que todo se halla aquietado, estos obreros subterráneos vuelven al plexo solar. El alumno con un estado de presencia plena, visualiza cómo estos diminutos seres emprenden el ascenso hacia el tórax y la espalda que descansan; limpian arterias, reparan lesiones en los pulmones y el corazón, la respiración es armoniosa; alcanzan las clavículas y los hombros; bajan por los brazos, antebrazos, manos y dedos, con sus herramientas los relajan, se adormecen y uno advierte un ligero hormigueo. El individuo vislumbra estos asombrosos seres microscópicos que suben por el cuello, llegan a la mandíbula inferior y se despliegan por la boca, mejillas, nariz, orejas, ojos, párpados y cejas. Todo se relaja, estos limpian y sanan lesiones de los tejidos internos. La práctica continúa y uno se imagina cómo estos enanitos entran a la cavidad craneal por el nervio óptico, y laboran en el cerebro y glándulas que reparan y la actividad mental disminuye. Si surge un pensamiento, este se sumerge en el subconsciente y se mantiene concentrado en el ejercicio. Uno capta serenidad y distensión en el centro racional. El estudiante visualiza cómo estas criaturas terminan su trabajo adormeciendo la frente y la parte posterior y superior de la cabeza. Finalizada la relajación, estos gnomos se dirigen al plexo solar y cargan todas las impurezas en sus carretillas y desaparecen. El practicante permanece en un estado psicológico sereno y su organismo sosegado.
El método de concentrarse en la respiración y su energía vital.
“El laberinto de las teorías es más amargo que la muerte. Mientras algunos autores le dicen a uno que los ejercicios respiratorios son magníficos, otros le dicen que son dañosos; mientras unos afirman una cosa, otros afirman otra; cada escuela presume que tiene la verdad y el laberinto es, pues, muy difícil. (Cátedras II. Cap. 35)
Esta técnica se centra en estar presente a la respiración, dirigir la atención a las diversas partes del cuerpo y observar atentamente sus efectos. La conciencia es la facultad que dirige la atención de modo que esta es imprescindible en cualquier tipo de meditación. Esta técnica consiste en trasladar la energía, oxígeno y nutrientes, que se desplaza por la sangre e influir en el sistema nervioso de forma que el organismo se relaje, se adormezca. Este ejercicio permite al cuerpo recuperar el equilibrio y armonía que le es propia a su naturaleza. Muchas tensiones y trastornos físicos provienen de una acumulación nerviosa o un estrés en los centros vitales del instinto y las funciones psicológicas: emocional y racional. Esto indica que la no actividad física, la posición cómoda, la respiración armoniosa y la atención plena que dirige el proceso obran sobre músculos, nervios, órganos,… Esta acción influye sobre las funciones internas que, poco a poco, recobran sus valores y estabilidad. Esta relajación es producto de una respiración consciente.
La práctica se inicia con la respiración abdominal. El estudiante concentrado inspira lenta, voluntaria y conscientemente, percibe cómo se dilatan los pulmones, el diafragma baja, y estos se llenan de aire. Esta es la primera etapa de la respiración. A continuación, uno detiene esta acción durante unos segundos para estar presente a la inversión del movimiento, al instante en que se efectúa el intercambio gaseoso[4]. Se sigue con la exhalación lenta, profunda, donde se libera todo el aire de los pulmones. Este sería la fase tercera, puesto que la segunda etapa se atribuye al intercambio energético. Poco a poco, según la respiración, la voluntad y la conciencia se armonizan, el individuo capta cómo esta energía u oxígeno se expande por toda la zona del pecho y de la espalda y estos se relajan. Asimismo, uno observa cómo la presión interna (tensión arterial) se sosiega y la sangre viaja a todas partes. El alumno se centra en la zona superior, en los hombros y los brazos, y capta cómo esta energía los adormece, incluso, siente un hormigueo. Igualmente, la atención plena permite advertir cómo el cuello, la cara, el cerebro,… toda la cabeza es irrigada por este oxígeno. Esta vitalidad reduce toda actividad neuronal y uno se percibe en paz, sereno. Mientras tanto, la respiración sigue su curso, la persona mantiene su atención en sus tres fases, lentamente inspira, está presente al intercambio, y lentamente espira todo el aire. De esta manera, aprehende cómo el bajo vientre y sus órganos se oxigenan y se instala un bienestar. La sangre baja por las caderas, los muslos, las piernas y los pies que se equilibran con todo el cuerpo, se sosiegan. Todo el sistema nervioso se reposa, la respiración es armoniosa y el practicante permanece presente a este proceso natural que relaja toda tensión y su propia mente. Esta última recupera su equilibrio y el silencio. El éxito de este ejercicio se fundamenta en la concentración en la respiración. Con la atención plena o el estado de presencia, uno aprehende estos procesos vitales e instintivos del organismo que obran independientemente del deseo de la persona. La voluntad se ejercita en el afán de manejar adecuadamente la atención y no permitir que la mente nos distraiga.
“Si te adiestras en la meditación de la respiración y practicas la inspiración y la espiración de manera lenta cada día, puedes prolongar tu vida. Si el aire entra en tu sistema nervioso de forma perturbada puede molestar tu mente. Debes respirar lenta, uniformemente, de manera natural y completa, como el tictac de un viejo y fiable reloj. Tu respiración es como un reloj interno”. (Lama Yeshe. Ego, apego y liberación. Cap. Haz espacio para la sabiduría)
El método de imaginar un paisaje con un lago de aguas tranquilas.
Esta técnica precisa en su inicio prestar una particular atención a la respiración abdominal o realizar cabalmente el pranayama. De modo que tanto uno como otro tengan una duración suficiente para oxigenar correctamente el organismo y facilite este tipo de relajación. Asimismo, relajar el cuerpo con alguno de los métodos enseñados anteriormente.
Esta práctica consiste en visualizar un lugar que es conocido por uno, por lo tanto, concreto o ser concebido de forma creadora. La imaginación es guiada por la voluntad conscientemente. En este caso, la relajación física también incorpora la serenidad mental a través de un ejercicio de observación plena que se efectúa al final del proceso de visualización.
Una vez terminado el apartado de la respiración, uno se centra en el corazón. El alumno imagina que penetra dentro de él y se halla en un salón luminoso donde distingue una puerta que se abre. Uno traspasa el umbral y se encamina por una senda que se adentra en un bosque. El individuo visualiza los árboles, la brisa que balancea sus ramas, escucha el trino de las aves que se posan en estos. El alumno se ve transitando sereno por este sendero y observa que por su margen derecho fluye un río, oye el murmullo de sus aguas. Según uno avanza por el camino capta los claroscuros formados por la frondosa vegetación, se percibe paz y armonía. Poco a poco, se divisa un lago de aguas tranquillas. La persona llega al borde, se acomoda sobre la hierba y fija la atención sobre la superficie en calma similar a nuestro estado mental. Cuando algo cae sobre las aguas del lago, estas reaccionan creando ondas que poco a poco se desvanecen. Igualmente ocurre con la mente, si el subconsciente está activo, este reacciona con pensamientos. Cuando el estudiante se halla en plena observación los dejas marchar y se disipan como sucede con las ondulaciones de los aguas del lago. La mente permanece sosegada en silencio y equilibrio. El cuerpo y la mente se unen armoniosamente en la quietud, pero la atención se halla activa, viva y presente. De esta manera, el alumno se concentra en esta imagen del lago donde todo es serenidad y placidez, si algo altera la mente, pasa como las ondas del lago se diluyen.
Este ejercicio es un ejemplo orientativo, uno puede imaginar el paisaje, recorrido o lago que considera oportuno. El objetivo es relajar tanto el cuerpo físico como la mente y alcanzar las fases de asana y pratyahara.
El método de concentrarse en la luz de una vela encendida.
En esta práctica es aconsejable realizar una relajación con alguna de las técnicas enseñadas previamente. Este método se centra en la segunda fase de la meditación, el pratyahara, es decir, la serenidad de la mente. Para conseguirlo se combinan la concentración, la observación plena en la luz de la vela, la visualización para el desarrollo de la imaginación y la vocalización.
Una vez relajado el organismo se vocaliza la vocal “i” concentrado en la zona del entrecejo. En el instante de emitir el sonido, el estudiante coloca su atención en la raíz de la nariz. Cuando uno se inicia en este ejercicio algunas personas perciben una leve presión en este lugar; en cambio, otros no sienten nada en particular. En ambos casos, uno efectúa su acción vocal sin perder la atención plena durante unos cinco minutos.
En el momento de finalizar la vocalización, uno abre los ojos y se concentra en la luz de la vela. La sala de meditación requiere permanecer alumbrada solo con la vela que se halla en el campo de visión. El alumno mantiene la mirada en la llama parpadeando lo menos posible durante unos minutos (+ 5). Se cierran los ojos y se mantiene la atención sobre la tenue luz o imagen que aparece en la pantalla mental; si no se ve o poco a poco se desvanece, no importa, se conserva la atención plena en dicha zona durante unos minutos (+ 5). En todo el proceso uno “se mantiene presente a la práctica”, si surge un pensamiento, lo deja marchar y permanece con la mente concentrada.
A continuación, se vuelve a la vocalización y se reinicia el ejercicio, es conveniente efectuar este ciclo como mínimo de dos a tres veces en cada práctica. Esta técnica refuerza la relajación física y encamina la serenidad y el silencio de la mente. Por otro lado, ayuda al practicante de esta disciplina a incrementar su capacidad de atención, observación y concentración, elementos muy importantes en la vida diaria y en la meditación.
El método de concentrarse en el sonido emitido por la actividad neuronal.
Antes de emprender este ejercicio de pratyahara o serenidad mental es conveniente efectuar una breve práctica de relajación física. Esta técnica alterna la concentración con la vocalización de la letra “s”. Este procedimiento se fundamenta en el sonido característico que se produce por la actividad neuronal en el cerebro, similar al emitido por un grillo.
En esta ocasión, uno empieza con la vocalización de la letra “s”, sin silbar, alarga el sonido de modo sutil y se centra en él, (+ 5 minutos).
Después, el estudiante se concentra en el sonido que causan las células del cerebro y cerebelo, (+ 5 minutos). Las neuronas poseen una actividad constante. Este flujo bio-eléctrico que establece las conexiones y el intercambio de información cerebral emana un sonido perceptible por el oído interno y que se identifica con el canto de un grillo. Este eco resuena alguna vez por la noche en el silencio. También es posible oírlo cuando se levanta dolor de cabeza o se estudia, lee, con una gran concentración o de modo abusivo,… En estas circunstancias, el dinamismo celular es más intenso y se capta con más facilidad. En ambas fases del ejercicio, en el momento que se origina un pensamiento, uno lo deja marchar.
Si uno adquiere experiencia en esta disciplina contempla sin dificultad lo que surge del subconsciente: pensamiento, idea, concepto,… y una vez su causa detectada, se deja transitar. En este caso, si este asalta de nuevo la pantalla mental es más fácil advertirlo. Este método forma parte de la “meditación analítica”. A continuación se repiten ambas partes de esta técnica tantas veces como sea necesario hasta alcanzar una mente sosegada.
“En cualquier momento en que la distracción surja, ya sean los ladridos de un perro o el recuerdo de alguna experiencia pasada, en vez de reaccionar de forma negativa y tratar de sacarlo a la fuerza de tu conciencia, observa simplemente el pensamiento, cómo viene y se va. Cuando observas tus pensamientos con sabiduría, estos desaparecen… En cuando la distracción se ha ido, vuelves de forma automática a la atención focalizada sobre el objeto de concentración”. (Lama Yeshe. Ego, apego y liberación. Cap. Preguntas y respuestas)
La relajación física y mental a través de la imaginación y el vocablo Wu.
Tal como ocurre con los anteriores métodos, es necesario realizar una breve relajación física antes de abordar este ejercicio. Este procedimiento combina vocalización, concentración e imaginación.
Se inicia la práctica con la vocalización del vocablo “Wu[5], que se pronuncia como una suave brisa o soplo de viento sin alcanzar el silbido, (+ 5 minutos).
Paralelamente, uno se concentra en este sonido y permanece “aquí y ahora”. Si un pensamiento alcanza la pantalla mental, el estudiante visualiza cómo este se convierte en una hoja muerta, la acción del viento se lo lleva y desaparece. De esta manera, el sonido del vocablo “Wu” ayuda a la facultad de la imaginación a serenar la mente y experimentar el silencio. Esta práctica proporciona un estado de tranquilidad y sosiego, de igual modo que si uno escucha el viento, este aquieta la psiquis. La concentración en el sonido evita que los pensamientos se amontonen, atrapen la atención y facilita la actividad de la conciencia.
En el momento que la vocalización se detiene, uno conserva el estado de presencia y realiza este sonido mentalmente. El alumno prosigue con la misma acción si brota un pensamiento del subconsciente, esta fase se efectúa otros + 5 minutos. Finalmente, se paraliza toda acción y uno permanece en silencio y en estado de vigilia hasta que sea necesario reiniciar el proceso debido al aumento de la actividad del centro racional y se pierda el equilibrio y sosiego interior.
El método de integración de la atención.
Este procedimiento precisa de un manejo avanzado de la atención plena. Se recomienda al estudiante sin la experiencia suficiente en relajar el cuerpo físico, ejercitarse con las cuatro primeras técnicas expuestas en este texto. Esta práctica requiere una comprensión de ciertos rasgos de la atención y cómo esta es capaz de un proceso de integración de diversas actividades psicológicas y físicas. Esta presencia y observación de la realidad interna y circundante conlleva un sosiego del organismo y de la mente.
“En cualquier cosa que hagamos, debemos observarnos a nosotros mismos. La lectura de libros nunca origina nada. Los días pasan pero no nos observamos”. (No Ajahn Chah. Reflexiones. Cap. La práctica de la meditación)
Esta relajación empieza como el método donde el alumno se concentra en la respiración. La inhalación y exhalación son actividades instintivas. Ambas son reforzadas por la atención que uno le dedica a este ejercicio. Uno inspira fehacientemente, capta cómo los pulmones se llenan de aire sin forzarlos, se produce el intercambio gaseoso y espira, los vacía completamente de todas las impurezas que el organismo desecha. La persona está presente a esta acción que poco a poco se hace cada vez más automática. Esta respiración acarrea unos efectos sobre el pecho, estómago y plexo solar que la atención sobre sí mismo incorpora. Se mantiene la conciencia sobre la respiración y se añaden sus efectos sobre el plexo solar. Este recoge infinitas terminaciones nerviosas que forman la función emocional que se sosiega. En este momento, la atención integra junto a la respiración, la paz y bienestar en el centro de los sentimientos. La práctica continúa con el manejo de la atención plena sobre el bajo vientre, las caderas y las extremidades inferiores. A consecuencia de la respiración, la posición cómoda y la inactividad motora, la persona capta que toda la zona se reposa. Esta experiencia se agrega a la conciencia que conserva la presencia a los demás aspectos que ocurren en este mismo instante. Los efectos de la respiración y de la relajación prosiguen hacia la parte superior del cuerpo. La atención cabal añade como: clavículas, hombros, brazos, antebrazos, manos y dedos descansan. El estudiante es consciente de modo simultáneo de la respiración, del estado emocional de bienestar y del adormecimiento del cuerpo que se relaja. El instinto junto a la función motriz actúan en armonía. Las consecuencias de todas estas sutiles actividades sube hacia el cuello y la cabeza, donde las mandíbulas se aflojan, los músculos de la cara se relajan junto a los sentidos. La parte interna del cráneo es invadida por esta ola de bienestar, armonía del cuerpo y de los demás funciones psicológicas. El estado de presencia advierte este proceso que influye a la actividad racional, los pensamientos vienen pero se diluyen porque la actividad de la atención rigurosa discierne estos impulsos del subconsciente y no los mantiene vivos en la pantalla de la mente. De este modo, la conciencia integra junto a la respiración, el bienestar emocional, la relajación del organismo y la actividad mental. Todas estas acciones psicológicas como físicas se procesan simultáneamente. Aunque exista una fuerte interrelación entre ellas, esto no impide que sean autónomas, se conciben en centros distintos y expresan un dinamismo diferente. Así mismo, los sentidos internos captan lo que ocurre en el plano psicológico y los sentidos externos perciben lo que ocurre en el mundo que nos rodea de forma independiente en el desempeño de su función. No obstante, existe el “sentido común[6] a todos ellos que integra todo aquello que se procesa en la mente del individuo en un instante dado. Este sentido común es desconocido o poco utilizado por el ser humano; en consecuencia, este se halla dormido, disminuido y atrofiado, orbita principalmente en el instinto. Este atributo que toda persona posee desde su nacimiento como ocurre con la capacidad de oír se le denomina conciencia. En el autoconocimiento se define esta facultad como: “aprehender la realidad o la verdad que acontece en la persona en un momento tanto en el plano físico como psicológico”. Esta cualidad se vincula al manejo integral de la atención. Para comprender este hecho, el estudiante seguirá con su práctica.
Este se halla presente a la respiración, al equilibrio emocional, al cuerpo sosegado y al dinamismo mental. Todo se produce al mismo tiempo y uno experimenta que su “atención plena” abarca todos estos apartados. Sin embargo, igualmente surgen ruidos en la sala o fuera, la conciencia o atención sobre sí mismo advierte cómo estos sonidos o esta información llega a la mente y este “sentido común” los incorpora sin perder la atención en todo lo demás. Según uno permanece en este estado de conciencia, esta se intensifica, aprehende escalones más bajos de la actividad interior. Observa causas más profundas, más instintivas y automáticas de los procesos psicológicos que en ese momento se expresan. De esta manera se produce el conocimiento de sí. Este adviene cuando el alumno es capaz de discernir la actividad de su propio subconsciente desde la perspectiva de un observador imparcial, objetivo. Este estado interior corresponde a la tercera fase, auténtica etapa que inicia la meditación profunda, conocida como dharana o concentración verdadera.
“Cualquier cosa que se manifieste en el transcurso de la práctica, déjala que suceda. No intentes resistirte a ella. Si entiendes cómo practicar, todas ellas cesarán de un modo inofensivo por sí mismas. Se convierten en objetos para la contemplación y entonces puedes usarlos como material para tu meditación y seguir de un modo relajado”. (No Ajahn Chah. Obra: La clave de la liberación)
Tabla de ilustraciones.
Fig. 1.- “Meditación de un asceta”, ilustración de la obra: “El cántico de los pájaros”, (1013) de Farid-Od-Din-Attar. Autor: Torabi Beg. Localización: Museo Reza Abbasi, Teherán, Irán.
Fig. 2.- “Camino en el parque”, (2015). Autor: Tamas Zsebok. Localización: Fotolia.
Fig. 3.- “Lago Esmeralda”. Situado en el Parque Nacional Yoho, Canadá.
Fig. 4.- “Buda sentado”, (siglo XII). Localización: Templo de Gal Viharaya, Cuidad de Polonnaruwa, Sri Lanka.
Ejercicio diario recomendado:
Realice cada día una relajación durante 15 o 20 minutos siguiendo el orden del texto, empezando con la expuesta en el tema “Introducción a la meditación”. De modo que se familiarice con las técnicas más simples, cuando las domine iníciese en las más complejas, dejando “la integración de la atención” para el final de su aprendizaje.
Lecturas.
“Si su mente es capaz de asentarse naturalmente por su propia cuenta, y si encuentra usted que le inspira el mero hecho de reposar en su conciencia pura, no necesita ningún método de meditación. De hecho, cuando uno se halla en tal estado, cualquier intento de aplicar un método podría incluso resultar contraproducente.
Sin embargo, a la inmensa mayoría nos resulta difícil llegar de forma directa a ese estado. Sencillamente no sabemos cómo despertarlo, y nuestra mente es tan indócil y tan distraída que necesitamos un medio hábil, un método para inducirlo. Por “hábil” quiero decir que se combinan la comprensión de la naturaleza esencial de la mente, el conocimiento de nuestros diversos y cambiantes estados de ánimo y la percepción profunda que hemos cultivado mediante la práctica para desarrollar la mejor manera de trabajar sobre uno mismo momento a momento.
Cuadro de texto: “Nosotros no meditamos para ver el cielo, sino para terminar con el sufrimiento”. (No Ajahn Chah)

Reuniendo estas tres cosas, se aprende el arte de aplicar el método más apropiado para cada situación o problema particular, a transformar el ambiente mental”. (Soyal Rimpoche. El libro tibetano de la vida y de la muerte. Cap. Llevar la mente a casa)
“Tenemos que permanecer alerta con respecto a los diferentes fenómenos que se produzcan, reseñando pensamiento o imagen tan pronto como seamos conscientes de que han irrumpido en nuestra mente….
“Luego, una vez que el pensamiento o la imagen dejen de ocupar el escenario de la conciencia, volvamos nuevamente a observar el proceso respiratorio. No es preciso buscar un objeto especial sino que basta con mantener continuamente la apertura y la atención de modo que cualquier cosa que aparezca pase a ser naturalmente un objeto de nuestra conciencia y dejemos que todos los objetos físicos o mentales aparezcan y desaparezcan por sí solos.
Si quisiéramos resumir la práctica tendríamos que decir que consiste en instalarse plenamente en el momento presente y tomar conciencia de lo que ocurre sin establecer ningún tipo de juicio, evaluación, ni interpretación. Se trata, en definitiva, de prestar una atención pura y simple a lo que sucede…
Hay que emplear, pues, la respiración como objeto primario, prestándole atención en tanto que no se presente otra sensación que desvíe nuestra atención y regresando nuevamente a ella en el mismo momento en que esos objetos eventuales terminen desapareciendo.
Si nos damos cuenta de que la mente esta confusa o dispersa y no sabemos exactamente a que debemos prestar atención, centremos la atención en la respiración, ya sea en el movimiento de ascenso y descenso del diafragma o en la salida y entrada del aire a través de las fosas nasales. Una vez que la mente se halle más centrada y estable, abramos nuestra conciencia a todo el espectro de objetos fluctuantes -respiración,  sonidos, sensaciones, pensamientos, imágenes, intenciones y emociones- tomando nota mental de cada uno de ellos en la medida en que vayan presentándose.
Debemos mantener la mente, en suma, en un estado de apertura, receptividad y alerta que nos permita tener siempre una conciencia diáfana de lo que está sucediendo en el momento presente”. (Joseph Goldstein y Jack Kornfield, Vipassana. El camino de la meditación interior. Cap. Instrucciones sobre la meditación)
Películas.
“Un buda”, (2005). Director: Diego Rafecas (Argentina). Este film expone la historia de un joven que habita en una gran ciudad y anhela la iluminación. Esta actitud de búsqueda, que no es siempre acertada, se contrasta continuamente con la filosofía de su hermano que prodiga una ética materialista.
“¿Por qué Bodhi-Dharma se fue al Oriente?”, (1981). Director: Bae Yong-gyun (Corea). Este drama expone la historia de tres monjes budistas Zen de distintas generaciones que habitan un monasterio en las montañas. El film describe las dudas y las particularidades de una vida dedicada a la búsqueda de la iluminación. Esta película es especialmente lenta, contemplativa y marca un ritmo que la mente Occidental tolera con dificultad. El titulo es un koan[7] y la trama atrae reflexiones de la filosofía Zen, ya sea a través de las enseñanzas del maestro o sugeridas por las imágenes.
Poesía.
La patria de la vida es el presente.
La patria de la vida es el presente,
Sólo estamos en el instante de ahora,
Estamos en la verdad. - Y el pasado
Con el futuro son sólo pensamiento.
En vano empujáis lo que tenéis delante,
En vano deseáis las cosas que vendrán.
Volved hacia vuestro interior y conoceréis
Que todo en el mundo, todo está en el presente.
Todo lo que fue o será alguna vez,
Fueron, serán sólo porque es.
¿No sabes que tocando a un hombre
Tocas la humanidad? La multitud es ilusión.
Di a miles de hombres la misma palabra
Y en miles despertará entonces
El mismo icono, el mismo sentido.
Signo que todos son en uno y el uno es en todos.
Mihai Eminescu



[1] Para la comprensión de esta exposición y su práctica es vivamente recomendable leer antes el texto de introducción de la meditación y aprehender, aunque solo sea de modo teórico, las diversas fases de esta disciplina.
[2] Esta práctica se explicará más adelante en el curso de forma completa.
[3] Con este color la práctica se puede iniciar desde el plexo solar.
[4] En este momento, los alvéolos absorben el oxigeno, la energía que la sangre carga para después distribuirla a todos los rincones de la anatomía, a la vez que también recogen el anhídrido carbónico.
[5] Este sonido es un mantra conocido en el budismo Chan de origen chino.
[6] En este caso se atribuye a este vocablo el sentido clásico asimilado a la percepción y definido por Aristóteles como: “una facultad que uno se ve obligado a invocar para explicar la síntesis por la conciencia de las sensaciones derivadas de los diferentes sentidos”. (Wikipedia, la enciclopedia libre, francés. Clave: sentido común)
“Henri Bergson define al sentido común como: la facultad para orientarse en la vida práctica". (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: sentido común)
[7] Complicados dilemas y sutiles acertijos que colocan la mente de quien medita ante determinadas paradojas y encrucijadas que constituyen un verdadero callejón sin salida para la mente racional. Su objetivo es suscitar el silencio y la serenidad mental ante la imposibilidad de aportar una respuesta coherente.

viernes, 1 de septiembre de 2017

El estudio de la mente, introducción. (La mente sensual)

“Durante la vida nuestra mente es parte inseparable de nosotros y, como resultado, sufrimos constantes altibajos. No es nuestro cuerpo el que va de arriba a bajo, es nuestra mente –esta mente cuyo modo de funcionar no comprendemos-. Por eso necesitamos examinarla de vez en cuando. Después de todo, es la mente la que siempre nos está diciendo lo que hay que hacer”. (Lama Yeshe. Tu mente es un Océano. Cap. Tu mente es tu religión)
Introducción.
Este estudio es una introducción a las características básicas de la mente del ser humano. Esta reúne un conjunto de facultades cognitivas y herramientas psicológicas imprescindibles para afrontar la existencia. La mente es una energía vital, biopsíquica[1], que se expresa en las diversas funciones tanto inferiores como superiores del organismo. Por lo tanto, esta engendra en el centro intelectual toda la actividad racional como son los pensamientos, las ideas, las opiniones, etc. En la función emocional promueve todos los procesos que se relacionan con el sentir, como son los sentimientos, las emociones, las pasiones, etc. Así sucesivamente con todos los centros del cuerpo físico.
En consecuencia, el auto-conocimiento define la mente como una energía o fuerza vital capaz de producir una labor sobre una función cuando esta se expresa a través de ella. Del mismo modo que la gasolina mueve un vehículo, la mente propicia que los centros de la máquina se desarrollen según sus propiedades. No confundir como es habitual, la mente con el cerebro. Este órgano es uno de los dispositivos celulares principales por donde se canaliza esta energía y permite al individuo disfrutar de un centro racional. Sin embargo, la mente también se expresa en otros órganos, otras glándulas,… como por todo el sistema nervioso. Por lo tanto, la mente no es solo el intelecto. Este último es una de sus expresiones. De manera que un concepto, una idea, un juicio, etc. que se aloja en la memoria es energía mental que se cristalizó en el centro intelectual. Asimismo, si experimentó una emoción es debido a que esta fuerza vital actuó sobre esta función lo que conlleva que esta alberga en su memoria todo tipo de sentimientos.
Otra apreciación común es atribuir a la mente el significado de entendimiento. En este caso, este término se refiere a la capacidad de comprensión del centro racional, por lo que este dicho corresponde a un sentido figurado.
A través de las distintas funciones, la mente despliega la capacidad de percibir, conocer, pensar, sentir, hablar, moverse, junto a todas las actividades que son propias del ser humano. Cuando una glándula, un órgano,… se halla dañado físicamente o no realiza correctamente su tarea, esta energía biopsíquica no se transforma de modo adecuado. Esto conlleva que la persona tenga algún deterioro psicológico, incluso físico y experimente dificultades o sea incapaz de un desarrollo integral de alguna función. Por ejemplo, si un individuo ha sufrido una parálisis cerebral, es imposible para la mente desenvolverse en la mayoría de los centros puesto que este interviene junto a sistema nervioso en todos ellos. Inversamente, si un sujeto no hace un uso apropiado de sus centros o abusa de ellos, esta energía mental deteriora los elementos fisiológicos que se emplean en la función. Esto puede acarrear alguna enfermedad de tipo psicológico, físico o ambos dependiendo de la naturaleza del mal-uso. Por ejemplo, si uno consume alguna sustancia psicotrópica con asiduidad es probable que origine una patología psíquica. Asimismo ocurre con el alcoholismo, la sobrealimentación, el trabajo excesivo y prolongado, las continuas preocupaciones, la sobrecarga de estrés, etc.
Por otro lado, la mente tampoco es la conciencia. Esta última es una facultad superior a la mente, es el principio inteligente. La mente obedecerá o no a la conciencia según la voluntad y la madurez de la Esencia libre que el sujeto disponga.
Todo niño nace con su mente dúctil en blanco, virgen o vacía de contenidos, en un inicio esta fuerza biopsíquica no posee ninguna morfología. No obstante, en la medida que esta energía vital se expresa en los centros, estos labran sus memorias. La constante interrelación entre las impresiones externas y la reacción de las funciones asientan experiencias y conocimientos adoptados del plano existencial que son acumulados en estas memorias. Esta estructura psicológica que, poco a poco, se erige en los distintos centros concreta paralelamente la mente particular y la personalidad singular del individuo.
La relación entre la mente, la personalidad y la existencia.
La personalidad y la diferenciación mental del sujeto dependen en gran medida del nivel de Ser de la Esencia. Cuanto más se identifica el niño con el mundo que le rodea menos capacidad de reflexión concurre en su relación con él. En efecto, según crece el infante, todas las experiencias que este vive convierten esta energía vital en una forma específica de pensar, sentir, obrar y de ser que conforma la mente del sujeto. Esta mente pierde su carácter virginal y se especializa adquiriendo hábitos, rutinas, patrones, costumbres, deseos, apegos, miedos,… de los cuales se deriva la personalidad. Igualmente, en este proceso se embotella parte de la Esencia libre a través de la concreción de carencias y defectos de tipo psicológico. La primera consecuencia de la canalización incorrecta de las energías en el ámbito anímico es la creación singular de una mente dependiente de los sentidos. Esta mente acarrea, asimismo, una personalidad con sus mismos rasgos que con el paso del tiempo se desarrolla y refuerza según las experiencias y la educación adquiridas.
Este diagrama enseña la importancia de aprender a transformar correctamente las impresiones y ampliar la facultad de la conciencia que se encarga de llevarla a cabo. El estado actual de la mente y la personalidad del individuo son debido a su carencia de conciencia. El niño, más tarde, adolescente y, finalmente, adulto ha elaborado toda su estructura mental y personal sin una real participación del principio inteligente. La secuela inmediata de esta situación es una elaboración psicológica inconsciente. En el ámbito psíquico o interno el sujeto elabora todos sus procesos desde el subconsciente. Sin embargo, la persona piensa de sí misma que está consciente, por el hecho de que supuestamente sabe lo que piensa, siente y hace. Esta visión de la realidad asumida por todos posee su lógica pero desde el auto-conocimiento, corresponde al segundo estado de conciencia, Pistis, el mal-llamado estado de vigilia. Esto indica que toda la estructura mental del individuo y su agente, la personalidad, son la base del sueño de la conciencia. Es importante para el estudiante que comprenda las consecuencias de esta hipnosis o este sueño en su vida, inicie un esfuerzo para salir de él y, paralelamente, adquiera la auto-conciencia, el estado de Dianoia. Este anhelo de cambiar el nivel de Ser ante las diversas circunstancias de la existencia no es posible sin un estudio profundo de la mente. Esta observación del funcionamiento erróneo de lo centros es la base del auto-conocimiento. Este último es el que facilita una “elección distinta”, más inteligente, al automatismo perpetrado en la psiquis durante el tiempo en que la mente actuó sin observación ni reflexión. Este reencuentro con la capacidad de elegir que se abre ante la persona restaura un libre albedrío que la Esencia perdió.
“En su etapa de aprendizaje la persona se asirá a estereotipos, para resolver sus necesidades biológicas y sociales, asumiendo determinados patrones y modelos de conducta, que le sirven de pauta para satisfacerlas y orientarse en el medio social. Normalmente, el individuo no debe buscar nada fuera de esos patrones y mucho menos crear otros nuevos, si no quiere ser rechazado. Así el individuo provisto de esas reglas, normas y modelos de interacción social se convierte en una personalidad social, sujeta a todas las actividades al nivel de civilización de su sociedad, que moldean su personalidad”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: creatividad)
La relevancia de un análisis de la mente radica en aprender a manejar esta energía que se desplaza por todas las funciones y constriñe a reaccionar maquinalmente. Esta situación provoca el error y acarrea el sufrimiento para sí mismo y los demás. Esto sucede bajo los efectos de la identificación. Este último estado obliga al estudiante a comportarse ante los eventos sin el debido conocimiento de las causas internas ni de las consecuencias externas de la acción. El alumno que aspira a conocerse a sí mismo precisa indagar dentro de su psiquis para aprender a manejar eficazmente esta energía mental. Es necesario descubrir el modo de operar de la mente en los centros, qué tipo de relaciones existen entre ellos, cómo se vincula con la personalidad y cómo le influye la percepción de la realidad. Es indispensable percibir cómo es nuestra mente y por qué lo es de esta manera.
Lo fundamental no es dictarle a la mente de los alumnos lo que debe pensar, sino enseñarle en forma completa, cómo pensar. La mente es el instrumento del conocimiento y es necesario que los maestros y las maestras le enseñen a sus alumnos y alumnas a manejar sabiamente ese instrumento”. (Educación fundamental. Cap. Qué pensar, cómo pensar)
La mente es el fundamento de lo que somos como persona y, en consecuencia, de nuestra existencia. La verdadera naturaleza de la mente es pasiva pero el ser humano, por ignorancia, ha tergiversado sus propiedades innatas y ahora esta se comporta como un agente activo. La mente como instrumento que posibilita la vida humana debería colaborar con la Esencia y expresar los impulsos de la conciencia. No obstante, en las condiciones en que esta se halla, actúa por sí sola, sin conexión con las partes superiores del sujeto como son: voluntad, Esencia y conciencia libres. En realidad, el estado mental del ser humano es un hibrido de subconsciente y egocentrismo que precisa ser observado y comprendido.
Por ejemplo, el centro instintivo de toda persona está programado para que esté activo en toda circunstancia para cumplir con el objetivo de mantener el organismo vivo. Pero, ¿tiene que estar el centro motor más activo de lo que requieren las circunstancias? La respuesta es negativa. Sin embargo, esta es la causa del síndrome la hiperactividad y del déficit de atención de muchos niños. ¿Qué ocurre con la función racional? La actividad del centro intelectual es continúa, no obedece a nuestra voluntad de quietud cuando uno está atrapado por una preocupación o anhela concentrarse sobre un objeto de meditación. Uno piensa, quiera o no, esté atento o no. El ser humano perdió hace tiempo el dominio sobre él. Asimismo, ocurre en ciertos individuos que han descarriado su lengua y son incapaces de frenar el hablar, incluso cuando se hallan solos, verbalizan lo que piensan. ¿Qué puede comentarse sobre la función emocional? Surge un evento y genera una emoción negativa y, una vez arraigada, es muy difícil que nuestra voluntad consiga que esta desaparezca. No obstante, el sentido común indica que cuando una función no se usa, esta debería quedar en estado de reposo, receptiva y en silencio. Esta carencia de control ocurre cuando una mente se adueña de las riendas de todas las partes que componen el ser humano en detrimento de su conciencia.
Esta energía de la mente es única. Sin embargo, según se concreta en el individuo esta se especifica en tres tipos con distintas características concretas que se detallan a continuación. Esta división facilita su observación y estudio. Estos tipos son: mente sensual, intermedia e interior o solar.
Mente sensual.
“El conocimiento de sí mismo es arduo; pensar con cuidado, tantear todo pensamiento y sentimiento resulta difícil; pero esta conciencia de todo pensamiento y sentimiento pondrá fin al camino sin rumbo de la mente. (J. Krishnamurti. Dichos de J. Krishnamurti. Cap. Conciencia)
Introducción.
Esta denominación describe que es la sección de la mente que se encarga de procesar las impresiones que se reciben del mundo material. Mente sensual significa que su composición depende de las sensaciones. La información o los estímulos físicos llegan por medio de los sentidos y al final del recorrido fisiológico se convierten en las impresiones que uno percibe.

El sistema sensorial advierte los estímulos externos. La luz con los ojos; el sonido con los oídos; la temperatura, presión y el contacto con la piel; ciertas propiedades químicas de los compuestos con la nariz y la lengua. La función instintiva por medio de cada órgano sensorial sintetiza estas diversas energías en impulsos nerviosos que se transmiten a los centros. Esta transformación psicológica de la información sensorial se inicia en el instante que llega a alguna función tutelada por un factor[2] que la procesa a su conveniencia. De esta manera, una imagen se transforma en el concepto “casa”, “perro”, “mujer”, “Antonio”, etc. Un sonido compone la palabra “cariño”, el centro racional la reconoce, uno se siente feliz, etc. Esta mente establece su centro de gravedad en la función intelectual, aunque todas las demás funciones participen de su estructura.
La mente sensual es indispensable para el ser humano a través de su facultad uno elabora conceptos, ideas, juicios,… en el ámbito racional; Asimismo, en el centro emocional se crean sentimientos, pasiones, emociones, etc. Todos los conocimientos adquiridos a través de esta mente se depositan en la memoria al igual que todas las vivencias que uno ha experimentado desde que tiene uso de razón. Por esta causa, tal como se ha indicado anteriormente, esta mente es la principal responsable de la formación de la personalidad. Uno se reconoce a través de este vehiculo de expresión. Este tipo de mente acarrea ciertas propiedades; es responsable de la formación de los conceptos; participa de las ideas, de la fantasía, genera representaciones mentales, etc. Esta es un sostén psicológico fundamental de nuestra existencia.
“La mente sensual es necesaria, pero hay que saberla manejar inteligentemente, con equilibrio”. (Cátedras I. Cap. 60)
La mente sensual tiende a moverse en el plano de lo conocido.
El rasgo principal de la mente sensual es que su aprendizaje se desplaza de lo “conocido a lo conocido”. Esto es debido a que todos los contenidos adquiridos derivan del plano exterior por la vía de los sentidos. Esto influye en su constitución y tiende a rechazar o desconfiar de lo desconocido, inédito,… o inexplorado. Asimismo, de aquello que no experimenta por medio de sus canales habituales de conocimiento. En consecuencia, la mente sensual crea un archivo que atesora exclusivamente referencias procedentes del ámbito material. Según este registro se incrementa, esta compara, inquiere, dentro de ella misma datos y experiencias anteriores para compararlas, asociarlas,… con las impresiones que recibe en ese momento. Este hecho acarrea ciertas características:
Ø      Experimenta dificultades a abrirse a lo nuevo.
Ø      Busca seguridad.
Ø      Genera una base materialista.
Ø      En sus extremos, se encamina al escepticismo y pragmatismo.
Estas propiedades de la mente sensual atraen actitudes, modos de pensar y sentir inadecuados cuando uno se enfrena a diversas situaciones de la existencia. Asimismo, entorpecen las relaciones humanas. Una mente cerrada difícilmente aprende a adaptarse o integrase en otros modelos de convivencia, a los cambios sociales, laborales, culturales,… que no sean los propios. En muchas ocasiones triunfan los perjuicios, los recelos, etc. Cuando el individuo se halla ante circunstancias que ignora, se percibe inseguro, incómodo, surgen sentimientos de inquietud que rechaza. Esta vivencia de la incertidumbre es inducida por la mente sensual donde se refuerzan actitudes que eliminan la espontaneidad y la naturalidad ante la vida; reduce la capacidad de la persona a experimentar la diversidad y el abanico de las posibilidades que esta ofrece. Quien se identifica con esta mente sensual crea un mundo alrededor de él mismo, centrado en su zona de confort físico y psicológico y apenas se interesa en lo que está fuera de su círculo vital.
“Todos tenemos mente; todos percibimos los fenómenos a través de nuestros sentidos; todos somos iguales en cuanto a nuestro deseo de disfrutar del mundo sensorial; todos nos aferramos del mismo modo al mundo sensorial, desconociendo tanto la realidad de nuestro mundo interior con la del exterior”. (Lama Yeshe. Tu mente es un Océano. Cap. Tu mente es un Océano)
Si esta mente controla la transformación de las impresiones la carga del pasado, sea esta positiva o negativa, aparecerá en el instante vigente. En consecuencia, siempre existirá en la percepción de la realidad una parte que dejó de serlo y que uno atribuye a la experiencia. No obstante, si se añade a la realidad una vivencia subjetiva, sobrevenida, se instaura un condicionamiento mental. Opuestamente a la transformación correcta de impresiones, facilitada por la conciencia, que adquiere una percepción objetiva de los hechos y aporta una experiencia de esta misma naturaleza. Lo que permite un aprendizaje en valores humanos y en el uso de su propia inteligencia práctica. Por esta causa, en una mente influenciada y subordinada al pasado predominan las ideas preconcebidas y esta trata de evitar que la vida sorprenda. Sus reacciones más frecuentes son la preocupación por el porvenir, los cambios, huir o evitar lo que no entiende, ni controla,… por lo tanto, el riesgo. Una de sus posiciones psicológicas más comunes es la duda. Esto acarrea la búsqueda de rutinas, el efugio en las costumbres y tradiciones, ideas conservadoras y cautelosas. Asimismo, provoca en la personalidad estancamiento, limitaciones, resistencias,… a lo nuevo, lo ajeno y la diferencia.
Un ejemplo muy común es lo que ocurre en muchas ciudades europeas donde se radicalizan posiciones por una falta de comprensión en la cuestión de la inmigración[3]. En muchos casos, tanto las personas que se instalan con culturas y religiones distintas al país de acogida como los habitantes que los reciben muestran carencias de valores humanos. Muchos individuos que llegan de fuera hacen poco por integrarse en una sociedad diferente y prioritaria ante los modos de vida de donde provienen. Esta distinción no debe entenderse desde el ámbito de los derechos puesto que todos son iguales ante la ley. Más bien, porque les corresponde a los últimos en llegar realizar más esfuerzo para alcanzar una normalidad en la convivencia y compartir los bienes que todos disfrutan. Por otro lado, el habitante nacional se olvida de la compasión, la paciencia, la tolerancia, la acción solidaria y la hospitalidad que dignifica a los seres humanos. ¿En qué interviene la mente sensual en muchos de estos problemas? Los primeros anteponen su propio modo de pensar, sentir y actuar como si estuvieran en su lugar de procedencia. Lo que significa que no son conscientes del aquí y ahora. Incluso, pretenden imponer sus propios criterios a los demás. Este rasgo es propio de la mente sensual y cuando se trata de asuntos religiosos de la mente intermedia. Estas personas experimentan una gran dificultad por cambiar sus costumbres debido a que sus mentes se hallan atrapadas en lo conocido. El individuo advierte una resistencia a abrirse a lo nuevo a pesar de que todo lo que le rodea lo es. De hecho, en muchos casos, tratan de concentrarse en un mismo barrio e inmediatamente generan un espacio singular. Por el lado de los nacionales, estos se perciben amenazados, extraños, en su propia ciudad, experimentan rechazo a la diferencia. En ambos colectivos concurre una posición psicológica similar, inducida por la mente sensual que es incapaz de comprender cuales son las causas de estas reacciones. En uno y otro se instala la inseguridad, la duda, el miedo, la desconfianza a lo ajeno, las mentes se encierran en sí mismas, en sus propios perjuicios. Muchas de estas actitudes intentan proteger privilegios. Esto provoca conflictos de convivencia, incomprensiones, sentimientos de discriminación, recelos, frustraciones, humillaciones, rencores, odios,… o total indiferencia. La situación sería muy distinta si se cultivara una mente abierta, colaboradora, que antepone el respeto, la capacidad de ponerse en el lugar de los demás, etc. El compartir aporta enriquecimiento, diversidad y pluralismo cultural a la sociedad, amplía la identidad de los individuos[4], aumenta la fuente de los conocimientos, la creatividad, etc. Una sociedad que es capaz de adaptarse, tolerar e integrarse despliega valores y es un factor de progreso, una muestra de humanidad, dignidad y nobleza de todos sus integrantes: de lo que ya estaban y de los que se suman a ella[5].
“Fuente de intercambios, de innovación y de creatividad, la diversidad cultural es, para el género humano, tan necesaria como la diversidad biológica para los organismos vivos. En este sentido, constituye el patrimonio común de la humanidad y debe ser reconocida y consolidada en beneficio de las generaciones presentes y futuras”. (Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural. Articulo 1º)
La mente sensual se encarga de la formación de los conceptos.
El niño asimila el habla en la medida que instaura los conceptos en su mente. Es decir, este es capaz de atribuir a los objetos que capta con los sentidos el sonido o la palabra oral que le corresponde según la lengua en la que se halla inmerso. Cuando el infante relaciona el objeto físico con el significante (imagen acústica) y se convierte en el significado (concepto) aprende simultáneamente a hablar y pensar. Esta actividad del lenguaje es propia de la mente sensual y se ubica fundamentalmente en el centro intelectual. Las primeras expresiones lingüísticas son descriptivas, elementales y motivadas por la imitación y el anhelo del niño de comunicarse con el mundo que le rodea. En esta etapa se establecen la mayor parte de los signos lingüísticos[6] que se integran en la memoria del párvulo y que serán indispensables para su posterior aprendizaje y madurez racional.
En conclusión, ¿cómo se forman estos conceptos? A través de los sentidos, el niño percibe la impresión de un objeto y, poco a poco, asocia su correspondiente sonido en el centro intelectual formando el concepto. Estos últimos se archivan en la memoria de esta función. Hay que señalar que los contenidos del aprendizaje están influenciados por la huella que imprime el centro emocional.
La confusión entre concepto y realidad.
La mente sensual por sus características innatas establece cierta relación entre la verdad del objeto con el concepto. La persona formaliza una identidad compuesta por un binomio constituido por una parte física que corresponde al objeto material y otra mental que alude al concepto. No obstante, esta identificación objeto-concepto no se fundamenta en la realidad sino en la impresión. El proceso de construcción es:
Objeto físico à impresión à concepto.
Solo es real el objeto físico, el hecho,… la impresión no es la realidad sino su reflejo en los sentidos; tampoco lo es el concepto que se define como una representación mental atribuida al lenguaje. Esta asimilación objeto-concepto como una verdad es un abuso de forma que la mente sensual establece en la psiquis y se cristaliza, más adelante, en la personalidad. Esto propicia una interpretación de la impresión como la realidad. En muchas ocasiones, esta identidad objeto-concepto produce en el individuo un auto-engaño, tal como se puede comprobar en los demás y en uno mismo. Puesto que el sujeto observa unos hechos y manipula las impresiones que provoca según lo que su personalidad o ego desea, teme, espera, conoce, etc. Los prejuicios, ideas, preconceptos, experiencias, estados emocionales,… intervienen en el instante de percibir las impresiones. La consecuencia de un estado psicológico conectado a la memoria sin atención plena induce una concepción errónea de las impresiones. Por esta causa, el ser humano acarrea una gran dificultad a comprender los hechos debido a que su estado de conciencia no se halla concentrado en el aquí y ahora. Cuando la conciencia está dispersa entre las impresiones que recibe y las emisiones del subconsciente, la persona no aprehende la realidad de los eventos. Esto recuerda porque el ego opera una percepción falseada de la verdad debido a que este se vale de su memoria para provocar la identificación en el individuo. Esta “no transformación correcta de impresiones” ocurre en los casos en que uno se halla en el primer o segundo estado de conciencia. Para captar la realidad de los hechos es indispensable que el sujeto disfrute del estado de auto-conciencia porque, de este modo, la transformación de impresiones es objetiva, sin “a priori”. El tercer estado de conciencia respeta el instante, el cual es: soberano, único e inalienable. Para el individuo, el momento vigente es un ahora y se plasma en un aquí. Si uno pierde estas dos referencias, el efecto es olvidarse de los rasgos más importantes de la información que acarrean las impresiones y obviarlos corrompe parte de su naturaleza. Una impresión advierte a la persona de un hecho en un tiempo y lugar. Por ejemplo, si uno observa unas imágenes en un canal de televisión sin referencia alguna de cuando ni donde ocurren, esta información sería de poca utilidad. ¿Qué ocurriría si un medio de información presentara unas imágenes perteneciente al pasado, por ejemplo, de hace cinco años, e indicaría que son de hoy? Sería una falsedad manifiesta, estaría manipulando la opinión pública y, por lo tanto, consumaría un fraude.
Esto mismo sucede en la mente de mucha gente cuando ve, oye,… algo y no le presta la atención suficiente al aquí y ahora. Asimismo, tampoco uno se recuerda a sí mismo en el momento de interpretar la impresión, por lo que no percibe el grado de intervención o actividad de su subconsciente. Esto indica claramente que si una persona emite un concepto sobre un acaecimiento que advierte, en el mejor de los casos, describe la realidad; sin embargo, esta descripción no es la realidad. Los conceptos son siempre deducciones, inferencias, suposiciones,… mentales sobre las impresiones que pueden ajustarse más o menos a la verdad del hecho, pero no son esta última.
“Por ser la experiencia algo concreto con respecto a un individuo y, por tanto, subjetiva, única e irrepetible, todos los elementos incorporados a la memoria, tanto de experiencias personales como de cultura, sociedad, y sobre todo de la lengua propia, son elementos interpretadores de la experiencia concreta e influyen de manera decisiva en el proceso de conceptualización”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: Concepto)
Por otro lado, los conceptos, tampoco, son la causa de una comprensión integral, esta facultad es propia de la auto-conciencia. Se precisa de su presencia en el momento de recibir la información o la impresión, para que no haya interpretación, sino que uno intuya, aprehenda, la realidad del hecho. Esta percepción de la verdad es la que origina la comprensión real, inmediata y completa, la cual se hace creadora. Esto es debido a que atrae un pensar, sentir y obrar recto, innovador y determinado por la inteligencia práctica. Es primordial que el alumno sea consciente de este proceso para evitar la confusión entre el concepto y la realidad causada por el grado de identificación que este carga en su vida cotidiana.
“La relación lenguaje-concepto debe entenderse más bien como una multiplicidad de expresiones que tienden a un concepto-difuso, el cual a su vez se desplaza en el devenir de los acontecimientos”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: Concepto)
Parte de la confusión proviene del entendimiento intelectual, el cual es necesario pero no suficiente para advertir la realidad de una situación. Si uno carece de discernimiento, la comprensión es incompleta y superficial. Esto deriva en la toma de decisiones, la cual es afectada por la imprecisión y conlleva un grado de error no estimado y responsable de los sufrimientos humanos. La mayoría de la gente ignora estas propiedades de la mente sensual por falta de conocimiento de sí.
Los sistemas educativos actuales perjudican el desarrollo armonioso de la Esencia.
“Recientes observaciones han demostrado ampliamente que los niños están dotados de una particular naturaleza psíquica, y esto nos indica una nueva vía para la educación, una forma distinta, que afecta a la humanidad misma, y que aún no se ha considerado nunca. La verdadera energía constructiva, vital y dinámica, de los niños aún permanece ignorada desde hace miles de años; del mismo modo que los hombres primero pisaron la tierra y luego cultivaron su superficie, sin conocer ni preocuparse de las inmensas riquezas que yacen ocultas en sus profundidades, el hombre moderno progresa en la civilización sin conocer los tesoros que yacen ocultos en el mundo psíquico del niño”. (María Montessori. Obra: La mente absorbente del niño. Cap. El niño en la reconstrucción del mundo)
Uno de los factores más relevantes que refuerzan la mente sensual en detrimento de la Esencia del niño son los modelos actuales de educación. Sobre todo a partir de la primaria, secundaria y estudios superiores. La responsabilidad de la formación de los menores recae en distintos grados sobre la familia, los planes de estudios, los educadores y a la ciudadanía en su conjunto. La enseñanza reglada es indispensable en una sociedad avanzada, próspera y plural. Este apartado trata de elaborar un análisis constructivo de la misma. El auto-conocimiento plantea revalorizarla en todos los ámbitos y extenderla incorporando dos nuevos factores inherentes al ser humano: la Esencia y la conciencia libres. Una característica notable de los planes de estudios es que ignoran estas partes superiores -anímica y cognitiva- a la mente del niño. Así mismo ocurre con las familias, los profesores y la comunidad. Esto implica que los valores humanos no son inculcados ni incentivados desde la raíz en la que crecen y florecen. Aunque esto sea un propósito de la escolarización actual, este sentido de humanidad se confunde con la educación moral o una letanía de reglas, normas, sociales y hábitos de conducta. Estos preceptos culturales y formales necesarios pero no comprendidos en la conciencia del niño se instalan en la mente sensual. El chico crece sometido progresivamente a una presión y unas expectativas sociales y familiares donde se le inculca una gran cantidad de información racional. Esto puede ocurrir incluso a muy corta edad, tal como evidencian los pedagogos que estudian este tema.
“Sorprende el afán de los maestros y las maestras para que los niños aprendan a leer y a escribir en el último curso de educación infantil, sin considerar que no es una etapa obligatoria. Es tan fuerte la presión social, que se termina anticipando unos aprendizajes más propios de la educación primaria. No quiero decir con ello que la lengua escrita no deba estar presente en las aulas de parvulario, pero en algunos casos, el trabajo que se realiza supone para los niños más bien un entrenamiento al conocimiento del alfabeto que un acercamiento significativo al escrito”. (Autora: Montserrat Bigas Salvador. Glosas didácticas, Nº 17. Primavera 2008. Universidad Autónoma de Barcelona)
Esta situación está motivada porque las referencias de la escolarización son racionales. Normalmente, la sociedad todavía identifica la educación a la adquisición de conocimientos de índole intelectual, lo que conlleva una concentración masiva de información sobre esta función.
La fuente de humanidad de toda persona se halla en la Esencia libre no en la mente. La causa es sencillamente debida a que todos los seres humanos acarrean por definición un “alma humana”. Análogamente, un lobo carga la naturaleza esencial de su especie “Canis lupus” y no la de una marmota. Lo elemental del lobo es desarrollar instintivamente todo su potencial. Todos los animales tratan de desplegar lo que le es propio. Esto no niega que muchas de sus conductas sean aprendidas, de la misma manera que otras son innatas. Esto significa que en lo esencial, la mujer y el hombre acarrean de modo latente todos los valores que son intrínsecos a su condición humana. Todas las cualidades éticas, por ejemplo: el amor, el altruismo, etc. son integradas por la conciencia, el principio inteligente[7]. Es cierto que los niños, igualmente, muestran defectos y carencias de estas facultades y, precisamente, en esto consiste el aprendizaje del alma. No obstante, todos los recién nacidos en sus primeros años muestran naturalidad, espontaneidad, capacidad de asombro, belleza, ternura, etc. Por esta causa, la formación del infante precisa desenvolverse en todos los campos del saber junto a todos los ámbitos del Ser. El aprendizaje de la lengua materna, uno o varios idiomas, las matemáticas, la expresión corporal, las habilidades manuales, deportivas, la música, el arte, las ciencias sociales, naturales, la física, etc. se produce en la mente sensual, en los distintos centros del organismo. Sin embargo, la capacidad de pensar por sí mismo, de adaptarse a la realidad, de percibirla correctamente; de ser parte de la solución en lugar del problema en una situación dada; el ocuparse de sí mismo como, paralelamente, de los demás; el respeto, la cooperación, la dignidad, la justicia, la temperancia, la responsabilidad, la autonomía, etc. son del dominio de la Esencia. En consecuencia, las facultades anímicas y cognitivas del ser humano precisan ser estimuladas tanto desde el plano externo como interno.
“Debemos reconsiderar la organización del conocimiento. Para ello debemos derribar las barreras tradicionales entre las disciplinas y concebir la manera de volver a unir lo que hasta ahora ha estado separado. Debemos reformular nuestras políticas y programas educativos. (Edgar Morin. Obra: Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Prefacio del Director General de la UNESCO. Federico Mayor Zaragoza)
La escuela precisa mejoras que se deberían implantar a lo largo de este siglo en vista a las carencias pedagógicas que muestra en la actualidad y que se harán más evidentes con el paso del tiempo. Aunque los planes educativos se renuevan constantemente para adaptar los contenidos, las grandes líneas de trabajo en la enseñanza obligatoria deberían  “disminuir la cantidad de información” de las materias docentes. Restringirla de modo que el alumno aprenda lo esencial y que sea significativo desde la perspectiva práctica en un uso y utilidad a su propia vida y desenvolvimiento como persona. De modo que el centro intelectual no quede descompensado con respecto a las demás funciones.
El conocimiento de sí insta a que la educación colabore a la emancipación de la Esencia junto a sus atributos y refuerce la capacidad de asombro del párvulo. Esta última es la vía natural, espontánea y libre de la mente predispuesta a aprender[8]. Un niño a los tres años sabe hablar y atribuye correctamente los nombres de la mayoría de los objetos y las personas que le rodean, sin un profesor que lo enseña, ni estar en un aula[9]. Esto significa que el infante posee una capacidad innata para aprender del mundo que le rodea.
“Los niños de nuestras primeras escuelas pertenecían a las clases más humildes del pueblo y sus padres eran analfabetos. Sin embargo, a los cinco años estos niños ya sabían leer y escribir, y nadie les había enseñado directamente”. (María Montessori. Obra: La mente absorbente del niño. Cap. El niño en la reconstrucción del mundo)
En el futuro es recomendable que la escuela estimule la conciencia, la cual es la “base de la organización psicológica” del ser humano. La enseñanza proporcione una personalidad equilibrada y eduque en armonía todos los centros.
La función intelectual junto al imprescindible aprendizaje del habla, lectura, escritura y cálculo, el dominio de un segundo idioma y demás materias, requiere ampliar sus conocimientos sobre sí misma. Es decir, el alumno aprenda a reflexionar y atraer los principios básicos de la inteligencia práctica, a pensar por sí mismo; a meditar y serenar la mente; comprender las cualidades y limitaciones de esta función, a transformar correctamente las impresiones, etc.
En el centro emocional, el adolescente comprenda su expresión, conozca sus propiedades, aprenda a gestionar sus emociones negativas o inferiores,… Esto puede enseñarse por medio del teatro y de la representación de roles; el aprendizaje de la recitación de poemas, fábulas, cuentos, mitos,… donde se trabaja tanto el intelecto como la expresión emocional, oral y corporal de los niños. Incluir el conocimiento de ciertos arquetipos mitológicos de las antiguas civilizaciones recogidos en sus leyendas, donde se inspira, la imaginación, la creatividad y se asocie a la Historia. Asimismo, el contacto directo con la naturaleza, el bosque, los animales que se hallan vinculados a la vida rural, la ganadería, la agricultura de modo asiduo y no testimonial. El niño valore estas profesiones y actividades. La visita y estancia en granjas-escuelas donde se trabajan los temas de biología, zoología, etc. y se inculca a los infantes la dimensión emocional del respecto a los animales y al medio ambiente. Un alumno se oriente correctamente en el bosque, contemple el cielo nocturno y reconozca las estrellas más importantes. Sienta y se inspire de la belleza del universo.
En esta función se hallan los valores más elementales de compasión y empatía. En consecuencia, ocuparse de desarrollarlos; inspirar la sensibilidad al sufrimiento humano, a comprenderlo, percibirlo en los demás, en sí mismo y encauzarlo a evitar acciones que lo provocan. Lo que limitaría considerablemente los casos de “abusos y vejaciones” que últimamente ocurren en los centros escolares ejecutados por los mismos alumnos. Esto es posible si se despierta la conciencia del niño a estos temas a través de la aprehensión de sus mismos recelos, aflicciones y reflexionar sobre ellos. Comentar situaciones reales y cómo ciertos niños las afrontan[10]. También los centros educativos precisan ser un vértice de sensibilización y comprensión sobre las realidades de la vida humana. Situaciones como la enfermedad, la vejez, el fallecimiento. Hoy en día, muchos niños se enfrentan a la pérdida de un ser querido al mismo tiempo que descubren el hecho que la vida es un tránsito. Se requiere del infante que entienda y acepte ambos eventos al mismo tiempo, haciendo su tarea más difícil y en el momento más inoportuno. Esto mismo acontece con la enfermedad. Escenarios como la desigualdad, la injusticia, la violencia… y la trascendencia de los atributos y acciones que las impiden. La formación emocional del chico en este campo es primordial para su posterior madurez y equilibrio, de modo que sea capaz de gestionar correctamente las emociones. Otro ámbito de instrucción desde la escuela y el hogar es el manejo de las contingencias. Las dificultades siempre surgen en cualquier actividad y se presentan tanto en el ámbito psicológico como externamente. Es necesario que el alumno comprenda esta realidad, afronte sus recelos, dudas y resuelva las resistencias exteriores con valores humanos. En este centro, también, se hallan las inclinaciones por las artes, la música, el canto; la capacidad de crear, apreciarlas y transmitir al tocar un instrumento en armonía con la función motora y las sensaciones.
“Los cambios sociales y tecnológicos han modificado el mundo y ahora uno, tras pasar por la universidad, obtiene un título pero no un trabajo, y en el mundo laboral se pide una inteligencia diversa mientras que el sistema educativo merma algunas capacidades: no enseña a bailar igual que enseña matemáticas, no apuesta por la música porque no lo ve como algo de utilidad para un trabajo, y no educa a la totalidad del ser”. (Sir Ken Robinson[11]. Articulo: ¿La escuela mata la creatividad? La Vanguardia. 09/11/2015)
En el centro motor, la educación física y la práctica de algún deporte están presentes en las escuelas aunque habría que estimular más las disciplinas olímpicas. De este modo se aumentaría la diversidad de elección, un mayor conocimiento de estas y el descubrimiento de aptitudes. Los niños de ambos sexos precisan intensificar la coordinación de movimientos con la vista, el tacto y la mente sensual en múltiples tareas manuales. Estas labores implican el manejo responsable de utensilios y herramientas. Así mismo, fomentar las artes plásticas desde la más corta edad: pintura, escultura, dibujo, grabado, etc. El alumno manipule distintos materiales, capte con la experiencia espontáneamente sus cualidades, densidades, su ductilidad, fragilidad, dureza, etc. Estas vivencias les facilitaría el aprendizaje en un ámbito ameno, creativo y singular. Las actividades pueden intensificarse en el manejo e interpretación de planos sencillos, la toma de medidas, el estudio de volúmenes, de perspectivas, la comprensión de ciertos principios de la Física a través de la evidencia empírica.
Así mismo, otro modo divertido de enseñar la coordinación motriz es la combinación de la música y el baile de salón o la danza. Con la música y las canciones los niños se concentran individual y colectivamente o por parejas para aprender los pasos, ritmos y cadencias; apreciar la armonía del movimiento, trabajar la percepción espacial, etc. A través del ocio se cultiva la afición por estas disciplinas, forja una cultura artística que concierne la función motora y emocional, facilita el desarrollo integral de la persona y las interrelación con los demás. Se pueden crear instrumentos musicales sencillos: maracas, panderetas, tambores, flautas, instrumentos de cuerda, viento, etc.
“La creatividad en la educación es imprescindible, “no para que algunos sean genios, sino para que nadie sea esclavo”, para que todos puedan llegar a ser artistas del vivir e intérpretes de sí mismos. En la escuela hay una creatividad de las ideas, del lenguaje, de la expresión plástica o musical e incluso una creatividad de los movimientos”. (José María Toro Alés. Revista Creatividad y Sociedad, Nº 12, septiembre 2008, Titulo: La creatividad del “co-razón”)
Estas son algunas de las ideas que muestran la cantidad de actividades que crean una atmosfera receptiva, abierta, de la mente y atraen la atención del niño para formarse. Es muy importante que el párvulo adquiera competencias sobre su centro motor y propio cuerpo. Sea consciente de una utilización correcta y equilibrada de esta función, de su mal-uso y abuso; perciba cuales son sus limitaciones, emprenda esfuerzos progresivos, responsables; no ponga su vida en peligro en actividades sin atender a las medidas de seguridad, etc. Comprender la importancia del ejercicio físico desde la perspectiva de la salud.
La coordinación de una acción se inicia en el centro intelectual. Antes es necesario que el infante aprenda a pensar, reflexionar, esté presente a lo que anhela hacer. Después, este debe sentir lo que piensa, la función emocional une el pensamiento con el acto. Finalmente, requiere obrar lo que pensó y sintió con temperancia.
La función instintiva precisa ser educada desde la escuela en colaboración con los padres y las familias. El estudiante sea capaz de relajar el cuerpo físico, aprenda a respirar de modo abdominal. El profesor enseñe el control del cuerpo, la canalización de su energía vital a través de actividades formativas. Así mismo se relacione correctamente con la comida, evitando desordenes alimenticios. Conocer y comprender la relevancia que posee este centro en la regulación de una vida sana y el mantenimiento del organismo. Esta función se vincula a la gestión de las sensaciones. El alumno precisa conocer las características de los sentidos, aprender a controlar apetitos y deseos que se fundamentan en los instintos y producen desequilibrios. Esto depende del conocimiento que el niño y, más adelante, el adulto obtenga de su mente sensual.
La función sexual adquiere relevancia en la pubertad. Los planes de estudios prevén información y educación sexual, sus peligros en la transmisión de enfermedades y de embarazos no deseados. Aunque es poco significativa debido a la escasa transcendencia que los estudiantes le otorgan. Les enseñan de modo racional lo que normalmente ya saben. La formación del púber en el ámbito sexual debería evocar la expresión del amor, de la ternura, de una acción basada en el compartir. Ampliar el aspecto que la relación sexual es la culminación de un itinerario basado en el conocimiento de sí mismo y del otro. La unión sexual concreta un conjunto de vivencias que llenan de sentimientos, respeto y de responsabilidad la relación de pareja. La escuela debe instruir a los adolescentes sobre el abuso de la propaganda en el uso de estereotipos y arquetipos sexuales de los cuales ellos son las primeras víctimas. Estos disciernan por sí mismos y comprendan la manipulación mental que ejercen los mensajes publicitarios y medios de comunicación para conseguir sus objetivos. Así mismo informarle que la energía sexual es la depositaria del caudal vital que influye el instinto y que requiere una atención plena para su dominio desde los valores humanos. Para ello, la persona precisará un conocimiento propio de su sexualidad a través de la observación de sus ritmos e impulsos. En muchos casos, los deseos y fantasías que confunden el amor con el sexo, propio de la juventud, se relacionan con las impresiones y la mente sensual. El desconocimiento de la energía sexual convierte a muchos jóvenes de ambos sexos en las primeras víctimas de una sociedad que vulgariza el sexo o lo esconde bajo un tabú. En este periodo de la existencia es cuando uno entra por la puerta del mal-uso y abuso de la energía sexual ignorando que en ella se halla el potencial creador del hombre y de la mujer.
Estos ejemplos sobre la instrucción de las diversas funciones en la escuela son un simple apunte de una gran cantidad de ellos. Existen muchos pedagogos que han descrito las carencias de la enseñanza y han aportado sus soluciones. No obstante, el profesor es quien posee la clave de su propio aprendizaje a través de la observación, experiencia e inteligencia práctica como docente. En la medida que la educación seduzca a profesionales con vocación y anhelo de conocerse a sí mismos, los chicos serán los primeros beneficiados y los padres gozarán de un orientador objetivo. Todos los sectores implicados en la enseñanza no deben olvidar que los protagonistas de la educación son los niños, no los planes ni los profesores ni los padres.
Los errores que acarrea la enseñanza actual debido a la carencia de auto-conocimiento.
“Aunque la educación sea reconocida como uno de los medios más aptos para elevar la humanidad, aún se la considera sólo como educación de la mente basada en viejos conceptos, sin pensar en sacar de ella una fuerza renovadora y constructiva”. (María Montessori. Obra: La mente absorbente del niño. Cap. El niño en la reconstrucción del mundo)
Uno de los puntos más desconcertantes de la formación escolar es la carencia de una práctica al “estado de presencia plena” de los profesionales de la enseñanza. A pesar de todo el amor que le dedican a sus funciones, los educadores ignoran que su conciencia se desenvuelve entre el primer y segundo estado. Asimismo, desconocen la auténtica raíz de las emociones negativas que le asaltan en un aula y las características tanto de su personalidad como de su mente. Los formadores, como las demás personas, entran en identificación y se hipnotizan por lo que es comprensible que pierdan los nervios y el equilibrio interior en muchas ocasiones. Muchos tratan de retener o sobrepasar estos trances que provienen del subconsciente y se acumulan internamente. Esto causa un proceso de estrés y situaciones difíciles de comprender que les atrae malestar, inseguridad y frustración. Muchos requieren apartarse de la docencia durante un tiempo para tratase de ansiedad o depresión y recuperarse. La falta de auto-conciencia de los educadores no les ayuda en sus competencias ni es beneficioso para los alumnos ni al entorno escolar. Este hecho requiere una reflexión de la sociedad y de las universidades sobre la conveniencia de formar profesores que ignoran los principios básicos del alma humana.
“La calidad del sistema educativo depende en gran parte –aunque no únicamente, por supuesto- de la calidad de los docentes. Al revisar las reformas educativas emprendidas en todo el mundo en los últimos decenios, se comprueba que han tenido éxito las que se basaban en una mejora del profesorado y han fracasado las demás. Reflexionar sobre nuestra profesión me parece imprescindible y urgente”. (José Antonio Marina. Consejo Escolar del Estado. Revista de Participación Educativa, 16, marzo 2011, pp. 2-3, Los docentes, conciencia educativa de la sociedad)
La estructura escolar fomenta la “competividad” entre los alumnos, del mismo modo que lo hace en el seno familiar y en la sociedad. No confundirla con la necesaria competencia en el desempeño de una actividad. Este resorte psicológico en el seno de las aulas induce a la rivalidad y la comparación. Estos procesos mentales conllevan que los niños originen desde la más temprana edad complejos de superioridad e inferioridad. La competitividad surge del sistema de valoración supuestamente objetivo de exámenes que en su mayoría son escritos. Esto significa que acentúa los conocimientos y la memoria intelectual. A esta función se le otorga mayor importancia y esto provoca un desequilibrio con respecto a los demás centros. Este deseo o necesidad de llegar al aprobado genera una gran presión en los niños y según los resultados obtenidos se refuerzan los procesos duales de la mente sensual. Cuando en una calificación uno alcanza el apto la mente reacciona con satisfacción al igual que los familiares, el proceso inverso implica frustración. Por esta causa, la competividad es un resorte inventado por la propia mente para adueñarse de los principios de la Esencia. Ambos, la satisfacción y la frustración, son dos extremos de una misma realidad. Según la circunstancia, la mente se posiciona en uno de ellos, alegría o tristeza, son las reacciones más comunes, si no se comprende ni hay conciencia de este hecho. En muchas ocasiones, el sistema educativo coloca sobre los hombros de los chicos, adolescentes y jóvenes la carga pesada de su futuro. Esto se agrava con las expectativas familiares. Después de estas presiones se constata que los exámenes aprobados o suspensos fueron importantes pero los conocimientos que se exigían en ellos no lo eran. En la medida que se fueron superando estos datos y saberes se olvidaron para ser sustituidos por otros que igualmente se perdieron en el fondo de la memoria.
La competividad se justifica como un valor por el sistema para superarse a sí mismo. Sin embargo, esto en la práctica es una falacia porque un niño no es un producto que se halla en el mercado para venderse ni es una empresa que rinde cuentas a un consejo de administración. Muchos profesionales argumentan que esta fomenta la voluntad de esfuerzo, agudiza la perspicacia, la perseverancia, etc. La competividad no es un atributo de humanidad. Es un resorte o tensor mental para estimular la ganancia ante una referencia que puede ser un reto, una dificultad, un examen u otra persona, etc. La competividad precisa de una retribución o un premio, sea este material o psicológico. Por esta causa es dual, cuando no se alcanza la referencia competitiva hay sanción, reproche. Muchos objetan que este resorte mental ayuda a reflexionar sobre los errores para superar las siguientes pruebas. La reflexión sobre el error no descansa sobre el impulso competitivo, sino de ser inteligente o consciente de las carencias o limitaciones que uno acarrea. La superación personal se erige sobre la base de la comprensión de los errores que uno comete en una actividad porque es digno del ser humano anhelar la rectitud. El uso de la voluntad e inteligencia práctica en cualquier acción no deben ir en detrimento de la solidaridad, la cooperación, el respeto por los demás, etc. La competividad es una actitud mental que estimula la rivalidad entre los niños; esto conlleva formar adultos con este patrón que a su vez empujan a sus hijos a serlos. Esta rueda infernal produce personas susceptibles, dependientes de lo que hacen los demás, promueve defectos psicológicos como el orgullo, la envidia, los celos, los rencores, los miedos,… Produce una sociedad cada vez menos humana, solidaria y, por el contrario, más y más individualista.
“La escuela es el lugar donde los alumnos acuden a trabajar juntos para aprender, colaborando mutuamente y para disfrutar de las experiencias que se ofrecen, como si de una aventura productiva se tratara en la que todos pueden aprender: “un lugar de encuentro donde se establece la base de la comunidad, donde todos los alumnos pueden ser excelentes sin la necesidad de triunfar sobre los otros”. (Dr. Joan J. Muntaner. Universidad Islas Baleares. Articulo. La igualdad de oportunidades en la escuela de la diversidad)
Otro factor favorecido en los centros educativos es el “individualismo”. Este factor psicológico se confunde con la necesaria individualidad que toda Esencia y persona debe desplegar en su proceso de emancipación. El primero de ellos es sinónimo de egocentrismo. De hecho, este término indica la tendencia psicológica que otorga supremacía a la persona con respecto a los demás. Obrar según su voluntad sin prestar atención al otro ni atender a las normas de comportamiento que regulan sus relaciones. El individualismo es una doctrina ética, política, filosófica o social que considera al sujeto fundamento y fin de todas las leyes y relaciones morales y políticas[12]. Estas definiciones permiten una percepción de la realidad educativa y social que favorece esta actitud que se registra en la psiquis de las personas. Por un lado, es un proceso que se refuerza en la mente del chico por imitación al individualismo que observa en los demás. Por el otro, este rasgo psicológico es una consecuencia del subjetivismo y egocentrismo que acarrea la mente sensual del niño al ser el centro de la recepción de impresiones. Este se acostumbra a captar la realidad exclusivamente desde su perspectiva. El infante se concibe protagonista de su existencia y esto lo lleva a una profunda identificación consigo mismo. Esta reacción lógica de la mente sensual se instada de modo mecánico e instintivo por una carencia de reflexión íntima. La atención de la persona es unidireccional y disyuntiva: se dirige hacia lo exterior o lo interior. Esto significa que solo advierte uno de los dos planos de la realidad y, el efecto de su visión y vivencia es incompleto y sesgado a la conveniencia de sus estados anímicos. Esta situación se agrava enormemente en los ámbitos familiares y la escuela debe ser el lugar donde este defecto de la mente sensual sea subsanado por una falta de conciencia. De este modo, el párvulo comprenda que existe otra realidad que él mismo, este aprenda a integrar a los demás. Los docentes desplieguen su arte, experiencia y saber para que los valores humanos que el infante carga en su Esencia libre se desarrollen. Si surge un escenario, este aprehenda una nueva forma de relacionarse y cambie su incipiente modo de pensar, sentir y actuar, individualista y egocéntrico, por otro consciente. El hecho es que tanto los pequeños como los adultos practican el individualismo pero la psiquis de la gente está dividida y carga una pluralidad psicológica, lo cual indica que cada ego en sí mismo arrastra su propio individualismo. Esto causa una gran cantidad de divisiones internas que provocan contradicciones, incoherencia, conflictos internos,… en la mente sensual que se estudian en un apartado posterior.
“Es preciso adecuar el proceso a las demandas reales de cada alumno para potenciar al máximo sus capacidades. Por otro lado, la atención a la diversidad se fundamenta en la cooperación entre todos los participantes en la escuela, pues todos pueden hacer aportaciones a los otros y todos necesitan las ayudas de los demás, no desde la competición sino desde la colaboración”. (Dr. Joan J. Muntaner. Universidad Islas Baleares. Articulo. La igualdad de oportunidades en la escuela de la diversidad)
La escuela junto a todos los actores de la educación precisan reconducir el individualismo en solidaridad, cooperación, amor y respeto por el prójimo. Los niños aprendan a trabajar juntos, compartir ideas, repartirse el esfuerzo equitativamente, por lo tanto, de organizarse ellos mismos. Esto implica el cultivo de la paciencia, tolerancia y generosidad por los compañeros. Opuestamente, el individualismo origina y se nutre de egoísmo, narcisismo, orgullo, indiferencia, intolerancia por el prójimo, etc. Todos egos que alzan un impedimento a la concordia en la sociedad, al entendimiento con los demás y eficacia en empleos donde la sinergia es un valor en el trabajo de equipo.
Esta conducta centrada en su propio interés reconoce difícilmente sus responsabilidades con respecto al bien de todos. Del mismo modo, que el colectivismo ignora el bien del individuo. En los colegios es necesario que haya una “toma de conciencia” sobre este proceso mental y no se confunda con la individualidad. Esta última, es un elemento esencial del auto-conocimiento. La singularidad de la Esencia significa autonomía, diferenciación, identidad, valores e imagen de Ser, libre albedrío, conciencia de sí y de los demás y pensamiento recto sin condicionamientos pero con responsabilidad por el mundo que nos rodea. La individualidad se desarrolla con la observación, comprensión y eliminación de la pluralidad psicológica y el despertar de la conciencia de Ser.
Los planes de estudios “limitan la libre iniciativa” tanto de los alumnos como de los profesores. Los currículos determinados por los pedagogos y catedráticos parten con la intención de instaurar unas referencias y un principio de unidad en todos los colegios. Establecen las competencias que los alumnos precisan dominar con el propósito de organizar un ritmo en su aprendizaje. Hoy en día, la escuela es el elemento de socialización más importante. Los poderes públicos buscan a través de los planes educativos un cemento que sirva de unión entre los individuos que forman una comunidad. Aunque la enseñanza contempla la diversidad y la heterogeneidad, estos tienden a elaborar criterios de convergencia del pensamiento, crean hábitos comunes, valores culturales y sociales. La uniformidad de la educación se justifica por la necesidad de socializar al niño, esta se escuda en el derecho de la igualdad y de prevención a la discriminación. Estos elementos requieren tomarse en consideración, pero no menoscabando la libre iniciativa.
“Es urgente que los maestros y maestras abandonen esa tendencia anticuada y perniciosa dirigida siempre a modelar la mente plástica y dúctil de los niños”. (Educación fundamental. Cap. Qué pensar, cómo pensar)
El elevado número de alumnos por clase, ratio, más las densas programaciones de los cursos imposibilitan atender las necesidades creativas de profesores y alumnos. En la práctica, las clases crean escenarios de enseñanza grupal por lo que establece una uniformidad en los modos de pensar, sentir y de las costumbres. Este contexto se acentúa con una cantidad de deberes mecánicos, cansinos y recurrentes a realizar en casa que aliena la mente del infante.
“En la escuela se enseña al niño a amoldarse a los patrones establecidos, a adoptar un pensamiento convergente en lugar de divergente; al profesor le interesa que los niños contesten lo que se espera acerca de determinados contenidos y que los estudiantes no se salgan de las rutas trazadas”. (Petra María Pérez[13]. Articulo: ¿La escuela mata la creatividad? La Vanguardia. 09/11/2015)
Otro elemento que inhibe la “creatividad” del niño es las consecuencias que acarrea estigmatizar la equivocación. Si, en lugar de corregir el error desde la comprensión del mismo, es sancionado con burla o ironía deriva en recelo, inseguridad y auto-censura a sus propias ocurrencias e iniciativas. El miedo al “qué dirán” y el sentido del ridículo son pronto asumidos por el chico, instaura una base en la personalidad y desencadena un estado mental rígido y cerrado. Así mismo, deteriora la confianza en sí mismo y los demás, por lo que la creatividad espontánea del infante es mermada, incluso, recluida en el trasfondo de la psiquis. Estas reacciones de los adultos con respeto a los niños perjudica igualmente su capacidad de asombro.
La educación actual ignora los “centros superiores”: intelectual y emocional. Esta incluye en sus programas: música, artes plásticas, poesía, canto, danza clásica, redacción, recitación,… Sin embargo, esta desconoce que existen en el organismo unas funciones que integran facultades indispensables para adquirir un conocimiento trascendente vinculado a la realidad. Estas capacidades superiores del ser humano establecen la vía de expresión de la conciencia, las cuales se denominan[14]: imaginación[15], inspiración e intuición. A través de ellas, el niño descubre y conecta con su propia creatividad, invención, libre iniciativa, originalidad, facultad de anticipación, prevención.
“En el caso del ser humano no se trata, por tanto, de desarrollo, sino de creación, que parte de cero. El maravilloso paso realizado por el niño es el que lo conduce de la nada a cualquier cosa, y a nuestra mente le resulta difícil comprender tal maravilla”. (María Montessori. Obra: La mente absorbente del niño. Cap. Los periodos del crecimiento)
En los centros de innovación pedagógica proponen nuevas formulas de enseñanza. La imaginación es uno de los atributos que precisa más atención por parte de los profesores. Esta proporciona la facultad al niño de visualizar en su espacio psicológico la realidad, aquello que anhela plasmar en el plano físico. Esta imaginación se complementa con habilidades que deben aprenderse como son las artes plásticas, el conocimiento científico, la danza, el diseño, la literatura, la arquitectura, una profesión, etc. La imaginación se expresa sobre un soporte material y se plasma en un contexto físico. Esto mismo ocurre con la inspiración y la intuición. Todos los seres humanos nacen con estos centros superiores formados, pero su contenido es elaborado por las experiencias de la conciencia. En consecuencia, la creatividad no se desarrolla por medio de actitudes aprendidas con la mente o la personalidad sino por la aprehensión de la verdad que el chico vive.
“La inventiva no se puede enseñar, aunque se puede aprender, rompiendo la vida rutinaria, es decir, rompiendo con hacer siempre lo mismo, o quizá, simplemente, con hacer más de lo mismo. Eso significa que el mismo individuo que está buscando la imaginación, es quien debe bucear en su propia mente y trabajar en sí mismo para desarrollar sus propias habilidades”. (Wikipedia, la enciclopedia libre. Clave: creatividad)
Una persona puede estudiar toda su vida, dedicarla a una actividad o una profesión pero esto no implica ser un creador, innovador y desplegar en ella imaginación. La creatividad es una expresión de la conciencia y, por lo tanto, de la propia inteligencia. Nadie puede instruir esta última, tampoco los libros. La conciencia es una facultad de aprehensión de la realidad o de la verdad y esta se procesa en la existencia y dentro de uno mismo. La inteligencia se fomenta por medio de la actividad experimentada objetivamente y requiere de su presencia. Los profesores precisan enseñar sobre la base del “saber hacer”, y completarlo con la información racional necesaria para adquirir una visión completa de lo que aprenden. A través de la práctica, el párvulo crea una relación emocional con su tarea, lo que refuerza su aprendizaje. Si sus actividades son elegidas por él mismo y orientadas por un educador, el infante se entusiasma, motiva, por lo que hace. Así mismo, si se le guía a estar presente o, mejor aún, a no perder el estado de “auto-conciencia infantil”, esta inteligencia se emancipa a través de su propia vivencia objetiva.
“Por tanto, ayudaremos al niño no porque lo consideremos un ser insignificante y débil sino porque está dotado de grandes energías creativas, de naturaleza tan frágil que exigen -para no ser menguadas y heridas- una defensa amorosa e inteligente”. (María Montessori. Obra: La mente absorbente del niño. Cap. Los periodos del crecimiento)
De este modo, el chico estimula por sí mismo su creatividad y todas las facultades que la facilitan. Esto favorece una mente abierta, dúctil, flexible, reflexiva que se adapta a la realidad puesto que se circunscribe a ella. La parte sensual de la mente se equilibra con la presencia del proceso cognitivo que la misma actividad proporciona. La imaginación, la inspiración y la intuición son esenciales en todos los ámbitos de la vida. La escuela es un lugar privilegiado, una oportunidad, para el niño y el profesor de favorecer la creatividad y la inventiva que precisará el arquitecto, el músico, el empresario, el profesional, el científico, el artista, el técnico, el pintor, el modista, el aficionado a una disciplina, etc. La educación debe enseñar al estudiante a conectar con los centros superiores e incorporar la disciplina de la meditación. Con su práctica, ejercite la imaginación intencional y dirigida, sea capaz de concentrarse y aprehenda la expresión de la conciencia con naturalidad. De este modo, este desarrolla la inspiración e intuición que se necesita en la resolución consciente de problemas, la toma de decisiones o cualquier aspecto de la existencia.
La enseñanza tiene en el progreso del centro emocional superior, conocido como inteligencia emocional, una gran labor por realizar. Esta función se conecta con los valores del corazón o de humanidad y es sensible a la expresión del amor, de la compasión, de la ternura, etc. En la escuela, los maestros y las maestras deben cuidar este amor por los niños, tal como requiere esta vocación, de manera que fluya en ellos esta cualidad y les facilite el aprendizaje. Los centros superiores constituyen el soporte de la mente interior o solar que se estudiará en otro capitulo de este mismo tema.
“La educación es básicamente una cuestión de “encuentro”: encuentro con uno mismo, encuentro con el otro, encuentro con datos, con experiencias, con preguntas, con respuestas,... El “encuentro” es siempre fuente y contexto de creatividad. Dotar de vida, de una vida plena, saludable y gozosa cada uno de los encuentros es un gesto de suprema creatividad. La creatividad del corazón precisa de un contexto acogedor que la seduzca, la fecunde, la alumbre, las desarrolle y la haga crecer y expandirse”. (José María Toro Alés. Revista Creatividad y Sociedad, Nº 12, septiembre 2008, título: La creatividad del “co-razón”)
Conclusión sobre el efecto actual de la educación sobre la mente sensual.
En resumen, los elementos comentados sobre la educación a lo largo de este apartado son:
Ø      El desconocimiento de la Esencia, la conciencia libre y los valores humanos.
Ø      La pérdida de la capacidad de asombro.
Ø      La excesiva orientación intelectual del sistema educativo.
Ø      El fomento de la competividad y del individualismo.
Ø      La limitación de la libre iniciativa y de la creatividad.
Ø      La ausencia de desarrollo de los centros superiores.
Estos factores impiden el avance armonioso de la Esencia, contribuyen al “desequilibrio de los centros” y forjan en los niños y futuros adultos una “personalidad falsa[16].
“Desafortunadamente, los datos que uno recibe en los colegios, en las escuelas, en los centros educacionales, sólo sirven para nutrir, la mente sensual, pero nada más. En esa forma, y con esos sistemas de educación actuales, lo único que realmente se logra es forjarnos una personalidad artificiosa”. (Cátedras I. Cap. 60)
La ausencia de valores humanos del niño acarrea en la personalidad del adolescente y del joven una predisposición a la fascinación y la hipnosis. Este se siente atraído por modelos y referencias circunstanciales del mundo del deporte, del espectáculo, de la música, del cine, de la moda, etc. Los valores personales del adolescente afloran de sus deseos, intereses y preferencias. Los chavales admiran personajes notorios que convierten en ídolos donde reflejan sus gustos, inclinaciones, debilidades, carencias,… de tipo psicológico. La juventud a través de estas características muestran falta de discernimiento, individualidad y practican actitudes gregarias. Muchos desean parecerse a personalidades al que imitan y adoptan muchas de sus actitudes, rasgos de su personalidad, formas de vestir, etc. Por ejemplo, una actriz, un cantante, una modelo, un deportista, el amigo ocurrente, atrevido, que despliega liderazgo. Sus valores y pretensiones se fundamentan sobre estos iconos que gozan de un reconocimiento de mayorías, son populares dentro del ámbito que les atrae o se sienten cómodos. Los jóvenes se identifican con el triunfo, el éxito, el dinero, lo competitivo, la hazaña; estos se fascinan por destacar, por la novedad, lo espectacular, lo extraño y lo extravagante. Se preocupan por su imagen exterior, la que los demás observan, pero se olvidan de su imagen psicológica que se apoya en atributos de dignidad y responsabilidad. Por lo que, en muchas ocasiones, manifiestan un mundo interior superficial, volcado sobre la apariencia, lo gregario, lo mundano, lo irreverente, etc. Sus máximas son: “Todo y ahora”; “Todo o nada”; “Lo máximo con el mínimo esfuerzo”; “A toda pastilla”; “Yo no soy tonto”; “Yo y lo mío en primer lugar”; etc. Aunque, por otro lado, otros por una carencia de auto-estima se anulan, desaparecen, se hacen invisibles de la escena de la actualidad que les circunda. Estos se refugian o huyen de su realidad pero anhelan comprender aquello que les ocurre o por qué no encajan como la mayoría. Los jóvenes confunden la solidaridad, la fraternidad y la amistad con las actitudes gregarias. El pensar, sentir y hacer como lo dice la mayoría o según el más perspicaz y que todos siguen, de este modo se generan bandas, cuadrillas de jóvenes que comparten un ideario, unos gustos, unos comportamientos, una filosofía de vida, etc.
“El pensamiento independiente por estos tiempos de producción en serie, se hace casi imposible porque el moderno tipo de educación se basa en meras conveniencias”. (Educación fundamental. Cap. Rebeldía psicológica)
Todos estos factores que condicionan la personalidad del joven son producto de una carencia de auto-conocimiento y de conciencia. Si la escuela fomenta la inteligencia del chico y por experiencia directa y personal aprehende quien es cómo Esencia y despliega su individualidad; este no buscaría fuera lo que ya descubrió dentro. El muchacho contemporáneo se halla desconcertado en el mundo adulto porque todavía no forma parte de él, ni lo comprende, ni lo acepta tal y cómo se le presenta. Por esta razón, necesita referencias que son propias de su tiempo que lo identifican con él mismo. Lo que implica que su atención está fuera, se olvida de su propia conciencia e individualidad. Adopta de modo irreflexivo moldes de los demás, de personas ficticias o se evade de la realidad que le rodea. La raíz de una falsa personalidad se halla en estas conductas y estos automatismos que son adquiridos en la edad escolar. En este periodo delicado del púber se refuerzan estados psicológicos del subconsciente y se alimentan una gran cantidad de agregados psicológicos. El individualismo, la competividad, la comparación, los complejos, la carencia de libre iniciativa,… edifican una mente recurrente, subjetiva, relativa y rígida. Tampoco, el joven practica principios universales como son la rectitud, la integridad, la honestidad, la amabilidad, etc. El futuro adulto hereda esta personalidad que desconoce la armonía, el equilibrio y el orden psicológicos y carece de un sentido único de responsabilidad ético.
La educación fomenta en exceso la mente sensual. Esto causa una tendencia de la psiquis a la preocupación puesto que se enfatiza sobre la respuesta mental a los problemas de la vida como única vía, aunque sea inadecuada. A pesar de que el intelecto es incapaz de resolver, la persona no renuncia en persistir, incluso obstinarse, con un modelo ineficaz. La enseñanza no introduce limitaciones a este tipo de conocimiento ni ofrece alternativas creativas en el momento de enfrentarse a las dificultades o retos de la existencia.
Cuando algo no funciona, no es necesario repetirlo continuamente porque el resultado no cambia con la obsesión. Por ejemplo, si surge un problema y racionalmente no se halla la solución, es innecesario insistir. Lo adecuado es instaurar alternativas tal cómo se instruye en el auto-conocimiento. Cómo es relajar la mente y si existe una emoción negativa, trasladar la serenidad a esta función. Aplicar la técnica de los cambios de centros, la gestión de las emociones inferiores, etc.
Si un adulto aprendió algo en la escuela de pequeño, la psiquis ofrece una gran resistencia para propiciar el cambio. Por esta causa, la transformación interior de la persona madura precisa de un gran esfuerzo por su parte. Esto se origina porque la personalidad abandona fácilmente lo que no fue fomentado en su formación. Este hecho se constata en las asociaciones donde se imparte el auto-conocimiento. Los estudiantes con anhelos reales de cambiar experimentan una gran dificultad para concentrarse en esa tarea. A pesar de facilitarles los recursos psicológicos para conseguirlo, muchos siguen con sus antiguos hábitos y automatismos. Ante un problema se identifican y siguen preocupándose tal como siempre lo han hecho, a causa de que la mente sensual se acostumbró a gestionarlo de esa manera. Todos los actores de la educación son responsables de esta deriva de la escuela que se olvidó de los agentes esenciales del alumno, como son su Esencia y conciencia libres.
La consecuencia más perjudicial de su paso por las aulas que experimenta el infante y que le condicionará durante el resto de su vida es que la “mente se cierra”. El chico llega al colegio con la mente abierta, nueva; este pregunta, se interesa, está receptivo, pero unos años después esa frescura mental desaparece.
Una filosofía humanista de la educación enfatiza el valor de la individualidad del niño y de los valores del corazón que son compartidos por todo el género humano. La escuela del siglo XXI precisa una ética trascendente impulsada desde la tierna infancia que aportará al adulto las mejores condiciones psicológicas para afrontar su propio proyecto vital. La “educación en valores” es un proyecto pedagógico que se extiende a todas las áreas del aprendizaje del alumno y durante todo su periodo escolar en íntima coordinación con la familia y la comunidad. Esta escuela apenas existe en esta época y será un reto futuro de todos los agentes que la componen. Las familias, la sociedad y los poderes públicos deben revalorizar a los profesionales de la enseñanza y la profesión de educar. Aunque todos sean en parte garantes de la formación, los maestros y maestras se hallan en la primera línea, requieren el mayor apoyo posible para aumentar la eficacia a su labor. Nadie puede olvidar, en ningún momento, que la docencia es una de las profesiones más nobles, importantes y delicada en la sociedad. Sobre ellos recae la responsabilidad de ayudar al niño y a su Esencia a adquirir conocimientos, madurez y conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea. Sea apto para afrontar los retos, dificultades y cubrir sus necesidades con discernimiento, competencia y valores humanos. Se convierta en un adulto que se conozcan a sí mismo, sea feliz y disfrute del bienestar integral.
“En tiempos pasados, el estudiante era visto como un participante pasivo; una persona que asistía a un aula por una cantidad determinada de tiempo, y el cual recibía una dosis diaria de información. Asimismo, el docente era considerado el encargado de proveer esta información de una manera uniforme para cada estudiante. La visión del docente como el agente que todo lo sabe y puede, forjó una relación de una sola vía. Este sistema directo de educación en producción masiva, se genero como respuesta a la revolución industrial, y fue diseñado para crear trabajadores que funcionaran en sistemas de producción en línea”. (MODULO 1, Introducción al Modelo VESS. Cap. Filosofía del Modelo VESS)
Las representaciones mentales.
Las representaciones mentales poseen un alto componente alojado en la mente sensual. El diccionario Vox atribuye “representación” entre otras acepciones como figura, imagen o idea que sustituye a la realidad; Igualmente se define representar como hacer presente (persona o cosa) en la imaginación por medio de palabras o figuras. En el auto-conocimiento, las representaciones mentales se aplican a una imagen, una fotografía o un “retrato psicológico”. Uno construye estas fotografías en la memoria de las personas que nos rodean o conoce por referencias. Estas imágenes son innumerables, se erigen sobre lugares, los habitantes de una región o de un país… gente que se conoció en el pasado, la infancia,… Uno crea este tipo de retratos mentales de los demás por su modo de hablar, vestirse, comportarse, etc. Asimismo, por pertenecer a un colectivo, en el ámbito político, social, religioso, académico. Otros elementos que influyen en la creación de estas fotografías psicológicas son: El estatus social, los bienes que disfruta, el nivel de vida, incluso el empleo y el cargo que sustenta en él. Estas representaciones son productos de los juicios, prejuicios, conceptos, preconceptos, las experiencias, etc. que uno carga en su interior. En una monografía se estudiará este fenómeno psicológico que lleva a la persona a cometer errores en las relaciones humanas y un claro inconveniente en la adquisición de habilidades sociales.
“Supongamos que tenemos en la mente la representación de un amigo a quien estimamos. Alguien, no importa quien, nos habla contra ese amigo, se levanta contra el mismo toda clase de murmuraciones, calumnias, etc. Si nosotros le damos oídos a toda esa chismografía, entonces la imagen que tenemos de nuestro amigo, la representación, de hecho queda alterada”. (Mente y meditación. Cap. Las representaciones de la mente I)
La tendencia de la mente sensual al escepticismo.
Esta mente asume con escepticismo cualquier noticia vinculada al mundo anímico u ontológico. La tendencia de la mente sensual es el materialismo porque el mundo interior no puede evidenciarse con los sentidos físicos sino a través de facultades internas. Por ejemplo, la auto-observación, el estado de presencia, la intuición, inspiración o imaginación. Todas ellas se relacionan con la propia expresión de la conciencia por medio de los centros superiores o mente solar.
La tendencia de esta mente a filtrar todo dato que percibe del exterior con el intelecto y elaborar conceptos, juicios, estrategias, etc. precisa la presencia de la conciencia. Sin esta última, la mente sensual actúa olvidando el “sentido común” el cual integra la inteligencia y los valores humanos. Cuando un estudiante anhela transformar correctamente las impresiones y, por lo tanto, su existencia, este precisa esforzarse para atraer y mantener el tercer estado. Sin el estado de presencia, la mente sensual y la personalidad se convierten en una herramienta del ego a través de la identificación. Estos se adueñan con facilidad de las facultades racionales, emocionales, etc. El “mí mismo” las utiliza a su antojo, lo que provoca una gran cantidad de errores, desequilibrios, desordenes psíquicos,… de diversa consideración. La mente sensual genera en la personalidad una fuente inagotable de vías de identificación asociadas al plano existencial, lo que dificultad el desarrollo interior.
“Tras de la creencia ciega, tras de la incredulidad y el escepticismo, se esconden muchos matices de falsa moral y muchos conceptos equivocados de falsa respetabilidad a cuya sombra se robustece el yo”. (Educación fundamental. Cap. La verdad)
La meditación y la mente.
La mente, la meditación y la inspiración[17] se hallan íntimamente relacionadas entre sí. La meditación es la disciplina concebida para el conocimiento de sí mismo y el domino de la mente. Esta última es el primer y gran obstáculo a la meditación, y ejerce una enorme resistencia a la experimentación de la verdad y a la expresión natural de la conciencia. Aunque esta puede manifestarse en cualquier momento; esta disciplina facilita, a través de sus técnicas, que la actividad racional disminuya y, paralelamente, el nivel de conciencia aumente. Esto contribuye a que, bajo estas condiciones, la persona que practica se inspire y aprehenda el objeto de su meditación. Estas condiciones son propias de esta ciencia y no se hallan presentes en la vida diaria. En realidad, la meditación establece unas pautas y unas etapas que la caracterizan y que son creadas y evocadas por el propio estudiante. En principio, el objetivo de cualquier método o tradición en esta disciplina se orienta al silencio y relajación mental. En consecuencia, la observación y el adecuado estudio de la mente son primordiales. La inspiración es una expresión de la conciencia que se discierne si uno se halla presente a ella. Esta es sutil, liviana y lacónica. Estas propiedades dificultan el reconocimiento de lo real. Cuando uno empieza a meditar ignora esta expresión y duda de ella cuando la experimenta. El estudiante, más bien, se identifica con lo conocido. Es decir, con la actividad de la mente sensual, la cual se caracteriza por su persistencia. Con la experiencia en la práctica, uno sobrepasa estas resistencias internas y alcanza esta inspiración, indispensable en la vida cotidiana y en la vía vertical.
“Ninguna persona comprensiva debe aceptar jamás en forma dogmática nada. Es urgente primero investigar. Comprender, inquirir, antes de aceptar. En otras palabras diremos que no hay necesidad de aceptar, sino de investigar, analizar, meditar y comprender. Cuando la comprensión es plena, la aceptación es innecesaria”. (Educación fundamental. Cap. Qué pensar, cómo pensar)
Tabla de ilustraciones.
Imagen 1.- “La caída de Faetón”, (1878). Autor: Gustave Moreau. Localización: Museo Louvre. La obra alude al mito de Faetón, cuyo significado en griego es “el resplandeciente”; este es hijo de Helios, el Sol. Faetón insistió a su padre para conducir el carro solar debido a una promesa que este le hizo. Su inexperiencia y temeridad casi provocan una catástrofe planetaria por su por lo que Helios es obligado a fulminarlo con uno de sus rayos. Esta leyenda se halla en la obra literaria “Las metamorfosis” de Ovidio y es una ampliación del mito del carro alado de Platón. En la pintura se aprecian diferentes símbolos vinculados al alma tal como hace referencia la narración. El carro y los caballos alegorizan al cuerpo y las distintas funciones: mente, sentimiento, instinto, respectivamente. Faetón es el alma humana incapaz de dominarlas y actúa con egocentrismo. La Serpiente-dragón con su oscuridad representa el subconsciente donde se sumerge la Esencia, una porción del alma humana al ser fulminada por Helios. El león se vincula al principio de causa y efecto. Simboliza que las acciones irreflexivas e inconscientes originadas por la carencia de conciencia y la fascinación atraen consecuencias negativas e incontrolables; de este modo se embotella partes del alma en el ego. El Sol, Helios, la lucidez de la inteligencia, establece de este modo un límite a los desastres desencadenados por la arrogancia del joven.
Imagen 2.- “Ejercicio de cálculo mental en la escuela pública de Rachinsky”, (1895). Autor: Nicolás Bogdanov-Belsky. Localización: Galería Tretyakov, Moscú.
Pág. 15.- "Escuela del Futuro", tarjetas postales de la serie "Francia en el siglo XXI”. Autores: Jean-Marc Côté (1901) o Villemard (1910). Colección privada. Estas postales muestran la escuela francesa en el año 2000 según fue imaginada al principio del siglo XX. La propaganda comunista la utilizó para criticar a Occidente. Uno de sus eslóganes decía que la escuela funcionaba según el principio: “no les importa la lectura e introducen directamente en el cerebro los conocimientos de los libros de texto por medio de una máquina eléctrica”. Aunque es una parodia, esto mismo ocurría en los países soviéticos y sigue sucediendo en muchos lugares del globo. Por ejemplo, en los escuelas coránicas. En los países industrializados, los chicos están experimentando una carencia de discernimiento y de comprensión con respecto a la información que reciben de Internet vía el ordenador o el móvil.
Imagen 3.- “La difícil lección”, (1884). Autor: Adolfo William Bouguereau. Localización: Colección Privada. Esta pintura expresa la candidez de la infancia junto a las carencias que esta padecía en la época del autor. Realidad que todavía está vigente en muchas partes del mundo. Esta lección difícil es la misma existencia para la Esencia de todo ser humano.
Imagen 4.-”El ángel herido”, (1903). Autor: Hugo Simberg. Localización: Museo nacional de Finlandia. Esta obra simbólica representa en la figura del ángel al alma de todo adolescente que queda herida por las influencias que recibe en los diferentes ámbitos de su existencia. El ala del ángel sangra y está partida en la parte baja lo que alude a la merma de los atributos espirituales. Así mismo, los ojos vendados alegorizan a la incapacidad de ver y hace referencia al deterioro de la auto-conciencia que los niños sufren en ese periodo de la vida. Las flores que lleva en su mano han perdido su frescura. Esto queda igualmente patente en los niños porteadores. Estos últimos reflejan angustias, ambos llevan hábitos de adulto, lo que caracteriza la personalidad. El primero camina indiferente al plano externo, ensimismado, mientras que el segundo mira con inquina y rebeldía al espectador. El paisaje desolado expresa tristeza, apenas existen algunas flores bordeando el camino. Este cuadro muestra la pérdida de la inocencia de los niños de cualquier época y que todos los adultos han sufrido en su corazón.
Película.
“María Montessori, una vida dedicada a los niños”, (2007). Director: Gianluca Maria Tavarelli. Esta película recorre la vida de María Montessori, la primera mujer italiana que ingresó en la facultad de medicina y cirugía, el año 1892. Debido a una experiencia personal, sus primeros trabajos en educación se orientan con niños en riesgo social. Durante toda su labor se enfrenta a médicos y pedagogos de renombre que critican sus métodos. Sin embargo, estos ganan terreno y llegan a otros lugares de Europa y América. A pesar de su reconocimiento profesional nunca deja de enseñar a niños, de renovar sus estudios y de orientar a maestras y maestros en nuevos caminos pedagógicos y didácticos.
Lectura:
“Por ello sostengo que cualquier reforma de la educación debe basarse en el desarrollo de la personalidad[18] humana. El hombre mismo debería convertirse en el centro de la educación, y se debe tener presente que el hombre no se desarrolla en la universidad, sino que inicia su desarrollo mental a partir del nacimiento, y lo efectúa con la mayor intensidad en los primeros tres años de vida; es necesario prestar mucha más atención a este período que a ningún otro. Si se actúa según este imperativo, el niño, en vez de acusar fatiga, se nos revelará como la más grande y consoladora maravilla de la naturaleza. Entonces ya no nos enfrentaremos con el niño considerado como un ser sin fuerza, casi un recipiente vacío que debemos llenar con nuestra sabiduría, sino que su dignidad se alzará ante nuestros ojos a medida que lo consideremos el constructor de nuestra inteligencia, el ser que, guiado por un maestro interior, trabaja infatigablemente con alegría y felicidad, siguiendo un programa preciso, para construir esta maravilla de la naturaleza que es el Hombre. Nosotros, educadores, sólo podemos ayudar a la obra ya realizada como los siervos ayudan al señor. Entonces daremos testimonio del desarrollo del espíritu humano; del nacimiento del Hombre Nuevo, el cual no será víctima de los acontecimientos, sino que, gracias a su claridad de visión, podrá ser capaz de dirigir y plasmar el futuro de la sociedad humana”. (María Montessori. Obra: La mente absorbente del niño. Cap. El niño en la reconstrucción del mundo)
“Los niños aprenden a trabajar tanto independientemente, como en grupo. Son capaces de resolver autónomamente los problemas que se le presentan, seleccionar entre variadas alternativas en forma adecuada y administrar bien su tiempo, ya que se les ha estimulado a tomar decisiones desde temprana edad. Intercambian ideas y conversan libremente con otros acerca de su trabajo y experiencias. Estas actividades enriquecen sus destrezas de comunicación facilitando así, su camino en diferentes entornos sociales. Los programas Montessori ponen especial énfasis en los primeros años de la vida del niño, ya que es precisamente durante este período en que emergen paulatinamente fenómenos asombrosos como la psique y el comportamiento humano. El niño comienza a independizarse, aprende a manipular objetos, andar, hablar y dirigir su propia voluntad. Todo lo anteriormente mencionado es aprovechado por Montessori, para aplicar actividades autodirigidas y no competitivas, que ayuden a los niños a desarrollar sus habilidades y a crear una imagen positiva de sí mismo, fuerte y confiada, para enfrentar los retos y cambios en su vida cotidiana, con optimismo. No obstante, el énfasis en los primeros años se ha ampliado a medida que se descubren nuevas aplicaciones de su método, a prácticamente toda la escolaridad (básica y media), en muchos países del mundo”. (Método María Montessori, resumen. Asignatura, Psicología Educacional. Profesora, Vania Valdebenito. Instituto Profesional de Enseñanza Superior Galdames)
Poesías.
Parábola VIII.

Cabeza meditadora,
¡qué lejos se oye el zumbido
de la abeja libadora!
Echaste un velo de sombra
sobre el bello mundo, y vas
creyendo ver, porque mides
la sombra con un compás.
Mientras la abeja fabrica,
melifica,
con jugo de campo y sol,
yo voy echando verdades
al fondo de mi crisol.
De la mar al percepto,
del percepto al concepto,
del concepto a la idea
-¡oh, la linda tarea!-,
de la idea a la mar.
¡Y otra vez a empezar!
Antonio Machado.

Recuerdo infantil.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
“mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón”.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.
Antonio Machado.





[1] Relativo o perteneciente a lo psíquico en relación con los procesos biológicos.
[2] Personalidad, ego o Esencia.
[3] El caso de familias sirias, jóvenes africanos: subsaharianos, magrebíes,…
[4] P. Hasta los cuatro años solo habló turco a pesar de que vivía con su familia en Gelsenkirchen (Alemania).
R. Efectivamente. En mi familia seguimos hablando solo turco. Mi educación también fue turca.
P. ¿Qué significa eso?
R. En la cultura turca es importante ser muy cortés y respetuoso, sobre todo con los mayores. Además de la fe, la comida, mucho amor y mucha confianza en la familia.
P. ¿Tiene usted una parte alemana?
R. Por supuesto. Soy muy puntual y muy disciplinado. También muy sincero. Son características alemanas. Me siento muy agradecido de llevar las dos culturas en mi corazón. Siempre he podido elegir lo mejor de cada una. Para cualquiera que haya emigrado siendo niño, llevar una existencia entre dos mundos es un ejercicio que dura toda la vida. (Extracto de la entrevista publicada en El País, día 28 de marzo de 2017, al jugador alemán de origen turco, Mesut Özil, centrocampista del Arsenal y de la selección alemana)
[5] Existen precedentes de respeto, integración y diversidad de culturas y religiones en el pasado por ejemplo, la cuidad de Toledo en la Edad Media.
[6] Unidad formada por un conjunto de sonidos (significante) que se asocia a un objeto, una idea o un concepto (significado). Ejemplo: En castellano, c-a-s-a es el significante y se vincula al concepto de hogar donde principalmente viven las personas. Ninguno de los dos, el significante y el significado, son el objeto real “casa” que se halla edificada en el pueblo.
[7] Todos estos atributos son comunes y específicos al género humano y no pueden ser desarrollados por ninguna especie animal. Esto ocurre porque las conductas de los animales son instintivas y carecen de centro intelectual. Por lo tanto, se hallan privados de la capacidad de reflexión, de la libre elección entre lo instintivo y otras alternativas posibles cómo se presentan en la mente humana, etc. Por ejemplo, estos no pueden experimentar compasión, dignidad, respeto, humildad, sabiduría, etc.
[8] Esta facultad se confunde con la curiosidad, la cual es un defecto de discreción y prudencia.
[9] Los niños recién nacidos son maravillosos, gozan de plena auto-conciencia; se encuentran totalmente despiertos”. (Psicología revolucionaria. Cap. Auto-conciencia infantil)
[10] Por ejemplo, las experiencia de otros niños como: la pakistaní Malala, Premio Nobel de la Paz, Ryan Hreljac, niño canadiense que desde los seis años se dedica a abrir pozos de agua en África. Comentar la labor que realizan las ONGs como Médicos Sin Fronteras, traer benefactores que expliquen su labor como UNICEF, Cáritas.
[11] Autor de la obra: ¿La escuela mata la creatividad?
[12] Diccionario: Google, Wordreference, DRAE.
[13] Catedrática de Teoría de la Educación y miembro del Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de la Universidad de Valencia.
[14] Se estudiaron en el texto titulado: “Los centros superiores del ser humano”.
[15] Esta facultad se confunde con la fantasía, si el estudiante tiene una duda repasar el escrito que contrasta ambos términos denominada “Contraste entre la imaginación y la fantasía”.
[16] Esto se comentó en temas anteriormente expuestos y se profundizará más adelante.
[17] Esta se asimila a la expresión de la conciencia como son, igualmente, la imaginación creadora y la intuición.
[18] Desde la perspectiva del auto-conocimiento, tal como se describe en el mismo texto corresponde al término conciencia.